En su discurso, el camarada Lenin toca dos cuestiones candentes de la actualidad soviética: la situación internacional y el frente laboral.

– Nuestro Ejército Rojo –dice el camarada Lenin– ha fortalecido la posición de la Rusia Soviética con sus victorias y nos ha dado la primera victoria sobre los imperialistas de la Entente. ¿A qué se debe esta victoria? Es evidente que se logró no solo con las victorias en el frente, sino porque atraímos a nuestro lado a los soldados de los países que luchaban contra nosotros. Los aliados, con el desembarco de tropas, descompusieron ellos mismos a su ejército y se vieron obligados a retirarlo pronto. Los soldados se negaron a luchar contra nosotros. La sola palabra «Poder Soviético», es decir, el poder de los trabajadores, llena de alegría los corazones de los proletarios de todo el mundo.

Mediante la agitación y la propaganda, quitamos a la Entente sus propias tropas. Vencimos a los imperialistas no solo con la ayuda de nuestros soldados, sino apoyándonos en la simpatía hacia nosotros de sus propios soldados. Por otra parte, demostramos no de palabra, sino de hecho, nuestra política pacífica hacia los pequeños Estados vecinos. Por boca de Churchill, Inglaterra nos amenazó con una campaña de catorce Estados, pero esta campaña fracasó cuando, junto a nuestras victorias, repetíamos invariablemente nuestras propuestas de paz. Propusimos la paz a Estonia sin considerar ninguna frontera, tomando en cuenta únicamente que no queremos derramar sangre obrera y campesina por frontera alguna.

El levantamiento del bloqueo se explica exclusivamente por la simpatía que el Poder Soviético inspira a los obreros de los países hostiles. En Italia se llegó al punto de que el congreso de los partidos socialistas aprobó por unanimidad una resolución para levantar el bloqueo a la Rusia Soviética y reanudar las relaciones comerciales con ella. Los gobiernos burgueses de los pequeños países, aunque no quieren a los bolcheviques, se han convencido de que los bolcheviques desean mantener relaciones de buena vecindad con ellos, mientras que aquellos con los que el general Denikin o cualquier otro general, todos los documentos sobre la independencia de las pequeñas nacionalidades los anularían al día siguiente de su victoria. Sin un solo cañón, sin una sola ametralladora, sin un solo disparo, hemos firmado la paz y hemos comenzado a sentar las bases para la paz con todos los países que luchan contra nosotros. Hemos demostrado en la práctica que todos los gobiernos deben deponer las armas frente a la política pacífica del Poder Soviético.

Ya hemos abierto una ventana a Europa, que trataremos de aprovechar ampliamente. Intentan incitar a Polonia contra nosotros, pero estos intentos fracasarán, y no está lejano el momento en que firmaremos la paz con todos, aunque digan que no nos reconocen. Temen como al fuego la propagación de la infección bolchevique en sus países, pero aunque se hayan rodeado de una muralla china, en cada uno de estos países la infección bolchevique ya está presente, reside en su interior. Esa infección la trajeron los soldados franceses e ingleses que estuvieron en la Rusia Soviética y respiraron su aire. Así, hemos obtenido dos victorias. Hemos derrotado en todos los frentes a las bandas de la Guardia Blanca; estamos conquistando la paz a escala internacional, y la conquistamos no con cañones, sino con las simpatías que hemos sabido inspirar no solo a los obreros, sino incluso a los gobiernos burgueses de las pequeñas nacionalidades.

A continuación, el camarada Lenin toca brevemente el frente laboral.

– Camaradas –dice–, nos acercamos a la primavera después de haber atravesado un invierno extraordinariamente duro de frío, hambre, tifus exantemático y destrucción ferroviaria. Debemos vencer también este frente. Si durante la guerra supimos sacrificarlo todo, entregar todas las mejores fuerzas –los obreros avanzados, los comunistas y los cursantes perecían a la cabeza, elevando así la moral de todo el ejército–, también ahora decimos: tenemos que aguantar este frente de la destrucción económica; como entonces, ¡comunistas y obreros avanzados, los más concienzudos, los más honrados, los mejores, los más firmes, adelante! Hay que combatir, hay que luchar por cada tren, por cada locomotora. A esto exhorto a la conferencia de no partido.

Camaradas, antes de terminar mi informe, unas palabras más sobre las medidas adoptadas por la última sesión del Comité Ejecutivo Central Panruso. La sesión adoptó una serie de medidas que serán publicadas en los periódicos en los próximos días, y que deben ser leídas y discutidas en todas las asambleas obreras, clubes, fábricas, talleres y unidades del Ejército Rojo. Una de las resoluciones importantes del CEC, a la que, en mi opinión, habría que prestar seria atención, es la referente a la lucha contra el burocratismo en nuestras instituciones. Como una de las medidas, existe la resolución del CEC sobre la transformación de nuestro aparato de Control Estatal en un aparato de control obrero y campesino o inspección obrera{54}. Sin despedir a los viejos funcionarios, del mismo modo que no expulsamos del ejército a los especialistas, sino que les asignamos comisarios obreros, debemos asignar a estos especialistas burgueses grupos de obreros que observen, aprendan y tomen este trabajo en sus propias manos. Es necesario que los obreros entren en todas las instituciones estatales, que controlen todo el aparato estatal, y esto deben hacerlo los obreros no partidarios, que deben elegir a sus representantes en las conferencias obreras y campesinas no partidarias. Hay que acudir en ayuda de los comunistas, que se cansan bajo una carga insoportable. Debemos incorporar a este aparato al mayor número posible de obreros y campesinos. Nos pondremos a ello, lo haremos y con ello expulsaremos el burocratismo de nuestras instituciones. Es necesario que las amplias masas no partidarias controlen todos los asuntos del Estado y aprendan a gobernar ellas mismas.

«Pravda» n.º 32, 13 de febrero de 1920

Se publica según el texto del periódico «Pravda».