5 de febrero de 1920

El hecho más destacado en nuestra actual situación internacional es la paz con Estonia2, en la cual todas las ventajas materiales están del lado de los estonios, pero las políticas, de nuestro lado. Esta paz es una ventana a Europa que nos dará la posibilidad de iniciar el intercambio de mercancías con Occidente. Nuestros adversarios decían que no resistiríamos y pereceríamos, pero no solo resistimos, sino que derrotamos a la contrarrevolución que nos atacaba por todos lados sin la menor ayuda exterior, únicamente con los esfuerzos de los obreros y campesinos que sabían por qué luchaban.

Los golpes que nos asestaban los blancos sirvieron de fundamento para la edificación del edificio del comunismo, al brindarnos la amplia simpatía de las masas obreras y campesinas. Y ahora conquistamos cada vez más la simpatía de las pequeñas nacionalidades. Ellas ven, por un lado, nuestra sincera vocación de paz y, por otro lado, el engaño de los países de la Entente, que no les aportan nada salvo el desarrollo de la especulación y la usura, y se convencen cada vez más de la necesidad de la paz con nosotros. Polonia sigue a Estonia: hoy se ha recibido la noticia de que acepta discutir nuestras propuestas de paz3. Esta victoria incruenta, obtenida por la Rusia Soviética, tiene una importancia enorme.

En cuanto a nuestra situación interna, la guerra imperialista y la guerra civil han provocado una terrible descomposición de toda la economía y, en particular, del transporte. Nos encontramos ahora ante la amenaza de la paralización de los ferrocarriles, lo que significaría la ruina definitiva. El frío y el hambre en el país nunca han sido tan graves como ahora, y sin embargo tenemos en nuestras manos las riquezas de Siberia y Ucrania, y hemos acopiado 90 000 000 de puds de grano. Todo el problema reside en la situación desesperada del transporte. Hay que restaurarlo a toda costa. En el frente, nuestras victorias se lograron con innumerables sacrificios del Ejército Rojo. Es necesario que los obreros comprendan que ahora el frente se ha trasladado a los ferrocarriles y a los talleres, y que aquí, en este frente incruento, tampoco se puede prescindir de sacrificios, de esfuerzos ingentes. «¡Muerte o victoria!» fue la consigna del Ejército Rojo. Esta consigna hay que trasladarla al amplio frente. Guerra contra la desorganización, persecución de los egoístas y saboteadores. Es necesario que las masas obreras se impregnen de la conciencia de la necesidad de la lucha más dura, más tenaz contra la desorganización económica. Es cierto que esta lucha deberán librarla obreros agotados por el frío y el hambre, pero al comprender que el destino de su clase depende del resultado de esta lucha, encontrarán en sí mismos las fuerzas para llevarla hasta el final victorioso.

El Consejo de Defensa toma todas las medidas para luchar contra la desorganización del transporte4. Todos los ferroviarios honestos deben ayudarle y declarar la guerra a todos los especuladores que utilizan el transporte para sus fines egoístas1*. Por otro lado, el Consejo de Defensa hace todo lo posible para mejorar la situación económica de los ferroviarios: hace pocos días se promulgó un decreto según el cual el 100% de los víveres transportados en trenes de ruta se entrega a los ferrocarriles5. Además, no hay que olvidar que en el Ejército Rojo vencimos no solo con el entusiasmo de las masas, sino también con una buena organización, una disciplina férrea y el correcto empleo de los especialistas militares. La experiencia del Ejército Rojo debemos trasladarla al ejército ferroviario de los trabajadores. Los obreros deben comprender que sin sacrificios, sin una disciplina férrea, sin la utilización de especialistas, el Ejército Rojo no habría vencido ni vencerá la desorganización del ejército ferroviario.

Fondo 2, inventario 1, expediente 25923 - registro de acta.

1* Así en el texto.