Camaradas, permitidme ahora exponer los acontecimientos que han ocurrido ante nuestros ojos en Hungría.

Como es sabido, hasta finales de marzo de este año, allí reinaba la «kerenschina» con todas sus exquisiteces. Cuando en aquel momento, el 21 de marzo, se formó de repente el poder de los Soviets, y los mencheviques de allí accedieron a apoyar ese poder, se podía pensar que había llegado una nueva era en el socialismo... Pero los últimos acontecimientos nos han demostrado que los social-conciliadores no han cambiado en absoluto. Al parecer, lo que ahora ha ocurrido en Hungría repite a gran escala lo que ocurrió recientemente ante nuestros ojos en Bakú{53}.

El camarada Lenin recuerda en vívidas imágenes la trágica historia del proletariado de Bakú, cuando sus social-traidores pidieron ayuda al mando inglés y, a espaldas de los obreros, entraron en un acuerdo secreto con los imperialistas occidentales. El orador establece una analogía entre esa tragedia de Bakú y el actual golpe en Hungría, y habla de un radiotelegrama del que sabemos que los rumanos ya han entrado en el Budapest rojo.

A continuación, el camarada Lenin compara la situación de Hungría y la Rusia Soviética y, tras recordar brevemente todos nuestros fracasos temporales, dice que nos salvó y nos salva la inmensidad del territorio, mientras que Hungría es demasiado pequeña para hacer frente a todos sus enemigos. Pasando luego a la cuestión de los conciliadores en general, el orador aborda también nuestros partidos socialistas conciliadores rusos y declara:

– Si los conciliadores de Rusia cometieron un error en tiempos de Kerensky, durante seis meses de trabajos prácticos, ¿por qué no corrigieron ese error bajo el kolchakovismo en Siberia?

Pero el caso es que los denikinianos también nos cantan lo de la Asamblea Constituyente, en ninguna parte la contrarrevolución actúa abiertamente, y por eso decimos: ningún fracaso temporal, como los últimos acontecimientos en Hungría, nos perturbará. No hay otra salida a todas las desgracias que la revolución, y solo queda un medio seguro: la dictadura del proletariado. Decimos: cada nueva derrota del Ejército Rojo solo lo templa, lo hace más firme y consciente, pues los obreros y campesinos han comprendido ahora en la sangrienta experiencia lo que nos trae el poder de la burguesía y los conciliadores. La bestia moribunda del capital mundial hace los últimos esfuerzos, ¡pero morirá de todos modos! (Aplausos atronadores.)

Impreso el 8 de agosto de 1919 en el periódico «Noticias Vespertinas del Soviet de Moscú» n.º 312

Se publica según el texto del periódico