Las cifras presentadas muestran serios éxitos del Poder Soviético en el asunto alimentario, éxitos alcanzados en condiciones de dificultades inauditas, extraordinarias. Pero las cifras más claras, los hechos más indiscutibles son discutidos o silenciados cuando se trata de los intereses egoístas de la burguesía, los capitalistas, los especuladores, los kulaks.

Investigaciones precisas sobre la alimentación del obrero urbano han demostrado que éste recibe solo la mitad (aproximadamente) de los productos del Estado, del Comisariado de Alimentación, y la otra mitad en el mercado «libre», «libre», es decir, de los especuladores. Y por la primera mitad el obrero paga una décima parte de todos sus gastos en alimentación, y por la segunda, nueve décimas partes.

Los especuladores arrancan al obrero hambriento nueve pieles.

Los especuladores lo roban de manera inaudita. Y todos sabemos qué desenfreno de ganancias, robos, crímenes, tormentos de hambre para la masa de obreros, enriquecimiento de unos pocos bribones está vinculado a la famosa «libertad de comercio» del pan.

¡Pero sin embargo hay defensores del libre comercio!

Nuestro gobierno obrero-campesino, toda la República Soviética, toda nuestra naciente sociedad socialista está en estado de la más dura, desesperada, rabiosa, mortal lucha contra el capitalismo, contra la especulación, contra el libre comercio del pan. Esta es la lucha más profunda, más radical, más cotidiana, más masiva del capitalismo con el socialismo. De esta lucha depende la solución de la cuestión de todo el destino de nuestra revolución. ¡Y las personas que se llaman a sí mismas «socialistas», socialdemócratas, mencheviques, «socialistas-revolucionarios», ayudan en esta lucha al capitalismo contra el socialismo! Los mejores de estas personas, los más hostiles a Kolchak, Denikin, a los capitalistas, constantemente en la cuestión de la política alimentaria del Poder Soviético se ponen del lado del capitalismo, exigiendo concesiones en favor del «aparato comercial privado», de la «iniciativa individual» y así sucesivamente y cosas por el estilo.

En esencia, si se mira atentamente, si se piensa bien sobre por qué se lucha contra el Poder Soviético, se llegará a la conclusión: los adversarios del Poder Soviético se dividen en dos grandes grupos. Ambos defienden el capitalismo contra el socialismo. Uno lo hace de manera brutal y con el más grosero interés egoísta; estos son los terratenientes, capitalistas, kulaks, los Denikin, los Kolchak, las Centurias Negras, los cadetes. El otro grupo defiende el capitalismo «ideológicamente», es decir, desinteresadamente o sin un interés personal directo, por prejuicio, por cobardía ante lo nuevo; estos son los mencheviques y eseristas. Estos son los últimos defensores «ideológicos» del capitalismo. Y por eso no es en absoluto una casualidad que los Kolchak y los Denikin, los capitalistas rusos y todos los extranjeros vayan bajo la cobertura de los mencheviques y eseristas, bajo su bandera, bajo su estandarte, repitiendo sus consignas y frases sobre la «libertad» en general, sobre la «democracia» en general, sobre la iniciativa «privada» (comercial, capitalista) etc., etc.

Los capitalistas inteligentes comprenden que la posición «ideológica» de los mencheviques y eseristas les sirve a ellos, a su clase, a «su» capitalismo, mientras que los mencheviques y eseristas, como todos, en todas partes y siempre, los socialistas pequeño-burgueses, no lo comprenden. Tienen miedo de una guerra a muerte contra el libre comercio del pan, quieren concesiones a éste, reconocerlo al menos en parte, «paz» y acuerdo con él.