Para realizar incluso una parte de los trabajos que brevemente se han esbozado en lo anterior, se necesitan nuevos y nuevos trabajadores, y además de los comunistas más fiables, devotos y enérgicos. ¿Y dónde conseguirlos con las quejas generales sobre la falta de tales trabajadores y su agotamiento?

No hay duda de que estas quejas son en gran medida justas. Si alguien calculase con precisión qué fina capa de obreros avanzados y comunistas, apoyándose en el apoyo y la simpatía de la masa obrera y campesina, gobernó Rusia durante los últimos 20 meses, ello parecería directamente increíble. Y gobernamos con enorme éxito, creando el socialismo, superando dificultades inauditas, venciendo a los enemigos que surgían de todas partes, directa o indirectamente ligados a la burguesía. Y ya hemos vencido a todos los enemigos, excepto a uno: excepto a la Entente, excepto a la burguesía imperialista mundialmente poderosa de Inglaterra, Francia, América, y a este enemigo ya le hemos roto un brazo – Kolchak; solo nos amenaza su otro brazo – Denikin.

Las nuevas fuerzas laborales para la administración del Estado, para la realización de las tareas de la dictadura del proletariado, crecen rápidamente en la figura de esa juventud obrera y campesina que más sincera, ardiente y abnegadamente aprende, asimila las nuevas impresiones del nuevo régimen, se despoja de la cáscara de los viejos prejuicios capitalistas y burgueses-democráticos, y se forja a sí misma como comunistas aún más firmes que la vieja generación.

Pero, por muy rápido que crezca esta nueva capa, por muy rápido que aprenda y madure en el fuego de la guerra civil y de la resistencia rabiosa de la burguesía, no puede, para los próximos meses, darnos trabajadores preparados para la administración del Estado. Y se trata precisamente de los próximos meses, del verano y el otoño de 1919, pues la solución de la lucha contra Denikin se exige y se plantea inmediatamente.

Para obtener un gran número de trabajadores preparados para el refuerzo del trabajo militar, es necesario reducir toda una serie de ámbitos e instituciones del trabajo soviético no militar, o más exactamente, no directamente militar; es necesario reorganizar en esta dirección (es decir, en dirección a la reducción) todas las instituciones y empresas que no sean absolutamente necesarias.

Tomemos por ejemplo el departamento científico-técnico del Consejo Superior de Economía Nacional. Es una institución utilísima, necesaria para la construcción completa del socialismo, para el correcto registro y distribución de todas las fuerzas científico-técnicas. Pero, ¿es absolutamente necesaria tal institución? Claro que no. Entregarle personas que pueden y deben ser empleadas inmediatamente en el trabajo comunista urgente y absolutamente necesario en el ejército y directamente para el ejército, sería en el momento presente directamente criminal.

De tales instituciones y departamentos de instituciones tenemos, en el centro y en las localidades, no pocos. Aspirando a la realización completa del socialismo, no pudimos menos que comenzar inmediatamente la construcción de tales instituciones. Pero seríamos unos necios o criminales si, ante la amenazante invasión de Denikin, no supiésemos reorganizar las filas de modo que todo lo no absolutamente necesario se detenga y reduzca.

Sin dejarse llevar por el pánico ni caer en el ajetreo organizativo, no debemos ni reorganizar ninguna institución, ni cerrarlas por completo, ni – lo que es especialmente nocivo cuando se trabaja de prisa – comenzar a construir nuevas instituciones. Debemos suspender por tres, cuatro, cinco meses todas las instituciones y departamentos de instituciones no absolutamente necesarios, en el centro y en las localidades, o, si no es posible suspenderlos del todo, reducirlos por ese tiempo (aproximadamente), reducirlos en la mayor medida posible, es decir, dejar solo el mínimo de trabajo absolutamente necesario.

Ya que nuestro objetivo principal es obtener de inmediato un gran número de comunistas preparados, experimentados, devotos, probados, o simpatizantes del socialismo para el trabajo militar, podemos arriesgarnos a que muchas de las instituciones fuertemente reducidas (o departamentos de instituciones) queden temporalmente sin un solo comunista, entregándolas a manos de trabajadores exclusivamente burgueses. Este riesgo no es grande, pues se trata solo de instituciones no absolutamente necesarias; el perjuicio por el debilitamiento de su actividad (suspendida a medias) será, pero no será grande, en ningún caso nos arruinará. En cambio, la falta de energía para reforzar el trabajo militar, un refuerzo inmediato y significativo, sí puede arruinarnos. Esto hay que comprenderlo claramente y sacar de ello todas las conclusiones.

Si cada dirigente de un departamento o de una sección departamental en la gubernatura, en el distrito, etc., cada célula de comunistas, sin perder un minuto, se plantea la pregunta: ¿es absolutamente necesaria tal institución? ¿Tal departamento? ¿Pereceremos si suspendemos o reducimos su trabajo en 9/10, dejándolo sin comunistas? – Si al plantearse tal pregunta sigue una rápida y decidida reducción del trabajo y la extracción de los comunistas (con sus ayudantes absolutamente fiables de entre los simpatizantes o sin partido), entonces podremos en el más breve plazo obtener cientos y cientos para trabajar en los departamentos políticos del ejército, en los cargos de comisarios, etc. Y entonces tendremos serias posibilidades de vencer a Denikin, del mismo modo que vencimos al más fuerte Kolchak.