Después de dedicar mucho trabajo a corregir la transcripción de mi discurso, me veo obligado a dirigir una súplica convincente a todos los camaradas que deseen tomar notas de mis discursos para su publicación.

La súplica consiste en que nunca se fíen ni de la taquigrafía ni de ninguna otra grabación de mis discursos, que nunca persigan su transcripción, que nunca publiquen grabaciones de mis discursos.

En lugar de la grabación de mis discursos, si hubiera necesidad, que publiquen informes sobre ellos. He visto en los periódicos informes sobre mis discursos que han sido satisfactorios. Pero ni una sola vez he visto una grabación medianamente satisfactoria de mi discurso. A qué se debe esto, no me atrevo a juzgarlo: si a la excesiva rapidez de mi habla, o a su construcción incorrecta, o a otra cosa, pero el hecho es el hecho. Ni una sola grabación satisfactoria de mi discurso, ni taquigráfica ni de ningún otro tipo, he visto todavía ninguna vez.

Mejor un buen informe sobre el discurso que una mala grabación del discurso. Por eso pido: que nunca impriman ninguna grabación de mis discursos.

17. IV. 1919.