La República Soviética es una fortaleza asediada por el capital mundial. El derecho a servirse de ella como refugio de Kolchak, y en general el derecho de residencia en ella, solo podemos reconocerlo a quien participa activamente en la guerra y nos ayuda en todo lo posible. De aquí se deriva nuestro derecho y nuestro deber de movilizar en masa a la población para la guerra, a unos para el trabajo militar en sentido directo, a otros para toda clase de actividades auxiliares para la guerra.

El pleno cumplimiento de esto requiere una organización ideal. Y como nuestra organización estatal está muy lejos de la perfección (lo cual no es sorprendente en absoluto, dada su juventud, novedad y las dificultades excepcionales de su desarrollo), emprender a gran escala, de inmediato, la realización en este campo de algo completo o incluso de algo muy amplio sería el más pernicioso proyectismo organizativo.

Pero se pueden hacer muchas cosas parciales para acercarse al ideal en este sentido, y la "iniciativa" de nuestros militantes del partido, de nuestros trabajadores soviéticos en este sentido es, con mucho, insuficiente.

Aquí basta con plantear esta cuestión y llamar la atención de los camaradas sobre ella. No es necesario dar indicaciones concretas o propuestas.

Señalemos solamente que los demócratas pequeñoburgueses más próximos al poder soviético, que se llaman a sí mismos, como es costumbre, socialistas, por ejemplo, algunos de los mencheviques "de izquierda" y demás, se indignan especialmente con el procedimiento "bárbaro", según su opinión, de tomar rehenes.

Que se indignen, pero la guerra no puede llevarse sin esto, y cuando el peligro se agrava, es necesario, en todos los sentidos, ampliar y hacer más frecuente el uso de este medio. A menudo, por ejemplo, los tipógrafos mencheviques o amarillos, los ferroviarios directivos y especuladores ocultos, los kulaks, la parte acaudalada de la población urbana (y rural) y elementos similares se enfrentan a la defensa contra Kolchak y Denikin con una indiferencia infinitamente criminal e infinitamente insolente que deriva en sabotaje. Hay que elaborar listas de tales grupos (u obligarlos a formar grupos con responsabilidad colectiva) y no solo ponerlos a trabajar en las trincheras, como a veces se practica, sino imponerles la más variada e integral ayuda material al Ejército Rojo.

Los campos de los soldados rojos serán mejor cultivados, el abastecimiento de alimentos, majorka y otros artículos necesarios a los soldados rojos estará mejor organizado, el peligro de muerte de miles y miles de obreros y campesinos a causa de una conspiración aislada, etc., se reducirá considerablemente si aplicamos este método de manera más amplia, más diversa y más hábil.