Las tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia consisten actualmente en llevar a término, completar la ya iniciada expropiación de los terratenientes y la burguesía, la transferencia de todas las fábricas, talleres, ferrocarriles, bancos, flota y demás medios de producción y circulación a la propiedad de la República Soviética;

utilizar la alianza de los obreros urbanos y los campesinos más pobres, que ya ha dado la abolición de la propiedad privada sobre la tierra y la ley sobre aquella forma de transición de la pequeña economía campesina al socialismo que los ideólogos contemporáneos del campesinado que se ha puesto del lado de los proletarios han denominado socialización de la tierra, para el paso gradual, pero firme, hacia el cultivo común de la tierra y hacia la gran agricultura socialista;

consolidar y desarrollar más adelante la república federativa de los Soviets, como forma de democracia inconmensurablemente más elevada y progresiva que el parlamentarismo burgués, y como único tipo de Estado correspondiente, sobre la base de la experiencia de la Comuna de París de 1871, así como de la experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917-1918, al período de transición del capitalismo al socialismo, es decir, al período de la dictadura del proletariado;

aprovechar amplia y plenamente la antorcha de la revolución socialista mundial encendida en Rusia para, paralizando los intentos de los Estados imperialistas burgueses de intervenir en los asuntos internos de Rusia o unirse para la lucha directa y la guerra contra la república soviética socialista, trasladar la revolución a los países más avanzados y, en general, a todos los países;

mediante una serie de medidas graduales pero firmes, destruir por completo el comercio privado, organizando un intercambio regular y planificado de productos entre las comunas productoras y consumidoras del conjunto económico único que debe ser la República Soviética.

Desarrollando más concretamente las tareas generales del Poder Soviético, el PCR las define actualmente del siguiente modo:

**EN LA ESFERA POLÍTICA**

Si antes de la conquista del poder político por el proletariado, la utilización de la democracia burguesa y, en particular, del parlamentarismo era (obligatoriamente) necesaria con el fin de la educación política y la organización de las masas obreras, ahora, después de la conquista del poder político por el proletariado, bajo el tipo más elevado de democratismo que se realiza en la República Soviética, todo paso atrás hacia el parlamentarismo burgués y hacia la democracia burguesa sería absolutamente un servicio reaccionario a los intereses de los explotadores, de los terratenientes y capitalistas. A los intereses de los explotadores sirven únicamente las consignas de una democracia supuestamente popular, nacional, universal, extraclasista, pero en realidad burguesa, y mientras subsista la propiedad privada sobre la tierra y demás medios de producción, la república más democrática sigue siendo inevitablemente una dictadura de la burguesía, una máquina para la opresión de la gigantesca mayoría de los trabajadores por un puñado de capitalistas.

La tarea histórica que recae sobre la República Soviética –nuevo tipo de Estado, de transición hacia la completa extinción del Estado– consiste en lo siguiente:

1) Creación y desarrollo de la organización integral y de masas precisamente de las clases oprimidas por el capitalismo: el proletariado y el semiproletariado. La república burguesa-democrática, en el mejor de los casos, admitía la organización de las masas explotadas en el sentido de que la declaraba libre, pero en realidad siempre ponía innumerables obstáculos reales a su organización, y estos obstáculos estaban inseparablemente ligados a la propiedad privada de los medios de producción. El Poder Soviético, por primera vez en la historia, no solo facilita integralmente la organización de las masas oprimidas por el capitalismo, sino que la convierte en la base permanente e indispensable de todo el aparato estatal, de abajo arriba, local y central. Solo de este modo se realiza efectivamente para la mayoría de la población el democratismo, es decir, la participación real en la gestión del Estado de la gigantesca mayoría del pueblo, precisamente de los trabajadores, en lugar de la gestión real del Estado, principalmente, por representantes de las clases burguesas, como ocurre en las repúblicas burguesas más democráticas.

2) La organización soviética del Estado otorga cierta ventaja real precisamente a aquella parte de las masas trabajadoras que está más concentrada, unida, instruida y templada en la lucha por todo el desarrollo capitalista anterior al socialismo, es decir, al proletariado industrial urbano. Esta ventaja debe ser utilizada firme y sistemáticamente para, en contraposición a los intereses estrechamente gremiales y estrechamente profesionales que el capitalismo cultivaba entre los obreros, dividiéndolos en grupos en competencia, unir más estrechamente con los obreros avanzados a las masas más atrasadas y dispersas de proletarios y semiproletarios del campo, arrancarlas de la influencia del kulak rural y de la burguesía rural, organizarlas y educarlas para la construcción comunista.

3) La democracia burguesa, proclamando solemnemente la igualdad de todos los ciudadanos, encubría en realidad hipócritamente el dominio de los explotadores-capitalistas, engañando a las masas con la idea de que es posible una igualdad real entre el explotador y el explotado. La organización soviética del Estado destruye este engaño y esta hipocresía, realizando un democratismo real, es decir, la igualdad real de todos los trabajadores, y excluyendo a los explotadores de los miembros con plenos derechos de la sociedad. La experiencia de toda la historia mundial, de todas las insurrecciones de las clases oprimidas contra los opresores, enseña la inevitabilidad de una resistencia desesperada y prolongada de los explotadores en la lucha por la conservación de sus privilegios. La organización soviética del Estado está adaptada para la represión de esta resistencia, sin la cual no puede hablarse de una revolución comunista victoriosa.

4) Un influjo más directo de las masas trabajadoras en la organización y gestión del Estado, es decir, una forma más elevada de democratismo, se alcanza bajo el tipo soviético de Estado también, en primer lugar, porque el procedimiento de las elecciones y la posibilidad de realizarlas con más frecuencia, así como las condiciones de reelección y revocación de los diputados, son mucho más fáciles y accesibles para los obreros de la ciudad y el campo que bajo las mejores formas de la democracia burguesa.

5) En segundo lugar, porque la unidad electoral primaria y la célula fundamental de la construcción estatal es, bajo el Poder Soviético, no la circunscripción territorial, sino la unidad económica, productiva (fábrica, taller). Este vínculo más estrecho del aparato estatal con las masas de proletarios avanzados unidas por el capitalismo, además de crear un democratismo más elevado, brinda también la posibilidad de realizar profundas transformaciones socialistas.

6) La organización soviética permitió crear una fuerza armada de obreros y campesinos mucho más estrechamente ligada que antes a las masas trabajadoras y explotadas. Sin esto hubiera sido imposible realizar una de las condiciones fundamentales de la victoria del socialismo, a saber: el armamento de los obreros y el desarme de la burguesía.

7) La organización soviética desarrolló incomparablemente más lejos y más ampliamente aquel aspecto del democratismo burgués que señala su gran progresividad histórica en comparación con la Edad Media, a saber, la participación de la población en la elección de los funcionarios. En ninguno de los Estados burgueses más democráticos las masas trabajadoras ejercieron jamás el derecho de elección formalmente concedido por la burguesía, pero realmente obstaculizado por ella, ni siquiera aproximadamente en una medida tan amplia, con tanta frecuencia, universalidad, facilidad y sencillez como bajo el Poder Soviético. Pero, al mismo tiempo, la organización soviética eliminó aquellos aspectos negativos del democratismo burgués que la Comuna de París ya había empezado a abolir, cuya estrechez y limitación el marxismo señaló hace tiempo, a saber: el parlamentarismo como separación del poder legislativo del ejecutivo. Al fusionar uno y otro poder, los Soviets acercan el aparato estatal a las masas trabajadoras y eliminan esa valla que era el parlamento burgués, que engañaba a las masas con rótulos hipócritas, encubría las manipulaciones financieras y bursátiles de los politicastros parlamentarios y garantizaba la intangibilidad del aparato burgués de gestión del Estado.

8) Solo gracias a la organización soviética del Estado pudo la revolución del proletariado destruir y demoler hasta los cimientos el viejo aparato estatal burgués, y sin esto hubiera sido imposible siquiera emprender la construcción socialista. Actualmente en Rusia ya están totalmente destruidas las fortalezas del burocratismo, que en todas partes y siempre vinculó el poder estatal con los intereses de los terratenientes y capitalistas, tanto bajo la monarquía como en la república burguesa más democrática. Pero la lucha contra el burocratismo está lejos de haber terminado entre nosotros. Una parte de las posiciones perdidas, la burocracia intenta recuperarlas, aprovechando, por un lado, el nivel cultural insuficientemente elevado de las masas populares y, por otro, la tensión extrema, casi sobrehumana, de las fuerzas de la capa más desarrollada de los obreros urbanos en el trabajo militar. Por eso, la continuación de la lucha contra el burocratismo es absolutamente e imperiosamente necesaria para el éxito de la ulterior construcción socialista.

9) El trabajo en esta dirección, indisolublemente ligado a la realización de la tarea histórica principal del Poder Soviético, precisamente la transición a la completa extinción del Estado, debe consistir, en primer lugar, en que cada miembro del Soviet desempeñe obligatoriamente un determinado trabajo de gestión del Estado; en segundo lugar, en que estos trabajos se vayan cambiando sucesivamente, abarcando todo el círculo de asuntos relacionados con la gestión estatal, todas sus ramas; y, en tercer lugar, en que, mediante una serie de medidas graduales y cuidadosamente elegidas, pero firmemente aplicadas, toda la población trabajadora sea atraída en masa a la participación independiente en la gestión del Estado.

10) En general y en conjunto, la diferencia entre la democracia burguesa y el parlamentarismo, por un lado, y la democracia soviética o proletaria, por otro, se reduce a que la primera trasladaba el centro de gravedad a la proclamación solemne y pomposa de toda clase de libertades y derechos, sin permitir en realidad que la mayoría de la población, obreros y campesinos, los disfrutara suficientemente. En cambio, la democracia proletaria o soviética traslada el centro de gravedad, no a la proclamación de los derechos y libertades de todo el pueblo, sino a asegurar efectivamente precisamente a esas masas trabajadoras que fueron oprimidas y explotadas por el capital, el acceso real a la gestión del Estado, el uso real de los mejores edificios y locales para asambleas y congresos, las mejores imprentas y los mayores almacenes (existencias) de papel para la instrucción de aquellos a quienes el capitalismo embrutecía y aplastaba, asegurar precisamente a estas masas la posibilidad real (efectiva) de liberarse gradualmente del yugo de los prejuicios religiosos, etc., etc. Precisamente en esta dirección de la concesión real a los trabajadores y explotados de la posibilidad de disfrutar efectivamente de los bienes de la cultura, la civilización y la democracia, consiste el trabajo más importante del Poder Soviético, que debe continuarlo firme y ulteriormente.

**EN LA CUESTIÓN NACIONAL**

En la cuestión nacional, la política del PCR, a diferencia de la proclamación burgués-democrática de la igualdad de las naciones, irrealizable bajo el imperialismo, consiste en la realización firme del acercamiento y fusión de los proletarios y las masas trabajadoras de todas las naciones en su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía. La desconfianza hacia los grandes rusos, heredada de la época del imperialismo zarista y burgués gran ruso, desaparece rápidamente entre las masas trabajadoras de las naciones que formaban parte del Imperio Ruso, desaparece bajo la influencia del conocimiento de la Rusia Soviética, pero esta desconfianza no ha desaparecido por completo en todas las naciones ni en todas las capas de la masa trabajadora. Por eso es necesaria una especial cautela con respecto al sentimiento nacional, una cuidadosa realización de la igualdad y la libertad de separación de las naciones en la práctica, para quitar terreno a esta desconfianza y lograr la unión voluntaria más estrecha de las Repúblicas Soviéticas de todas las naciones. Es necesario reforzar la ayuda a las naciones atrasadas y débiles, fomentando la organización independiente y la instrucción de los obreros y campesinos de cada nación en la lucha contra el yugo medieval y burgués, así como fomentando el desarrollo de la lengua y la literatura de las naciones hasta ahora oprimidas o que han sido desiguales en derechos.

**EN LA ESFERA DE LA POLÍTICA RELIGIOSA**

En la esfera de la política religiosa, la tarea de la dictadura proletaria (del PCR) consiste en no contentarse con la ya decretada separación de la iglesia del Estado y de la escuela de la iglesia, es decir, con medidas que la democracia burguesa prometió, pero en ninguna parte del mundo llevó hasta el final, debido a los múltiples vínculos reales del capital con la propaganda religiosa. La dictadura proletaria debe llevar hasta el final la destrucción del vínculo entre las clases explotadoras, terratenientes y capitalistas, y la organización de la propaganda religiosa, como apoyo de la oscuridad de las masas. La dictadura proletaria debe realizar firmemente la liberación real de las masas trabajadoras de los prejuicios religiosos, logrando esto mediante la propaganda y la elevación de la conciencia de las masas, cuidando al mismo tiempo de evitar toda ofensa a los sentimientos de la parte creyente de la población y la consolidación del fanatismo religioso.

**EN LA ESFERA DE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA**

En la esfera de la instrucción pública, el PCR se plantea como tarea llevar a término la obra iniciada con la Revolución de Octubre de 1917 de transformar la escuela de instrumento del dominio de clase de la burguesía en instrumento de destrucción de ese dominio, así como de la completa supresión de la división de la sociedad en clases.

En el período de la dictadura del proletariado, es decir, en el período de preparación de las condiciones que hacen posible la realización plena del comunismo, la escuela debe ser no solo transmisora de los principios del comunismo en general, sino transmisora de la influencia ideológica, organizativa y educadora del proletariado sobre las capas semiproletarias y no proletarias de las masas trabajadoras, con el fin de educar a una generación capaz de realizar definitivamente el comunismo.

Las tareas más próximas en este camino son actualmente:

1) Realización de la enseñanza gratuita y obligatoria general y politécnica (que familiarice en teoría y en práctica con todas las ramas principales de la producción) para todos los niños de ambos sexos hasta los 16 años.
2) Realización del estrecho vínculo de la enseñanza con el trabajo socialmente productivo.
3) Dotación de todos los alumnos con alimentos, vestido y material didáctico por cuenta del Estado.
4) Intensificación de la agitación y propaganda entre el magisterio.
5) Preparación de cuadros de un nuevo magisterio imbuido de las ideas del comunismo.
6) Atracción de la población trabajadora a la participación activa en la obra de la instrucción (desarrollo de los consejos de instrucción pública, movilización de los alfabetos, etc.).
7) Ayuda integral del Poder Soviético a la autoeducación y autodesarrollo de los obreros y campesinos trabajadores (creación de bibliotecas, escuelas para adultos, universidades populares, cursos de conferencias, cinematógrafos, estudios, etc.).
8) Desarrollo de la más amplia propaganda de las ideas comunistas.

Desarrollando más concretamente las tareas generales del Poder Soviético, el PCR las define actualmente del siguiente modo:

**EN LA ESFERA ECONÓMICA**

La tarea del Poder Soviético consiste actualmente en lo siguiente:

(1) Continuar firmemente y llevar a término la expropiación de la burguesía, iniciada y en lo principal y fundamental ya concluida, la transformación de los medios de producción y circulación en propiedad de la República Soviética, es decir, en propiedad común de todos los trabajadores.

(2) Prestar una atención especialmente grande al desarrollo y fortalecimiento de la disciplina de camaradería de los trabajadores y a la elevación integral de su iniciativa y conciencia de responsabilidad. En esto consiste el medio principal, si no el único, para superar definitivamente el capitalismo y las costumbres creadas por el dominio de la propiedad privada sobre los medios de producción. El logro de este objetivo requiere un trabajo perseverante y lento de reeducación de las masas, y esta reeducación no solo se ha hecho ahora posible, cuando las masas han visto en la práctica la eliminación del terrateniente, el capitalista y el comerciante, sino que esta reeducación se realiza ya de hecho por miles de caminos, a través de la propia experiencia práctica de los obreros y campesinos. Una importancia extraordinaria tiene a este respecto el trabajo de desarrollo de la unión sindical de los trabajadores, que nunca y en ninguna parte del mundo ha crecido tan rápidamente como bajo el Poder Soviético, pero que debe llevarse hasta la unión de la totalidad de todos los trabajadores en sindicatos de producción coherentes, centralizados y disciplinados. Sin limitarse en modo alguno al viejo patrón del movimiento sindical, debemos sistemáticamente, verificando cada paso por los resultados de la experiencia práctica, transformar los sindicatos, por un lado, en órganos de gestión de toda la economía nacional; el acercamiento y el estrecho vínculo de los sindicatos con el Consejo Superior de Economía Nacional, con el Comisariado del Trabajo, y luego con todas las demás ramas de la administración estatal, deben crecer y fortalecerse; por otro lado, los sindicatos deben transformarse aún más en órganos de educación laboral y socialista de toda la masa trabajadora en su conjunto, de modo que la experiencia práctica de la participación en la gestión abarque, bajo el control de la vanguardia obrera, a las capas más atrasadas de los obreros.

(3) El aumento de la productividad del trabajo constituye una de las tareas fundamentales, pues sin ello es imposible la transición definitiva al comunismo. El logro de este objetivo, además de un largo trabajo de instrucción de las masas y de elevación de su nivel cultural, requiere la utilización inmediata, amplia e integral de los especialistas de la ciencia y la técnica que nos ha legado el capitalismo y que inevitablemente suelen estar imbuidos de una cosmovisión y costumbres burguesas. El Partido debe, en estrecha alianza con las uniones sindicales, mantener su línea anterior: por un lado, no hacer la menor concesión política a esta capa burguesa y reprimir sin piedad toda tendencia contrarrevolucionaria de la misma; y, por otro lado, luchar también sin piedad contra la presunción seudo radical, pero en realidad ignorante, de que los trabajadores pueden superar el capitalismo y el régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos, sin pasar por una larga escuela de trabajo junto a ellos.

Aspirando a la igualdad de retribución por todo trabajo y al comunismo pleno, no podemos en modo alguno plantearnos como tarea la realización inmediata de esta igualdad en el momento actual, cuando solo se dan los primeros pasos hacia la transición del capitalismo al comunismo. Por eso es necesario mantener por cierto tiempo una retribución más elevada para los especialistas, a fin de que puedan trabajar no peor, sino mejor que antes, y con el mismo fin no se puede renunciar tampoco al sistema de primas por el trabajo más logrado y especialmente por el trabajo organizador; las primas serán inadmisibles bajo el sistema del comunismo pleno, pero en la época de transición del capitalismo al comunismo no se puede prescindir de las primas, como lo atestiguan tanto las consideraciones teóricas como la experiencia anual del Poder Soviético.

Al mismo tiempo, hay que trabajar firmemente para rodear a los especialistas burgueses de un ambiente de trabajo común de camaradería, hombro con hombro con la masa de obreros ordinarios, dirigidos por comunistas conscientes, y lograr, pacientemente, sin desanimarse por los inevitables fracasos aislados, despertar en las personas que poseen preparación científica la conciencia de toda la bajeza de utilizar la ciencia para el enriquecimiento personal y para la explotación del hombre por el hombre, la conciencia de la tarea más elevada de utilizar la ciencia para familiarizar con ella a toda la masa de trabajadores.

(4) La realización del comunismo, que exige absolutamente la mayor y más rigurosa centralización posible del trabajo a escala de todo el Estado, presupone con ello la superación de esa dispersión y fraccionamiento de los obreros, profesional y local, que fue una de las fuentes de la fuerza del capital y de la impotencia del trabajo. La lucha contra la estrechez y limitación gremial, contra el egoísmo gremial, estrechamente ligada a la lucha por la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo, presenta grandes dificultades y no puede iniciarse en grandes proporciones sin un gran aumento previo de la productividad del trabajo popular. Pero el inicio de este trabajo debe emprenderse sin embargo inmediatamente, aunque al principio en marcos pequeños, locales y a modo de experimento, para comparar los resultados de las diversas medidas que se emprendan en diferentes profesiones y localidades. La movilización en masa de toda la población apta para el trabajo por el Poder Soviético, con la participación de los sindicatos, para la realización de determinados trabajos sociales, debe aplicarse incomparablemente más amplia y sistemáticamente de lo que se ha hecho hasta ahora.

(5) En la esfera de la distribución, la tarea del Poder Soviético consiste actualmente en continuar firmemente la sustitución del comercio por la distribución planificada, organizada a escala de todo el Estado, de los productos. El objetivo es la organización de toda la población en comunas productivo-consumidoras, capaces de distribuir con la mayor rapidez, planificación, economía y con el menor gasto de trabajo todos los productos necesarios, centralizando estrictamente todo el aparato distribuidor. Como medio de transición para el logro de este objetivo están las cooperativas. Su utilización representa una tarea análoga a la utilización de los especialistas burgueses, en la medida en que al frente del aparato cooperativo, heredado por nosotros del capitalismo, se encuentran personas con hábitos burgueses de pensamiento y gestión económica. El PCR debe continuar sistemáticamente su política: obligar a todos los miembros del Partido a trabajar en las cooperativas, dirigirlas, con la ayuda también de los sindicatos, en el espíritu comunista, desarrollar la iniciativa y la disciplina de la población trabajadora unida en cooperativas, lograr que toda la población sea abarcada por las cooperativas y que estas cooperativas se fusionen en una cooperativa única, de arriba abajo, que abarque toda la República Soviética; por último, y esto es lo principal, que la influencia preponderante del proletariado sobre las demás capas de trabajadores esté constantemente asegurada y que en todas partes se ensayen en la práctica diversas medidas que faciliten y realicen la transición de las cooperativas pequeñoburguesas del viejo tipo capitalista a las comunas productivo-consumidoras dirigidas por proletarios y semiproletarios.

(6) Es imposible destruir el dinero de golpe en los primeros tiempos de la transición del capitalismo al comunismo. En consecuencia, los elementos burgueses de la población continúan utilizando los signos monetarios que quedan en propiedad privada, esos certificados del derecho de los explotadores a obtener la riqueza social, con fines de especulación, lucro y saqueo de los trabajadores. Solo la nacionalización de los bancos es insuficiente para luchar contra esta supervivencia del saqueo burgués. El PCR tenderá a la realización lo más rápida posible de las medidas más radicales que preparen la destrucción del dinero, en primer lugar su sustitución por libretas de ahorro, cheques, billetes a corto plazo por el derecho a obtener productos sociales, etc., el establecimiento de la tenencia obligatoria del dinero en los bancos, etc. La experiencia práctica de la preparación y realización de estas y otras medidas semejantes mostrará cuáles de ellas son más adecuadas.

(7) En la esfera financiera, el PCR aplicará el impuesto progresivo sobre la renta y sobre el patrimonio en todos los casos en que esto sea posible. Pero estos casos no pueden ser numerosos después de la abolición de la propiedad privada sobre la tierra y sobre la mayoría de las fábricas, talleres y demás empresas. En la época de la dictadura del proletariado y de la propiedad estatal sobre los medios de producción más importantes, las finanzas del Estado deben basarse en el traspaso directo de una parte determinada de los ingresos procedentes de los diversos monopolios estatales a las necesidades del Estado. El equilibrio de ingresos y gastos solo es realizable con una organización correcta del intercambio de mercancías, a lo que conduce la organización de las comunas productivo-consumidoras y la restauración del transporte, que constituye uno de los principales objetivos inmediatos del Poder Soviético.

**EN LA ESFERA AGRARIA**

Después de la abolición de la propiedad privada sobre la tierra, la expropiación [casi] total de los terratenientes y la aplicación de la ley de socialización de la tierra, que reconoce la preferencia de la gran explotación común de la tierra, la tarea principal del Poder Soviético es encontrar y ensayar en la práctica las medidas de transición más adecuadas y prácticas en esta dirección.

La línea fundamental y el principio rector de la política agraria del PCR en esta situación es, como antes, la tendencia a apoyarse en los elementos proletarios y semiproletarios del campo. Estos deben ser organizados ante todo como fuerza independiente, deben ser acercados al proletariado urbano y arrancados de la influencia de la burguesía rural y de los intereses pequeñopropietarios. La organización de los comités de campesinos pobres fue uno de los pasos en este camino; la organización de células del Partido en el campo, la reelección de los Sóviets con la exclusión de los kulaks, la creación de un tipo especial de sindicatos de proletarios y semiproletarios del campo – estas y otras medidas semejantes deben aplicarse sin falta.

Con respecto a los kulaks, a la burguesía rural, la política del PCR consiste en la lucha decidida contra sus tendencias explotadoras, en la represión de su resistencia a la política soviética, socialista.

Con respecto al campesinado medio, la política del PCR consiste en una actitud cautelosa hacia él; es necesario separarlo de los kulaks y no extender en modo alguno a él las medidas de represión; el campesinado medio puede, por su posición de clase, ser aliado del poder proletario en la transición al socialismo o, al menos, un elemento neutral. Por eso, a pesar de los inevitables fracasos parciales y vacilaciones del campesinado medio, hay que tender firmemente al acuerdo con él, atendiendo cuidadosamente a todos sus deseos y haciendo concesiones en la determinación de los modos de realizar las transformaciones socialistas. En uno de los primeros lugares se sitúa al mismo tiempo la lucha contra los abusos de aquellos representantes del Poder Soviético que, valiéndose engañosamente del título de comunistas, llevan a cabo en la práctica una política no comunista, sino burocrática, autoritaria, y la expulsión sin piedad de tales personas, estableciendo un control más estricto tanto con ayuda de los sindicatos como por otras vías.

En lo que se refiere a las medidas de transición a la agricultura comunista, el PCR verificará en la práctica las tres medidas principales ya creadas por la vida: las haciendas soviéticas, las comunas agrícolas y las sociedades (así como las asociaciones) de cultivo social de la tierra, preocupándose de su aplicación más amplia y más correcta, especialmente de las formas de desarrollo de la participación voluntaria de los campesinos en estas nuevas formas de agricultura de camaradería y de la organización del campesinado trabajador para la realización del control desde abajo y la disciplina de camaradería.

**EN LA ESFERA DE LA POLÍTICA ALIMENTARIA**

El PCR defiende el fortalecimiento y desarrollo del monopolio estatal, sin renunciar a la utilización de cooperativas y comerciantes particulares o empleados de comercio y a la aplicación del sistema de primas bajo la condición del control del Poder Soviético y con el fin de la mejor organización del asunto. Las concesiones parciales que de vez en cuando hay que hacer son provocadas exclusivamente por agravaciones especiales de la necesidad y nunca conducen a la renuncia al perseverante esfuerzo por realizar el monopolio estatal. En un país de pequeña economía campesina, su realización es muy difícil, requiere un largo trabajo y el ensayo práctico de una serie de medidas de transición que conduzcan por diversos caminos a la meta, es decir, a la organización general y al funcionamiento correcto de las comunas productivo-consumidoras con la entrega de todos los excedentes alimentarios al Estado.