Todos los comunistas, ante todo y sobre todo, todos los que simpatizan con ellos, todos los obreros y campesinos honrados, todos los trabajadores soviéticos deben actuar con disciplina militar, dedicando el máximo de su trabajo, de sus esfuerzos y de sus preocupaciones a las tareas inmediatas de la guerra, al rápido rechazo de la invasión de Denikin, reduciendo y reorganizando, en sumisión a esta tarea, toda su demás actividad.

La república soviética está sitiada por el enemigo. Debe ser un campamento militar único, no de palabra, sino de hecho.

¡Adaptar a la guerra y reorganizar con criterio militar todo el trabajo de todas las instituciones!

La colegialidad es necesaria para resolver los asuntos del Estado de los obreros y campesinos. Pero toda exageración de la colegialidad, toda deformación de la misma que lleve a la burocracia, a la irresponsabilidad, toda conversión de los órganos colegiados en meras "tertulias" es el mayor mal, y hay que acabar con este mal cueste lo que cueste, lo más rápidamente posible, sin detenerse ante nada.

La colegialidad no debe ir más allá del mínimo absolutamente necesario, ni en cuanto al número de miembros de los colegios, ni en cuanto a la conducción práctica del trabajo, la prohibición de "discursos", la mayor rapidez en el intercambio de opiniones, reduciéndolo a la información y a propuestas prácticas precisas.

Siempre que exista la más mínima posibilidad, la colegialidad debe reducirse a la más breve discusión solo de los problemas más importantes en el colegio menos numeroso, y la dirección práctica de la institución, empresa, asunto, tarea debe ser confiada a un solo camarada, conocido por su firmeza, decisión, valentía, capacidad para llevar a cabo un trabajo práctico y que goce de la mayor confianza. En todo caso y bajo todas las circunstancias sin excepción, la colegialidad debe ir acompañada del establecimiento más preciso de la responsabilidad personal de cada cual por un trabajo exactamente definido. La irresponsabilidad, encubierta con referencias a la colegialidad, es el mal más peligroso que amenaza a todos los que no tienen una gran experiencia en el trabajo colegial práctico, y que en los asuntos militares conduce a menudo inevitablemente a la catástrofe, al caos, al pánico, a la pluralidad de poderes, a la derrota. Un mal no menos peligroso es el ajetreo organizativo o el "proyectismo" organizativo. La reorganización del trabajo, necesaria para la guerra, no debe en ningún caso conducir a la reorganización de las instituciones, y menos aún a la creación apresurada de nuevas instituciones. Esto es absolutamente inadmisible, solo conduce al caos. La reorganización del trabajo debe consistir en la suspensión temporal de aquellas instituciones que no sean absolutamente necesarias, o en su reducción hasta cierta medida. Pero todo el trabajo de ayuda a la guerra debe realizarse total y exclusivamente a través de las instituciones militares ya existentes, mediante su corrección, fortalecimiento, ampliación y apoyo. La creación de "comités de defensa" o "revcoms" (comités revolucionarios o militar-revolucionarios) especiales es admisible solo como excepción, en primer lugar; en segundo lugar, solo con la aprobación de la autoridad militar correspondiente o de la autoridad soviética superior; en tercer lugar, con el cumplimiento obligatorio de la condición señalada.