El camarada Lenin recibió al embajador en su despacho con las palabras: «Me alegra mucho ver en la capital roja del gobierno obrero y campesino al representante del pueblo afgano, amigo nuestro, que sufre y lucha contra el yugo imperialista». A lo que el embajador respondió: «Le tiendo una mano amiga y espero que ayude a liberarse del yugo del imperialismo europeo a todo el Oriente». Durante la conversación que luego se entabló, el camarada Lenin dijo que el Poder Soviético, el poder de los trabajadores y los oprimidos, aspira precisamente a aquello de lo que hablaba el embajador extraordinario afgano, pero que era necesario que el Oriente musulmán lo comprendiera y ayudara a la Rusia Soviética en la gran guerra liberadora. El embajador respondió a esto que podía afirmar que el Oriente musulmán lo había comprendido y que estaba cercana la hora en que el mundo entero vería que el imperialismo europeo no tenía lugar en el Oriente.

Luego el embajador se puso en pie y, con las palabras: «Tengo el honor de entregar al jefe del libre gobierno proletario ruso la carta de mi soberano y espero que aquello de lo que habla el gobierno afgano atraiga la atención del Poder Soviético», entregó al camarada Lenin la carta del emir. El camarada Lenin respondió que recibía esta carta con la mayor satisfacción y prometía dar respuesta en breve a todas las cuestiones que interesaban a Afganistán{91}.

«Pravda» n.º 232 e «Izvestia del VTsIK» n.º 232, 17 de octubre de 1919

Se publica según el texto del periódico «Pravda»