El enorme complot que estalló en Krasnaya Gorka y que tenía por objetivo la rendición de Petrogrado, planteó de nuevo con especial urgencia la cuestión de los especialistas militares y de la lucha contra la contrarrevolución en la retaguardia. No cabe duda de que el agravamiento de la situación alimentaria y militar provoca y provocará inevitablemente en un futuro próximo el incremento de los intentos de los contrarrevolucionarios (en el complot de Petrogrado participaron la «Unión del Renacimiento»{16}, los cadetes, los mencheviques y los eseristas de derecha; también participaron por separado, pero al fin y al cabo participaron, los eseristas de izquierda). Es igualmente indudable que los especialistas militares darán en el futuro próximo un porcentaje elevado de traidores, de igual modo que los kulaks, los intelectuales burgueses, los mencheviques y los eseristas.

Pero sería un error irreparable y una falta de carácter imperdonable plantear por ello la cuestión de modificar los fundamentos de nuestra política militar. Cientos y cientos de especialistas militares nos traicionan y nos traicionarán, los capturaremos y fusilaremos, pero junto a nosotros trabajan sistemática y permanentemente miles y decenas de miles de especialistas militares, sin los cuales no podría haberse creado ese Ejército Rojo que surgió del maldito recuerdo del guerrillerismo y que supo obtener brillantes victorias en el Este. Personas experimentadas que están al frente de nuestro Ministerio de Guerra señalan con razón que allí donde se ha aplicado con mayor rigor la política del Partido respecto a los especialistas militares y respecto a la erradicación del guerrillerismo, donde la disciplina es más firme, donde se realiza con más esmero el trabajo político en las tropas y la labor de los comisarios, allí, en general y en conjunto, hay menos aficionados a la traición entre los especialistas militares, allí hay menos posibilidades para que tales aficionados lleven a cabo su propósito, allí no hay descomposición en el ejército, allí son mejores su organización y su espíritu, allí hay más victorias. El guerrillerismo, sus huellas, sus restos, sus supervivencias han causado a nuestro ejército y al ejército ucraniano incomparablemente más desastres, descomposición, derrotas, catástrofes, pérdidas de hombres y de material militar que todas las traiciones de los especialistas militares.

Nuestro programa del Partido, tanto en la cuestión general de los especialistas burgueses como en la cuestión particular de una de sus variedades, los especialistas militares, ha definido con toda exactitud la política del Partido Comunista. Nuestro Partido lucha y luchará «sin piedad contra la presunción falsamente radical, pero en realidad ignorante, de que los trabajadores pueden vencer al capitalismo y al régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos, sin pasar por una larga escuela de trabajo junto a ellos»{17}.

Naturalmente, junto con esto, el Partido no otorga «la más mínima concesión política a esa capa burguesa», el Partido reprime y reprimirá «sin piedad toda tentativa contrarrevolucionaria de la misma». Es natural que cuando tal «tentativa» se produce o se perfila con mayor o menor grado de probabilidad, su «represión sin piedad» exige cualidades distintas de la lentitud, la cautela del ánimo del que aprende, que exige la «larga escuela» y que esta desarrolla en los hombres. La contradicción entre el ánimo de los hombres ocupados en la «larga escuela de trabajo junto» a los especialistas militares y el ánimo de los hombres arrastrados por la tarea inmediata de «reprimir sin piedad la tentativa contrarrevolucionaria» de los especialistas militares, puede fácilmente llevar y lleva a roces y conflictos. Lo mismo se refiere a los necesarios traslados personales, a veces desplazamientos de un gran número de especialistas militares, provocados por tal o cual caso de «tentativas» contrarrevolucionarias, y más aún por grandes complots.

Estos roces y conflictos los resolvemos y los resolveremos por la vía del Partido, exigiendo lo mismo de todas las organizaciones del Partido e insistiendo en que no se permita el menor perjuicio al trabajo práctico, la menor dilación en la adopción de las medidas necesarias, la menor sombra de vacilación en la aplicación de los fundamentos establecidos de nuestra política militar.

Si algunos órganos del Partido adoptan un tono incorrecto respecto a los especialistas militares (como ocurrió recientemente en Petrogrado) o si en casos aislados la «crítica» de los especialistas militares degenera en un obstáculo directo para el trabajo sistemático y tenaz de su utilización, el Partido corrige y corregirá inmediatamente esos errores.

El medio principal y fundamental para corregirlos es el reforzamiento del trabajo político en el ejército y entre los movilizados, la intensificación del trabajo de los comisarios en el ejército, la mejora de su composición, la elevación de su nivel, la realización por ellos en la práctica de lo que exige el programa del Partido y que con demasiada frecuencia se cumple de manera insuficiente, a saber: «la concentración del control omnilateral sobre el estado mayor (del ejército) en manos de la clase obrera». La crítica externa a los especialistas militares, los intentos de arreglar las cosas «al vuelo» es cosa demasiado fácil y por ello desesperada y nociva. Todos los que son conscientes de su responsabilidad política, todos los que sufren por las deficiencias de nuestro ejército, que vayan a las filas y a las formaciones, como soldados rojos o comandantes, trabajadores políticos o comisarios, que trabaje cada uno – cualquier miembro del Partido encontrará un lugar según sus capacidades – dentro de la organización militar para su mejoramiento.

El poder soviético desde hace tiempo ha prestado la mayor atención a que los obreros, y luego los campesinos, y los comunistas en particular, puedan aprender seriamente el arte militar. Esto se hace en una serie de establecimientos, instituciones, cursos, pero se hace todavía muy, muy insuficientemente. La iniciativa personal, la energía personal deben hacer aún mucho en este sentido. En particular, los comunistas deben estudiar diligentemente el manejo de ametralladoras, artillería, blindados, etc., pues aquí nuestro atraso es más sensible, aquí la superioridad del enemigo con un mayor número de oficiales es más considerable, aquí es posible que un especialista militar poco fiable cause grandes daños, aquí el papel del comunista es sumamente grande.