En la cuestión nacional, la política del proletariado que ha conquistado el poder estatal, a diferencia de la proclamación formal burgués-democrática de la igualdad de las naciones, irrealizable bajo el imperialismo, consiste en llevar a cabo de manera constante y efectiva en la práctica el acercamiento y la fusión de los obreros y campesinos de todas las naciones en su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía. La realización de este objetivo exige la liberación completa de las naciones coloniales y de otras que se encontraban en situación oprimida o sin plenos derechos, concediéndoles la libertad de separación como garantía de que la desconfianza de las masas trabajadoras de las distintas naciones, heredada del capitalismo, y el resentimiento de los obreros de las naciones oprimidas contra los obreros de las naciones opresoras se disipen por completo y sean sustituidos por una alianza consciente y voluntaria. Por parte de los obreros de aquellas naciones que bajo el capitalismo fueron opresoras, se requiere una especial cautela hacia el sentimiento nacional de las naciones oprimidas (por ejemplo, de los grandes rusos, ucranianos, polacos hacia los judíos; de los tártaros hacia los basquires, etc.), así como el fomento no solo de la igualdad de hecho, sino también del desarrollo del idioma y la literatura de las masas trabajadoras de las naciones anteriormente oprimidas, para eliminar todos los vestigios de desconfianza y enajenación heredados de la época del capitalismo.