¡Camaradas! He recibido varias notas de los delegados proponiéndome que me pronuncie sobre esta cuestión. Me parecía que no había necesidad de ello, y me abstuve hasta recibir estas invitaciones, porque, lamentablemente, no he tenido posibilidad de familiarizarme prácticamente con el trabajo local, y el conocimiento que se adquiere al actuar en el Consejo de Comisarios del Pueblo, por sí mismo, es evidentemente insuficiente. Además, estoy totalmente de acuerdo con lo dicho por el camarada Trotski, y por ello me limitaré a breves observaciones.

Cuando en el Consejo de Comisarios del Pueblo se planteó ante nosotros la cuestión de los sovjoses y su transferencia a los departamentos provinciales de agricultura{141}, cuando se planteó la cuestión de los glavkis y centros, nunca tuve la menor duda de que en unas y otras instituciones hay no pocos elementos contrarrevolucionarios. Pero cuando se intenta acusar a los sovjoses de que estas instituciones son especialmente contrarrevolucionarias, siempre me pareció, y ahora pienso lo mismo, que eso significa disparar fuera del blanco, porque ni los sovjoses, ni los glavkis y centros, ni empresa industrial grande alguna, en general ninguna organización central o local que dirija una rama más o menos significativa de la economía nacional, prescindirá, prescinde ni puede prescindir de resolver la cuestión de la participación de los especialistas burgueses. Y me parece que los ataques contra los glavkis y centros, ataques perfectamente legítimos desde el punto de vista de que aquí se necesita una depuración cuidadosa, son, sin embargo, erróneos, porque en este caso ese tipo de instituciones se arranca de la serie de otras instituciones análogas. Mientras tanto, del trabajo del Consejo de Economía Nacional se ve más claro que el agua que destacar por este punto a los glavkis, centros y sovjoses no es admisible de ningún modo, porque todo nuestro trabajo soviético, tanto en el ámbito militar como en el de la sanidad y en el de la instrucción, ha tropezado y tropieza siempre y en todas partes con una cuestión de este tipo. No podemos reestructurar el aparato estatal y educar un número suficiente de obreros y campesinos bien familiarizados con la gestión estatal sin la ayuda de los viejos especialistas. Esta es la lección fundamental que extraemos de toda nuestra construcción, y esta experiencia nos dice que en todos los ámbitos, incluido el militar, los viejos especialistas —y por eso son viejos— no pueden ser tomados de ningún otro sitio más que de la sociedad capitalista. Esta daba la posibilidad de convertir en especialistas a capas demasiado poco numerosas, pertenecientes a las familias de terratenientes y capitalistas, y solo a un número insignificante de salidos del campesinado, y además solo de los acomodados. Por eso, si se tiene en cuenta el ambiente en que estas personas crecieron y en el que actúan ahora, resultará completamente inevitable el hecho de que estos especialistas, es decir, personas con la habilidad de la gestión a escala estatal amplia, están impregnados en nueve décimas partes de viejas concepciones y prejuicios burgueses, y que incluso en aquellos casos en que no son traidores directos (y este fenómeno no es casual, sino constante), incluso en esos casos no son capaces de comprender las nuevas condiciones, las nuevas tareas, las nuevas exigencias. Sobre este terreno, roces, fracasos y desórdenes se observan en todas partes, en todos los comisariados. Por eso me parecía que disparan fuera del blanco cuando gritan sobre el carácter reaccionario precisamente de los sovjoses, glavkis y centros, intentando separar esta cuestión de nuestra cuestión general sobre cómo acostumbrar a la gestión a escala estatal amplia a un gran número de obreros y campesinos. Hacemos esto con una rapidez que, si se tiene en cuenta el atraso del país y la dificultad de las condiciones, es absolutamente inaudita en la historia mundial. Pero, por grande que sea, no nos satisface, porque nuestra necesidad de obreros y campesinos que sepan gestionar y estén familiarizados con ramas especiales de la gestión es enorme y aún no está satisfecha ni en una décima, ni en una centésima parte. Por eso, cuando se nos decía o cuando en el Consejo de Comisarios del Pueblo había sesiones en las que se demostraba que los sovjoses son lugar donde se esconden viejos terratenientes ligeramente repintados, y a veces ni repintados, que allí se crean nidos de burocratismo, que fenómenos semejantes se observan a cada paso en los glavkis y centros, nunca dudé de la exactitud de esto. Pero decía que si pensáis eliminar este mal subordinando los sovjoses al departamento provincial de agricultura, os equivocáis.

¿Por qué en los glavkis y centros, en los sovjoses, han quedado más elementos contrarrevolucionarios, más burocratismo que en el ámbito militar? ¿Por qué en el ámbito militar estos elementos son menos? Porque a este ámbito, en su conjunto, se le prestó más atención, se enviaron a él más comunistas, más obreros y campesinos, allí trabajaron más ampliamente los departamentos políticos; en una palabra, la influencia de los obreros avanzados y de los campesinos avanzados sobre todo el aparato militar fue más amplia, más profunda y más sistemática. Gracias a ello hemos conseguido que aquí el mal, si aún no ha sido extirpado, al menos estamos más cerca de su extirpación. Digo: a esto hay que prestar la mayor atención.

Damos solo los primeros pasos para que los sovjoses estén en estrecha vinculación tanto con la población campesina circundante como con los grupos comunistas, para que en todas partes, y no solo en el ámbito militar, haya comisarios y no solo sobre el papel. Sean miembros del colegio, ayudantes de los encargados o comisarios, nosotros necesitamos la responsabilidad unipersonal: así como la colegialidad es necesaria para la discusión de las cuestiones fundamentales, así son necesarias la responsabilidad unipersonal y la dirección unipersonal para que no haya papeleo, para que no se pueda eludir la responsabilidad. Necesitamos personas que en todo caso aprendan la gestión independiente. Si esto se hace, entonces corregiremos el mal del mejor modo posible.

Estoy totalmente de acuerdo, diré para concluir, con el camarada Trotski cuando habló de que aquí se hicieron intentos muy incorrectos de presentar nuestras discusiones como una discusión entre obreros y campesinos, y a la cuestión de los glavkis y centros se entretejió la cuestión de la dictadura del proletariado. Esto, en mi opinión, es radicalmente incorrecto. La cuestión de la dictadura del proletariado puede plantearse cuando se trata de la represión de la burguesía. Entonces es pensable esta cuestión, entonces necesitamos esta dictadura, porque solo mediante ella podemos reprimir a la burguesía y transmitir el poder a la parte de los trabajadores que es capaz de actuar firmemente y atraer hacia sí a cada vez más vacilantes. En este caso no tenemos nada semejante ante nosotros. Tenemos una discusión sobre cuánto centralismo, más o menos, se necesita en un ámbito dado y en un momento dado. Si los camaradas de las localidades dicen, y el camarada Trotski y muchos comisarios del pueblo confirman, que en el último tiempo el nivel de los trabajadores de las provincias y, en considerable medida, de los distritos, ha subido extraordinariamente (tales confirmaciones las oigo constantemente tanto del camarada Kalinin, que viaja mucho por las localidades, como de los camaradas que llegan de las localidades), entonces hay que tenerlo en cuenta, hay que plantear la cuestión de si se comprende correctamente la cuestión del centralismo en este caso. Estoy seguro de que correcciones de este tipo al trabajo de las instituciones soviéticas tendremos que hacer aún muchas, muchísimas. En este respecto solo ahora comenzamos a adquirir experiencia constructiva. Y en la medida en que se mira esta experiencia desde dentro del Consejo de Defensa y del Consejo de Comisarios del Pueblo, se ve con claridad que no se puede expresar con cifras, no es posible contarlo en un breve discurso. Pero estamos seguros de que en las localidades se trabaja según las tareas fundamentales del poder central. Esto se ha creado solo en el último tiempo.

Aquí la cuestión no está en absoluto en un conflicto entre la dictadura del proletariado y otros elementos sociales. Aquí la cuestión está en la experiencia de nuestra construcción soviética, en la experiencia, en mi opinión, ni siquiera constitucional. Aquí se habló mucho de modificar la Constitución. Me parece que la cuestión no está en eso. La Constitución habla de los principios fundamentales del centralismo. Esta posición fundamental es para todos nosotros tan indiscutible (todos la hemos aprendido en la lección gráfica, impresionante e incluso cruel de Kolchak, Yudénich, Denikin y del guerrillerismo) que no puede haber discusión al respecto. De esta posición fundamental del centralismo no reniega ni el camarada Sápronov cuando se trata de conceder el derecho de recusación al comisario del pueblo o al Consejo de Comisarios del Pueblo. Esta no es una cuestión constitucional, sino una cuestión de conveniencia práctica. Necesitamos presionar ora un lado, ora otro, para obtener resultados positivos. Cuando hablamos de los sovjoses provinciales y los departamentos provinciales de agricultura, el centro de gravedad está en ponerlos bajo control de los obreros y de los campesinos circundantes. Esto es completamente independiente de a quién estén subordinados. Me parece que con ninguna modificación de la Constitución acabaréis nunca ni con los terratenientes escondidos, ni con los capitalistas y burgueses repintados. Debemos introducir en las instituciones, como miembros de pequeños colegios, ayudantes de los encargados particulares o en calidad de comisarios, un número suficiente de obreros y campesinos con experiencia práctica y absolutamente leales. ¡Este es el meollo! Así iréis creando un número cada vez mayor de obreros y campesinos que aprenden la gestión y que, después de pasar todos los plazos de aprendizaje junto a los viejos especialistas, ocupan sus puestos, cumplen las mismas tareas y preparan en nuestro asunto civil, en el asunto de la gestión de la industria, en el asunto de la gestión de la actividad económica, un cambio de los cuadros dirigentes similar al que se produce en nuestro organismo militar. Por eso pienso que aquí no hay fundamento alguno para partir de aquellas consideraciones de principio que aquí a veces se hicieron, sino que hay que examinar esta cuestión no como constitucional, sino como una cuestión de experiencia práctica. Si la mayoría de los trabajadores locales, después de una discusión exhaustiva, encuentra que es necesario subordinar los sovjoses provinciales a los departamentos provinciales de agricultura, bien, haremos experiencia al respecto, resolveremos la cuestión desde el punto de vista de la experiencia práctica. Pero, ante todo, debemos resolver: ¿eliminaremos así a los terratenientes escondidos? ¿Mejoraremos el uso de los especialistas? ¿Prepararemos así un mayor número de obreros y campesinos para que gestionen ellos mismos? ¿Implicaremos a los campesinos circundantes en el control de los sovjoses en la práctica? ¿Elaboraremos formas prácticas de este control? ¡En esto está el meollo! Si resolvemos estas tareas, no podré considerar que se ha perdido nuestro tiempo y nuestro trabajo. Probemos incluso en diferentes comisariados sistemas diferentes: creemos un sistema respecto a los sovjoses, glavkis y centros, otro respecto al asunto militar o al Comisariado de Sanidad. Nuestra tarea es atraer, mediante la experiencia, a los especialistas en gran escala, sustituirlos, preparando nuevos cuadros dirigentes, un nuevo círculo de especialistas que deben aprender el asunto de la gestión, extraordinariamente difícil, nuevo y complejo. Esto debe hacerse en formas no necesariamente uniformes. El camarada Trotski tenía toda la razón al decir que esto no está escrito en ningún libro que consideremos rector para nosotros, no se desprende de ninguna concepción socialista del mundo, no está determinado por la experiencia de nadie, sino que debe ser determinado por nuestra propia experiencia. En este respecto, me parece, debemos recoger esta experiencia y, al realizarla prácticamente, verificar la construcción comunista para determinar definitivamente cómo hay que proceder respecto a aquellas cuestiones que tenemos ante nosotros.