(Aplausos, los delegados del congreso se ponen de pie y saludan a Lenin.) ¡Camaradas! Me corresponde presentarles el informe político, que, por decisión del presidium, se ha unificado a partir del informe del Comité Ejecutivo Central de los Soviets y del informe del Consejo de Comisarios del Pueblo. Espero que no esperen de mí una enumeración de las leyes y medidas administrativas que hemos llevado a cabo durante el año que se informa. Sin duda, ustedes se han familiarizado con ello a través de los periódicos. Además, casi todos nuestros comisariados han publicado pequeños folletos, que se distribuyen a todos los delegados del congreso y que señalan lo principal realizado por cada comisariado durante el período que se informa. Me gustaría detener su atención en algunos resultados resumidos que, en mi opinión, pueden extraerse de lo que hemos vivido y pueden servir como una útil indicación y material para el trabajo que todos los camaradas delegados realizarán ahora en las localidades.

Ante todo, cuando se habla de los resultados políticos de nuestra actividad y de las lecciones políticas que de ella se derivan, se sitúa en primer lugar, por sí misma, la situación internacional de la República Soviética. Siempre hemos dicho, tanto antes de Octubre como durante la Revolución de Octubre, que nos consideramos y solo podemos considerarnos como uno de los destacamentos del ejército internacional del proletariado, un destacamento que se ha adelantado no en la medida de su desarrollo y preparación, sino en la medida de las condiciones excepcionales de Rusia, y que, por lo tanto, solo se puede considerar definitiva la victoria de la revolución socialista cuando se convierta en victoria del proletariado, al menos, en varios países avanzados. Y en este aspecto hemos tenido que atravesar las mayores dificultades.

Nuestra apuesta, por así decirlo, por la revolución internacional se ha confirmado plenamente, si se mira en conjunto. Pero desde el punto de vista de la rapidez del desarrollo, hemos vivido una época especialmente difícil; hemos experimentado que el desarrollo de la revolución en los países más avanzados resultó ser mucho más lento, mucho más difícil, mucho más complejo. Esto no puede sorprendernos, porque es natural que para un país como Rusia fuera mucho más fácil iniciar la revolución socialista que para los países avanzados. Pero, en cualquier caso, este desarrollo más lento, más complejo, más zigzagueante de la revolución socialista en Europa Occidental nos ha impuesto dificultades increíbles. Y ante todo, uno se pregunta: ¿cómo pudo ocurrir tal milagro de que el Poder Soviético se mantuviera durante dos años en un país atrasado, arruinado y cansado de la guerra, a pesar de la tenaz lucha primero contra el imperialismo alemán, que entonces se consideraba omnipotente, y luego contra el imperialismo de la Entente, que hace un año liquidó a Alemania, no conocía rivales y dominaba sobre todos los países de la tierra sin la menor excepción? Desde el punto de vista de un simple balance de fuerzas, desde el punto de vista de una ponderación militar de las fuerzas, esto es realmente un milagro, porque la Entente era y sigue siendo inconmensurablemente más poderosa que nosotros. Y, sin embargo, el año que se informa es notable sobre todo precisamente porque hemos obtenido una victoria gigantesca, una victoria tan grande que, quizás sin exagerar, se puede decir que las principales dificultades ya han quedado atrás. Por grandes que sean los peligros y dificultades que nos esperan, lo principal, al parecer, ha quedado atrás. Es necesario comprender las causas de esto y, sobre todo, definir correctamente nuestra política futura, porque el futuro casi con seguridad nos traerá más de una vez nuevos intentos de la Entente de repetir su intervención, y quizás reaparezca la anterior alianza bandidesca de capitalistas internacionales y rusos para restaurar el poder de los terratenientes y capitalistas, para derrocar el Poder Soviético en Rusia, en una palabra, persiguiendo el mismo objetivo: apagar ese foco del incendio socialista mundial que se ha convertido la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.

Examinando desde este punto de vista la historia de la intervención de la Entente y la lección política que hemos recibido, diré que esta historia se divide en tres etapas principales, cada una de las cuales nos proporciona una victoria profunda y sólida, una tras otra.

La primera etapa, naturalmente más accesible y más fácil para la Entente, fue su intento de liquidar a la Rusia Soviética con la ayuda de sus propias tropas. Por supuesto, después de que la Entente venció a Alemania, disponía de ejércitos de millones de hombres que aún no habían declarado abiertamente la paz y que no se habían recuperado de inmediato del espantajo del imperialismo alemán con el que se les atemorizaba en todos los países occidentales. Por supuesto, en ese momento, desde el punto de vista militar, desde el punto de vista de la política exterior, a la Entente no le costaba nada tomar una décima parte de sus ejércitos y dirigirlos a Rusia. Nótese que tenía el dominio total del mar, el dominio total de la flota. El transporte de tropas y el abastecimiento estaban enteramente en sus manos. Si en aquel momento la Entente, que nos odiaba con todo el odio que la burguesía puede sentir por la revolución socialista, si hubiera podido lanzar contra nosotros aunque fuera con un mínimo de éxito una décima parte de sus ejércitos, no hay la menor duda de que la suerte de la Rusia Soviética habría estado sellada y habría corrido la misma suerte que Hungría.

¿Por qué no lo logró la Entente? Desembarcó tropas en Múrmansk. La campaña contra Siberia fue emprendida con la ayuda de las tropas de la Entente, y las tropas japonesas mantienen hasta ahora un lejano pedazo de Siberia Oriental, mientras que en toda Siberia Occidental hubo, aunque en número reducido, destacamentos de tropas de todos los estados de la Entente. Luego, las tropas francesas fueron desembarcadas en el sur de Rusia. Esta es la primera etapa de la intervención internacional en nuestros asuntos, el primer intento, por así decirlo, de estrangular el Poder Soviético con tropas que la Entente tomó de su propio país, es decir, obreros y campesinos de países más avanzados, provistos magníficamente, y en general, en cuanto a condiciones técnicas y materiales de la campaña, no hubo nada que la Entente no estuviera en condiciones de satisfacer. No tenía ningún obstáculo ante sí. ¿Cómo explicar que este intento fracasara? Terminó con que la Entente tuvo que retirar sus tropas de Rusia, porque las tropas de la Entente resultaron incapaces de luchar contra la Rusia Soviética revolucionaria. Esto, camaradas, ha sido siempre para nosotros el argumento principal y fundamental. Desde el comienzo mismo de la revolución decíamos que representamos al partido del proletariado internacional, y por grandes que sean las dificultades de la revolución, llegará el momento, y en el momento más decisivo se manifestará la simpatía, la solidaridad de los obreros oprimidos por el imperialismo internacional. Se nos acusó de utopismo por ello. Pero la experiencia nos ha demostrado que, si bien no siempre ni en todas las acciones del proletariado se puede contar, se puede decir que en estos dos años de historia mundial hemos tenido razón mil veces. El intento de ingleses y franceses de estrangular a la Rusia Soviética con sus propias tropas, un intento que les prometía con seguridad el éxito más fácil en el menor tiempo posible, este intento terminó en un fracaso: las tropas inglesas se retiraron de Arcángel, las tropas francesas desembarcadas en el sur fueron todas llevadas de vuelta a su patria. Y ahora sabemos que, a pesar del bloqueo, del cerco que nos rodea, nos llegan noticias de Europa Occidental, recibimos aunque sean números sueltos de periódicos ingleses y franceses, de los cuales nos enteramos de que las cartas de los soldados ingleses de la región de Arcángel llegaban a Inglaterra y se publicaban allí. Sabemos que el nombre de la francesa, la camarada Jeanne Labourbe, que fue a trabajar con un espíritu comunista entre los obreros y soldados franceses y fue fusilada en Odesa, este nombre se hizo conocido por todo el proletariado francés y se convirtió en una consigna de lucha, en ese nombre en torno al cual todos los obreros franceses, sin distinción de las corrientes fraccionales del sindicalismo que parecían tan difíciles de superar, se unieron para luchar contra el imperialismo internacional. Lo que una vez escribió el camarada Radek, quien, afortunadamente, según se informa hoy, ha sido liberado por Alemania y a quien quizás veamos pronto, que el suelo de Rusia, ardiente con el fuego revolucionario, resultaría inaccesible para las tropas de la Entente, lo que parecía un simple entusiasmo de publicista, resultó ser un hecho que se cumplió exactamente en la práctica. Efectivamente, en nuestro suelo, a pesar de todo nuestro atraso, a pesar de todo el peso de nuestra lucha, las tropas de Inglaterra y Francia resultaron incapaces de luchar contra nosotros. El resultado fue a nuestro favor. La primera vez que intentaron mover contra nosotros fuerzas militares masivas, y sin ellas no se puede vencer, esto llevó, gracias al correcto instinto de clase, solo a que los soldados franceses e ingleses trajeran de Rusia esa misma úlcera del bolchevismo contra la cual luchaban los imperialistas alemanes cuando expulsaron de Berlín a nuestros embajadores{131}. Pensaban así protegerse de la úlcera del bolchevismo, que ahora ha envuelto por completo a toda Alemania con el fortalecimiento del movimiento obrero. Esta victoria que obtuvimos, obligando a retirar las tropas inglesas y francesas, fue la victoria más importante que obtuvimos sobre la Entente. Le arrebatamos a sus soldados. Respondimos a su infinita superioridad militar y técnica con la solidaridad de los trabajadores contra los gobiernos imperialistas.

Y entonces se puso de manifiesto cuán superficial, cuán confuso es el juicio sobre estos países supuestamente democráticos según los indicios por los que se acostumbra juzgarlos. En sus parlamentos tienen una sólida mayoría burguesa. A esto lo llaman "democracia". Que el capital domina y lo oprime todo, que recurre hasta ahora a la censura militar, a esto lo llaman "democracia". Entre millones de números de periódicos y revistas apenas se encuentra una ínfima parte donde se diga algo, aunque sea balbuceante, a favor de los bolcheviques. Por eso dicen: "Estamos protegidos de los bolcheviques, en nuestro país reina el orden", al que llaman "democracia". ¿Cómo pudo suceder que una pequeña parte de los soldados ingleses y de los marineros franceses pudiera obligar a retirar las tropas de la Entente de Rusia? Algo no cuadra aquí. Significa que las masas populares están con nosotros, incluso en Inglaterra, Francia y América; significa que todas estas cúpulas son un engaño, como siempre afirmaron los socialistas que no querían traicionar al socialismo; significa que el parlamentarismo burgués, la democracia burguesa, la libertad de prensa burguesa es solo libertad para los capitalistas, libertad para sobornar a la opinión pública, para presionarla con toda la fuerza del dinero. Esto es lo que siempre dijeron los socialistas, hasta que la guerra imperialista los dispersó en campos nacionales y convirtió a cada grupo nacional de socialistas en lacayos de su burguesía. Esto lo dijeron los socialistas antes de la guerra, esto lo dijeron siempre los internacionalistas y los bolcheviques durante la guerra, todo ello resultó ser completamente cierto. Todas estas cúpulas, toda esta fachada, es un engaño que se hace cada vez más evidente para las masas. Todos gritan sobre el democratismo, pero en ningún parlamento del mundo se han atrevido a decir que declaran la guerra a la Rusia Soviética. Por eso, en toda una serie de publicaciones francesas, inglesas, americanas que han llegado hasta nosotros, leemos la propuesta: "Juzgar a los jefes de Estado por haber violado la constitución, por hacer la guerra a Rusia sin declaración de guerra". ¿Cuándo, dónde, qué artículo de la constitución, qué parlamento la autorizó? ¿Dónde reunieron a los representantes, aunque fuera después de haber encarcelado previamente a todos los bolcheviques y a los que bolcheviquean, como dice la prensa francesa? Incluso en esas condiciones no pudieron decir en sus parlamentos que estaban en guerra con Rusia. He aquí la causa de que las magníficamente armadas tropas de Inglaterra y Francia, que nunca habían conocido la derrota, no pudieran vencernos y se retiraran del norte de Arcángel y del sur.

Esta es nuestra primera y fundamental victoria, porque no es solo una victoria militar, ni siquiera es una victoria militar en absoluto, sino una victoria efectiva de esa solidaridad internacional de los trabajadores en cuyo nombre iniciamos toda la revolución, señalando la cual decíamos que, por muchas víctimas que tuviéramos que sufrir, todas esas víctimas serían recompensadas con creces por el desarrollo de la revolución internacional, que es inevitable. Esto se manifestó en que, en un asunto donde más juegan los factores más toscos y materiales, en el asunto militar, vencimos a la Entente arrebatándole a los obreros y campesinos vestidos con uniformes de soldado.

Después de esta primera victoria, sobrevino la segunda época de la intervención de la Entente en nuestros asuntos. A la cabeza de cada nación hay un grupo de políticos que tienen una magnífica experiencia, y por eso, habiendo perdido esta apuesta, apostaron por otra cosa, aprovechando su dominio sobre todo el mundo. No hay un solo país, no queda ahora un solo pedazo del globo terráqueo donde no domine completamente el capital financiero inglés, francés y americano. Sobre esto se basó el nuevo intento que hicieron: obligar a esos pequeños estados que rodean a Rusia y de los cuales muchos se liberaron y obtuvieron la posibilidad de declararse independientes solo durante la guerra (Polonia, Estonia, Finlandia, Georgia, Ucrania, etc.) a intentar que estos pequeños estados guerrearan contra Rusia con dinero inglés, francés y americano.

Quizás recuerden, camaradas, cómo recorrió nuestros periódicos la noticia de un discurso del conocido ministro inglés Churchill, quien dijo que 14 estados atacarían a Rusia y que para septiembre caería Petrogrado y para diciembre, Moscú. Oí decir que luego Churchill desmintió esta noticia, pero fue tomada del periódico sueco "Folkets Dagblad Politiken" del 25 de agosto. Pero aunque esa fuente resultara incorrecta, sabemos muy bien que los asuntos de Churchill y de los imperialistas ingleses eran exactamente así. Sabemos muy bien que sobre Finlandia, Estonia y otros pequeños países se ejercían toda clase de medidas de presión para que guerrearan contra la Rusia Soviética. Me tocó leer un editorial del periódico inglés "The Times", el más influyente periódico burgués de Inglaterra, un editorial escrito en el momento en que las tropas de Yudénich, abiertamente abastecidas, equipadas y transportadas en barcos de la Entente, se hallaban a pocas verstas de Petrogrado y habían tomado Detskoye Seló. El artículo era una verdadera campaña, donde se utilizaron todas las fuerzas de presión: militar, diplomática, histórica. El capital inglés arremetía contra Finlandia y le planteaba un ultimátum: "El mundo entero mira a Finlandia, decían los capitalistas ingleses, todo el destino de Finlandia depende de que comprenda su misión, de que ayude a aplazar la ola sucia, turbia y sanguinaria del bolchevismo y a liberar a Rusia". Y por esta "gran y moral" causa, por esta "noble y cultural" causa, prometían a Finlandia tantos millones de libras, tal pedazo de tierra y tales beneficios. ¿Y cuál fue el resultado? Hubo un momento en que las tropas de Yudénich estaban a pocas verstas de Petrogrado, y Denikin estaba al norte de Oriol, cuando la más mínima ayuda a ellos hubiera decidido rápidamente la suerte de Petrogrado a favor de nuestros enemigos, en el plazo más breve y con víctimas insignificantes. Toda la presión de la Entente cayó sobre Finlandia, y Finlandia está en deuda con ella como una seda. Y no solo en deuda: no puede vivir un mes sin la ayuda de esos países. ¿Cómo ocurrió tal "milagro" de que ganáramos el pleito contra un adversario así? Pues lo ganamos. Finlandia no entró en la guerra, y Yudénich resultó derrotado, y Denikin resultó derrotado en un momento en que su lucha conjunta, del modo más seguro y más rápido, hubiera llevado a la resolución de toda la lucha a favor del capitalismo internacional. Ganamos el pleito al imperialismo internacional en esta prueba tan seria y desesperada. ¿Cómo lo ganamos? ¿Cómo pudo ocurrir tal "milagro"? Ocurrió porque la Entente apostó como apuestan todos los estados capitalistas, que actúan exclusiva y totalmente mediante el engaño y la presión, y por eso cada una de sus acciones suscitaba contra ella una oposición tal que resultaba en beneficio nuestro. Nosotros estábamos débilmente armados, agotados, y decíamos a los obreros finlandeses, aplastados por la burguesía finlandesa: "No debéis guerrear contra nosotros". La Entente estaba en toda la fuerza de su armamento, de su poder exterior, de todos sus bienes alimenticios que podía dar a esos países, y exigía que lucharan contra nosotros. Ganamos este pleito. Lo ganamos porque la Entente ya no tenía tropas propias que pudiera lanzar contra nosotros; debía actuar con las fuerzas de los pequeños pueblos, y los pequeños pueblos, no solo los obreros y campesinos, sino incluso una parte considerable de la burguesía que había aplastado a la clase obrera, al final no fueron contra nosotros.

Cuando los imperialistas de la Entente hablaban de democracia e independencia, estos pueblos tenían la audacia, desde el punto de vista de la Entente, y desde nuestro punto de vista, la estupidez, de tomar estas promesas en serio y entender la independencia como que era realmente independencia, y no un medio para enriquecer a los capitalistas ingleses y franceses. Pensaban que democracia significaba vivir libres, y no que todos los multimillonarios americanos pudieran saquear su país y cualquier oficialito aristócrata pudiera comportarse como un grosero y convertirse en un descarado especulador que, por unos cientos por ciento de ganancia, comete las acciones más sucias. ¡He aquí cómo vencimos! La Entente, presionando a estos pequeños países, a cada uno de esos 14 países, encontraba oposición. La burguesía finlandesa, que aplastó con el terror blanco a decenas de miles de obreros finlandeses y sabe que esto no se le olvidará, que ya no existe la bayoneta alemana que le permitió hacerlo, esta burguesía finlandesa odia a los bolcheviques con todas las fuerzas con que puede odiar un depredador a los obreros que lo han derrocado. Sin embargo, esta burguesía finlandesa se decía a sí misma: "Si seguimos las indicaciones de la Entente, perderemos absolutamente toda esperanza de independencia". Y esta independencia se la dieron los bolcheviques en noviembre de 1917, cuando en Finlandia había un gobierno burgués. Así, la opinión de amplios círculos de la burguesía finlandesa resultó vacilante. Ganamos el pleito a la Entente porque ella contaba con las pequeñas naciones y, al mismo tiempo, las alejó de sí.

Esta experiencia confirma a escala gigantesca y de importancia histórica mundial lo que siempre hemos dicho. Hay dos fuerzas en la tierra que pueden determinar los destinos de la humanidad. Una fuerza es el capitalismo internacional, y si vence, manifestará esta fuerza con infinidad de atrocidades, como se ve en la historia del desarrollo de cada pequeña nación. La otra fuerza es el proletariado internacional, que lucha por la revolución socialista mediante la dictadura del proletariado, a la que llama democracia de los obreros. No nos creyeron ni los elementos vacilantes de nuestro país ni la burguesía de los pequeños países, declarándonos utópicos o bandidos, o algo peor, porque no hay acusación absurda y monstruosa que no hayan levantado contra nosotros. Pero cuando la cuestión se planteó tajantemente: ¿ir con la Entente, ayudarle a estrangular a los bolcheviques, o ayudar a los bolcheviques con la neutralidad?, resultó que ganamos el pleito y obtuvimos la neutralidad. Aunque nosotros no teníamos ningún tratado, mientras que Inglaterra, Francia y América tenían toda clase de pagarés, toda clase de tratados, los pequeños países obraron como queríamos nosotros, no porque a la burguesía polaca, finlandesa, lituana, letona le complaciera hacer su política por los bellos ojos de los bolcheviques, eso es, por supuesto, un disparate, sino porque teníamos razón en nuestra determinación de las fuerzas histórico-mundiales: o vence el capital bestial y, sea cual sea la república democrática, estrangulará a todos los pequeños pueblos del mundo; o vence la dictadura del proletariado, y solo en eso está la esperanza de todos los trabajadores y de todos los pequeños pueblos pisoteados, débiles. Resultó que teníamos razón no solo en teoría, sino también en la práctica de la política mundial. Cuando comenzó este pleito con nosotros por las tropas de Finlandia, Estonia, ganamos este pleito, aunque podían aplastarnos con fuerzas insignificantes. A pesar de que la Entente arrojó todo el enorme peso de su presión financiera, de su poder militar, del suministro de víveres, en la balanza para obligar a Finlandia a actuar, aun así ganamos este pleito.

Esta, camaradas, es la segunda etapa de la intervención internacional, esta es nuestra segunda victoria de importancia histórica mundial. En primer lugar, les arrebatamos a Inglaterra, Francia y América a sus obreros y campesinos. Esas tropas no pudieron luchar contra nosotros. En segundo lugar, les arrebatamos esos pequeños países, que están todos contra nosotros, donde en todas partes domina no el poder soviético, sino el poder burgués. Ellos mantuvieron hacia nosotros una neutralidad amistosa y fueron contra la Entente todopoderosa mundial, porque la Entente era un depredador que quería aplastarlos.

Aquí ocurrió a escala internacional lo mismo que ocurrió con el campesino siberiano, que creía en la Asamblea Constituyente, ayudaba a los eseristas y mencheviques a unirse con Kolchak y golpearnos. Cuando experimentó que Kolchak es el representante de la dictadura más explotadora, la dictadura depredadora de los terratenientes y capitalistas, peor que la zarista, entonces organizó esa enorme serie de insurrecciones en Siberia, de las cuales tenemos informes precisos de los camaradas y que ahora nos aseguran la recuperación total de Siberia, esta vez consciente. Lo que ocurrió con el campesino siberiano, con toda su falta de desarrollo y su oscuridad política, lo mismo ocurrió ahora a una escala más amplia, a escala histórico-mundial, con todas las pequeñas naciones. Odiaban a los bolcheviques, algunas de ellas reprimían a los bolcheviques con mano sanguinaria, con un furioso terror blanco, pero cuando vieron a los "libertadores", a los oficiales ingleses, comprendieron lo que significa la "democracia" inglesa y americana. Cuando los representantes de la burguesía inglesa y americana aparecieron en Finlandia, Estonia, empezaron a oprimir con una desfachatez mayor que los imperialistas rusos, mayor porque los imperialistas rusos eran representantes de tiempos pasados y no sabían oprimir como es debido, mientras que estos hombres saben oprimir y oprimen hasta el final.

He aquí por qué esta victoria en la segunda etapa es mucho más sólida de lo que parece ahora. No exagero en absoluto y considero las exageraciones extremadamente peligrosas. No dudo en lo más mínimo que la Entente hará aún intentos de azuzar contra nosotros ora a un estado pequeño, ora a otro, que viva vecino nuestro. Estos intentos existirán, porque los pequeños estados dependen totalmente de la Entente, porque todos esos discursos sobre la libertad, la independencia y la democracia son una hipocresía, y la Entente puede obligarlos a levantar de nuevo la mano contra nosotros. Pero si este intento fracasó en un momento tan oportuno, cuando era tan fácil luchar contra nosotros, entonces, me parece, se puede decir con certeza: en este aspecto, sin duda, la principal dificultad ha quedado atrás. Tenemos derecho a decirlo sin la menor exageración y con plena conciencia de que la gigantesca superioridad de fuerzas está del lado de la Entente. Vencimos sólidamente. Habrá intentos, pero los venceremos más fácilmente, porque los pequeños estados, con todo su régimen burgués, se han convencido por la experiencia, no teóricamente, para la teoría estos señores no sirven, de que la Entente es una bestia más descarada y depredadora de lo que les parecen los bolcheviques, con los que asustan a los niños y a los pequeñoburgueses cultos de toda Europa.

Pero nuestras victorias no se limitaron a esto. En primer lugar, arrebatamos a la Entente a sus obreros y campesinos; en segundo lugar, adquirimos la neutralidad de esos pequeños pueblos que son sus esclavos; y en tercer lugar, comenzamos a arrebatar a la Entente, en sus propios países, a la pequeña burguesía y al pequeñoburgués culto, que estaban completamente contra nosotros. Para demostrarlo, me permitiré remitirme al periódico "L'Humanité" del 26 de octubre, que tengo en mis manos. Este periódico, que siempre perteneció a la II Internacional, fue furiosamente chovinista durante la guerra, se situó en el punto de vista de socialistas como nuestros mencheviques y eseristas de derecha, y ahora juega el papel de conciliador; declara que se ha convencido del cambio de ánimo de los obreros. Lo vio no en Odesa, sino en las calles y reuniones de París, cuando los obreros no dejaban hablar a quien se atrevía a decir una palabra contra la Rusia bolchevique. Y como políticos que han aprendido algo en el curso de varias revoluciones, como hombres que saben lo que representan las masas populares, no se atreven a piar a favor de la intervención y todos se pronuncian en contra. Pero esto no es suficiente. No basta con que lo declaren los socialistas (se llaman socialistas, aunque hace tiempo que sabemos qué clase de socialistas son); en el mismo número de "L'Humanité" del 26 de octubre que he citado, se publica una declaración de toda una serie de representantes de la intelectualidad francesa, de la opinión pública francesa. En esta declaración, que comienza con la firma de Anatole France, donde está la firma de Ferdinand Buisson, conté 71 apellidos de representantes de la intelectualidad burguesa, conocidos en toda Francia, que dicen que están contra la intervención en los asuntos de Rusia, porque el bloqueo, la aplicación del hambre, de la que perecen niños y ancianos, no puede ser admisible desde el punto de vista de la cultura y la civilización, que no pueden soportarlo. Y el conocido historiador francés Aulard, completamente en el punto de vista burgués, dice en su carta: "Yo, como francés, soy enemigo de los bolcheviques; como francés, soy partidario de la democracia; sería ridículo sospechar lo contrario; pero cuando leo que Francia invita a Alemania a participar en el bloqueo de Rusia, cuando leo que Francia se dirige a Alemania con esta propuesta, entonces siento que el rubor de la vergüenza cubre mi rostro"{132}. Esto puede ser una simple expresión verbal de sentimientos por parte de un representante de la intelectualidad, pero se puede decir que esta es la tercera victoria que hemos obtenido sobre la Francia imperialista dentro de ella misma. Eso es lo que testimonia esta intervención, vacilante y miserable en sí misma, de esa intelectualidad que, como hemos visto en decenas y cientos de ejemplos, puede hacer un ruido millones de veces mayor que la fuerza que representa, pero que tiene la propiedad de ser un buen barómetro, de dar un indicador de hacia dónde se inclina la pequeña burguesía, de dar un indicador de hacia dónde se inclina la opinión pública, completamente burguesa. Si dentro de Francia, donde todos los periódicos burgueses no escriben sobre nosotros sino en los términos más mentirosos, hemos alcanzado este resultado, entonces nos decimos a nosotros mismos: parece que en Francia comienza el segundo caso Dreyfus{133}, pero mucho más importante. Entonces la intelectualidad burguesa luchaba contra la reacción clerical y militar; la clase obrera no podía entonces considerar esto como su causa; entonces no había condiciones objetivas, no había una disposición revolucionaria tan profunda como ahora. ¿Y ahora? Si la intelectualidad burguesa francesa, después de la reciente victoria de la reacción más furiosa en las elecciones, después del régimen que existe allí ahora con respecto a los bolcheviques, si dice que se avergüenza de la alianza de la Francia más reaccionaria con la Alemania más reaccionaria con el fin de estrangular con el hambre a los obreros y campesinos de Rusia, entonces nos decimos a nosotros mismos: esto, camaradas, es la tercera y más importante victoria. Y me gustaría ver cómo, con esta situación dentro del estado, los señores Clemenceau, Lloyd George y Wilson realizarán su plan de nuevos atentados contra Rusia con los que sueñan. ¡Inténtenlo, señores! (Aplausos.)

Camaradas, repito que sería el mayor error sacar de esto conclusiones demasiado imprudentes. No hay duda de que renovarán sus intentos. Pero estamos completamente seguros de que estos intentos, por grandes que sean las fuerzas con que se emprendan, fracasarán. Podemos decir que esa guerra civil que hemos librado con tan infinitos sacrificios ha sido victoriosa. Resultó victoriosa no solo a escala rusa, sino también histórico-mundial. Cada una de las conclusiones que les he expuesto las he hecho basándome en los resultados de la campaña militar. Por eso, repito, los nuevos intentos estarán condenados al fracaso, porque se han vuelto mucho más débiles de lo que eran, mientras que nosotros nos hemos vuelto mucho más fuertes después de nuestra victoria sobre Kolchak, sobre Yudénich y de la victoria que comienza y parece hacerse completa sobre Denikin. ¿Acaso Kolchak no tuvo la ayuda de esta todopoderosa Entente mundial? ¿Acaso los campesinos de los Urales y de Siberia, que en las elecciones a la Asamblea Constituyente dieron el menor porcentaje de bolcheviques, no apoyaron en masa el frente de la Asamblea Constituyente, que era entonces el frente de los mencheviques y eseristas? ¿Acaso no fueron el mejor material humano contra los comunistas? ¿Acaso Siberia no era un país donde no existía la propiedad terrateniente y donde no pudimos ayudar inmediatamente a las masas campesinas como ayudamos a todos los campesinos rusos? ¿Qué le faltó a Kolchak para vencernos? Le faltó lo que les falta a todos los imperialistas. Él seguía siendo un explotador, tenía que actuar en el ambiente de la herencia de la guerra mundial, en ese ambiente que solo permitía charlar sobre democracia y libertad, que daba la posibilidad de tener una u otra dictadura: o la dictadura de los explotadores, que defiende furiosamente sus privilegios y declara que se debe pagar tributo por esos pagarés con los que quieren arrancar miles de millones a todos los pueblos, o la dictadura de los obreros, que lucha contra el poder de los capitalistas y desea asegurar firmemente el poder de los trabajadores. Solo por eso cayó Kolchak. Así fue como, no mediante la emisión de un voto electoral, y este es un procedimiento, por supuesto, no malo en ciertas circunstancias, sino en la práctica, el campesino siberiano y de los Urales determinó su destino. Estaba descontento con los bolcheviques en el verano de 1918. Vio que los bolcheviques obligaban a entregar los excedentes de grano no a precios especulativos, y se pasó al lado de Kolchak. Ahora miró, comparó y llegó a otra conclusión. Lo comprendió a pesar de toda la ciencia que le enseñaban, porque aprendió en su propia piel lo que muchos eseristas y mencheviques no quieren entender de la ciencia (aplausos): que solo puede haber dos dictaduras, que hay que elegir o la dictadura de los obreros, y eso significa ayudar a todos los trabajadores a sacudirse el yugo de los explotadores, o la dictadura de los explotadores. Nos hemos ganado al campesino, hemos demostrado con la experiencia, la más dura, que ha pasado por dificultades inauditas, que sabemos conducir al campesinado, como representantes de la clase obrera, mejor y con más éxito que cualquier otro partido. Otros partidos gustan de acusarnos de que luchamos contra el campesinado y no sabemos concertar un acuerdo correcto, y todos ofrecen sus buenos y nobles servicios para reconciliarnos con los campesinos. Muchas gracias, señores, pero no creemos que ustedes hagan eso. Nosotros, al menos, hemos demostrado hace tiempo que supimos hacerlo. No pintamos al campesino un cuadro dulzón de que puede salir de la sociedad capitalista sin una disciplina férrea y un poder firme de la clase obrera, de que el simple recuento de papeletas resolverá la cuestión histórico-mundial de la lucha contra el capital. Dijimos con claridad: dictadura es una palabra cruel, dura e incluso sangrienta, pero dijimos que la dictadura de los obreros le asegurará el derrocamiento del yugo de los explotadores, y resultamos tener razón. El campesino, habiendo experimentado en la práctica una y otra dictadura, eligió la dictadura de la clase obrera y con ella irá adelante hasta la victoria completa. (Aplausos.)

Camaradas, de lo que he dicho sobre nuestras victorias internacionales se deduce, y me parece que no será necesario detenerse mucho en ello, que debemos hacer, con la máxima eficiencia y tranquilidad, la repetición de nuestra propuesta de paz. Debemos hacerlo porque ya hemos hecho tal propuesta muchas veces. Y cada vez que la hacíamos, a los ojos de toda persona culta, incluso de nuestros enemigos, ganábamos, y a esa persona culta le aparecía el rubor de la vergüenza en el rostro. Así fue cuando vino aquí Bullitt, cuando fue recibido por el camarada Chicherin, conversó con él y conmigo, y cuando en pocas horas firmamos un tratado preliminar de paz. Y él nos aseguraba (a estos señores les gusta fanfarronear) que América lo es todo, ¿y quién cuenta con Francia cuando están las fuerzas de América? Y cuando firmamos el tratado, tanto los ministros franceses como los ingleses hicieron este gesto. (Lenin hace un gesto elocuente con el pie. Risas.) Bullitt se quedó con un papel vacío, y le dijeron: "¿Quién podía esperar que fueras tan ingenuo, tan estúpido y creyeras en el democratismo de Inglaterra y Francia!". (Aplausos.) Y como resultado, en este mismo número leo el texto completo del tratado con Bullitt en francés{134}, y esto está impreso en todos los periódicos ingleses y americanos. Como resultado, ellos mismos se exhibieron ante todo el mundo, no como estafadores, no como muchachos, ¡que elijan! (Aplausos.) Y toda la simpatía, incluso del pequeñoburgués, incluso de la burguesía más o menos culta, que recuerda que también ella luchó una vez contra sus zares y reyes, está de nuestro lado, porque nosotros, de manera práctica, firmamos las condiciones de paz más duras y dijimos: "El precio de la sangre de nuestros obreros y soldados es demasiado caro para nosotros; a ustedes, como comerciantes, les pagaremos la paz con el precio de un tributo oneroso; aceptaremos un tributo oneroso con tal de salvar la vida de los obreros y campesinos". Por eso creo que no hay mucho que hablar, y al final leeré un proyecto de resolución que expresaría en nombre del Congreso de los Soviets nuestro inquebrantable deseo de llevar a cabo una política de paz. (Aplausos.)

Ahora quisiera pasar de la parte internacional y militar del informe a la parte política.

Hemos obtenido tres enormes victorias sobre la Entente, y no fueron en modo alguno solo victorias militares. Fueron victorias obtenidas por la dictadura del proletariado, y cada una de esas victorias fortaleció nuestra posición no solo porque nuestro enemigo se debilitó y se quedó sin tropas, sino también porque nuestra posición internacional se fortaleció porque ganamos a los ojos de toda la humanidad trabajadora e incluso de muchos representantes de la burguesía. Y en este sentido, las victorias que hemos obtenido sobre Kolchak, Yudénich y que ahora estamos obteniendo sobre Denikin nos darán la posibilidad de seguir conquistando simpatías por medios pacíficos en una medida invariablemente mayor que hasta ahora.

Siempre se nos ha acusado de terrorismo. Es una acusación corriente que no desaparece de las páginas de la prensa. Esa acusación consiste en que hemos introducido el terrorismo como principio. Respondemos a esto: "Ustedes mismos no creen en esa calumnia". El mismo historiador Aulard, que escribió la carta al periódico "L'Humanité", escribe: "He estudiado historia y la he enseñado. Cuando leo que los bolcheviques son solo monstruos, engendros y espantajos, digo: lo mismo escribían sobre Robespierre y Danton. Con esto, dice, no comparo en absoluto a los actuales rusos con esos grandes hombres, nada parecido; no tienen nada que se les parezca. Pero yo, como historiador, digo: no se puede creer cualquier rumor". Cuando un historiador burgués comienza a hablar así, vemos que incluso esa mentira que se difunde sobre nosotros comienza a disiparse. Decimos: el terror nos fue impuesto. Olvidan que el terrorismo fue provocado por la invasión de la todopoderosa Entente mundial. ¿Acaso no es terror que la flota mundial bloquee a un país hambriento? ¿Acaso no es terror que representantes extranjeros, apoyándose en la supuesta inmunidad diplomática, organicen insurrecciones de la Guardia Blanca? Hay que mirar las cosas con algo de serenidad. Hay que comprender que el imperialismo internacional, para aplastar la revolución, lo ha puesto todo en juego, que no se detiene ante nada y dice: "Por un oficial, un comunista, ¡y ganaremos!". Y tienen razón. Si hubiéramos intentado actuar sobre esas tropas, creadas por la depredación internacional, embrutecidas por la guerra, con palabras, con persuasión, con algún otro medio que no fuera el terror, no habríamos resistido ni dos meses, habríamos sido unos necios. El terror nos fue impuesto por el terrorismo de la Entente, por el terror del capitalismo todopoderoso mundial, que estrangula, estrangula y condena al hambre a los obreros y campesinos por luchar por la libertad de su país. Y cada paso de nuestras victorias sobre esta causa primera y causa del terror irá inevitable e invariablemente acompañado de que en nuestra administración prescindiremos de este medio de persuasión e influencia.

Lo que decimos sobre el terrorismo, lo diremos también sobre nuestra actitud hacia todos los elementos vacilantes. Se nos acusa de haber creado condiciones increíblemente duras para las personas medias, para la intelectualidad burguesa. Decimos: la guerra imperialista fue la continuación de la política imperialista, por eso provocó la revolución. Todos sentían durante la guerra imperialista que era llevada a cabo por la burguesía en nombre de sus intereses depredadores, que en esta guerra perecía el pueblo y la burguesía se enriquecía. Este es el motivo fundamental que impregna toda su política en todos los países, y esto la arruina y la arruinará hasta el final. En cambio, nuestra guerra es la continuación de la política de la revolución, y cada obrero y campesino sabe, y si no sabe, lo siente por instinto y lo ve, que esta es una guerra que se libra en nombre de la defensa contra los explotadores, una guerra que impone la mayor cantidad de sacrificios a los obreros y campesinos, pero que no se detiene ante nada para imponer esos sacrificios también a otras clases. Sabemos que para ellos es más duro que para los obreros y campesinos, porque pertenecían a la clase privilegiada. Pero decimos que cuando se trata de liberar de la explotación a millones de trabajadores, el gobierno que se detuviera ante la imposición de sacrificios a otras clases sería un gobierno no socialista, sino traidor. Si hemos impuesto cargas a las clases medias, es porque los gobiernos de la Entente nos colocaron en condiciones increíblemente duras. Y cada paso de nuestras victorias, lo vemos por la experiencia de nuestra revolución, solo que no puedo detenerme en esto detalladamente, va acompañado de que, a través de todas las vacilaciones y numerosos intentos de retroceder, un número cada vez mayor de representantes de los elementos vacilantes se convence de que realmente no hay otra elección que entre la dictadura de los trabajadores y el poder de los explotadores. Si hubo tiempos duros para estos elementos, la culpa no es del poder bolchevique, sino de los guardias blancos, de la Entente, y la victoria sobre ellos será la condición real y sólida para mejorar la situación de todas estas clases. A este respecto, camaradas, querría, al pasar a las lecciones de la experiencia política dentro del país, decir algunas palabras sobre la importancia que tiene la guerra.

Nuestra guerra es la continuación de la política de la revolución, de la política de derrocamiento de los explotadores, capitalistas y terratenientes. Por eso nuestra guerra, por muy infinitamente dura que sea, atrae hacia nosotros las simpatías de los obreros y campesinos. La guerra no es solo la continuación de la política, es la sumatoria de la política, la enseñanza de la política en esta guerra increíblemente dura que nos han impuesto los terratenientes y capitalistas con la ayuda de la todopoderosa Entente mundial. En este fuego, los obreros y campesinos han aprendido mucho. Los obreros han aprendido cómo utilizar el poder estatal y cómo hacer de cada paso una fuente de propaganda y educación, cómo hacer de este Ejército Rojo, en el que la mayoría son campesinos, un instrumento de ilustración del campesinado, cómo hacer del Ejército Rojo un instrumento para utilizar a los especialistas burgueses. Sabemos que estos especialistas burgueses en su inmensa mayoría están contra nosotros, y deben estar en su inmensa mayoría contra nosotros, porque aquí se manifiesta su naturaleza de clase, y sobre esto no podemos tener ninguna duda. Nos traicionaron cientos y miles de estos especialistas, mientras que decenas y decenas de miles nos sirvieron cada vez más fielmente, porque en el curso de la lucha misma fueron atraídos a nuestro lado, porque ese entusiasmo revolucionario que realizaba milagros en el Ejército Rojo provenía de que servíamos y satisfacíamos los intereses de los obreros y campesinos. Este ambiente de masas de obreros y campesinos que actúan unidos, que saben por lo que luchan, hacía su trabajo, y una parte cada vez mayor de las personas que pasaban a nuestro lado desde el otro campo, a veces inconscientemente, se convertía y se convierte en nuestros partidarios conscientes.

Camaradas, ahora tenemos ante nosotros la tarea de trasladar la experiencia que hemos adquirido en nuestra actividad militar al campo de la construcción pacífica. Nada nos llena de tanta alegría ni nos da tanta posibilidad de saludar al VII Congreso de los Soviets de toda Rusia como el punto de inflexión en la historia de la Rusia Soviética, el hecho de que ha quedado atrás el período principal de las guerras civiles que hemos librado, y por delante está el período principal de esa construcción pacífica que a todos nos atrae, que queremos, que debemos crear y a la que dedicaremos todos nuestros esfuerzos y toda nuestra vida. Ahora podemos decir, basándonos en las duras pruebas de la guerra, que en lo fundamental, en el aspecto militar e internacional, hemos resultado vencedores. Se nos abre el camino de la construcción pacífica. Es necesario, por supuesto, recordar que el enemigo nos acecha a cada paso y hará aún muchos intentos de derrocarnos por todos los medios que pueda tener: violencia, engaño, soborno, conspiraciones, etc. Nuestra tarea es dirigir ahora toda la experiencia que hemos adquirido en el asunto militar hacia la resolución de los problemas fundamentales de la construcción pacífica. Mencionaré estos problemas principales. Ante todo, es el problema del abastecimiento, el problema del pan.

Hemos librado la lucha más dura contra los prejuicios y las costumbres. El campesino, por un lado, es un trabajador que durante decenas de años ha sufrido la opresión del terrateniente y del capitalista y sabe por su instinto de oprimido que es una bestia que no se detendrá ante mares de sangre para recuperar su poder. Pero, por otro lado, el campesino es propietario. Desea vender el pan libremente, quiere "libertad de comercio", no comprende que la libertad de venta del pan en un país hambriento es libertad de especulación, libertad de lucro para los ricos. Y decimos: a esto no accederemos jamás, antes caeremos todos muertos que hacer concesiones en esto.

Sabemos que aquí llevamos a cabo una política en la que los obreros convencen a los campesinos de entregar el pan como préstamo, porque el papel moneda no es un equivalente, no es un valor equivalente al pan. El campesino nos da pan a precios fijos y no recibe mercancías, porque no las tenemos, y recibe papeles de colores. Él da el pan como préstamo, y le decimos: "Si eres un hombre de trabajo, ¿puedes decir que esto no es justo? ¿Cómo puedes no estar de acuerdo en que es necesario dar los excedentes de pan existentes como préstamo a precios fijos, y no venderlos mediante especulación, porque la especulación es un retorno al capitalismo, un retorno a la explotación, a aquello contra lo que luchamos?". Esta es una enorme dificultad, nos ha costado grandes vacilaciones. Hemos dado y damos muchos pasos a tientas, pero hemos adquirido la experiencia fundamental. Cuando oigan el informe del camarada Tsyurupa o de otros trabajadores del abastecimiento, verán que a la requisa, cuando el Estado dice a los campesinos que deben entregar el pan como préstamo, a esa requisa los campesinos se van acostumbrando, que tenemos noticias de una serie de vólosts sobre el cumplimiento de la requisa al 100 por ciento, que con toda la insignificancia de los éxitos, el éxito existe, que nuestra política de abastecimiento da a entender cada vez más claramente al campesino: si quieres libertad de comercio de pan en un país arruinado, entonces retrocede, ¡prueba a Kolchak, a Denikin! Contra esto lucharemos hasta la última gota de sangre. Aquí no puede haber ninguna concesión. En esta cuestión fundamental, en la cuestión del pan, lograremos con todas nuestras fuerzas que no haya especulación, que la venta de pan no enriquezca a los ricos, sino que todos los excedentes de pan que se obtienen en la tierra de todo el estado con los esfuerzos de generaciones enteras de trabajadores, que todos esos excedentes de pan sean propiedad del estado, que ahora, cuando el estado está arruinado, esos excedentes de pan sean entregados por los campesinos como préstamo al estado obrero. Si el campesino hace esto, saldremos de todas las dificultades, restauraremos la industria, y el obrero devolverá al campesino su deuda con creces. Le asegurará a él y a sus hijos la posibilidad de existir sin trabajar para el terrateniente y el capitalista. Esto es lo que decimos al campesino, y él se convence de que no hay otra elección. De esto convence al campesino no tanto nosotros como nuestros adversarios, los señores Kolchak y Denikin. Ellos son los que más lecciones prácticas de vida dan al campesino, dirigiéndolo hacia nuestro lado.

Pero, camaradas, tras la cuestión del pan viene la segunda cuestión: la del combustible. Actualmente, en los lugares de acopio se ha recogido suficiente pan para alimentar a los obreros hambrientos de Petrogrado y Moscú. Pero recórranse los barrios obreros de Moscú y verán un frío terrible, calamidades terribles que ahora se han agudizado debido a la cuestión del combustible. Aquí atravesamos una crisis desesperada; aquí nos hemos quedado atrás respecto a la necesidad. Últimamente, una serie de sesiones del Consejo de Defensa y del Consejo de Comisarios del Pueblo se han dedicado por completo a elaborar medidas para salir de la crisis del combustible{135}. Para mi intervención, el camarada Ksandrov ha proporcionado material que muestra que hemos empezado a salir de esta crisis desesperada. A principios de octubre, en una semana se cargaron 16 mil vagones; a finales de octubre, esta cifra llegó a 10 mil semanales. Esta fue la crisis, esto fue una catástrofe, esto fue el hambre para los obreros de toda una serie de fábricas y plantas de Moscú, Petrogrado y toda una serie de otros lugares. Los resultados de esta catástrofe se sienten todavía. Luego, nos aplicamos a este asunto, tensamos todas nuestras fuerzas, hicimos lo que hicimos con respecto al asunto militar; dijimos: todo lo que hay de consciente, todo a resolver la cuestión del combustible no por el viejo camino del capitalismo, cuando se daba una prima a los especuladores y ellos se enriquecían con este asunto, recibiendo algunos encargos; no, dijimos: resuelvan la cuestión por el camino socialista, por el camino del sacrificio propio, resuélvanla por el camino con que salvamos al rojo Petrogrado, liberamos Siberia, con el que vencíamos en todos los momentos difíciles, en todas las tareas difíciles de la revolución y con el que venceremos siempre. Y de 12 mil vagones en la última semana de octubre, la carga subió a 20 mil. Estamos saliendo de esta catástrofe, pero aún no hemos salido del todo. Es necesario que todos los obreros sepan y recuerden que sin pan para la gente, sin pan para la industria, es decir, sin combustible, el país está condenado a calamidades. Y no solo nuestro país. Hoy los periódicos informan que en Francia, país vencedor, se paralizan los ferrocarriles. ¿Qué decir de Rusia? Francia saldrá de la crisis por el camino capitalista, por el camino del lucro para los capitalistas y las privaciones continuas para las masas. La Rusia Soviética saldrá de la crisis por el camino de la disciplina y el sacrificio propio de los obreros, por el camino de un llamamiento firme a los campesinos, de ese llamamiento firme que, al final, el campesino comprende siempre. El campesino aprende por experiencia que, por duro que sea el tránsito, por firme que sea la mano del poder estatal de los obreros, esa es la mano del trabajador que lucha en nombre de la unión de las masas trabajadoras, en nombre de la destrucción completa de toda explotación.

Y un tercer azote se cierne sobre nosotros: el piojo, el tifus exantemático, que diezma nuestras tropas. Y aquí, camaradas, no se puede imaginar el horror que ocurre en los lugares afectados por el tifus exantemático, cuando la población está agotada, debilitada, no hay medios materiales; toda vida, toda sociabilidad desaparece. Aquí decimos: "Camaradas, toda la atención a esta cuestión. ¡O los piojos vencen al socialismo, o el socialismo vence a los piojos!". Y en esta cuestión, camaradas, actuando con los mismos métodos, comenzamos a alcanzar resultados exitosos. Por supuesto, hay todavía médicos que se relacionan con prejuicio y desconfianza hacia el poder obrero y prefieren recibir honorarios de los ricos que ir a la dura lucha contra el tifus exantemático. Pero son una minoría, y son cada vez menos; la mayoría son aquellos que ven que el pueblo lucha por su existencia, que quiere resolver con su lucha la cuestión fundamental de la salvación de toda cultura, y estos médicos ponen en esta dura y difícil tarea no menos sacrificio propio que cualquier especialista militar. Están de acuerdo en dar sus fuerzas para trabajar por los trabajadores. Debo decir que también de esta crisis comenzamos a salir. El camarada Semashko me ha dado información sobre este trabajo. Para el 1 de octubre, según informes del frente, habían llegado allí 122 médicos y 467 practicantes. Se enviaron desde Moscú 150 médicos. Tenemos motivos para esperar que para el 15 de diciembre obtengamos otros 800 médicos para el frente, que ayudarán en la lucha contra el tifus exantemático. Debemos prestar gran atención a este azote.

Nuestra atención principal debemos dedicarla a fortalecer este fundamento: pan, combustible, lucha contra el tifus. Camaradas, quisiera decir esto tanto más cuanto que en nuestra construcción socialista se notaba cierta dispersión. Es comprensible. Cuando la gente decide transformar el mundo entero, es completamente natural que a este trabajo se atraigan obreros y campesinos sin experiencia. No hay duda de que pasará mucho tiempo antes de que determinemos correctamente en qué debemos poner más atención. No es de extrañar que tareas históricas tan grandes hayan provocado a menudo grandes fantasías, y las grandes fantasías crecen junto a muchas pequeñas fantasías fallidas. Hubo muchos casos en que emprendimos la construcción por las cúpulas, por algún pabellón, cornisa, y no prestamos atención al fundamento. Quisiera comunicarles, como resultado de mi experiencia, de mis observaciones sobre el trabajo, mi opinión de que la tarea acuciante de nuestra política es dar ese fundamento. Es necesario que cada obrero, cada organización, cada institución se lo diga en cada sesión. Si abastecemos de pan, si logramos aumentar la cantidad de combustible, si tensamos todas nuestras fuerzas para borrar de la faz de la tierra rusa el tifus exantemático, resultado de la falta de cultura, la pobreza, la oscuridad y la ignorancia, si aplicamos todas esas fuerzas, toda esa experiencia que hemos adquirido en la guerra sangrienta, en esta guerra incruenta, podemos estar seguros de que en esta tarea, que sin embargo es mucho más fácil, mucho más humana que la guerra, en esta tarea nos aseguraremos un éxito cada vez mayor.

La movilización militar la hemos realizado. Los partidos que eran nuestros adversarios más irreconciliables, que han defendido y defienden más tiempo las ideas del capitalismo, como, por ejemplo, los eseristas, han tenido que reconocer, a pesar de todas las acusaciones que nos llovían de parte de los imperialistas burgueses, que el Ejército Rojo se ha convertido en un ejército popular. Esto significa que hemos realizado, en esta tarea tan difícil, la unión de la clase obrera con la enorme masa del campesinado que pasa a su lado, y le hemos mostrado así lo que es la dirección de la clase obrera.

Las palabras "dictadura del proletariado" asustan a los campesinos. En Rusia es un espantajo para los campesinos. Se vuelven contra quienes utilizan este espantajo. Pero los campesinos saben ahora que la dictadura del proletariado, quizás sea una palabra latina demasiado rebuscada, pero que en la práctica es ese Poder Soviético que entrega el aparato estatal en manos de los obreros. Así, es el amigo y aliado más seguro de los trabajadores y el enemigo más despiadado de toda explotación. Por eso, al final, venceremos a todos los imperialistas. Porque tenemos una fuente de fuerzas tan profunda, un reservorio de material humano tan amplio y profundo, que no lo tiene ni lo tendrá ningún gobierno burgués. Tenemos ese material del que podemos extraer cada vez más y más profundamente, pasando no solo de los obreros avanzados a los campesinos medios, sino también más abajo, a los campesinos trabajadores, pobres y paupérrimos. Últimamente, los camaradas petrogradeses decían que Petrogrado había dado a todos sus trabajadores y no podía dar más. Y cuando llegó la hora crítica, Petrogrado resultó asombroso, como dijo con razón el camarada Zinoviev, resultó ser una ciudad que parecía haber parido nuevas fuerzas. Esos obreros que eran considerados inferiores a los campesinos medios, que no tenían ninguna experiencia estatal y política, se levantaron en toda su estatura, dieron una masa de fuerzas para la propaganda, la agitación, la organización, realizaron nuevos y nuevos milagros. Esta fuente de nuevos y nuevos milagros la tenemos todavía en muy, muy gran cantidad. Cada nueva capa de obreros y campesinos aún no incorporados al trabajo son nuestros amigos y aliados más seguros. Ahora nos vemos a menudo obligados, al administrar el estado, a apoyarnos en una capa muy delgada de obreros avanzados. Debemos recurrir una y otra vez a los sin partido, tanto en nuestro trabajo de partido como en nuestra práctica soviética, recurrir cada vez más audazmente a los obreros y campesinos sin partido, no con el objetivo de atraerlos inmediatamente a nuestro lado, de incorporarlos a nuestro partido, eso no nos importa, sino con el objetivo de despertar en ellos la conciencia de que para salvar el país necesitan su ayuda. He aquí cuando en aquellos a quienes menos los terratenientes y capitalistas permitían acercarse a la administración del estado, cuando despertemos en ellos la conciencia de que los llamamos a construir con nosotros el fundamento sólido de la república socialista, entonces nuestra causa será definitivamente invencible.

Por eso, basándonos en la experiencia de dos años, podemos decir con absoluta certeza que cada paso en nuestras victorias militares acercará con enorme rapidez el momento, ya muy cercano, en que dedicaremos todas nuestras fuerzas por completo a la construcción pacífica. Basándonos en la experiencia que hemos adquirido, podemos garantizar que en esta tarea de la construcción pacífica realizaremos en los próximos años milagros incomparablemente mayores que los que hemos realizado en estos dos años de guerra victoriosa contra la todopoderosa Entente mundial. (Aplausos.)

Camaradas, permítanme, para concluir, dar lectura al proyecto de resolución que les propongo:

"La República Socialista Federativa Soviética de Rusia desea vivir en paz con todos los pueblos y dedicar todas sus fuerzas a la construcción interna, para restablecer la producción, el transporte y la administración pública sobre la base del sistema soviético, lo que hasta ahora ha sido impedido, primero por la opresión del imperialismo alemán, luego por la intervención de la Entente y el bloqueo por hambre.

El gobierno obrero-campesino ha propuesto la paz a las potencias de la Entente en repetidas ocasiones, a saber: el 5 de agosto de 1918, alocución del Comisario del Pueblo de Asuntos Exteriores al representante americano, Sr. Poole; el 24 de octubre de 1918, al presidente Wilson; el 3 de noviembre de 1918, a todos los gobiernos de la Entente por mediación de los representantes de los países neutrales; el 7 de noviembre de 1918, en nombre del VI Congreso de los Soviets de toda Rusia; el 23 de diciembre de 1918, nota de Litvinov en Estocolmo a todos los representantes de la Entente; luego las alocuciones del 12 de enero y del 17 de enero, nota a los gobiernos de la Entente del 4 de febrero de 1919; el proyecto de tratado elaborado con Bullitt, que se presentó en nombre del presidente Wilson, el 12 de marzo de 1919; la declaración del 7 de mayo de 1919 por mediación de Nansen.

Aprobando plenamente todos estos repetidos pasos del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores, el VII Congreso de los Soviets de toda Rusia confirma nuevamente su inquebrantable anhelo de paz, proponiendo una vez más a todas las potencias de la Entente: Inglaterra, Francia, los Estados Unidos de América, Italia, Japón, a todas juntas y por separado, iniciar inmediatamente negociaciones de paz y encarga al Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, al Consejo de Comisarios del Pueblo y al Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores continuar sistemáticamente la política de paz, adoptando todas las medidas necesarias para su éxito."