1. Introducción. La revolución proletaria comenzó en Rusia y crece rápidamente en todas partes. Para comprenderla hay que entender la naturaleza del capitalismo y la inevitabilidad de su desarrollo hacia la dictadura del proletariado. – 2. Capitalismo y dictadura del proletariado. Sobre esto reproducir nuestro viejo programa marxista, redactado por Plejánov{25}, en su parte principal, para esclarecer también las "raíces históricas" de nuestra concepción del mundo. – 3. Imperialismo. Del proyecto de programa de V. 1917. – 4. Tres corrientes en el movimiento obrero internacional y la nueva Internacional. Reelaboración del proyecto de V. 1917. – 5. Tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia. Del proyecto de XII. 1917 – I. 1918{26}. – 6. Concreción de estas tareas en el terreno político (nuevo). – 7. Ídem en el terreno nacional, religioso, pedagógico (nuevo). – 8. Ídem en el terreno económico (nuevo). – 9. Ídem en el terreno agrario (nuevo). – 10. Ídem en el terreno de la protección de los trabajadores (escribe Schmidt). – 11 y 12. Complementos sobre otros terrenos (no escrito).

En este bosquejo preliminar hay mucho sin terminar, especialmente el aspecto de redacción, y en lugar de una formulación programática se ha tomado temporalmente a veces una comentarista.

(1) La Revolución del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 en Rusia realizó la dictadura del proletariado, que comenzó, con el apoyo del campesinado pobre o semiproletariado, a construir la sociedad comunista. El crecimiento del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países avanzados, la aparición y desarrollo universal de la forma soviética de este movimiento, es decir, aquella que se dirige directamente a la realización de la dictadura del proletariado, finalmente, el comienzo y el curso del desarrollo de la revolución en Austria-Hungría y Alemania en particular, todo esto mostró de manera evidente que ha comenzado la era de la revolución mundial proletaria y comunista.

(2) La correcta comprensión de las causas, el significado y los objetivos de esta revolución requiere, en primer lugar, esclarecer la esencia, la naturaleza fundamental del capitalismo y de la sociedad burguesa, la inevitabilidad de su desarrollo hacia el comunismo, y, en segundo lugar, esclarecer la naturaleza del imperialismo y de las guerras imperialistas, que aceleraron la quiebra del capitalismo y pusieron la revolución proletaria en el orden del día.

(3) La naturaleza del capitalismo y de la sociedad burguesa, que domina aún en la mayoría de los países civilizados y cuyo desarrollo conduce y ha conducido inevitablemente a la revolución comunista mundial del proletariado, fue caracterizada por nuestro viejo programa marxista en las siguientes tesis:

(4) «La característica principal de tal sociedad es la producción mercantil sobre la base de las relaciones capitalistas de producción, en las que la parte más importante y significativa de los medios de producción y circulación de mercancías pertenece a una clase pequeña en número de personas, mientras que la inmensa mayoría de la población está compuesta por proletarios y semiproletarios, obligados por su situación económica a vender constante o periódicamente su fuerza de trabajo, es decir, a ponerse al servicio de los capitalistas, y con su trabajo crear la renta de las clases altas de la sociedad.

(5) El ámbito de dominio de las relaciones capitalistas de producción se expande cada vez más a medida que el continuo perfeccionamiento de la técnica, aumentando la importancia económica de las grandes empresas, lleva al desplazamiento de los pequeños productores independientes, transformando a una parte de ellos en proletarios, reduciendo el papel de los demás en la vida socioeconómica y colocándolos en algunos lugares en una dependencia más o menos completa, más o menos manifiesta, más o menos gravosa del capital.

(6) Ese mismo progreso técnico proporciona, además, a los empresarios la posibilidad de aplicar en mayor escala el trabajo femenino e infantil en el proceso de producción y circulación de mercancías. Y como, por otro lado, conduce a una disminución relativa de la necesidad de los empresarios de trabajo vivo de los obreros, la demanda de fuerza de trabajo necesariamente se retrasa respecto a su oferta, en consecuencia aumenta la dependencia del trabajo asalariado respecto al capital y se eleva el nivel de su explotación.

(7) Tal estado de cosas dentro de los países burgueses y su rivalidad mutua constantemente agudizada en el mercado mundial hacen cada vez más difícil la venta de mercancías producidas en cantidad constantemente creciente. La sobreproducción, que se manifiesta en crisis industriales más o menos agudas, seguidas de períodos más o menos prolongados de estancamiento industrial, representa una consecuencia inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa. Las crisis y los períodos de estancamiento industrial, a su vez, arruinan aún más a los pequeños productores, aumentan aún más la dependencia del trabajo asalariado respecto al capital, conducen aún más rápidamente al deterioro relativo, y a veces absoluto, de la situación de la clase obrera.

(8) Así, el perfeccionamiento de la técnica, que significa aumento de la productividad del trabajo y crecimiento de la riqueza social, condiciona en la sociedad burguesa el aumento de la desigualdad social, la ampliación de la distancia entre poseedores y desposeídos y el crecimiento de la inseguridad de la existencia, del desempleo y de toda clase de privaciones para capas cada vez más amplias de las masas trabajadoras.

(9) Pero a medida que crecen y se desarrollan todas estas contradicciones propias de la sociedad burguesa, crece también el descontento de la masa trabajadora y explotada con el orden de cosas existente, crece el número y la cohesión de los proletarios y se agudiza su lucha con sus explotadores. Al mismo tiempo, el perfeccionamiento de la técnica, concentrando los medios de producción y circulación y socializando el proceso de trabajo en las empresas capitalistas, crea cada vez más rápidamente la posibilidad material de sustituir las relaciones capitalistas de producción por las comunistas, – es decir, aquella revolución social que representa el objetivo final de toda la actividad del partido comunista internacional como expresor consciente del movimiento de clase del proletariado.

(10) Al sustituir la propiedad privada de los medios de producción y circulación por la social e introducir una organización planificada del proceso social-productivo para asegurar el bienestar y el desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad, la revolución social del proletariado destruirá la división de la sociedad en clases y liberará así a toda la humanidad oprimida, ya que pondrá fin a todo tipo de explotación de una parte de la sociedad por otra.

(11) La condición necesaria de esta revolución social es la dictadura del proletariado, es decir, la conquista por el proletariado de tal poder político que le permita aplastar toda resistencia de los explotadores. Proponiéndose la tarea de hacer al proletariado capaz de cumplir su gran misión histórica, el partido comunista internacional lo organiza en un partido político independiente, que se opone a todos los partidos burgueses, dirige todas las manifestaciones de su lucha de clases, desenmascara ante él la oposición irreconciliable de los intereses de los explotadores a los intereses de los explotados y le explica el significado histórico y las condiciones necesarias de la próxima revolución social. Al mismo tiempo, descubre ante toda la demás masa trabajadora y explotada lo desesperado de su situación en la sociedad capitalista y la necesidad de la revolución social en interés de su propia liberación del yugo del capital. El partido de la clase obrera, el partido comunista, llama a sus filas a todas las capas de la población trabajadora y explotada, en la medida en que pasen al punto de vista del proletariado».

(12) El capitalismo mundial ha llegado en la actualidad – aproximadamente desde principios del siglo XX – al estadio del imperialismo. El imperialismo, o la época del capital financiero, es una economía capitalista tan altamente desarrollada que las uniones monopolistas de capitalistas – los sindicatos, cárteles, trusts – han adquirido un significado decisivo, el capital bancario de enorme concentración se ha fusionado con el industrial, la exportación de capital a países extranjeros se ha desarrollado en muy grandes proporciones, el mundo entero ha sido ya dividido territorialmente entre los países más ricos y ha comenzado la división económica del mundo entre los trusts internacionales.

(13) Las guerras imperialistas – es decir, las guerras por el dominio del mundo, por los mercados para el capital bancario, por el aplastamiento de los pueblos pequeños y débiles – son inevitables en tal situación. Y precisamente así es la primera gran guerra imperialista de 1914-1918.

(14) Y el grado extraordinariamente alto de desarrollo del capitalismo mundial en general; y la sustitución de la libre competencia por el capitalismo monopolista; y la preparación por los bancos, así como por las uniones de capitalistas, del aparato para la regulación social del proceso de producción y distribución de los productos; y el aumento, vinculado al crecimiento de los monopolios capitalistas, del encarecimiento y la opresión de los sindicatos sobre la clase obrera, la dificultad gigantesca de su lucha económica y política; y los horrores, calamidades, ruina, embrutecimiento, engendrados por la guerra imperialista – todo esto hace de la etapa de desarrollo del capitalismo actualmente alcanzada una era de revolución proletaria y socialista.

Esta era ha comenzado.

(15) Solo la revolución proletaria y socialista puede sacar a la humanidad del callejón sin salida creado por el imperialismo y las guerras imperialistas. Cualesquiera que sean las dificultades de la revolución y los posibles fracasos temporales de la misma u oleadas de contrarrevolución, – la victoria final del proletariado es inevitable.

(16) La victoria de la revolución proletaria exige la confianza más completa, la alianza fraternal más estrecha y la mayor unidad posible de acción revolucionaria de la clase obrera de todos los países avanzados. Estas condiciones son irrealizables sin una ruptura de principio resuelta y una lucha despiadada contra aquella deformación burguesa del socialismo que ha triunfado en las capas superiores de la inmensa mayoría de los partidos oficiales "socialdemócratas" y "socialistas".

(17) Tal deformación es, por un lado, la corriente del oportunismo y del socialchovinismo, socialismo de palabra, chovinismo de hecho, cobertura con la consigna de "defensa de la patria" de la defensa de los intereses rapaces de la burguesía nacional "propia" tanto en general como especialmente durante la guerra imperialista de 1914-1918. Esta corriente se creó porque casi todos los países avanzados, saqueando a los pueblos coloniales y débiles, daban la posibilidad a la burguesía de sobornar con partículas de tales superganancias a las capas superiores del proletariado, asegurarles en tiempo de paz una existencia pequeñoburguesa soportable y tomar a su servicio a los jefes de esta capa. Los oportunistas y socialchovinistas, siendo siervos de la burguesía, son enemigos de clase directos del proletariado.

(18) Por otro lado, la deformación burguesa del socialismo fue la corriente del "centro", igualmente amplia e internacional, que vacila entre los socialchovinistas y los comunistas, defendiendo la unidad con los primeros e intentando resucitar la II Internacional, quebrada y podrida. Verdaderamente proletaria y revolucionaria es solo la nueva, III Internacional Comunista, fundada de hecho por la formación de partidos comunistas a partir de los antiguos partidos socialistas en una serie de países, y especialmente en Alemania, y que adquiere cada vez más simpatía en las masas del proletariado de todos los países.

Tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia

Las tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia consisten actualmente en llevar a término, completar la ya comenzada expropiación de los terratenientes y la burguesía, la transferencia de todas las fábricas, talleres, ferrocarriles, bancos, flota y demás medios de producción y circulación a la propiedad de la República Soviética;

utilizar la alianza de los obreros urbanos y los campesinos más pobres, que ya ha dado la abolición de la propiedad privada de la tierra y la ley sobre aquella forma transitoria de la pequeña economía campesina hacia el socialismo que los ideólogos contemporáneos del campesinado que se ha puesto del lado de los proletarios han llamado socialización de la tierra, para la transición gradual, pero firme, hacia el cultivo colectivo de la tierra y hacia la gran agricultura socialista;

consolidar y desarrollar más la república federativa de los Soviets, como forma de democracia inconmensurablemente más alta y progresista que el parlamentarismo burgués, y como el único tipo de Estado que corresponde, sobre la base de la experiencia de la Comuna de París de 1871, así como de la experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917-1918, al período de transición del capitalismo al socialismo, es decir, al período de la dictadura del proletariado;

utilizar amplia y plenamente la antorcha de la revolución socialista mundial encendida en Rusia para, paralizando los intentos de los Estados burgueses imperialistas de intervenir en los asuntos internos de Rusia o unirse para la lucha directa y la guerra contra la República Soviética socialista, trasladar la revolución a los países más avanzados y en general a todos los países;

mediante una serie de medidas graduales pero firmes, destruir completamente el comercio privado, organizando un correcto y planificado intercambio de productos entre las comunas productoras y consumidoras del conjunto económico único que debe ser la República Soviética.

Desarrollando más concretamente las tareas generales del Poder Soviético, el PCR las determina actualmente de la siguiente manera:

en el terreno político

Si antes de la conquista del poder político por el proletariado la utilización de la democracia burguesa y en particular del parlamentarismo era (obligatoriamente) necesaria con el fin de la educación política y la organización de las masas obreras, ahora, después de la conquista del poder político por el proletariado, bajo el tipo más alto de democratismo realizado en la República Soviética, todo paso atrás hacia el parlamentarismo burgués y hacia la democracia burguesa sería un servicio absolutamente reaccionario a los intereses de los explotadores, terratenientes y capitalistas. Solo a los intereses de los explotadores sirven las consignas de la democracia supuestamente popular, nacional general, universal, extraclasista, pero en realidad burguesa, y mientras subsista la propiedad privada de la tierra y otros medios de producción, la república más democrática sigue siendo inevitablemente una dictadura de la burguesía, una máquina para la opresión de la gigantesca mayoría de los trabajadores por un puñado de capitalistas.

La tarea histórica que recae sobre la República Soviética – nuevo tipo de Estado, transitorio hacia la destrucción completa del Estado – consiste en lo siguiente:

1) la creación y el desarrollo de una organizabilidad amplia y masiva precisamente de las clases oprimidas por el capitalismo, el proletariado y el semiproletariado. La república burgueso-democrática en el mejor de los casos permitía la organización de las masas explotadas en el sentido de que la declaraba libre, pero de hecho siempre ponía innumerables obstáculos reales a su organización, y estos obstáculos estaban inseparablemente ligados a la propiedad privada de los medios de producción. El Poder Soviético, por primera vez en la historia, no solo facilita ampliamente la organización de las masas oprimidas por el capitalismo, sino que la convierte en base constante e indispensable de todo el aparato estatal, de abajo arriba, local y central. Solo así se realiza de hecho para la mayoría de la población el democratismo, es decir, la participación real en la administración del Estado de la gigantesca mayoría del pueblo, precisamente de los trabajadores, en lugar de la administración real del Estado, principalmente, por representantes de las clases burguesas, como sucede en las repúblicas burguesas más democráticas.

2) La organización soviética del Estado da una cierta ventaja real precisamente a aquella parte de las masas trabajadoras que está más concentrada, unida, instruida y templada en la lucha por todo el desarrollo capitalista anterior al socialismo, es decir, al proletariado industrial urbano. Esta ventaja debe ser utilizada firme y sistemáticamente para que, en contraposición a los intereses estrechamente gremiales y estrechamente profesionales que el capitalismo cultivaba entre los obreros, dividiéndolos en grupos que compiten entre sí, unir más estrechamente con los obreros avanzados a las masas más atrasadas y dispersas de los proletarios y semiproletarios rurales, arrancarlos de la influencia del kulak rural y la burguesía rural, organizarlos y educarlos para la construcción comunista.

3) La democracia burguesa, proclamando solemnemente la igualdad de todos los ciudadanos, de hecho encubría hipócritamente el dominio de los explotadores capitalistas, engañando a las masas con la idea de que es posible de hecho la igualdad del explotador con los explotados. La organización soviética del Estado destruye este engaño y esta hipocresía, realizando un democratismo real, es decir, una igualdad real de todos los trabajadores, y excluyendo a los explotadores de los miembros con plenos derechos de la sociedad. La experiencia de toda la historia mundial, de todas las insurrecciones de las clases oprimidas contra los opresores enseña la inevitabilidad de una resistencia desesperada y prolongada de los explotadores en la lucha por la conservación de sus privilegios. La organización soviética del Estado está adaptada para el aplastamiento de esta resistencia, sin lo cual no puede hablarse de una revolución comunista victoriosa.

4) Un influjo más directo de las masas trabajadoras en la organización y administración del Estado, es decir, una forma más alta de democratismo, se alcanza bajo el tipo soviético de Estado también, en primer lugar, porque el procedimiento de elecciones y la posibilidad de realizarlas con más frecuencia, así como las condiciones de reelección y revocación de los diputados, son mucho más fáciles y accesibles para los obreros de la ciudad y el campo que bajo las mejores formas de la democracia burguesa.

5) En segundo lugar, porque la unidad electoral primaria y la célula fundamental de la construcción estatal es, bajo el Poder Soviético, no la circunscripción territorial, sino la unidad económica, de producción (fábrica, taller). Esta vinculación más estrecha del aparato estatal con las masas de proletarios avanzados unidos por el capitalismo, además de crear un democratismo más alto, da también la posibilidad de realizar profundas transformaciones socialistas.

6) La organización soviética permitió crear tal fuerza armada de obreros y campesinos que está mucho más estrechamente ligada que antes con las masas trabajadoras y explotadas. Sin ello habría sido imposible realizar una de las condiciones fundamentales de la victoria del socialismo, a saber: el armamento de los obreros y el desarme de la burguesía.

7) La organización soviética desarrolló incomparablemente más lejos y más ampliamente aquel aspecto de la democracia burguesa que señala su gran progresividad histórica en comparación con la Edad Media, a saber, la participación de la población en la elección de funcionarios. En ninguno de los Estados burgueses más democráticos han ejercido las masas trabajadoras el derecho de elección, formalmente concedido por la burguesía, pero de hecho dificultado por ella, ni siquiera aproximadamente en una medida tan amplia, tan a menudo, tan universalmente, tan fácil y sencillamente como bajo el Poder Soviético. Pero al mismo tiempo, la organización soviética desechó aquellos aspectos negativos de la democracia burguesa que la Comuna de París ya había comenzado a abolir, cuya estrechez, cuyas limitaciones el marxismo señaló hace tiempo, a saber, el parlamentarismo como separación del poder legislativo del ejecutivo. Al fusionar ambos poderes, los Soviets acercan el aparato estatal a las masas trabajadoras y eliminan aquella barrera que era el parlamento burgués, que engañaba a las masas con letreros hipócritas, encubría las trampas financieras y bursátiles de los politicastros parlamentarios, aseguraba la intangibilidad del aparato burgués de administración del Estado.

8) Solo gracias a la organización soviética del Estado pudo la revolución del proletariado romper y destruir inmediatamente hasta sus cimientos el viejo aparato estatal burgués, y sin ello habría sido imposible incluso el inicio de la construcción socialista. En la actualidad, en Rusia ya han sido completamente destruidas las fortalezas del burocratismo, que vinculaba en todas partes y siempre el poder estatal con los intereses de los terratenientes y capitalistas tanto bajo la monarquía como en la república burguesa más democrática. Pero la lucha contra el burocratismo está lejos de haber terminado entre nosotros. Una parte de las posiciones perdidas por ella, la burocracia intenta recuperarlas, utilizando, por un lado, el nivel cultural insuficientemente alto de las masas de la población, por otro, la tensión extrema, casi sobrehumana, de las fuerzas de la capa más desarrollada de los obreros urbanos en el trabajo militar. Por ello, la continuación de la lucha contra el burocratismo es para el éxito de la ulterior construcción socialista absolutamente y urgentemente necesaria.

9) El trabajo en esta dirección, indisolublemente ligado a la realización de la tarea histórica principal del Poder Soviético, a saber, la transición hacia la destrucción completa del Estado, debe consistir, en primer lugar, en que cada miembro del Soviet cumpla obligatoriamente un trabajo determinado de administración del Estado; en segundo lugar, en que estos trabajos se cambien sucesivamente, abarcando todo el círculo de asuntos relacionados con la administración estatal, todas sus ramas; y, en tercer lugar, en que mediante una serie de medidas graduales y cuidadosamente seleccionadas, pero firmemente aplicadas, toda la población trabajadora sea atraída en masa a la participación autónoma en la administración del Estado.

10) En general y en conjunto, la diferencia entre la democracia burguesa y el parlamentarismo, por un lado, y la democracia soviética o proletaria, por otro, se reduce a que la primera trasladaba el centro de gravedad a la proclamación solemne y pomposa de toda clase de libertades y derechos, no permitiendo de hecho precisamente a la mayoría de la población, obreros y campesinos, utilizarlos suficientemente. Por el contrario, la democracia proletaria o soviética traslada el centro de gravedad no a proclamar los derechos y libertades de todo el pueblo, sino a asegurar de hecho precisamente a aquellas masas trabajadoras que fueron oprimidas y explotadas por el capital el acceso real a la administración del Estado, la utilización real de los mejores edificios y locales para reuniones y congresos, de las mejores imprentas y los mayores almacenes (existencias) de papel para la instrucción de aquellos a quienes el capitalismo embrutecía y aplastaba, asegurar a estas mismas masas la posibilidad real (factual) de liberarse gradualmente del yugo de los prejuicios religiosos, etc., etc. Precisamente en esta dirección de proporcionar de hecho a los trabajadores y explotados la posibilidad de disfrutar realmente de los bienes de la cultura, la civilización y la democracia consiste el trabajo más importante del Poder Soviético, que debe continuarlo firmemente y más adelante.

En la cuestión nacional, la política del PCR, a diferencia de la proclamación burgueso-democrática de la igualdad de las naciones, irrealizable bajo el imperialismo, consiste en la realización firme del acercamiento y la fusión de los proletarios y las masas trabajadoras de todas las naciones en su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía. La desconfianza hacia los grandes rusos, heredada de la época del imperialismo zarista y burgués granruso, desaparece rápidamente en las masas trabajadoras de las naciones que formaban parte del Imperio Ruso, desaparece bajo la influencia del conocimiento de la Rusia Soviética, pero esta desconfianza no ha desaparecido por completo en todas las naciones ni en todas las capas de la masa trabajadora. Por ello es necesaria una particular cautela en relación con el sentimiento nacional, una realización cuidadosa de la igualdad y la libertad de separación de las naciones de hecho, para quitar el terreno a esta desconfianza y lograr una alianza voluntaria y estrechísima de las Repúblicas Soviéticas de todas las naciones. Es necesario reforzar la ayuda a las naciones atrasadas y débiles mediante el fomento de la organización autónoma y la instrucción de los obreros y campesinos de cada nación en la lucha contra el yugo medieval y burgués, así como mediante el fomento del desarrollo de la lengua y la literatura de las naciones hasta ahora oprimidas o que fueron desiguales en derechos.

En el terreno de la política religiosa, la tarea de la dictadura proletaria (del PCR) consiste en no contentarse con la ya decretada separación de la iglesia del Estado y de la escuela de la iglesia, es decir, medidas que la democracia burguesa prometió, pero en ninguna parte del mundo llevó a término, debido a los múltiples vínculos reales del capital con la propaganda religiosa. La dictadura proletaria debe llevar a término la destrucción del vínculo entre las clases explotadoras, terratenientes y capitalistas, y la organización de la propaganda religiosa, como apoyo de la oscuridad de las masas. La dictadura proletaria debe realizar firmemente la liberación real de las masas trabajadoras de los prejuicios religiosos, logrando esto mediante la propaganda y la elevación de la conciencia de las masas, cuidando al mismo tiempo de evitar toda ofensa a los sentimientos de la parte creyente de la población y la consolidación del fanatismo religioso.

En el terreno de la instrucción pública, el PCR se plantea como tarea llevar a término la obra comenzada con la Revolución de Octubre de 1917 de transformar la escuela de instrumento del dominio de clase de la burguesía en instrumento de destrucción de este dominio, así como de la destrucción completa de la división de la sociedad en clases.

En el período de la dictadura del proletariado, es decir, en el período de preparación de las condiciones que hacen posible la realización completa del comunismo, la escuela debe ser no solo conductora de los principios del comunismo en general, sino conductora de la influencia ideológica, organizativa y educativa del proletariado sobre las capas semiproletarias y no proletarias de las masas trabajadoras con el fin de educar a una generación capaz de realizar definitivamente el comunismo.

Las tareas inmediatas en este camino son actualmente:

1) La realización de la educación general y politécnica (que familiarice en teoría y en práctica con todas las ramas principales de la producción) gratuita y obligatoria para todos los niños de ambos sexos hasta los 16 años.

2) La realización de un estrecho vínculo de la enseñanza con el trabajo social productivo.

3) El suministro a todos los alumnos de alimentos, vestido y material didáctico por cuenta del Estado.

4) El fortalecimiento de la agitación y la propaganda entre el magisterio.

5) La preparación de cuadros de nuevo magisterio imbuido de las ideas del comunismo.

6) La atracción de la población trabajadora a la participación activa en la obra de la instrucción pública (desarrollo de los consejos de instrucción pública, movilización de los alfabetizados, etc.).

7) La ayuda integral del Poder Soviético a la autoeducación y el autodesarrollo de los obreros y campesinos trabajadores (organización de bibliotecas, escuelas para adultos, universidades populares, cursos de conferencias, cinematógrafos, estudios, etc.).

8) El desarrollo de la más amplia propaganda de las ideas comunistas.

Desarrollando más concretamente las tareas generales del Poder Soviético, el PCR las determina actualmente de la siguiente manera:

en el terreno económico

la tarea del Poder Soviético consiste actualmente en lo siguiente:

(1) Continuar firmemente y llevar a término la expropiación de la burguesía, comenzada y en lo principal y fundamental ya terminada, la transformación de los medios de producción y circulación en propiedad de la República Soviética, es decir, propiedad común de todos los trabajadores.

(2) Prestar una atención especialmente grande al desarrollo y fortalecimiento de la disciplina de camaradería de los trabajadores y a la elevación integral de su iniciativa y conciencia de responsabilidad. En esto consiste el medio principal, si no el único, para vencer definitivamente el capitalismo y las costumbres creadas por el dominio de la propiedad privada de los medios de producción. El logro de este objetivo exige un trabajo tenaz y lento de reeducación de las masas, y tal reeducación no solo se ha hecho ahora posible, cuando las masas han visto de hecho la eliminación del terrateniente, el capitalista y el comerciante – esta reeducación avanza ahora de hecho por miles de caminos, a través de la propia experiencia práctica de los obreros y campesinos. Una importancia extraordinariamente grande tiene en este aspecto el trabajo de desarrollo de la unión profesional de los trabajadores, que nunca ni en ninguna parte del mundo ha crecido tan rápidamente como bajo el Poder Soviético, pero que debe ser llevado hasta la unión de la totalidad de todos los trabajadores en sindicatos de producción coherentes, centralizados y disciplinados. Sin limitarse de ninguna manera al viejo patrón del movimiento profesional, debemos sistemáticamente, verificando cada paso con los resultados de la experiencia práctica, transformar los sindicatos, por un lado, en órganos de administración de toda la economía nacional; el acercamiento y el estrecho vínculo de los sindicatos profesionales con el Consejo Supremo de Economía Nacional, con el Comisariado del Trabajo, luego también con todas las demás ramas de la administración estatal deben crecer y fortalecerse; – por otro lado, los sindicatos profesionales deben transformarse aún más en órganos de educación laboral y socialista de toda la masa trabajadora en pleno, de modo que la experiencia práctica de participación en la administración abarque, bajo el control de la vanguardia obrera, a las capas más atrasadas de los obreros.

(3) El aumento de la productividad del trabajo constituye una de las tareas fundamentales, pues sin ello es imposible el tránsito definitivo al comunismo. El logro de este objetivo, además del prolongado trabajo de ilustración de las masas y elevación de su nivel cultural, exige la utilización inmediata, amplia e integral de los especialistas de la ciencia y la técnica que nos ha legado el capitalismo y que inevitablemente suelen estar imbuidos de una concepción del mundo y costumbres burguesas. El partido debe, en estrecha alianza con las uniones profesionales, mantener su línea anterior: por un lado, no hacer la más mínima concesión política a esta capa burguesa y aplastar despiadadamente toda tentativa contrarrevolucionaria de la misma, y, por otro lado, luchar también despiadadamente contra la presunción seudorradical, en realidad ignorante, de que los trabajadores son capaces de vencer el capitalismo y el régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos, sin hacer una larga escuela de trabajo junto a ellos.

Tendiendo a la igualdad de remuneración por todo trabajo y al comunismo completo, no podemos de ninguna manera plantearnos como tarea la realización inmediata de esta igualdad en el momento actual, cuando solo se dan los primeros pasos hacia la transición del capitalismo al comunismo. Por ello es necesario dejar por un tiempo determinado una remuneración más alta para los especialistas, para que puedan trabajar no peor, sino mejor que antes, y para el mismo fin no se puede renunciar al sistema de primas por el trabajo más exitoso y especialmente por el trabajo organizador; las primas serán inadmisibles bajo el sistema del comunismo completo, pero en la época de transición del capitalismo al comunismo no se puede prescindir de las primas, como testimonian tanto las consideraciones teóricas como la experiencia de un año del Poder Soviético.

Al mismo tiempo, hay que trabajar firmemente para rodear a los especialistas burgueses de un ambiente de trabajo común de camaradería codo a codo con la masa de obreros corrientes, dirigidos por comunistas conscientes, y lograr pacientemente, sin desanimarse por los inevitables fracasos parciales, despertar en las personas que poseen preparación científica la conciencia de toda la vileza de la utilización de la ciencia para el enriquecimiento personal y para la explotación del hombre por el hombre, la conciencia de la tarea más alta de utilizar la ciencia para familiarizar con ella a toda la masa de los trabajadores.

(4) La realización del comunismo, exigiendo absolutamente la mayor y más estricta centralización posible del trabajo a escala nacional presupone, por ello mismo, la superación de aquella desunión y fragmentación de los obreros, profesional y local, que fueron una de las fuentes del poder del capital y de la impotencia del trabajo. La lucha contra la estrechez y limitación gremiales, contra el egoísmo gremial, estrechamente vinculada a la lucha por la destrucción del contraste entre la ciudad y el campo, presenta grandes dificultades y no puede ser iniciada en grandes proporciones sin un gran aumento previo de la productividad del trabajo nacional. Pero el inicio de este trabajo debe, no obstante, comenzarse inmediatamente, aunque sea al principio en marcos pequeños, locales y a modo de experiencia, para comparar los resultados de las diversas medidas que serán emprendidas en diferentes profesiones y localidades. La movilización en masa de toda la población apta para el trabajo por el Poder Soviético, con la participación de los sindicatos profesionales, para la ejecución de determinados trabajos públicos debe ser aplicada incomparablemente más amplia y sistemáticamente de lo que se ha hecho hasta ahora.

(5) En el terreno de la distribución, la tarea del Poder Soviético en la actualidad consiste en continuar firmemente la sustitución del comercio por la distribución planificada y organizada a escala nacional de los productos. El objetivo es la organización de toda la población en comunas de producción y consumo, capaces de distribuir con la mayor rapidez, planificación, economía y con el menor gasto de trabajo todos los productos necesarios, centralizando estrictamente todo el aparato distribuidor. Como medio de transición para alcanzar este objetivo están las cooperativas. Su utilización representa una tarea homogénea a la utilización de los especialistas burgueses, en la medida en que al frente del aparato cooperativo, heredado por nosotros del capitalismo, se encuentran personas con hábitos burgueses de pensamiento y de administración. El PCR debe continuar sistemáticamente su política: obligar a todos los miembros del partido a trabajar en las cooperativas, dirigirlas, con la ayuda también de los sindicatos profesionales, en espíritu comunista, desarrollar la iniciativa y la disciplina de la población trabajadora unida en cooperativas, lograr que toda la población sea abarcada por las cooperativas y que estas cooperativas se fusionen en una única cooperativa, de arriba abajo, que abarque toda la República Soviética; finalmente, y lo más importante, que la influencia predominante del proletariado sobre las demás capas de los trabajadores esté constantemente asegurada y que en todas partes se ensayen en la práctica diversas medidas que faciliten y realicen el tránsito de las cooperativas pequeñoburguesas del viejo tipo capitalista a las comunas de producción y consumo dirigidas por proletarios y semiproletarios.

(6) Destruir inmediatamente el dinero en el primer tiempo de transición del capitalismo al comunismo se presenta imposible. En consecuencia, los elementos burgueses de la población continúan utilizando los signos monetarios que quedan en propiedad privada, estos certificados del derecho a obtener por los explotadores la riqueza social, con fines de especulación, lucro y saqueo de los trabajadores. Solo la nacionalización de los bancos es insuficiente para luchar contra este vestigio del saqueo burgués. El PCR tenderá a la realización lo más rápida posible de las medidas más radicales que preparen la destrucción del dinero, en primer lugar la sustitución de este por libretas de ahorro, cheques, billetes a corto plazo por el derecho a obtener productos sociales, etc., el establecimiento de la tenencia obligatoria del dinero en los bancos, etc. La experiencia práctica de la preparación y realización de estas y similares medidas mostrará cuáles de ellas son las más convenientes.

(7) En el terreno financiero, el PCR aplicará el impuesto progresivo sobre la renta y sobre el patrimonio en todos los casos en que se presente la posibilidad. Pero estos casos no pueden ser numerosos después de la abolición de la propiedad privada de la tierra y de la mayoría de las fábricas, talleres y demás empresas. En la época de la dictadura del proletariado y de la propiedad estatal de los medios de producción más importantes, las finanzas del Estado deben basarse en la transferencia directa de una parte determinada de los ingresos de los diversos monopolios estatales a las necesidades del Estado. El equilibrio de ingresos y gastos es realizable solo con una correcta organización del intercambio de mercancías, a lo cual conduce la organización de las comunas de producción y consumo y la restauración del transporte, que constituye uno de los objetivos inmediatos principales del Poder Soviético.

En el terreno agrario

después de la abolición de la propiedad privada de la tierra, la expropiación [casi] completa de los terratenientes y la realización de la ley sobre la socialización de la tierra, que reconoce la preferibilidad de la gran economía colectiva sobre la tierra, la tarea principal del Poder Soviético es el hallazgo y la prueba en la práctica de las medidas de transición más convenientes y prácticas en esta dirección.

La línea fundamental y el principio rector de la política agraria del PCR en tal situación es, como antes, la tendencia a apoyarse en los elementos proletarios y semiproletarios del campo. Hay que organizarlos ante todo en una fuerza independiente, hay que acercarlos al proletariado urbano y arrancarlos de la influencia de la burguesía rural y de los intereses pequeños propietarios. La organización de los comités de campesinos pobres fue uno de los pasos por este camino, la organización de células del partido en el campo, las reelecciones de los Sovietes con la eliminación de los kulaks, la creación de un tipo especial de sindicatos profesionales de proletarios y semiproletarios del campo – estas y medidas similares deben aplicarse inexcusablemente.

Con respecto al kulakato, a la burguesía rural, la política del PCR consiste en la lucha decidida contra sus tentativas explotadoras, en el aplastamiento de su resistencia a la política soviética y socialista.

Con respecto al campesinado medio, la política del PCR consiste en una actitud cuidadosa hacia él; es necesario separarlo de los kulaks y de ninguna manera extender a él las medidas de represión; el campesinado medio puede, por su posición de clase, ser aliado del poder proletario en la transición al socialismo o, por lo menos, un elemento neutral. Por ello, a pesar de los fracasos parciales y las vacilaciones inevitables del campesinado medio, hay que tender firmemente al acuerdo con él, atendiendo cuidadosamente todos sus deseos y haciendo concesiones en la determinación de los modos de realización de las transformaciones socialistas. Se coloca en uno de los primeros lugares, al mismo tiempo, la lucha contra los abusos de aquellos representantes del Poder Soviético que, utilizando engañosamente el título de comunistas, aplican de hecho una política no comunista, sino burocrática, mandona, y la expulsión despiadada de tales, estableciendo un control más estricto tanto con la ayuda de los sindicatos profesionales como por otras vías.

En lo que concierne a las medidas de transición hacia la agricultura comunista, el PCR verificará en la práctica las tres medidas principales ya creadas por la vida: las granjas soviéticas, las comunas agrícolas y las sociedades (así como las asociaciones) de cultivo colectivo de la tierra, preocupándose de su aplicación más amplia y más correcta, especialmente de los modos de desarrollar la participación voluntaria de los campesinos en estas nuevas formas de agricultura de camaradería y de la organización del campesinado trabajador para realizar el control desde abajo y la disciplina de camaradería.

En el terreno de la política alimentaria, el PCR defiende el fortalecimiento y desarrollo del monopolio estatal, sin renunciar a la utilización de las cooperativas y de los comerciantes privados o empleados de comercio y a la aplicación del sistema de primas bajo condición del control del Poder Soviético y con el fin de la mejor organización del asunto. Las concesiones parciales que hay que hacer de tiempo en tiempo son provocadas exclusivamente por agravaciones especiales de la necesidad y nunca conducen a la renuncia a la tendencia tenaz de realizar el monopolio estatal. En un país de pequeña economía campesina, su realización es muy difícil, exige un prolongado trabajo y la prueba práctica de una serie de medidas de transición que conduzcan por diversos caminos al objetivo, es decir, a la organización universal y al funcionamiento correcto de las comunas de producción y consumo con la transferencia de todos los excedentes alimentarios al Estado.