En cuanto a la religión, la política del PCR consiste en no conformarse con la ya decretada separación de la Iglesia del Estado y de la escuela de la Iglesia – es decir, con aquellas medidas que la democracia burguesa prometió, pero que en ninguna parte del mundo llevó hasta el final, debido a los múltiples vínculos reales del capital con la propaganda religiosa.

El Partido aspira a la destrucción completa del vínculo entre las clases explotadoras y la organización de la propaganda religiosa, así como a la liberación efectiva de las masas trabajadoras de los prejuicios religiosos, organizando para ello la más amplia propaganda científico-educativa y antirreligiosa. Al mismo tiempo, es necesario evitar cuidadosamente toda ofensa a los sentimientos de los creyentes, que solo conduce a consolidar el fanatismo religioso.