Camaradas, nos hemos reunido hoy para conmemorar el día de la insurrección de diciembre en Moscú y del combate en Presnia, que tuvo lugar hace 14 años.

Camaradas, la insurrección en Moscú en 1905 fue uno de los movimientos más grandes de los obreros revolucionarios rusos y, a pesar de que entonces no podía tener éxito aún, no obstante, su importancia resultó enorme. Solo ahora, al ver ante nosotros toda la larga preparación histórica de la revolución rusa, podemos valorar adecuadamente la importancia de la insurrección de diciembre de 1905 y de aquellos combates que entonces, contra las fuerzas del zarismo, sostuvieron los rojos obreros de Presnia. Camaradas, ahora vemos claramente lo insignificantes que eran entonces las fuerzas del obrero ruso; vemos cómo los sacrificios hechos entonces se han recompensado con creces.

Pero debo decir que ya en 1905, en diciembre, el zarismo se vio obligado a tensar todas sus fuerzas para sofocar incluso esta insurrección de los obreros, aún débil, aún incipiente. Recientemente, la organización moscovita de nuestro partido ha publicado dos colecciones dedicadas a los recuerdos de la insurrección de diciembre, de los días de Presnia, de cómo la débil organización clandestina del partido preparaba entonces esa insurrección y con qué enorme simpatía, no solo de los obreros, sino de toda la población trabajadora de Moscú, fue apoyada esa insurrección. Especialmente interesante en estos nuevos materiales publicados recientemente es el reconocimiento de un agente de la gendarmería y la policía, que dice que los revolucionarios no sabían entonces, en diciembre de 1905, lo débiles que éramos nosotros, los partidarios del zarismo. "Si – confiesa este servidor del zar – el golpe de los revolucionarios hubiera sido un poco más fuerte y prolongado, entonces, con el desorden que ya empezaba a observarse entre nosotros, no habríamos podido resistir". He aquí un reconocimiento particularmente interesante de un agente de la Ojrana, que muestra que los obreros de Presnia no ofrecieron entonces sus sacrificios a la causa de la libertad y a la causa de la liberación de los obreros en vano, que incluso entonces, con su heroico ejemplo, mostraron las fuerzas de la clase obrera a todos los enemigos y, con su ejemplo, encendieron aquellas chispas de millones que después, durante muchos años, por un camino largo y difícil, se avivaron y dieron la revolución victoriosa.

Después de 1905, el movimiento obrero en Rusia tuvo que vivir las páginas más duras y más sangrientas de su historia. El zarismo se ensañó con los héroes que se sublevaron en Moscú en 1905 con una ferocidad inaudita. Después de sofocada la insurrección en Moscú, la clase obrera de Rusia hizo aún varios intentos de levantarse para una lucha de masas. En la primavera de 1906 estallaron huelgas de masas y comenzó el movimiento campesino; en 1907 se hizo otro intento – pero estos intentos solo retardaron el embate de la reacción, pero no pudieron detenerlo por completo. Y vinieron largos años en que el movimiento tuvo que esconderse en la clandestinidad, en que cientos, miles de hijos de la clase obrera perecían en la horca, en las cárceles, en el exilio y en trabajos forzados.

Y luego vemos como, desde 1910-1911-1912, la clase obrera comenzó de nuevo a reunir fuerzas, como después de la masacre del Lena en abril de 1912 comenzó a alzarse una ola de poderosas huelgas de masas que se propagaban de un extremo a otro del país y minaron tanto al zarismo que hacia el verano de 1914 se llegó a las barricadas en Petrogrado, y quizás una de las causas que aceleraron esa desesperada decisión del gobierno zarista de comenzar la guerra, quizás una de las causas fue su esperanza de romper así el movimiento revolucionario. Pero, en lugar de romperlo, la guerra llevó a que el movimiento revolucionario se extendiera a todos los países avanzados.

La guerra de cuatro años, como vemos claramente, fue llevada a cabo por depredadores – no solo por el imperialismo alemán, sino también por el inglés y el francés – con fines rapaces. Cuando los alemanes nos impusieron en 1918 la rapaz Paz de Brest-Litovsk, en Francia e Inglaterra no cesaron los gritos de condena de esa paz, y cuando en el mismo 1918, un año después, Alemania fue derrotada, cuando el imperio cayó en Alemania, entonces los capitalistas franceses e ingleses impusieron a la Alemania vencida esa Paz de Versalles{12}, que ahora es un ejemplo de medidas aún más bestiales y violentas que nuestra Paz de Brest-Litovsk.

Y ahora ya vemos cómo, cada semana, se abren los ojos a cientos, miles y millones de obreros de Francia, Inglaterra y América, que fueron engañados, a quienes se les aseguraba que libraban una guerra contra el imperialismo alemán, y que han visto que en esa guerra perecieron decenas de millones de personas muertas y mutiladas. ¿Y para qué? para enriquecer a un puñado insignificante de millonarios que, después de esta guerra, se convirtieron en multimillonarios, que han llevado a todos los países a la ruina.

Camaradas, estamos viviendo ahora un tiempo difícil en cuanto a las calamidades que han caído sobre los obreros industriales y especialmente urbanos. Ustedes saben lo duro que es soportar este tiempo, lo mucho que pasan hambre y frío nuestra clase obrera. Y sabemos también que no solo la atrasada Rusia, que durante cuatro años fue atormentada por la guerra y durante dos años después también continúa librando una guerra que le es impuesta con la ayuda de Inglaterra y Francia – no solo ella ha resultado arruinada, sino que también los países más avanzados y ricos, los países vencedores, como, por ejemplo, Francia y América, también han llegado a la ruina total. Allí sufren la crisis del carbón, allí tienen que detener el tráfico ferroviario, pues la industria y el transporte han resultado aplastados y destruidos de manera inaudita por la guerra de cuatro años. Millones de las mejores fuerzas productivas perecieron en esta guerra imperialista y, como resultado, vemos que el camino que la clase obrera rusa señaló a los obreros, a todo el mundo, ya en 1905, cuando se levantó contra el zarismo, el camino que continuó la clase obrera rusa cuando derrocó a la burguesía – que ese camino resultó ser el camino que atrae la atención y la simpatía de los obreros de todos, incluso de los países más avanzados.

Ya he dicho, camaradas, que tenemos que soportar ahora, en este invierno, calamidades y penalidades inauditas. Pero nos decimos a nosotros mismos: resistiremos hasta el final, porque, a pesar de todas las penalidades y calamidades, los mejores representantes de los obreros, los obreros y campesinos más conscientes nos han ayudado, ayudaron creando el Ejército Rojo, gracias al cual llegamos a la victoria definitiva. Sabemos que ahora, cuando las tropas de Kolchak han sido definitivamente derrotadas, cuando los recientes levantamientos en Siberia, según todas las apariencias, han privado a los restos del ejército de Kolchak de la posibilidad de trasladarse a Denikin, cuando cerca de Novonikoláyevsk fueron capturadas enormes fuerzas militares – al parecer, no existe ningún ejército de Kolchak. Actualmente, en el sur, donde Denikin tuvo la oportunidad de alardear de éxitos, vemos allí una ofensiva cada vez más fuerte de nuestro Ejército Rojo. Ustedes saben que Kiev, Poltava y Járkov han sido tomadas y nuestro avance hacia la cuenca del Donets, fuente de carbón, se produce con una rapidez enorme.

Así pues, vemos, camaradas, que todas esas inauditas y pesadas calamidades que la clase obrera ha soportado por la victoria completa sobre el capital, que todos esos sacrificios han llegado a recompensarse plenamente. Vemos cómo en el extranjero, donde los capitalistas hasta ahora han prestado ayuda con millones de rublos y toda clase de suministros militares primero a Kolchak, y luego a Yudénich y Denikin, vemos cómo han vacilado.

Ustedes saben que aislaron a Rusia de los demás países con un anillo de hierro de bloqueo, saben que no dejaban salir a nuestros representantes al extranjero. Ustedes saben que el camarada Litvínov, uno de los revolucionarios que ya antes de 1905 luchó con los bolcheviques contra el zarismo, ustedes saben que cuando se encontraba en Inglaterra como embajador, no había allí una sola reunión obrera en la que Litvínov no fuera recibido con tales aplausos y con tal estallido de protesta contra su propio gobierno, que los ingleses se apresuraron a expulsar al camarada Litvínov. Y ahora esos mismos, que odian con toda su alma a Litvínov, le han dado permiso para viajar a Copenhague y no solo permiso, sino también la posibilidad de viaje (el camarada Litvínov llegó allí en un crucero inglés). Y sabemos que cada día de estancia del camarada Litvínov en Copenhague es una victoria mayor y mayor de Rusia. Allí se dirigen constantemente a él representantes de los obreros, así como corresponsales de miles de periódicos burgueses, pidiendo explicaciones sobre en qué consiste ese viraje. Y sabemos que ese viraje consiste en que la burguesía occidental no puede continuar su bloqueo, ayudar con millones de rublos a los generales contrarrevolucionarios rusos, porque el obrero de cada uno de esos países ricos y avanzados no se lo permite.

Quizás la expresión más evidente de ese cambio radical que se ha producido en la política de los países europeos sea la votación de los diputados en la cámara italiana, de la que sabemos por una comunicación transmitida por radio de Francia a América e interceptada por nuestra estación de radio. Esa comunicación consistía en que en la cámara italiana se discutió la cuestión rusa, y cuando los socialistas propusieron reconocer inmediatamente a la República Soviética, su propuesta obtuvo cien votos, mientras que en contra hubo doscientos; es decir, solo los obreros estaban a favor de reconocer la República Soviética, mientras que todos los representantes de la burguesía lo rechazaron. Y después de esto, toda la cámara italiana acordó por unanimidad que el gobierno de Italia exigiera de los aliados el cese total del bloqueo y el cese total de toda injerencia en los asuntos rusos. He aquí una decisión adoptada por la cámara de diputados, compuesta en dos terceras partes, si no en tres cuartas partes, por terratenientes y capitalistas, adoptada en uno de los países vencedores, adoptada bajo la presión del simple movimiento obrero.

Esta decisión muestra claramente que realmente se avecina un cambio radical en la política internacional, que las enormes fuerzas internas del movimiento obrero de cada país han llevado efectivamente a aquello en lo que siempre esperamos, aquello que señalábamos a los obreros de Rusia, por lo que – les decíamos – vale la pena y es necesario hacer los pesados sacrificios de la lucha, por lo que se recompensarán las calamidades y los tormentos que soportamos, padeciendo hambre y frío. Pues con ello no solo salvamos a la Rusia Soviética, sino que atraemos hacia nosotros, cada semana de lucha, la simpatía y el apoyo de millones y millones de obreros de otros países. Y he aquí por qué, en el momento actual, cuando recordamos a nuestros caídos camaradas y héroes de la Presnia Roja, de ese recuerdo sacamos todos una mayor entereza, una firme decisión de la próxima victoria.

Nosotros, a pesar de todas las dificultades y sacrificios, llegaremos nosotros mismos y llevaremos a los obreros de todos los países a la victoria completa sobre el capital. (Aplausos.)

Breve informe periodístico publicado el 20 de diciembre de 1919 en "Izvestia del VTSIK" nº 286

Publicado por primera vez completamente en 1950 en la 4ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 30

Se imprime según la transcripción taquigráfica