¡Camaradas! Sabéis que lo que nos ha reunido hoy no solo es el deseo de celebrar que la mayoría de vosotros habéis terminado los cursos de la escuela soviética, sino también la circunstancia de que cerca de la mitad de toda vuestra promoción ha tomado la decisión de partir al frente para prestar una ayuda nueva, extraordinaria y sustancial a las tropas que luchan en el frente.

¡Camaradas! Sabemos perfectamente qué inmensas dificultades ocasiona a toda nuestra administración, tanto en la ciudad como, especialmente, en los campos, la falta de camaradas experimentados e informados. Sabemos perfectamente que aquellos obreros avanzados de Petrogrado, Moscú, Ivánovo-Voznesensk y otras ciudades, aquellos camaradas avanzados que hasta ahora han llevado sobre sus hombros, se podría decir, el peso principal de la dirección del país en condiciones increíblemente difíciles, el peso principal de la unión de los obreros y los campesinos y de su dirección, sabemos perfectamente que están extraordinariamente agotados por las exigencias, a veces sobrehumanas, que les plantea la defensa de la República Soviética. Por eso, la posibilidad de reunir aquí a varios cientos de obreros y campesinos, darles la oportunidad de estudiar sistemáticamente durante varios meses, cursar un programa de conocimientos soviéticos, para que salgan de aquí juntos, organizados, cohesionados, conscientes para la administración, para corregir esos inmensos defectos que aún persisten – esta posibilidad representa para nosotros un valor inmenso, y con extraordinaria dificultad, con extraordinaria reticencia y tras largas vacilaciones, decidimos que cerca de la mitad de la presente promoción se dedique al trabajo en el frente. Pero las condiciones que se han creado en el frente son tales que no quedaba elección. Y pensamos que la decisión que se ha tomado voluntariamente y cuyo objetivo es enviar al frente a una serie más de los mejores representantes, que serían muy útiles en toda la labor administrativa y de construcción, esta decisión está dictada por circunstancias de absoluta necesidad.

¡Camaradas! Permitidme que me detenga brevemente en la situación que se ha creado ahora en los distintos frentes, para que podáis juzgar hasta qué punto es apremiante esta necesidad.

En muchísimos frentes, que antes eran muy importantes y en los que el enemigo depositaba inmensas esperanzas, precisamente en los últimos tiempos la cosa se encamina hacia una victoria completa y, según todos los indicios, definitiva a nuestro favor. En el Frente Norte, donde la ofensiva sobre Múrmansk prometía al enemigo ventajas especialmente grandes, donde desde hacía tiempo los ingleses habían concentrado fuerzas inmensas y magníficamente armadas, donde a nosotros, faltos de víveres y pertrechos, nos era increíblemente difícil luchar – allí, parecía, los imperialistas de Inglaterra y Francia debían tener brillantes perspectivas. Y precisamente allí resultó que toda la ofensiva del enemigo se derrumbó definitivamente. Los ingleses tuvieron que retirar sus tropas, y ahora vemos la plena confirmación de que los obreros ingleses no quieren la guerra con Rusia y, incluso ahora, cuando en Inglaterra aún no hay lucha revolucionaria, son capaces de ejercer tal influencia sobre su gobierno de depredadores y saqueadores que lo obligan a retirar las tropas de Rusia. Este frente, que era especialmente peligroso porque el enemigo se encontraba allí en las condiciones más ventajosas, al disponer de una vía marítima, se vieron obligados a cederlo. Allí quedan fuerzas insignificantes de los guardias blancos rusos, que no tienen casi ninguna importancia.

Tomad otro frente: el de Kolchak. Sabéis que cuando las tropas de Kolchak avanzaban hacia el Volga, la prensa capitalista europea se apresuró a anunciar al mundo la caída del poder soviético y el reconocimiento de Kolchak como gobernante supremo de Rusia. Pero no tuvo tiempo la carta solemne de ese reconocimiento de llegar al propio Kolchak, cuando nuestras tropas lo expulsaron hacia Siberia, y sabéis que nos aproximábamos a Petropávlovsk y al Irtish, y Kolchak tuvo que distribuir sus fuerzas de otra manera a como había previsto. Hubo un momento en que tuvimos que retirarnos, porque los obreros y campesinos locales se retrasaron con su movilización. Pero las informaciones que recibimos de la retaguardia de Kolchak dicen que en él hay un indudable desmoronamiento, y la población se levanta contra él en masa, incluso los campesinos acomodados. Y nos acercamos a que el último baluarte de las fuerzas de Kolchak sea destruido, y con ello concluiremos el año de revolución durante el cual toda Siberia estuvo bajo el poder de Kolchak, cuando le ayudaron los eseristas y los mencheviques, que una vez más protagonizaron la historia del acuerdo con el gobierno burgués. Sabéis que a Kolchak prestaba ayuda toda la burguesía europea. Sabéis que la línea siberiana estaba custodiada por polacos, checos, había italianos y oficiales voluntarios americanos. Todo lo que podía paralizar la revolución, todo acudió en ayuda de Kolchak. Y todo esto se derrumbó, porque los campesinos, los campesinos siberianos, que son los menos influenciables por el comunismo porque lo observan menos, recibieron una lección tal de Kolchak, una comparación práctica tal (y los campesinos gustan de las comparaciones prácticas), que podemos decir: Kolchak nos dio millones de partidarios del poder soviético en las regiones más alejadas de los centros industriales, donde nos habría sido difícil ganarlos. Así terminó el poder de Kolchak, y por eso en este frente nos sentimos más firmes.

En el Frente Occidental vemos que la ofensiva de los polacos llega a su fin. Recibían ayuda de Inglaterra, Francia y América, que se esforzaban por avivar el viejo odio de Polonia hacia los opresores granrusos, intentando trasladar el odio, cien veces merecido, de los obreros polacos hacia los terratenientes y zares, a los obreros y campesinos rusos, haciéndoles pensar que los bolcheviques, igual que los chovinistas rusos, sueñan con la conquista de Polonia. Y por un tiempo este engaño les resultó. Pero tenemos signos definidos de que el tiempo en que actuó este engaño está pasando, que entre las tropas polacas comienza la descomposición. Y las noticias americanas, que de ningún modo se pueden sospechar de simpatía por el comunismo, confirman que entre los campesinos polacos se intensificaban cada vez más las exigencias de terminar la guerra hacia el primero de octubre cueste lo que cueste, y que estas aspiraciones son apoyadas incluso por los más patrioteros de los socialchovinistas polacos (PPS){93}, que ocupan el lugar de nuestros mencheviques y eseristas, oponiendo una resistencia cada vez más intensa a su gobierno. En este tiempo, el estado de ánimo de los polacos ha cambiado mucho.

Quedan dos frentes: el de Petrogrado y el del Sur, donde se desarrollan los acontecimientos más serios. Pero también aquí todos los indicios hablan de que el enemigo reúne sus últimas fuerzas. Tenemos comunicaciones precisas de que en Inglaterra el ministro de Guerra Churchill y el partido de los capitalistas emprendieron esta aventura militar sobre Petrogrado para mostrar la posibilidad de acabar rápidamente con la Rusia Soviética, y que allí la prensa inglesa considera esta aventura como la última baza de los chovinistas y del ministro Churchill, contra la indudable voluntad de la mayoría de la población.

Podemos considerar la invasión de Petrogrado como una medida de ayuda a Denikin. De esto podemos concluir por la situación en el Frente de Petrogrado.

Sabéis que los gobiernos letón, lituano y estonio nos respondieron aceptando la propuesta de iniciar negociaciones de paz. Y es natural que estas últimas noticias provocaran vacilaciones en nuestras tropas, suscitaran en ellas la esperanza de que la guerra termina. Las negociaciones ya han comenzado. Y en ese momento Inglaterra reunió los restos de sus barcos y desembarcó a varios miles de guardias blancos, que fueron dotados de magníficos medios técnicos. Pero no pueden introducirlos en nuestro país sin adormecer al pueblo con engaños, porque en Inglaterra y Francia hubo casos en que los intentos de cargar pertrechos militares en los barcos terminaron en fracaso, pues los obreros portuarios organizaban huelgas y decían que no permitirían los barcos que llevaban pertrechos destructivos a la Rusia Soviética. Y los imperialistas ingleses tenían que tomar estos pertrechos de otros países, engañando a su pueblo. No es de extrañar, por tanto, que lanzaran contra la Rusia Soviética a varios cientos o miles de oficiales guardias blancos rusos. En Inglaterra existen campamentos donde retienen a estos oficiales guardias blancos, los alimentan y los entrenan para la invasión de Rusia, diciendo luego que esto es una guerra interna provocada por el terror de los bolcheviques. Los campamentos, que antes se llenaban con nuestros prisioneros, están ahora llenos de oficiales guardias blancos rusos. Esto es lo que provocó que, cuando esperábamos un armisticio por parte de Lituania y Letonia, el enemigo obtuviera en los primeros días tan grandes éxitos, lanzando estas fuerzas sobre el Frente de Petrogrado. Ahora sabéis que en el Frente de Petrogrado se ha producido un punto de inflexión. Sabéis por las comunicaciones de Zinóviev y Trotski que las pérdidas ya han sido repuestas, que las vacilaciones anteriores han llegado a su fin, que nuestras tropas avanzan y avanzan con éxito, superando la más desesperada resistencia. Estos combates se distinguen por una extraordinaria encarnizamiento. El camarada Trotski me comunicó por teléfono desde Petrogrado que en Detskoe Seló, que tomamos recientemente, desde casas aisladas disparaban los guardias blancos y la burguesía restante, ofreciendo la más tenaz resistencia, mayor que en todos los combates anteriores. El enemigo siente que se produce un punto de inflexión en toda la guerra y que Denikin se encuentra en una situación en la que hay que ayudarle y distraer nuestras fuerzas dirigidas contra él. No lo han logrado, se puede decir con certeza. Todo lo que hemos ayudado a Petrogrado fue tomado sin el más mínimo debilitamiento del Frente Sur. Ninguna unidad fue desviada hacia el Frente de Petrogrado desde el sur, y esa victoria que hemos comenzado a realizar y que llevaremos hasta el final será realizada sin el más mínimo debilitamiento del Frente Sur, en el que se decidirá el desenlace de la guerra contra los terratenientes y los imperialistas. El desenlace será allí, en el Frente Sur, en un futuro próximo.

Camaradas, sabéis que en el Frente Sur, por un lado, el enemigo se apoyaba sobre todo en los cosacos, que luchaban por sus privilegios, y por otro lado, allí se formaron la mayoría de los regimientos del ejército voluntario, que, llenos de indignación y furia, luchaban por los intereses de su clase, por la restauración del poder de los terratenientes y capitalistas. Aquí, por tanto, nos espera dar el combate decisivo, y aquí vemos lo mismo que vimos en el ejemplo de Kolchak, que obtuvo al principio enormes victorias, pero cuanto más avanzaban los combates, más se reducían las filas de los oficiales y del kulak consciente, que constituían la fuerza principal de Kolchak, y más tenía que tomar obreros y campesinos. Ellos saben hacer la guerra con manos ajenas, ellos mismos no gustan de sacrificarse y prefieren que los obreros arriesguen la cabeza por sus intereses. Y cuando Kolchak tuvo que ampliar su ejército, esa ampliación llevó a que cientos de miles pasaran a nuestro lado. Decenas de oficiales guardias blancos y cosacos, desertores de Kolchak, decían que se habían convencido de que Kolchak vendía a Rusia al por mayor y al por menor, y, aunque no compartían las ideas bolcheviques, se pasaban al lado del Ejército Rojo. Así terminó Kolchak, así terminará Denikin. Hoy habéis podido leer en los periódicos de la tarde sobre levantamientos en la retaguardia de Denikin: Ucrania se enciende. Tenemos comunicación sobre los acontecimientos en el Cáucaso, donde los montañeses, llevados a la desesperación, se lanzaron a la ofensiva y despojaron a los regimientos de Shkuró, quitándoles fusiles y pertrechos. Ayer recibimos una radio extranjera que se veía obligada a reconocer que la situación de Denikin es difícil: tiene que lanzar a la batalla sus mejores fuerzas, porque Ucrania arde y en el Cáucaso hay insurrección. Se acerca el momento en que Denikin tiene que jugarse todo a una carta. Nunca hubo combates tan sangrientos y encarnizados como los de Oriol, donde el enemigo lanza sus mejores regimientos, los llamados «kornilovistas», donde una tercera parte está compuesta por los oficiales más contrarrevolucionarios, más entrenados, los más furiosos en su odio hacia los obreros y campesinos, que defienden la restauración directa de su propio poder terrateniente. He aquí por qué tenemos motivos para pensar que ahora se acerca el momento decisivo en el Frente Sur. La victoria en Oriol y Vorónezh, donde continúa la persecución del enemigo, ha demostrado que también aquí, como en Petrogrado, se ha producido el punto de inflexión. Pero necesitamos que nuestra ofensiva, de pequeña y parcial, se convierta en masiva, enorme, que lleve la victoria hasta el final.

He aquí por qué, por muy pesado que sea para nosotros este sacrificio – el envío al frente de centenares de alumnos de los cursos reunidos aquí y notoriamente necesarios para el trabajo en Rusia –, hemos accedido, sin embargo, a vuestro deseo. Allí, en los frentes del Sur y de Petrogrado, en las próximas semanas, si no semanas, sí en todo caso meses, se decide la suerte de la guerra. En un momento así, todo comunista consciente debe decirse: mi lugar está allí, delante de los demás en el frente, donde es precioso cada comunista consciente que ha pasado por la escuela.

Si en las tropas se ha producido una vacilación, esta ha sido provocada porque el pueblo está cansado de la guerra. Sabéis perfectamente qué hambre, devastación y tormento ha soportado durante estos dos años el obrero y el campesino en la lucha contra los imperialistas de todo el mundo. Sabéis que los más cansados no soportan mucho tiempo la tensión, y de ese momento se aprovecha el enemigo, que tiene mejores comunicaciones, estado mayor y no tiene traidores, y golpea con todas sus fuerzas. Esto es lo que provocó los fracasos en el Frente Sur. Por eso ahora los representantes más conscientes de los obreros y campesinos, instruidos en los cursos militares y en cursos como los vuestros, deben partir organizada, cohesionadamente, dividiéndose en grupos grandes o pequeños de acuerdo con las autoridades militares, distribuyéndose las obligaciones, para ayudar a las tropas entre las que ha aparecido cierta inestabilidad, donde es más fuerte la presión de los enemigos. Cada vez, durante los dos años de existencia del poder soviético, cuando se notaba cierta inestabilidad entre la masa campesina, que no veía ni conoce el trabajo soviético, recurríamos en busca de ayuda a la parte más organizada del proletariado urbano y recibíamos de él el apoyo más heroico.

Hoy he visto a los camaradas obreros de Ivánovo-Voznesensk, que han separado hasta la mitad del número total de trabajadores responsables del partido para enviarlos al frente. Me contaba hoy uno de ellos con qué entusiasmo los despedían decenas de miles de obreros no partidarios y cómo se acercó a ellos un viejo, no partidario, y dijo: «No os preocupéis, marchaos, vuestro lugar está allí, y nosotros aquí nos las arreglaremos por vosotros». He aquí que cuando entre los obreros no partidarios surge tal estado de ánimo, cuando las masas no partidarias, que aún no se orientan plenamente en las cuestiones políticas, ven que enviamos al frente a los mejores representantes del proletariado y del campesinado, donde asumen las obligaciones más difíciles, más responsables y pesadas y donde les tocará en las primeras filas soportar la mayor cantidad de sacrificios y perecer en combates desesperados, el número de nuestros partidarios entre los obreros y campesinos no partidarios atrasados crece diez veces, y con las tropas vacilantes, debilitadas, cansadas ocurren verdaderos milagros.

He aquí, camaradas, la gran, pesada y difícil tarea que recae sobre vuestros hombros. Para los que parten al frente como representantes de los obreros y campesinos, no puede haber elección. Su consigna debe ser: muerte o victoria. Cada uno de vosotros debe saber acercarse a los soldados rojos más atrasados, más incultos, para explicarles la situación en el lenguaje más comprensible, desde el punto de vista del hombre trabajador, ayudarles en el momento difícil, eliminar toda vacilación, enseñarles a luchar con las múltiples manifestaciones de sabotaje, apatía, engaño o traición. Sabéis que aún hay muchas manifestaciones de este tipo en nuestras filas y en el estado mayor. Aquí se necesitan aquellos que han pasado un cierto curso de ciencia, entienden la situación política y saben prestar ayuda a las amplias masas de obreros y campesinos en su lucha contra la traición o el sabotaje. Además del valor personal, el poder soviético espera de vosotros que prestéis una ayuda integral a estas masas, que detengáis toda vacilación entre ellas y mostréis que el poder soviético tiene fuerzas a las que recurre en todo momento difícil. De esas fuerzas disponemos en cantidad suficiente.

Ahora, repito, tenemos que ir a este gran sacrificio solo porque este es el frente principal y último, donde según todos los indicios en las próximas semanas o meses se decidirá la suerte de toda la guerra civil. Aquí podemos asestar de una vez para siempre al enemigo un golpe del que no se recuperará. Y después de la sangrienta lucha contra los guardias blancos, lucha que ellos nos han impuesto, pasaremos, por fin, a nuestra obra, la obra de la verdadera construcción, más libres, con energía decuplicada. He aquí por qué, camaradas, saludo a aquellos de vosotros que asumen ahora esta tarea dificilísima y grandiosa de luchar hasta el final en las filas de vanguardia en el frente, y me despido de ellos con la plena seguridad de que nos traerán la victoria completa y definitiva.

«Pravda» n.º 240 y 241, 26 y 28 de octubre de 1919, e «Izvestia del VTsIK» n.º 240, 241, 242; 26, 28 y 29 de octubre de 1919.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».