La Semana del Partido{88} en Moscú ha coincidido con una época difícil para el Poder Soviético. Los éxitos de Denikin han provocado un desesperado recrudecimiento de las conspiraciones por parte de los terratenientes, los capitalistas y sus amigos, un recrudecimiento de los esfuerzos de la burguesía por sembrar el pánico, por quebrantar por todos los medios la firmeza del Poder Soviético. Los pequeñoburgueses vacilantes, inestables, inconscientes, y con ellos los intelectuales, los eseristas, los mencheviques, se han vuelto, como suele ocurrir, aún más inestables y han sido los primeros en dejarse amedrentar por los capitalistas.

Pero yo creo que la coincidencia de la Semana del Partido en Moscú con un momento difícil nos resulta más bien ventajosa, porque es más útil para la causa. Necesitamos la Semana del Partido no para hacer un alarde. Miembros del partido para la galería no los necesitamos ni regalados. El único partido gubernamental del mundo que se preocupa no de aumentar el número de sus miembros, sino de elevar su calidad, de depurar el partido de los «advenedizos», es nuestro partido: el partido de la clase obrera revolucionaria. No una vez hemos realizado la reelección de los miembros del partido para expulsar a esos «advenedizos», para dejar en el partido solamente a los conscientes y sinceramente entregados al comunismo{89}. Nos hemos valido también de las movilizaciones para el frente y de los sábados comunistas para depurar el partido de aquellos que sólo quieren «aprovecharse» de las ventajas que da la condición de miembros del partido gobernante, que no quieren soportar la carga del trabajo abnegado en beneficio del comunismo.

Y ahora, cuando se realiza una movilización intensiva para el frente, la Semana del Partido es buena porque no tienta a los que desean adherirse. Al partido llamamos en gran número solamente a los obreros de filas y a los campesinos más pobres, a los campesinos trabajadores, y no a los campesinos especuladores. A estos miembros de filas no les prometemos ni les damos ventaja alguna por su ingreso en el partido. Al contrario, sobre los miembros del partido recae ahora un trabajo más pesado que de ordinario y más peligroso.

Tanto mejor. Irán al partido solamente los partidarios sinceros del comunismo, solamente los fieles entregados de corazón al Estado obrero, solamente los trabajadores honrados, solamente los verdaderos representantes de las masas oprimidas bajo el capitalismo.

Solamente tales miembros del partido necesitamos nosotros.

No para hacer propaganda, sino para un trabajo serio necesitamos nosotros a los nuevos miembros del partido. A ellos los llamamos al partido. A los trabajadores les abrimos de par en par sus puertas.

El Poder Soviético es el poder de los trabajadores, que lucha por el derrocamiento completo del yugo del capital. A esta lucha se ha levantado en primer lugar la clase obrera de las ciudades y de los centros fabriles. Ella ha obtenido la primera victoria y ha conquistado el poder del Estado.

Ella incorpora a su lado a la mayoría de los campesinos. Pues del lado del capital, del lado de la burguesía, sólo tira el campesino comerciante, el campesino especulador, y no el campesino trabajador.

Los obreros más desarrollados, más conscientes, los obreros de Petrogrado, han aportado la mayor cantidad de fuerzas para administrar Rusia. Pero sabemos que entre los obreros de filas y los campesinos hay muchísimas personas entregadas a los intereses de la masa trabajadora y capaces de realizar un trabajo de dirección. Entre ellos hay muchos talentos de organizadores y administradores, a los que el capitalismo no dejaba salir adelante, a los que nosotros ayudamos y debemos ayudar por todos los medios a destacarse y a emprender la obra de la edificación del socialismo. Encontrar estos nuevos talentos, modestos, poco visibles, no es fácil. No es fácil atraer al trabajo del Estado a los obreros y campesinos de filas, a quienes durante siglos han oprimido y atemorizado los terratenientes y los capitalistas.

Pero precisamente este trabajo difícil tenemos que realizarlo, tenemos que realizarlo forzosamente, para extraer más hondo nuevas fuerzas de la clase obrera, del campesinado trabajador.

¡Id al partido, camaradas obreros no miembros del partido y campesinos trabajadores! No os prometemos ventajas por ello, os llamamos a un trabajo difícil, al trabajo de la edificación del Estado. Si sois partidarios sinceros del comunismo, emprender con más audacia ese trabajo, no temáis su novedad y su dificultad, no os turbéis por el viejo prejuicio de que ese trabajo está solamente al alcance de quienes han cursado estudios oficiales. Eso es falso. Dirigir la obra de la edificación del socialismo pueden y deben, en número cada vez mayor, los obreros de filas y los campesinos trabajadores.

La masa de los trabajadores está con nosotros. En esto radica nuestra fuerza. En esto reside la fuente de la invencibilidad del comunismo mundial. Más trabajadores nuevos procedentes de la masa en las filas del partido, para una participación independiente en la edificación de la nueva vida: tal es nuestro procedimiento de lucha contra todas las dificultades, tal es nuestro camino hacia la victoria.

11 de octubre de 1919.

«Pravda» n.º 228 e «Izvestia del VTsIK» n.º 228, 12 de octubre de 1919.
Firmado: I. Lenin

Se imprime según el manuscrito