¡Camaradas! Las tropas rojas han liberado de Kolchak todos los Urales y han comenzado la liberación de Siberia. Los obreros y campesinos de los Urales y de Siberia reciben con entusiasmo al poder soviético, porque barre con escoba de hierro a toda la canalla terrateniente y capitalista, que ha atormentado al pueblo con exacciones, vejaciones, azotes, restauración de la opresión zarista.

Nuestro entusiasmo común, nuestra alegría por la liberación de los Urales y la entrada de las tropas rojas en Siberia no deben permitirnos tranquili-zarnos. El enemigo está lejos aún de ser aniquilado. Ni siquiera está definitivamente quebrantado.

Hay que tensar todas las fuerzas para expulsar a Kolchak y a los japoneses con los demás bandidos extranjeros de Siberia, y es necesario un esfuerzo aún mayor para aniquilar al enemigo, para no permitirle que una y otra vez comience su obra de bandidaje.

¿Cómo lograr esto?

La dura experiencia vivida por los Urales y Siberia, lo mismo que la experiencia de todos los países atormentados por la guerra imperialista de cuatro años, no deben pasar en vano para nosotros.

He aquí las cinco lecciones principales que todos los obreros y campesinos, todos los trabajadores, deben extraer de esta experiencia para ponerse a cubierto de la repetición de las calamidades del kolchakovismo.

**Primera lección.** Para defender el poder de los obreros y campesinos de los bandidos, es decir, de los terratenientes y capitalistas, necesitamos un Ejército Rojo poderoso. Hemos demostrado no con palabras, sino con hechos, que podemos crearlo, que hemos aprendido a dirigirlo y a vencer a los capitalistas, a pesar de la espléndida ayuda en armas y pertrechos que reciben de los países más ricos del mundo. Los bolcheviques lo han demostrado con los hechos. Todos los obreros y campesinos deben creerles –si son conscientes– no por la palabra (creer por la palabra es estúpido), sino basándose en la experiencia de millones y millones de personas en los Urales y en Siberia. La tarea de unir el armamento de los obreros y campesinos con el mando de los antiguos oficiales, que en su mayoría simpatizan con los terratenientes y capitalistas, es una tarea dificilísima. Sólo puede resolverse con una magnífica capacidad de organización, con una disciplina estricta y consciente, con la confianza de las amplias masas en el núcleo dirigente de los comisarios obreros. Los bolcheviques resolvieron esta dificilísima tarea: las traiciones de antiguos oficiales son muchas entre nosotros, y sin embargo el Ejército Rojo no sólo está en nuestras manos, sino que ha aprendido a vencer a los generales del zar y a los generales de Inglaterra, Francia y América.

Por eso, todo aquel que quiera seriamente librarse del kolchakovismo debe dedicar todas sus fuerzas, todos los medios, toda su capacidad por entero a la causa de crear y fortalecer el Ejército Rojo. Cumplir no por miedo, sino por conciencia todas las leyes sobre el Ejército Rojo, todas las órdenes, mantener la disciplina en él por todos los medios, ayudar al Ejército Rojo con todo lo que cada cual pueda ayudar: he aquí el primer deber básico y principal de todo obrero y campesino consciente que no desee el kolchakovismo.

Hay que temer como al fuego la partisanería, la arbitrariedad de los destacamentos aislados, la desobediencia al poder central, pues esto lleva a la perdición: los Urales, Siberia y Ucrania lo han demostrado.

Quien no ayuda total y abnegadamente al Ejército Rojo, quien no sostiene con todas sus fuerzas el orden y la disciplina en él, es un traidor y un renegado, es un partidario del kolchakovismo, debe ser exterminado sin piedad.

Con un Ejército Rojo fuerte somos invencibles. Sin un ejército fuerte, somos víctima inevitable de Kolchak, Denikin, Yudénich.

**Segunda lección.** El Ejército Rojo no puede ser fuerte sin grandes reservas estatales de grano, porque sin esto no se puede ni mover libremente al ejército ni prepararlo como es debido. Sin esto no se puede mantener a los obreros que trabajan para el ejército.

Todo obrero y campesino consciente debe saber y recordar que la causa principal de los insuficientemente rápidos y sólidos éxitos de nuestro Ejército Rojo consiste ahora precisamente en la falta de reservas estatales de grano. Quien no entrega al Estado los excedentes de grano, ayuda a Kolchak, es un traidor y un renegado de los obreros y campesinos, es culpable de la muerte y los sufrimientos de decenas de miles de obreros y campesinos más en el Ejército Rojo.

Los estafadores, especuladores y campesinos completamente oscuros razonan así: es mejor vender el grano a precio libre, obtendré mucho más que al precio fijo que da el Estado.

Pero la cuestión es que de la venta libre crece la especulación, se enriquecen unos pocos, se sacian sólo los ricos, mientras la masa obrera pasa hambre. Esto lo hemos visto en la práctica en los lugares más ricos en grano de Siberia y Ucrania.

Con la venta libre del grano triunfa el capital, y el trabajo pasa hambre y sufre privaciones.

Con la venta libre del grano el precio sube hasta miles de rublos por pud, el dinero se deprecia, gana un puñado de especuladores, el pueblo se empobrece.

Con la venta libre del grano las reservas estatales están vacías, el ejército es impotente, la industria muere, la victoria de Kolchak o de Denikin es inevitable.

Por la venta libre del grano están conscientemente sólo los ricos, sólo los más enconados enemigos del poder obrero y campesino. Quien por su oscuridad está por la venta libre del grano, debe aprender del ejemplo de Siberia y Ucrania y comprender por qué la venta libre del grano significa la victoria de Kolchak y Denikin.

Hay aún campesinos oscuros que razonan así: que primero me dé el Estado a cambio del grano buenas mercancías a precio de antes de la guerra, entonces entregaré los excedentes de grano, si no, no los entrego. Y con este razonamiento, los estafadores y partidarios de los terratenientes a menudo «pescan» a los campesinos oscuros con el anzuelo.

No es difícil comprender que el Estado obrero, que los capitalistas arruinaron por completo con la guerra depredadora de cuatro años por Constantinopla y que luego, por venganza, siguen arruinando los Kolchak, los Denikin con ayuda de los capitalistas de todo el mundo, –no es difícil comprender que el Estado obrero no puede dar ahora mercancías a los campesinos, porque la industria está paralizada. No hay grano, no hay combustible, no hay industria.

Todo campesino razonable estará de acuerdo en que al obrero hambriento hay que dar los excedentes de grano en préstamo a condición de recibir productos de la industria.

Así es también ahora. Todos los campesinos conscientes, razonables, todos, excepto los estafadores y especuladores, estarán de acuerdo en que hay que entregar en préstamo al Estado obrero todos los excedentes de grano por completo, porque entonces el Estado restaurará la industria y dará productos industriales a los campesinos.

¿Creerán los campesinos al Estado obrero para darle sus excedentes de grano en préstamo? –podrían preguntarnos.

Responderemos: En primer lugar, el Estado da un certificado del préstamo, signos monetarios. En segundo lugar, todos los campesinos saben por experiencia que el Estado obrero, es decir, el poder soviético, ayuda a los trabajadores, lucha contra los terratenientes y capitalistas. Por eso el poder soviético se llama poder obrero y campesino. En tercer lugar, los campesinos no tienen otra elección: creer o al obrero o al capitalista; prestar confianza y préstamo al Estado obrero o al Estado de los capitalistas. No hay otra elección ni en Rusia ni en país alguno del mundo. Cuanto más conscientes se vuelven los campesinos, más firmemente están por los obreros, más sólida es su decisión de ayudar por todos los medios al Estado obrero para hacer imposible el retorno del poder de los terratenientes y capitalistas.

**Tercera lección.** Para aniquilar hasta el fin a Kolchak y Denikin, es necesario observar el más estricto orden revolucionario, es necesario observar santamente las leyes y disposiciones del poder soviético y velar por su cumplimiento por parte de todos.

Con el ejemplo de las victorias de Kolchak en Siberia y los Urales hemos visto todos claramente cómo el más mínimo desorden, la más mínima violación de las leyes del poder soviético, la más mínima desatención o negligencia sirven inmediatamente para fortalecer a los terratenientes y capitalistas, para sus victorias. Porque los terratenientes y capitalistas no han sido aniquilados y no se consideran vencidos: todo obrero y campesino razonable ve, sabe y comprende que sólo han sido derrotados y se han escondido, se han ocultado, se han disfrazado muy a menudo con el color «protector» «soviético». Muchos terratenientes se han colado en las haciendas soviéticas, los capitalistas –en diferentes «glavkis» y «centros», en los empleados soviéticos; a cada paso acechan los errores del poder soviético y sus debilidades para derribarlo, para ayudar hoy a los checoslovacos, mañana a Denikin.

Hay que estar al acecho por todos los medios y capturar a estos bandidos, terratenientes y capitalistas ocultos, en todos sus escondites, desenmascararlos y castigarlos sin piedad, porque son los enemigos más encarnizados de los trabajadores, hábiles, entendidos, expertos, que esperan pacientemente el momento oportuno para la conspiración; son los saboteadores, que no se detienen ante ningún crimen para perjudicar al poder soviético. Con estos enemigos de los trabajadores, con los terratenientes, capitalistas, saboteadores, blancos, hay que ser implacable.

Y para saber atraparlos, hay que ser hábil, cauto, consciente, hay que vigilar con la máxima atención el más mínimo desorden, la más mínima desviación del cumplimiento honrado de las leyes del poder soviético. Los terratenientes y capitalistas son fuertes no sólo por sus conocimientos y su experiencia, no sólo por la ayuda de los países más ricos del mundo, sino también por la fuerza de la costumbre y la oscuridad de las amplias masas, que quieren vivir «a la antigua» y no comprenden la necesidad de observar estricta y honradamente las leyes del poder soviético.

La más mínima ilegalidad, la más mínima infracción del orden soviético es ya un boquete que inmediatamente aprovechan los enemigos de los trabajadores, –es un asidero para las victorias de Kolchak y Denikin. Es criminal olvidar que el kolchakovismo comenzó con una pequeña imprudencia respecto a los checoslovacos, con una pequeña desobediencia de regimientos aislados.

**Cuarta lección.** Es criminal olvidar no sólo que el kolchakovismo comenzó con pequeñeces, sino también que le ayudaron a nacer y lo apoyaron directamente los mencheviques («socialdemócratas») y los eseristas («socialistas revolucionarios»). Ha llegado la hora de aprender a valorar los partidos políticos por sus hechos y no por sus palabras.

Llamándose a sí mismos socialistas, los mencheviques y eseristas son en realidad cómplices de los blancos, cómplices de los terratenientes y capitalistas. Esto lo han demostrado en la práctica no sólo hechos aislados, sino dos grandes épocas de la historia de la revolución rusa: 1) el kerenshchina y 2) el kolchakovismo. Ambas veces los mencheviques y eseristas, siendo «socialistas» y «demócratas» de palabra, en los hechos desempeñaron el papel de cómplices de la guardia blanca. ¿Acaso seremos tan tontos como para creerles ahora, cuando nos proponen que les permitamos una vez más «probar», llamando a ese permiso «frente único socialista (o democrático)»? ¿Acaso después del kolchakovismo quedarán aún campesinos, excepto algunos aislados, que no comprendan que el «frente único» con mencheviques y eseristas es la unión con los cómplices de Kolchak?

Objetarán: los mencheviques y eseristas han visto su error y han renegado de toda alianza con la burguesía. Pero esto es falso. En primer lugar, los mencheviques y eseristas de derecha ni siquiera han renegado de tal alianza, y no hay un límite definido entre ellos y esos «derechistas», y no lo hay por culpa de los mencheviques y eseristas «de izquierda»; condenando de palabra a sus «derechistas», incluso los mejores mencheviques y eseristas quedan en los hechos impotentes junto a ellos y a pesar de todas sus palabras. En segundo lugar, incluso los mejores mencheviques y eseristas defienden precisamente las ideas de Kolchak, que ayudan a la burguesía y a Kolchak con Denikin, que encubren su sucio y sangriento negocio capitalista. Estas ideas son: el poder del pueblo, el sufragio universal, igual, directo, la Asamblea Constituyente, la libertad de prensa y demás. En todo el mundo vemos repúblicas capitalistas que justifican precisamente con esa mentira «democrática» el dominio de los capitalistas y las guerras por el sometimiento de las colonias. Entre nosotros vemos cómo Kolchak, Denikin, Yudénich y cualquier general distribuyen gustosamente tales promesas «democráticas». ¿Se puede creer a ese hombre que, a causa de promesas verbales, ayuda a un bandido confeso? Los mencheviques y eseristas, todos sin excepción, ayudan a bandidos confesos, a los imperialistas mundiales, embelleciendo con lemas pseudodemocráticos su poder, su campaña contra Rusia, su dominio, su política. Todos los mencheviques y eseristas nos proponen una «alianza» a condición de que hagamos concesiones a los capitalistas y a sus jefes –a Kolchak y Denikin, por ejemplo, que «renunciemos al terror» (cuando contra nosotros está el terror de los multimillonarios de toda la Entente, de toda la unión de los países más ricos, que organizan conspiraciones en Rusia), o que abramos el camino al libre comercio de grano, etc. Estas «condiciones» de los mencheviques y eseristas significan lo siguiente: nosotros, mencheviques, eseristas, vacilamos hacia el lado de los capitalistas, y queremos un «frente único» con los bolcheviques, contra los cuales van los capitalistas, aprovechando toda concesión. ¡No, señores mencheviques y eseristas, busquen ahora ya no en Rusia a personas capaces de creerles! En Rusia los obreros y campesinos conscientes han comprendido que los mencheviques y eseristas son cómplices de los guardias blancos, unos –conscientes y maliciosos, otros –por falta de inteligencia y por persistencia en viejos errores, pero todos –cómplices de los guardias blancos.

**Quinta lección.** Para aniquilar a Kolchak y al kolchakovismo, para no permitir que se levanten de nuevo, todos los campesinos deben hacer sin vacilación la elección a favor del Estado obrero. A los campesinos los asustan (especialmente los mencheviques y eseristas, todos, incluso los «izquierdistas» entre ellos) con el espantajo de la «dictadura de un solo partido», el partido de los bolcheviques-comunistas.

Con el ejemplo de Kolchak los campesinos han aprendido a no temer al espantajo.

O dictadura (es decir, poder de hierro) de los terratenientes y capitalistas, o dictadura de la clase obrera.

Término medio no hay. Sueñan inútilmente con el término medio los hijitos de la nobleza, los intelectualuchos, los señoritos, que han estudiado mal en malos libritos. En ninguna parte del mundo hay término medio ni puede haberlo. O dictadura de la burguesía (encubierta con pomposas frases eseristas y mencheviques sobre el poder del pueblo, la constituyente, las libertades, etc.) o dictadura del proletariado. Quien no haya aprendido esto de la historia de todo el siglo XIX es un idiota sin remedio. Y en Rusia hemos visto todos cómo soñaban con el término medio los mencheviques y eseristas durante el kerenshchina y bajo Kolchak.

¿A quién sirvieron estos sueños? ¿A quién ayudaron? –A Kolchak y Denikin. Los soñadores del término medio son cómplices de Kolchak.

En los Urales y en Siberia los obreros y campesinos compararon en la experiencia la dictadura de la burguesía y la dictadura de la clase obrera. La dictadura de la clase obrera es llevada a cabo por ese partido de los bolcheviques que ya desde 1905 y antes se fusionó con todo el proletariado revolucionario.

Dictadura de la clase obrera significa: el Estado obrero reprimirá sin vacilación a los terratenientes y capitalistas, reprimirá a los traidores y renegados que ayudan a estos explotadores, los vencerá.

El Estado obrero –enemigo implacable del terrateniente y el capitalista, del especulador y el estafador, enemigo de la propiedad privada sobre la tierra y el capital, enemigo del poder del dinero.

El Estado obrero –el único amigo y auxiliar fiel de los trabajadores y del campesinado. Ninguna vacilación hacia el capital, alianza de los trabajadores en la lucha contra él, poder obrero-campesino, poder soviético –esto es lo que significa en la práctica la «dictadura de la clase obrera».

Los mencheviques y eseristas quieren asustar a los campesinos con estas palabras. No lo lograrán. Después de Kolchak los obreros y campesinos incluso en los lugares más apartados han comprendido que estas palabras significan precisamente aquello sin lo cual no se puede salvar de Kolchak.

¡Abajo los vacilantes, los faltos de carácter, los que se dejan llevar hacia la ayuda al capital, los cautivados por las consignas y promesas del capital! Lucha implacable al capital y alianza de los trabajadores, alianza del campesinado con la clase obrera –he aquí la última y más importante lección del kolchakovismo.

24 de agosto de 1919.

«Pravda» № 190 e «Izvestia del VTsIK» № 190, 28 de agosto de 1919. Firma: I. Lenin

Se imprime según el texto del folleto: V. I. Lenin, «Carta a los obreros y campesinos con motivo de la victoria sobre Kolchak», Moscú, 1919.