(Aplausos entusiastas.) Camaradas, permítanme comenzar con aquellos acontecimientos que ustedes leyeron ayer y hoy en las páginas de los periódicos. Se trata de los acontecimientos en Hungría.

Ustedes saben que hasta finales de marzo en Hungría dominaba la «kerenshchina», y solo a finales de marzo los representantes de la kerenshchina se fueron, al comprender que no podían mantenerse, y los socialconciliadores enviaron a sus representantes a la prisión donde en ese momento se encontraba el camarada Béla Kun, que había actuado en su momento también en las filas de nuestro Ejército Rojo. Entraron en negociaciones con él, y el camarada Béla Kun pasó directamente de la prisión al gobierno.

Pero últimamente se recibieron noticias de que dentro del partido socialista en Hungría comenzaba a suceder algo anómalo.

A continuación, el camarada Lenin habla sobre cómo las tropas rumanas entraron en Budapest. Pero no vale especialmente la pena prestar atención a ello.

Así sucedió también con nosotros, dice, en diferentes frentes. Pero tuvimos suficientes fuerzas en la retaguardia para fortalecernos de tal manera que después respondiéramos dignamente a Kolchak, o como respondimos en el frente de Petrogrado. Ustedes saben, nuestras tropas tomaron Yamburg.

El camarada Lenin habla además sobre la experiencia política que hemos realizado durante este tiempo. Tal experiencia, por supuesto, no la tienen los húngaros.

Pero no nos permitiremos desanimarnos, porque sabemos a qué conduce el triunfo temporal del kolchakismo y el denikinismo. Que ahora el kolchakismo rumano baile sobre los cadáveres de los obreros húngaros. Pero sabemos que este triunfo no es duradero. Es cierto que solo la fuerza férrea de los obreros, que brinda ayuda a todo trabajador y castigo a todo especulador, puede salir de esta guerra tan dura.

A continuación, el camarada Lenin habla sobre la actuación de los conciliadores, mencheviques y eseristas en Siberia, quienes acusan ahora al gobierno soviético de táctica incorrecta, pero ellos mismos no pudieron dar un ejemplo de táctica. En esencia, todo lo que sucedió en Siberia, todas aquellas promesas que hicieron los mencheviques y eseristas, solo trajeron sufrimiento tanto a los campesinos como a los obreros. Pero desde el momento en que se firmó la Paz de Versalles, los obreros de Francia, Inglaterra y otros países comienzan cada vez más a comprender la situación.

He aquí por qué los últimos acontecimientos en Hungría, por muy graves que sean, se asemejan a aquellos acontecimientos que ocurrieron en el campamento de Denikin y Kolchak. Estos acontecimientos abrirán los ojos a nuevos cientos de miles de obreros y les señalarán que el capital extiende su mano para cobrar mediante pagarés lo que perdió.

A continuación, el camarada Lenin habla sobre las conspiraciones que crean los mencheviques, los socialistas revolucionarios y los capitalistas para recuperar el poder. Creando conspiraciones, los conspiradores instan al gobierno soviético a renunciar al terror.

¡Pero no, no renunciaremos al terror porque sabemos que eso lleva a la victoria temporal de los Kolchak y los Denikin! En esta guerra, el capital se ha matado a sí mismo. Y esta bestia que ahora agoniza gruñe a los obreros en su agonía. Pero no podrá detener su agonía, ¡morirá! (Vítores atronadores.)

«Izvestia del VTsIK» n.º 173 e «Izvestia del Soviet de Petrogrado» n.º 177, 7 de agosto de 1919.

Se publica según el texto del periódico «Izvestia del VTsIK», cotejado con el texto del periódico «Izvestia del Soviet de Petrogrado».

# Segunda variante

Camaradas, permítanme ahora exponerles aquellos acontecimientos que ocurrieron ante nuestros ojos en Hungría.

Como es sabido, hasta finales de marzo de este año allí dominaba la «kerenshchina» con todas sus delicias. Cuando en aquel momento, el 21 de marzo, se formó de repente allí el poder de los Soviets, y los mencheviques de aquel lugar aceptaron apoyar este poder, se podía pensar que en el socialismo había llegado una nueva era… Pero los últimos acontecimientos nos han mostrado que los socialconciliadores no han cambiado en absoluto. Al parecer, lo que ahora ha sucedido en Hungría repite a gran escala lo que ocurrió recientemente ante nuestros ojos en Bakú{53}.

El camarada Lenin recuerda en vívidas imágenes la trágica historia del proletariado de Bakú, cuando sus sociotraidores pidieron ayuda al mando inglés y, a espaldas de los obreros, entraron en un acuerdo secreto con los imperialistas occidentales. El orador establece una analogía entre esta tragedia de Bakú y el actual golpe de Estado en Hungría, y habla sobre el radiotelegrama del que nos enteramos de que los rumanos ya han entrado en el Budapest rojo.

A continuación, el camarada Lenin compara la situación de Hungría y la Rusia soviética y, tras recordar brevemente todos nuestros fracasos temporales, dice que lo que nos salvó y nos salva es la inmensidad del territorio, mientras que Hungría es demasiado pequeña para poder repeler a todos sus enemigos. Pasando luego a la cuestión de los conciliadores en general, el orador toca también a nuestros partidos socialistas conciliadores rusos y declara:

– Si los conciliadores de Rusia cometieron un error en tiempos de Kerenski, durante seis meses de trabajos prácticos, ¿por qué no corrigieron ese error bajo el kolchakismo en Siberia?

Pero el caso es que los denikinis también nos cantan lo de la Asamblea Constituyente, la contrarrevolución no se presenta abiertamente en ningún lado, y por eso decimos: ningún fracaso temporal, como los últimos acontecimientos en Hungría, nos desanimará. No hay otra salida de todas las desgracias más que la revolución, y solo queda un medio seguro: la dictadura del proletariado. Decimos: cada nueva derrota del Ejército Rojo solo lo templa, lo hace más firme y consciente, porque los obreros y los campesinos ahora han comprendido en la experiencia sangrienta lo que nos trae el poder de la burguesía y los conciliadores. La bestia agonizante del capital mundial hace sus últimos esfuerzos, ¡pero de todos modos morirá! (Vítores atronadores.)

Impreso el 8 de agosto de 1919 en el periódico «Vechernie Izvestia del Soviet de Moscú» n.º 312.

Se publica según el texto del periódico.