Respondo a las cinco preguntas que me han sido formuladas, a condición de que se cumpla la promesa que se me ha hecho por escrito de que mi respuesta será publicada íntegramente en más de cien periódicos de los Estados Unidos de Norteamérica.

1. El gobierno soviético no tuvo un programa gubernamental reformista, sino revolucionario. Las reformas son concesiones obtenidas de la clase dominante, manteniéndose su dominación. La revolución es el derrocamiento de la clase dominante. Por eso los programas reformistas constan generalmente de muchos puntos parciales. Nuestro programa revolucionario se componía, en esencia, de un solo punto general: derribar el yugo de los terratenientes y capitalistas, derribar su poder, liberar a las masas trabajadoras de estos explotadores. Jamás hemos modificado este programa. Las medidas parciales concretas encaminadas a la realización de este programa han sufrido a menudo cambios; su enumeración ocuparía un volumen entero. Señalaré solamente que hay aún otro punto general de nuestro programa gubernamental que ha provocado, quizás, el mayor número de cambios en medidas concretas. Ese punto es: la represión de la resistencia de los explotadores. Después de la revolución del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, ni siquiera cerramos los periódicos burgueses, y no se habló de terror. Liberamos no sólo a muchos ministros de Kerenski, sino incluso a Krasnov, que luchaba contra nosotros. Sólo después de que los explotadores, es decir, los capitalistas, empezaron a desplegar su resistencia, comenzamos a reprimirla sistemáticamente, llegando hasta el terror. Esto fue la respuesta del proletariado a actos de la burguesía como la conspiración conjunta con los capitalistas de Alemania, Inglaterra, Japón, América y Francia para restaurar en Rusia el poder de los explotadores, el soborno con dinero anglo-francés a los checoslovacos, con dinero alemán y francés a Mannerheim, Denikin, etc., etc. Una de las últimas conspiraciones que provocó la «modificación» —concretamente, el reforzamiento del terror contra la burguesía en Petrogrado— fue la conspiración de la burguesía, conjuntamente con los socialrevolucionarios y mencheviques, para la entrega de Petrogrado, la toma de Krasnaya Gorka por oficiales conspiradores, el soborno con capital inglés y francés a empleados de la embajada suiza, junto con muchos empleados rusos, etc.

2. La actividad de nuestra república soviética en Afganistán, la India y otros países musulmanes fuera de Rusia es la misma que nuestra actividad entre los numerosos musulmanes y otras nacionalidades no rusas dentro de Rusia. Hemos dado la posibilidad, por ejemplo, a las masas baskirias de establecer una república autónoma dentro de Rusia, ayudamos por todos los medios al desarrollo independiente y libre de cada nacionalidad, al crecimiento y difusión de la literatura en la lengua materna de cada una, traducimos y propagamos nuestra Constitución soviética, que tiene la desgracia de gustar más a más de mil millones de habitantes de la tierra pertenecientes a las nacionalidades coloniales, dependientes, oprimidas y sin plenos derechos, que la Constitución «europeo-occidental» y americana de los Estados burgueses-«democráticos», que consolida la propiedad privada de la tierra y el capital, es decir, que consolida la opresión de unos pocos capitalistas «civilizados» sobre los trabajadores de sus países y sobre los centenares de millones en las colonias de Asia, África, etc.

3. Con respecto a los Estados Unidos y el Japón, perseguimos ante todo el objetivo político de rechazar su insolente, criminal y rapaz invasión de Rusia, invasión que sólo sirve para enriquecer a sus capitalistas. A ambos Estados hemos hecho repetidas y solemnes ofertas de paz, pero ni siquiera nos han respondido y continúan la guerra contra nosotros, ayudando a Denikin y Kolchak, saqueando Murmansk y Arcángel, devastando y arruinando especialmente Siberia Oriental, donde los campesinos rusos ofrecen una heroica resistencia a los bandidos capitalistas del Japón y los Estados Unidos de Norteamérica.

Nuestro ulterior objetivo político y económico con respecto a todos los pueblos, incluidos los Estados Unidos y el Japón, es uno solo: la unión fraternal con los obreros y trabajadores de todos los países sin excepción.

4. Las condiciones bajo las cuales aceptamos concertar la paz con Kolchak, Denikin y Mannerheim las hemos expuesto muchas veces de forma totalmente precisa, clara y por escrito, por ejemplo, a Bullitt, quien negoció con nosotros (y conmigo personalmente en Moscú) en nombre del gobierno de los Estados Unidos{39}, en una carta a Nansen{40}, etc. No es culpa nuestra si los gobiernos de los Estados Unidos y de otros países temen publicar íntegramente estos documentos, ocultando la verdad al pueblo. Recordaré solamente nuestra condición fundamental: estamos dispuestos a pagar todas las deudas a Francia y a los demás Estados, con tal de que la paz sea real, y no sólo de palabra, es decir, que sea formalmente firmada y ratificada por los gobiernos de Inglaterra, Francia, los Estados Unidos, el Japón e Italia, pues Denikin, Kolchak, Mannerheim y otros son meros peones en manos de estos gobiernos.

5. Lo que más quisiera comunicar a la opinión pública de América es lo siguiente:

En comparación con el feudalismo, el capitalismo representó un paso histórico-universal hacia adelante en el camino de la «libertad», la «igualdad», la «democracia», la «civilización». Pero, no obstante, el capitalismo fue y sigue siendo un sistema de esclavitud asalariada, de esclavización de millones de trabajadores, obreros y campesinos, a una minoría insignificante de esclavistas modernos («moderne»), terratenientes y capitalistas. La democracia burguesa, en comparación con el feudalismo, cambió la forma de esta esclavitud económica, creó un encubrimiento particularmente brillante para ella, pero no cambió ni podía cambiar su esencia. El capitalismo y la democracia burguesa son la esclavitud asalariada.

El gigantesco progreso de la técnica en general, de las vías de comunicación en particular, el colosal crecimiento del capital y de los bancos, han hecho que el capitalismo haya madurado y remaduro. Se ha sobrevivido a sí mismo. Se ha convertido en el más reaccionario freno del desarrollo humano. Se ha reducido al poder omnímodo de un puñado de multimillonarios y millonarios que empujan a los pueblos a la matanza para resolver la cuestión de si al grupo depredador alemán o al anglo-francés debe corresponder el botín imperialista, el dominio sobre las colonias, las «esferas de influencia» financieras o los «mandatos para administrar», etc.

Durante la guerra de 1914–1918, decenas de millones de personas fueron muertas o mutiladas precisamente por esto, únicamente por esto. La conciencia de esta verdad se difunde con fuerza y rapidez incontenibles entre la masa de trabajadores de todos los países —y esto tanto más cuanto que la guerra ha provocado por doquier una ruina inaudita, y por la guerra hay que pagar en todas partes, incluso para los pueblos «vencedores», los intereses de las deudas. ¿Y qué son esos intereses? Son un tributo de miles de millones a los señores millonarios por haber sido tan amables de permitir que decenas de millones de obreros y campesinos se mataran y mutilaran mutuamente para resolver la cuestión del reparto de las ganancias de los capitalistas.

El derrumbe del capitalismo es inevitable. La conciencia revolucionaria de las masas crece en todas partes. Miles de signos lo atestiguan. Uno de los no importantes, pero muy evidentes para el filisteo: las novelas de Henri Barbusse («Le feu» y «Clarté»), quien fue a la guerra siendo el más pacífico, modesto, respetuoso de la ley pequeño burgués, filisteo, hombre de la calle.

Los capitalistas, la burguesía, pueden, en el «mejor» de los casos para ellos, retrasar la victoria del socialismo en tal o cual país a costa de exterminar aún a cientos de miles de obreros y campesinos. Pero salvar al capitalismo no pueden. En su lugar ha surgido la república soviética, que da el poder a los trabajadores, y sólo a los trabajadores, que entrega la dirección de su liberación al proletariado, que suprime la propiedad privada de la tierra, las fábricas y demás medios de producción, porque esa propiedad privada es la fuente de la explotación de muchos por unos pocos, fuente de la miseria de las masas, fuente de las guerras rapaces entre los pueblos, que enriquecen únicamente a los capitalistas.

La victoria de la república soviética internacional está asegurada.

Una pequeña ilustración para terminar: la burguesía americana engaña al pueblo jactándose de libertad, igualdad, democracia en su país. Pero ni esta ni ninguna otra burguesía, ni ningún gobierno del mundo podrá aceptar, se atreverá a aceptar una competición con nuestro gobierno sobre la base de la libertad, la igualdad y la democracia reales: supongamos un tratado que garantice a nuestro gobierno y a cualquier otro la libertad de intercambio… de folletos, editados en nombre del gobierno en cualquier idioma y que contengan el texto de las leyes de ese país, el texto de la constitución, con una explicación de su superioridad sobre las demás.