El camarada Lenin, en un brillante discurso, llama al proletariado de Moscú a tomar parte directa en la lucha contra Kolchak. La última ofensiva de Kolchak, según las palabras del camarada Lenin, está indudablemente urdida por las potencias imperialistas de la Entente. Que es precisamente la Entente la que dirige todos los movimientos de los guardias blancos en las periferias lo testimonia un telegrama recibido ayer del camarada Stuchka: resulta que los alemanes en Curlandia han detenido la ofensiva, pero un acuerdo de paz con ellos es imposible para el Gobierno soviético de Letonia porque Francia, Inglaterra y América exigen a los alemanes que permanezcan en Curlandia y continúen la guerra; los generales están dispuestos a obedecer a los vencedores, pero los soldados se niegan resueltamente a combatir. La última carta de los aliados está perdida. Las victorias en el sur han demostrado que los aliados no tienen fuerzas para hacer la guerra con nosotros, o, mejor dicho, que han perdido el poder sobre sus fuerzas militares. La aventura aliada en el sur terminó con el acto más vergonzoso de saqueo durante la huida de Odesa. Los «civilizados» aliados, que nos acusan de saqueos y violencias, se llevaron de Odesa, sin ningún derecho ni fundamento, toda nuestra flota mercante, condenando así al hambre a la población civil. Ese fue un acto de venganza por los planes derrumbados del imperialismo. Hemos liquidado los frentes Sur y de Crimea y estamos en vísperas de la liquidación del frente del Don. Según las últimas noticias, nos encontramos a 40 verstas de Novocherkassk. Nuestra victoria está asegurada.

La ofensiva de Kolchak, inspirada por los aliados, tiene como objetivo distraer nuestras fuerzas del frente Sur, para dar tiempo a los restos de los destacamentos de los guardias blancos del sur y a los petliuristas a recuperarse, pero no lo lograrán. Ni un solo regimiento, ni una sola compañía tomaremos del frente Sur.

Para el frente Oriental reuniremos nuevos ejércitos, y para ello hemos declarado la movilización. Esta movilización será la última, nos dará la posibilidad de acabar con Kolchak, es decir, terminar la guerra, y esta vez para siempre.

La movilización ahora declarada abarca las gobernaciones no agrícolas, exclusivamente industriales. Al elaborar su plan, se tuvieron en cuenta no solo los intereses militares, sino también los intereses de la agricultura y el abastecimiento. Tomamos a los hombres de las gobernaciones hambrientas y los trasladamos a las regiones cerealeras. En gran medida, esta movilización aliviará la situación alimentaria en las capitales y las gobernaciones del norte. Al conceder a todos los movilizados el derecho de dos paquetes de alimentos al mes para sus familias, damos la posibilidad a la población obrera de recibir pan de sus familiares llevados al frente. Según la información del comisario de correos, los paquetes de alimentos contribuyen significativamente al abastecimiento de las ciudades; en un solo día llegaron 37 vagones de paquetes de alimentos. Los resultados de esta medida serán, sin duda, más sustanciales, más perceptibles que los resultados de la experiencia del año pasado con los «portadores de pood y medio».

La movilización ha sido concebida y elaborada correctamente, pero para que tenga éxito debe ser llevada a cabo no por métodos burocráticos. Hay que recordar que esta movilización juega un papel decisivo y se requiere la tensión de todas las fuerzas para su realización. Cada obrero consciente, cada obrera consciente deben tomar parte directa en ella. No bastan las reuniones y mítines, hace falta una agitación personal, hay que visitar a los movilizados, hay que inculcar a cada uno individualmente que de su valentía, decisión y lealtad depende el fin de la guerra.

La revolución proletaria abarca todos los países del mundo; si los aliados han renunciado de hecho a la intervención militar abierta en los asuntos de Rusia, es porque no pueden dominar a sus ejércitos, que simpatizan instintivamente con la revolución rusa. Tienen miedo de sus soldados y obreros, los protegen de la influencia de la revolución rusa. Últimamente, en los países de la Entente ni siquiera se permiten noticias periodísticas sobre los éxitos del bolchevismo. En Italia se ha creado una barrera a través de la cual ni siquiera pasan las cartas privadas desde Rusia. El camarada Lenin informa que hace unos días recibió una carta del conocido socialista italiano Morgari, que en la conferencia de Zimmerwald era muy moderado. Esta carta fue enviada de manera clandestina, escrita en pequeños trozos de papel, como se hacía en la correspondencia del partido en tiempos del zarismo. En esa carta conspirativa, Morgari escribe: «En nombre del partido italiano, envío el más caluroso saludo a los camaradas rusos y al poder soviético». (Aplausos tormentosos). En Hungría, como se sabe, el gobierno burgués dimitió voluntariamente, liberó voluntariamente de la prisión a Béla Kun, un oficial comunista húngaro que había estado en cautiverio ruso y luchó activamente en las filas de los comunistas rusos, participando en la represión de la sublevación de los socialrevolucionarios de izquierda en julio del año pasado. Ese bolchevique húngaro, perseguido, calumniado y víctima de burlas, es ahora el dirigente de facto del Gobierno soviético húngaro. En comparación con Rusia, Hungría es un país pequeño, pero la revolución húngara desempeñará quizás un papel mayor en la historia que la revolución rusa. En ese país culto se tiene en cuenta toda la experiencia de la revolución rusa, se lleva a cabo firmemente la socialización y, gracias a un terreno más preparado, se erige el edificio del socialismo de manera más planificada y exitosa.

Y he aquí que en un momento en que podemos decir con seguridad que la causa del imperialismo internacional está perdida para siempre, se cierne sobre nosotros el peligro desde el este, por parte de las bandas de guardias blancos encarnizados y desesperados de Kolchak. Hay que acabar con eso. Al acabar con Kolchak, acabamos con la guerra para siempre. Es necesaria la tensión de todas las fuerzas, la participación masiva del proletariado consciente en la movilización. Cada día libre, cada hora libre del obrero y la obrera conscientes deben ser empleados en la agitación personal. Esta tensión no la necesitamos por mucho tiempo, unos cuantos meses, quizás semanas, y será la última y definitiva, pues nuestra victoria es indudable.

«Izvestia del VTsIK» n.º 84, 18 de abril de 1919.

Se imprime según el texto del periódico «Izvestia del VTsIK».