¡Camaradas! Mi informe sobre la situación exterior e interior de la República Soviética tengo que comenzarlo diciendo que precisamente los meses actuales, con la primavera que se avecina, estamos atravesando de nuevo una situación extraordinariamente difícil. Creo que las condiciones tanto de la guerra civil como de la guerra con la Entente nos permiten, en todo caso, razonando incluso con la mayor prudencia – hablaré todavía de estas condiciones cuando llegue a la situación internacional – nos permiten decir, incluso con la mayor prudencia en los razonamientos, que este semestre, en cuya mitad exacta hemos entrado, será el último semestre difícil, porque los capitalistas franceses e ingleses no estarán en condiciones de soportar la repetición de un empuje como el que ahora desarrollan con todas sus fuerzas. Y, por otro lado, todas las conquistas que nuestro Ejército Rojo ha realizado en Ucrania y en el Don y que tenemos la posibilidad de consolidar, proporcionarán un alivio sumamente esencial para la situación interior, darán pan y carbón, víveres y combustible. Pero ahora, mientras la lucha no ha terminado, mientras aún hay que actuar en condiciones de las mayores dificultades para la recogida de cereales en Ucrania, ahora, en el deshielo primaveral, la situación es muy difícil.

Hemos dicho repetidas veces que todas las fuerzas del poder soviético descansan en la confianza y la actitud consciente de los obreros. Hemos demostrado repetidas veces que, por muy numeroso que sea el enemigo que nos cerca, y los espías que nos envía la Entente y a los que ayudan gentes que tal vez no se consideran a sí mismas colaboradoras, pero que ayudan a los guardias blancos, no nos hemos hecho ilusiones en absoluto de que cada palabra que se pronuncie aquí será tergiversada, de que nuestros reconocimientos serán escuchados por los agentes de los guardias blancos – pero decimos: ¡que así sea! Sacaremos mucho más provecho de la verdad directa y franca, porque estamos seguros de que, aunque sea una verdad dura, cuando se oye con claridad, todo representante consciente de la clase obrera, todo campesino trabajador sacará de ella la única conclusión acertada.

Sacarán, al fin y al cabo, la única conclusión posible: que nuestra causa está cerca de la victoria en todo el mundo y que, por muy desesperadamente dura que sea la situación de las masas trabajadoras, cansadas, hambrientas, atormentadas durante cuatro años de guerra imperialista y ahora todavía durante dos años de la más terrible guerra civil – por muy dura que sea esta situación, por muy agravada que esté en el momento actual – tenemos las más serias posibilidades de victoria no solo en Rusia, sino en todo el mundo. Y por eso, a pesar de lo muy difíciles que son estos 4 o 5 meses que nos quedan por vivir, sabremos una y otra vez vencer estas dificultades y mostrar así a los enemigos, mostrar a los capitalistas unidos de todo el mundo, que su embate contra Rusia no tendrá éxito.

Y ellos, precisamente ahora, sin duda según un plan preconcebido, tanto desde el oeste como desde el este, hacen intentos de aplastarnos por la vía militar, para salvar a las bandas moribundas de Krasnov. Ayer llegó la noticia de la toma de Mariúpol. Rostov, por consiguiente, queda rodeado en un semicírculo. En una palabra, todos los esfuerzos de la Entente se dirigen a socorrer a Krasnov y a asestarnos un duro golpe precisamente en esta primavera. Actúan, sin duda, de acuerdo con Hindenburg. Un camarada de Letonia hablaba de la situación en que se encontraban los compañeros de allí. La mayor parte del país sufrió calamidades de las que los obreros de Moscú no tienen idea: calamidades de la invasión y la devastación repetida de las aldeas por las masas de tropas en movimiento. Ahora los alemanes avanzan sobre Dvinsk para aislar Riga. Desde el norte les ayudan los guardias blancos estonios con el dinero que envía Inglaterra, con la ayuda de voluntarios que envían suecos y daneses, completamente sobornados por los multimillonarios de Inglaterra, Francia y América. Actúan según un plan general perfectamente claro para nosotros, aprovechando que en Alemania han debilitado con sangrientas represiones el movimiento de los espartaquistas y los revolucionarios. Y aunque sienten que están en las últimas, han considerado el momento suficientemente oportuno para aprovecharlo, para ceder a Hindenburg parte de las tropas y reforzar el empuje desde el oeste contra la atormentada y extenuada Letonia y amenazarnos. Por otro lado, Kolchak ha obtenido una serie de victorias en el este y prepara así las condiciones para el último y más decisivo embate de la Entente.

Y, como siempre, no limitándose al embate exterior, actúan dentro del país mediante conspiraciones, sublevaciones, intentos de lanzar bombas y volar el acueducto en Petrogrado, de lo que han leído ustedes en los periódicos, en forma de intento de desmantelar las vías férreas, que se llevó a cabo cerca de Samara – esa es la principal vía férrea que nos trae ahora el pan del este. Una parte de ese pan pereció, fue capturada por Kolchak. Hubo intentos de desmantelar la vía férrea en el ferrocarril Kursk-Járkov, por donde comenzó a llegar el carbón conquistado por el Ejército Rojo en la cuenca del Donets. Cuando tomamos todo esto en conjunto y lo examinamos, nos queda claro que los países de la Entente, que los imperialistas y multimillonarios franceses hacen el último intento de aplastar por la vía militar al poder soviético.

Y los mencheviques y los eseristas de derecha e izquierda, que hasta ahora no han comprendido que la lucha está llegando a su fin, que la cuestión es la guerra más desesperada y despiadada, continúan predicando ora la huelga, ora el cese de la guerra civil. Sea como sea con ellos, ayudan a los guardias blancos – hablaré de ellos más adelante, solo quería aclarar ahora que la situación es realmente difícil.

Todas las fuerzas de los capitalistas internacionales quieren darnos esta primavera la última batalla. Por suerte, estas son las fuerzas de un anciano decrépito, moribundo, desesperadamente enfermo: el capitalismo internacional. Pero, sea como fuere, ahora las fuerzas militares acumuladas contra nosotros son extraordinariamente grandes. En particular, Kolchak ha movilizado ahora todas sus reservas, tiene voluntarios guardias blancos, bandas de tamaño muy considerable, tiene la ayuda de Inglaterra y América en armas y pertrechos en cantidades enormes. He aquí por qué la situación creada exige de nosotros una clara conciencia de la dificultad de la situación de la República Soviética.

Estamos seguros de que las masas trabajadoras han comprendido por qué se libra la guerra. Saben que estos pocos meses decidirán el destino de nuestra revolución y, en gran medida, de la revolución internacional, que este intento de los capitalistas de quebrantar a la Rusia soviética se ha agravado tanto, y atacan con tal furia, porque saben que en su propio seno tienen al mismo enemigo: el movimiento bolchevique. Este crece también entre ellos con rapidez e irresistiblemente.

Lo que hace nuestra situación particularmente difícil, lo que nos obliga una y otra vez a pedir ayuda a todos los obreros conscientes, son las dificultades en el abastecimiento y el transporte. El transporte fue destruido durante cuatro años por la guerra imperialista, y en un país tan atrasado como Rusia, las huellas de esta destrucción no han sido reparadas hasta ahora y no pueden repararse sino con meses, o quizás incluso años, del más tenaz trabajo. Y sin combustible es imposible trabajar. Solo recientemente hemos empezado a recibir carbón de la cuenca del Donets. Ustedes saben que en Bakú los ingleses nos arrebataron el petróleo. Ellos, apoderándose de parte de los barcos en el mar Caspio y adueñándose de Grozni, nos impiden utilizar el petróleo. Sin combustible, ni la industria ni los ferrocarriles pueden funcionar. Hay que hacer un esfuerzo supremo.

Decimos una vez más a todos los compañeros: es necesario atraer más fuerzas al trabajo de aprovisionamiento y transporte. La situación del transporte es tal que en el este de Rusia, más allá del Volga, tenemos varios millones de puds de grano – entre 10 y 20 millones ya están almacenados y acopiados, pero no podemos transportarlos. Una parte de ese grano la perdimos debido al último avance de las tropas de Kolchak, que tomaron Ufá y obligaron a retirarse a nuestras fuerzas. Esta pérdida es sumamente sensible y grave. El trabajo en el transporte exige el máximo esfuerzo. Es necesario que los obreros en cada asamblea se planteen la pregunta: ¿en qué podemos ayudar al transporte? ¿No podemos sustituir a los hombres por mujeres en los trabajos locales y destinar a aquellos a los talleres de reparación o a ayudar a los ferroviarios? Cómo hacerlo lo ven mejor los obreros, que saben a quién y para qué especialidad destinar. Lo ven mejor los hombres prácticos, que deben buscar nuevos y nuevos medios de ayuda. Esperamos y estamos seguros de que últimamente nuestro Comisariado de Vías de Comunicación, junto con el Comisariado de Abastecimiento, ha logrado ya ciertos éxitos. El mes de carga – la suspensión del tráfico de pasajeros, por mucho que calumnien nuestros enemigos, ya ha dado una mejora, pero hay que esforzarse diez veces más para conseguir mayores éxitos. Ayer en *Izvestia* se publicaron datos numéricos. Citaré los principales. A principios de marzo llegaban a Moscú un promedio de 118 vagones con alimentos al día, de ellos 25 eran de grano. A finales de marzo comenzaron a llegar 209 vagones de alimentos al día, de ellos 47 de grano. Esto significa casi una duplicación. Esto significa que se adoptó correctamente una medida tan severa como la prohibición del tráfico de pasajeros. Esto significa que ayudamos a la población hambrienta de Moscú, Petrogrado y toda la región industrial. Pero esto está lejos de ser todo lo que se puede hacer. Y más adelante, cuando el deshielo sea total, nos espera un tiempo mucho más difícil y de hambre. Por eso decimos que aquí se necesita un trabajo incansable y enérgico. Necesitamos contar, principalmente, no con los trabajadores de la intelectualidad, que aunque han venido a servirnos, entre ellos hay muchos inútiles, sino con las masas de obreros.

Necesitamos tener en cuenta también la situación en Ucrania. Durante un año, cuando toda Ucrania estuvo bajo los alemanes y todo el Don en una situación tan grave, sufrimos demasiado. Ahora nuestra situación mejora. En Ucrania tenemos 258 millones de puds de grano, de los cuales 100 millones ya han sido distribuidos mediante el reparto forzoso, pero el problema es que en Ucrania los campesinos están terriblemente atemorizados por los alemanes y los saqueos alemanes. He oído que los campesinos están tan asustados por los alemanes que hasta ahora, a pesar de que conocen la situación del poder soviético aquí, no se atreven a tomar las tierras de los terratenientes. Mientras tanto, ya se acerca el tiempo de la siembra de primavera. Los campesinos ucranianos han experimentado en carne propia todos los horrores de los saqueos alemanes hasta tal punto que todavía son extremadamente indecisos. Hay que decir que allí todo el tiempo hubo guerra de guerrillas. Esta guerra continúa ahora en el sur. Allí no hay tropas regulares. Debido a la falta de tropas regulares, hasta ahora no hay una victoria completa. Hemos enviado allí nuestras tropas regulares, pero eso no es suficiente. Es necesario intensificar significativamente el trabajo, y por eso debo decirles que cada asamblea obrera debe plantearse concretamente la cuestión del abastecimiento y la cuestión del transporte. Necesitamos resolver en el futuro inmediato cómo ayudar a la situación y cómo aprovechar lo que podemos usar ahora.

Debemos saber firmemente que solo con la fuerza de la clase obrera podemos ponernos firmemente en pie, podemos obtener nuestras brillantes victorias, y por eso debemos enviar allí, al frente, todas las mejores fuerzas de nuestro proletariado. Debemos enviar al frente a trabajadores responsables. Si aquí sufre alguna institución, sufriremos, por supuesto, un cierto perjuicio, pero de eso no pereceremos; pero si nos falta personal obrero en el ejército, sin duda pereceremos. Hasta ahora, nuestro ejército sufre porque no está suficientemente cohesionado, no está suficientemente organizado, y en este sentido toda la ayuda debe venir de los obreros y en ellos debe depositarse toda la esperanza. Solo aquellos obreros que han atravesado toda la lucha, que pueden compartir todo lo vivido, todo lo sufrido, solo esos obreros pueden influir en el ejército y convertir a los campesinos en luchadores conscientes y necesarios para nosotros.

Por eso hemos venido aquí una vez más y hemos decidido reunirlos a todos y señalar la grave situación del transporte, que existe en relación con la difícil situación general. Subrayamos que debemos aguantar todavía 3 o 4 meses, y solo entonces la victoria completa estará de nuestro lado. Pero para eso se necesitan fuerzas. ¿Dónde encontrar esas fuerzas? ¿Acaso no vemos que solo los obreros, que han soportado sobre sí todo el peso de nuestra desorganización, cuando la lucha se alternaba con invasiones de la Guardia Blanca, cuando por ello experimentaron en sí mismos toda la carga y adquirieron una gran experiencia, solo esos obreros, solo esos destacamentos de vanguardia pueden ayudarnos! Sabemos perfectamente que están increíblemente agotados, que están sobrecargados por ese trabajo inhumano que les ha tocado en suerte. Todo esto lo sabemos, pero aun así les decimos ahora aquí que hay que esforzar todas las fuerzas, que hay que pensar en reunir todas las fuerzas para la revolución, para su brillante victoria. Ahora llega el momento más difícil, más duro, y debemos actuar como revolucionarios. Debemos extraer fuerzas de las masas trabajadoras.

Ayer se celebró aquí una reunión de influyentes personalidades del movimiento sindical – de Moscú y de toda Rusia. Y en ella todos coincidieron en la necesidad de atraer al trabajo en el momento actual al trabajador medio, a quien hasta ahora no considerábamos capaz de tal trabajo. Pero ahora está completamente claro que para reemplazar a los trabajadores agotados necesitamos poner a los trabajadores medios en el trabajo, pero antes de hacerlo, es necesario que sean instruidos por los trabajadores que han estado hasta ahora en el asunto. Debemos conservar nuestras fuerzas, y por un tiempo debemos reemplazar a nuestros trabajadores responsables por trabajadores de entre los medios. ¡Necesitamos movilizar decenas de miles de esos trabajadores! No debemos temer que puedan hacer su trabajo no tan bien como lo harían los trabajadores experimentados. Si los ponemos en puestos responsables, los errores que cometan al principio no son peligrosos. Para nosotros es importante enviarlos a puestos responsables de vanguardia. Allí sabrán desplegar su fuerza y su trabajo, porque actuarán con confianza, sabrán que detrás de ellos hay grandes trabajadores experimentados que ya tienen un año de experiencia en Rusia. Saben que sus compañeros más experimentados, en el momento crítico, les facilitarán la tarea. Esta nueva capa de obreros podrá llevar el asunto bien si los obreros de vanguardia los envían a puestos de vanguardia. Podemos hacerlo sin perjuicio, porque esta amplia capa tiene instinto proletario, comprensión proletaria y conciencia del deber. Se puede confiar en ellos y se puede decir que nos ayudarán en los momentos difíciles. Rusia se ha caracterizado porque en los momentos más difíciles siempre encontró masas que se podían mover hacia adelante, como una reserva en la que se encontraban nuevas fuerzas cuando las viejas comenzaban a agotarse. Sí, el obrero de vanguardia está agotado, y la capa siguiente hará el trabajo peor, pero eso no importa, y no habrá perjuicio por ello, y no arruinaremos la causa si movilizamos esas nuevas fuerzas, las dirigimos y no dejamos que la causa perezca.

En estas condiciones, no se puede dejar de mencionar a los eseristas y mencheviques. Últimamente, el poder soviético ha empezado a cerrar sus periódicos y a detenerlos a ellos mismos. Algunos compañeros obreros, al observar esto, dicen: «Entonces, estaban equivocados esos bolcheviques – entre los cuales me incluyo – que nos arrastraron a una concesión conocida a la democracia pequeñoburguesa. ¿Para qué hicimos concesiones si ahora tenemos que cerrar periódicos y detenerlos? ¿Acaso hay coherencia en esto?».

A esto responderé lo siguiente. En un país como Rusia, donde los elementos pequeñoburgueses conducen toda la agricultura, en un país así, sin el apoyo del estrato pequeñoburgués, no podemos mantenernos por mucho tiempo. Este estrato, en el momento actual, no avanza por caminos rectos hacia el objetivo, sino en zigzag. Si yo persigo a un enemigo que no va por caminos rectos, sino en zigzag, yo también, para alcanzar al enemigo, debo ir en zigzag. Hablando en lenguaje político, las masas pequeñoburguesas se encuentran entre el trabajo y el capital, y a estas masas hay que derrotarlas cien veces para que comprendan que es necesario entender una cosa: solo es posible la dictadura de la burguesía o la dictadura de la clase obrera. Quien tiene esto en cuenta, conoce la situación del momento actual. Y los obreros lo saben. En su conciencia ha penetrado, a partir de la experiencia y de toda una serie de observaciones, la comprensión de que solo estos dos tipos de poder son posibles: o el poder completo de la clase obrera o el poder completo de la burguesía – no hay término medio, no hay un tercer camino. La clase obrera lo comprendió hace tiempo a partir de la lucha huelguística y revolucionaria. La pequeña burguesía no puede comprenderlo de inmediato; cientos de indicaciones de la vida no pueden enseñar ni acostumbrar a la pequeña burguesía a esta idea, y no deja de pensar en la unificación con la gran burguesía, porque no puede entender que no se puede prescindir de la dictadura del proletariado o de la dictadura de la burguesía.

Los eseristas y mencheviques, a partir de la experiencia de Kolchak, han aprendido y comprendido que no es una casualidad que, en medio de la lucha más violenta y desesperada, con ayuda extranjera, la democracia no haya dado nada. Sobre ellos actúan dos fuerzas – y fuera de estas fuerzas no hay nada – o la dictadura de la burguesía, o el poder y la dictadura completa de la clase obrera; en ninguna parte el término medio ha podido dar nada, y en ninguna parte ha salido nada de él. Nada ha salido tampoco con la Asamblea Constituyente. Esto lo experimentaron en sí mismos los eseristas y mencheviques y la pequeña burguesía.

Cuando los eseristas y mencheviques decían: «Nos apartaremos de Kolchak y de todos los que están por él y por la intervención de la Entente», no lo decían solo con hipocresía. No era solo una astucia política, aunque una parte de estas personas contara con que «nosotros, dicen, engañaremos a los bolcheviques, con tal de que nos den la posibilidad de repetir lo viejo». Nosotros tuvimos en cuenta esta astucia y, por supuesto, tomamos medidas contra ella, pero cuando los mencheviques y eseristas decían esto, no era solo hipocresía y astucia, sino también convicción de muchos de ellos. Entre ellos tenemos no solo un grupo literario, sino también capas pequeñoburguesas de técnicos, ingenieros, etc. Cuando en el momento en que los mencheviques declararon que estaban contra la intervención de los aliados, les propusimos trabajar con nosotros, aceptaron de buen grado nuestra propuesta. Pero ahora, persiguiéndolos, persiguiendo al estrato pequeñoburgués, tenemos toda la razón, ya que este estrato es extraordinariamente obtuso para comprender. Esto lo demostró tanto en el período de la kerenchina como en sus acciones actuales. Después de que vinieron a servirnos, dicen: «Hemos renunciado a la política, trabajaremos de buena gana». A tales personas les respondemos: «Necesitamos funcionarios de entre los mencheviques, ya que no son malversadores ni centurias negras, que se nos meten, se inscriben como comunistas y nos perjudican». Si la gente cree en la Asamblea Constituyente, les decimos: «Crean, señores, no solo en la Asamblea Constituyente, sino también en Dios, pero hagan su trabajo y no se ocupen de política». Entre ellos crece el número de personas que saben que en política han hecho el ridículo: gritaban que el poder soviético es un invento monstruoso, posible solo en la Rusia salvaje. Decían que la disolución de la Asamblea Constituyente era una acción de bárbaros educados por el zarismo. Y esto se repetía en Europa. Ahora llegan noticias de Europa de que el poder soviético va a reemplazar a la burguesa Asamblea Constituyente en todo el mundo. Estas son las lecciones que se imparten a toda la intelectualidad que se pone a nuestro servicio. Actualmente trabajan para nosotros el doble de funcionarios que hace seis meses. Es una ganancia que hayamos conseguido funcionarios que trabajan mejor que los centurias negras. Cuando los invitábamos a ingresar a nuestro servicio, decían: «Temo a Kolchak, estoy por ti, pero no quiero ayudarte. Razonaré como un parlamentario puro, como si estuviera sentado en la Asamblea Constituyente, y tú no debes tocarme, porque soy demócrata». Decimos a estos grupos que hablan de la Asamblea Constituyente: «Si les place seguir hablando durante mucho tiempo, los enviaremos a Kolchak y a Georgia». (Aplausos.) Se crea una polémica, una oposición de un grupo legal. No permitiremos la oposición. Los imperialistas de todo el mundo nos tienen agarrados del cuello, con todas las fuerzas del ataque militar intentan vencernos, debemos luchar, aquí la lucha es a muerte. Si has venido aquí para ayudarnos, por favor, pero si vas a publicar periódicos e incitar a los obreros a la huelga, y a causa de las huelgas nuestros soldados rojos perecen en los frentes, y por cada día de huelga decenas de miles de personas en nuestras fábricas sufren privaciones, tormentos de hambre, esos tormentos que nos preocupan – entonces tú, quizás, tienes razón desde el punto de vista de la Asamblea Constituyente, pero desde el punto de vista de nuestra lucha y de la responsabilidad que tenemos, no tienes razón, no puedes ayudarnos, ¡lárgate a Georgia, lárgate con Kolchak, o te sentaremos en la cárcel! Y esto lo haremos.

¡Camaradas! Espero que todos aceptemos unánimemente la resolución que se propondrá al final de la asamblea y en la que intentamos dar las indicaciones necesarias que he querido fundamentar en mi informe. Ahora quisiera pasar a dos cuestiones: la situación del campesino medio y la cuestión internacional, que tiene una importancia enorme.

Sobre el campesino medio hablamos en el congreso del partido y decidimos qué línea debe seguir nuestro partido en relación con el campesinado medio. Nuestro partido eligió para el puesto de mayor responsabilidad, el puesto de presidente del VTsIK, un puesto tanto más responsable cuanto que hasta ahora lo ocupaba un organizador excepcionalmente talentoso, el camarada Sverdlov; nuestro partido eligió para este puesto al camarada Kalinin, un obrero de Petersburgo que mantiene hasta hoy el vínculo con el campo. Hoy los periódicos han publicado que un camarada Kalinin ha sido asesinado por los eseristas; no se trata de ese Kalinin. Esto muestra a qué medios recurren los eseristas. El camarada M. I. Kalinin es un campesino medio de la provincia de Tver, y la visita cada año. El campesinado medio es el estrato más numeroso, que ha aumentado después de nuestra revolución gracias a que hemos abolido la propiedad privada terrateniente de la tierra. El campesinado experimentó una mejora con nuestra revolución porque tomó todas las tierras de los terratenientes, y por ello el número de campesinos medios ha crecido considerablemente. Si entre ellos se observa algún descontento, decimos que ese descontento es provocado desde arriba, y hay que saber hasta qué punto es legítimo dada la insuficiencia de nuestras fuerzas. Ustedes aquí, en la capital, saben lo difícil que es la lucha contra la burocracia y el papeleo. Debemos tomar a los viejos funcionarios porque no hay otros. Hay que reeducarlos, enseñarlos, y eso requiere tiempo. Podemos incorporar nuevos obreros en los organismos de abastecimiento en puestos de responsabilidad, pero en la Inspección Estatal todavía hay un número excesivo de viejos funcionarios, y sufrimos por la burocracia y el papeleo. Nos esforzamos por dar entrada a nuevos obreros para que participen en el trabajo de control, en el Comisariado de Vías de Comunicación, junto a los especialistas. Así luchamos contra la burocracia y el papeleo. ¡Pero incluso aquí, en Moscú, cuánto trabajo cuesta! ¿Y qué ocurre en los campos? Allí, personas que se llaman a sí mismas militantes del partido son a menudo aventureros que cometen violencias de la manera más desvergonzada. ¡Y cuántas veces hay que luchar contra gente inexperta que confunde al kulak con el campesino medio! El kulak es aquel que vive del trabajo ajeno, que explota el trabajo ajeno y se aprovecha de la necesidad; el campesino medio es aquel que no explota ni es explotado, que vive de una pequeña explotación con su propio trabajo. Y a ningún socialista en el mundo se le ha ocurrido jamás quitarle la propiedad al pequeño propietario. El pequeño propietario existirá durante muchos años. Con decretos no se puede hacer nada aquí; hay que esperar a que el campesino aprenda a contar con la experiencia. Cuando vea que la explotación colectiva es mucho mejor, entonces estará con nosotros. Debemos ganarnos su confianza. Aquí se necesita una lucha contra los abusos. Solo podemos luchar con la fuerza de los obreros urbanos, pues ellos tienen un enorme vínculo con el campesino y pueden proporcionar cientos de miles de trabajadores. Sabemos perfectamente que ni el nombramiento de camaradas en altos cargos, ni las circulares, ni los decretos ayudarán, sino que los obreros de cada grupo, de cada círculo, deben tomar el asunto por su cuenta: ellos tienen un vínculo especial con el campo.

He dicho que para los obreros el primer punto debe ser: ayudar con todas las fuerzas en la guerra; el segundo punto debe ser: ayudar al campesino medio mediante el vínculo, para no dejar impune ningún ataque serio del enemigo en el campo. Hay que señalar que el obrero urbano lleva ayuda al campesino medio como a su camarada, porque el campesino medio es un trabajador igual, solo que ha crecido en otras condiciones, vive aislado, en la oscuridad del campo, y le es inconmensurablemente más difícil salir adelante. Y debemos saber que con la perseverancia de los camaradas lograremos el vínculo con el campesino medio. Un número insignificante de campesinos se pasará al kulakismo, hará insurrecciones; eso lo sabemos. Y si eso existe, ¿cómo contribuir, cómo ganarse la confianza del campesino medio, cómo ayudarlo contra todo tipo de abusos? Si hemos hecho poco en esto, no es por nuestra culpa: nos lo ha impedido la lucha contra la burguesía. Hay que reconocerlo, cada obrero debe plantearse esta cuestión y decir: nosotros, los obreros en su conjunto, tenemos vínculo con el campesinado medio y utilizaremos ese vínculo; lograremos que cada campesino medio no solo se entere de nuestra ayuda por el nombramiento del camarada Kalinin, sino que reciba de hecho una ayuda, aunque sea pequeña, aunque sea un pequeño consejo camaraderil. Y el campesino valorará ahora más que nada esa ayuda. Debe comprender por qué la dificultad de nuestra situación nos impide brindarle la ayuda que necesita, que reside en la cultura urbana. El campesino necesita productos urbanos, cultura urbana, y debemos dárselos. Solo entonces, cuando el proletariado le preste esa ayuda, el campesino verá que el obrero lo ayuda no como lo ayudaban los explotadores. Ayudar al campesino a elevarse al nivel urbano: esa es la tarea que debe proponerse cada obrero que tenga vínculo con el campo. El obrero urbano debe decirse a sí mismo que ahora, en primavera, cuando la situación del abastecimiento se ha agudizado especialmente, debe ir en ayuda del campesino, y si cada uno hace aunque sea una pequeña parte de ese trabajo, entonces veremos que nuestro edificio no tiene solo una fachada, y que nuestra causa en cuanto a la consolidación del poder soviético estará hecha, pues el campesino dice: «¡Viva el poder soviético, vivan los bolcheviques, abajo la comunia!». Insulta a la «comunia», que organizan estúpidamente, que le imponen. A todo lo impuesto lo trata con desconfianza, con una desconfianza legítima. Debemos ir hacia el campesino medio, ayudarlo, enseñarlo, pero solo en el ámbito de la ciencia y el socialismo; en el ámbito de la agricultura, debemos aprender de él. He aquí la tarea que se nos plantea con particular fuerza.

Ahora pasamos a la cuestión de la situación internacional. Yo digo que los imperialistas de Inglaterra, Francia y América hacen el último intento de pisarnos el cuello, pero no lo conseguirán. Por muy grave que sea la situación, podemos decir con seguridad que venceremos al imperialismo internacional. Venceremos a los multimillonarios de todo el mundo. Podemos vencerlos por dos razones. Primera, porque son bestias que se han enzarzado tanto en la lucha entre sí que siguen mordiéndose unos a otros, sin ver que están al borde del abismo. Y segunda, porque el poder soviético crece ininterrumpidamente en todo el mundo. No pasa un día sin que leamos sobre ello en los periódicos. Hoy leemos una comunicación desde Lyon de la agencia de prensa radiofónica americana, de que esos hombres que se reunían en una comisión de 10 personas han reducido la comisión, y ahora hablan 4 personas: Wilson, Lloyd George, Clemenceau y Orlando{59}. Los jefes de cuatro naciones, y ni siquiera ellos pueden ponerse de acuerdo: Inglaterra y América no están de acuerdo en ceder a Francia las ganancias de la extracción de carbón. Son bestias que han saqueado el botín de todo el mundo y ahora no pueden reconciliarse. Esos cuatro hombres se han encerrado en un grupo de cuatro, para que, Dios nos libre, no se propaguen rumores –todos ellos son grandes demócratas–, pero ellos mismos provocan rumores y envían radiocomunicados de que no están de acuerdo en ceder las ganancias del carbón. Me contaba un camarada francés que vio prisioneros franceses que estos decían: «Nos dijeron que había que ir a Rusia para luchar contra los alemanes, porque los alemanes habían estrangulado nuestro país. Pero ahora hay armisticio con Alemania, ¿contra quién voy a luchar?». No le dijeron ni una palabra sobre eso. Y así, el número de esas personas que se hacen esta pregunta crece cada día en millones y millones. Esos hombres han sufrido los horrores de la guerra imperialista y dicen: «¿Por qué vamos a la guerra?». Si antes les enseñaban los bolcheviques con panfletos clandestinos por qué iban a la guerra, ahora los imperialistas envían radiotelegramas: Inglaterra no está de acuerdo en ceder a Francia las ganancias del carbón. Así, según la expresión de un periodista francés, dan saltos de una habitación a otra en vanos intentos de resolver la cuestión. Deciden a quién dar más, y llevan cinco meses peleándose entre sí; han llegado a tal punto que no se dominan a sí mismos, y esas bestias se pelearán hasta que no les quede más que el rabo. Y nosotros decimos que nuestra situación internacional, que al principio era tan débil que podían aplastarnos en unas semanas, ahora, cuando no pueden repartirse el botín entre sí porque han empezado a devorarse unos a otros, ahora nuestra situación es mejor. Ellos prometen a los soldados: vence a Alemania y obtendrás ganancias inauditas. Discuten si sacar de Alemania 60 u 80 mil millones. Cuestión enormemente principista, enormemente interesante, sobre todo si se lo dices a un obrero o a un campesino. Pero si discuten mucho tiempo, no sacarán ni uno. ¡Eso es lo más interesante!

Por eso nos decimos a nosotros mismos, sin exagerar en absoluto, incluso no como socialistas, sino simplemente sopesando con serenidad las fuerzas que se alzan contra nosotros, que la situación de la república soviética mejora no a días, sino a horas. Los enemigos no pueden reconciliarse entre sí. Han pasado cinco meses desde que vencieron. Y no firman la paz. La cámara francesa votó hace poco nuevos cientos de millones para preparativos militares. Ellos mismos se cavan su tumba, y allí ya tienen gente que los meterá en esa tumba y los enterrará bien. (Aplausos.) Esto se debe a que el movimiento soviético crece en todos los países, y la revolución húngara ha demostrado que cuando decimos que luchamos no solo por nosotros, sino por el poder soviético en todo el mundo, que aquí se derrama sangre de los soldados rojos no solo por los camaradas hambrientos, sino por la victoria del poder soviético en todo el mundo –el ejemplo de Hungría ha demostrado que esto no es solo una previsión y una promesa, sino la realidad más viva e inmediata.

En Hungría, la revolución se produjo de un modo extraordinariamente original. El Kerenski húngaro, al que allí llaman Károlyi, dimitió por sí mismo, y los conciliadores húngaros –mencheviques y eseristas– comprendieron que era necesario ir a la cárcel donde estaba preso el camarada húngaro Béla Kun, uno de los mejores comunistas húngaros. Fueron y le dijeron: «¡Tendrá que tomar el poder!». (Aplausos.) El gobierno burgués presentó su dimisión. Los socialistas burgueses, mencheviques y eseristas de Hungría, se fusionaron con el partido de los bolcheviques húngaros y formaron un partido único, un gobierno único. El camarada Béla Kun, nuestro camarada y comunista, que ha recorrido plenamente el camino práctico del bolchevismo en Rusia, cuando hablé con él por radio, dijo: «No tengo mayoría en el gobierno, pero obtendré la victoria, porque las masas están conmigo, y se convoca el congreso de los Soviets». Esto es una transformación de trascendencia histórica mundial.

Hasta ahora, a todos los obreros europeos les mentían diciéndoles sobre la Rusia soviética: «Allí no hay ningún poder, sino simple anarquía, son simples pendencieros». Hace poco, el ministro francés Pichon declaró sobre la Rusia soviética: «¡Esto es anarquía, son violentos, usurpadores!». – «Mirad a Rusia –decían los mencheviques alemanes a sus obreros–: guerra, hambre, devastación! ¿Es eso lo que queréis para el socialismo?». Y así asustaban a los obreros. Pero Hungría ha dado ejemplo de una revolución que nace de un modo completamente distinto. Hungría tendrá sin duda que pasar por una dura lucha con la burguesía –eso es inevitable. Pero el hecho es que, cuando esas bestias, los imperialistas ingleses y franceses, preveían la revolución en Hungría, querían destruirla, impedir que naciera. Nuestra dificultad de situación consistía en que tuvimos que hacer nacer el poder soviético contra el patriotismo. Tuvimos que romper el patriotismo, firmar la paz de Brest. Fue la ruptura más desesperada, más furiosa y sangrienta. En los países vecinos, la burguesía vio quién debía gobernar. ¿Quién sino el Soviet? Es como en los viejos tiempos, cuando los reyes, zarzuelos y príncipes veían que su poder se debilitaba, decían: «Hace falta una constitución, ¡que vaya la burguesía a gobernar!». Y si el rey se debilitaba, recibía una pensión o un puesto caliente. Lo mismo que vivieron los reyes y zarzuelos hace 50 o 60 años, lo vive ahora la burguesía mundial. Cuando los imperialistas ingleses y franceses presentaron exigencias inauditas a los capitalistas húngaros, estos últimos dijeron: «No podemos hacer la guerra. El pueblo no nos seguirá, pero nosotros, como patriotas húngaros, queremos ofrecer resistencia. ¿Qué poder debe haber? – El poder de los Soviets». La burguesía húngara reconoció ante el mundo entero que dimitía voluntariamente y que solo hay un poder en el mundo capaz de dirigir a los pueblos en un momento difícil: el poder de los Soviets. (Aplausos.) Por eso la revolución húngara, por el hecho de haber nacido de un modo completamente distinto al nuestro, mostrará al mundo entero lo que respecto a Rusia se ocultaba: precisamente, que el bolchevismo está ligado a la nueva democracia proletaria, obrera, que sustituye al viejo parlamento. Fue una época en que engañaban a los obreros, los esclavizaban capitalistamente. En lugar del viejo parlamento burgués viene el poder soviético mundial, que se ha ganado la simpatía de todos los obreros, porque es el poder de los trabajadores, el poder de los millones, que ellos mismos dominan, ellos mismos gobiernan. Quizás gobiernan mal, como nosotros en Rusia, pero nosotros nos encontramos en condiciones inmensamente difíciles. En aquel Estado donde la burguesía no ofrezca una resistencia tan furiosa, las tareas del poder soviético serán más fáciles, podrá trabajar sin esa violencia, sin ese camino sangriento que nos impusieron los señores Kerenski y los imperialistas. Nosotros pasaremos también por un camino más duro. Que hayan caído sobre Rusia sacrificios mayores que sobre otros países. No es de extrañar, cuando la herencia que nos dejaron fue la vieja devastación. Otros países llegan por otro camino, más humano, a lo mismo: al poder soviético. Por eso el ejemplo de Hungría tendrá una importancia decisiva.

Las personas aprenden de la experiencia. Con palabras no se puede demostrar la justeza del poder soviético. El ejemplo de una sola Rusia no resultó comprensible para los obreros de todo el mundo. Sabían que allí había un Soviet; todos estaban a favor del Soviet, pero les asustaban los horrores de la lucha sangrienta. El ejemplo de Hungría será decisivo para las masas proletarias, para el proletariado europeo y el campesinado trabajador: en el momento difícil no hay quién gobierne el país, excepto el poder soviético.

Recordamos el ejemplo de cuando los ancianos dicen: «Los niños han crecido, los niños han salido adelante, ya podemos morir». Nosotros no pensamos morir, vamos hacia la victoria, pero cuando vemos a niños como Hungría, donde ya existe el poder soviético, decimos que ya hemos cumplido nuestra obra no solo a escala rusa, sino también internacional, y que soportaremos todas las dificultades desesperadas para lograr la victoria completa, para que a las repúblicas soviéticas rusa y húngara se añada —y veremos cómo se añadirá— la república soviética internacional. (Aplausos.)

«Pravda» n.º 76 y 77, 9 y 10 de abril de 1919.

Se publica según la transcripción estenográfica cotejada con el texto del libro «Transcripciones estenográficas de las sesiones del Soviet de Moscú de diputados obreros y del Ejército Rojo. Primer semestre de 1919 (del 13 de enero de 1919 al 10 de junio)». Moscú, 1919.

2. Proyecto de resolución sobre el informe acerca de la situación exterior e interior de la república soviética

La asamblea de representantes de la clase obrera y el campesinado de la RSFSR declara que la república soviética ha entrado en un mes particularmente difícil. La Entente realiza los últimos intentos desesperados por aplastarnos con fuerzas militares. La situación alimentaria en primavera es la más difícil, el transporte está terriblemente destruido.

Por eso, solo una tensión extrema de las fuerzas puede salvarnos. La victoria es posible. La revolución en Hungría ha demostrado definitivamente que en Europa Occidental crece el movimiento soviético y su victoria no está lejana. Tenemos muchos aliados en todo el mundo, más de los que sabemos. Pero debemos resistir los difíciles cuatro o cinco meses para vencer al enemigo.

La asamblea estigmatiza sin piedad a los socialrevolucionarios de izquierda[6], a los mencheviques y a los socialrevolucionarios de derecha que, estando verbalmente a favor del poder soviético o en contra de la intervención militar de la Entente, en los hechos ayudan a los guardias blancos cuando agitan a favor de las huelgas o del cese de la guerra civil (¡aunque hemos ofrecido la paz a todos!{60}) o de concesiones al libre comercio, etc.

La asamblea declara a todos los mencheviques y socialrevolucionarios dispuestos a ayudar en nuestra difícil lucha que defenderemos para ellos la plena garantía de su libertad como ciudadanos de la república soviética.

Pero la asamblea declara una guerra implacable a aquellos mencheviques y socialrevolucionarios que, como los grupos literarios y políticos «Siempre Adelante!»{61} y «La Causa del Pueblo»{62}, en los hechos obstaculizan nuestra lucha, en los hechos ayudan a los guardias blancos.

La asamblea llama a todos los obreros, a todas las organizaciones obreras, a todos los campesinos trabajadores a tensar todas las fuerzas para rechazar a los enemigos del poder soviético, para defenderlo, para intensificar la actividad de la alimentación y el transporte.

1. Atraer a los campesinos medios, es decir, a los menos experimentados que los obreros y campesinos de vanguardia, al lugar de los agotados dirigentes de avanzada.

2. Reforzar una y otra vez el envío tanto de dirigentes de avanzada como de trabajadores de masas a la alimentación, al transporte y al trabajo en las tropas.

3. Reforzar la atracción de obreros y campesinos conscientes para trabajar en el Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación y en el Control del Estado con el fin de mejorar el trabajo y erradicar el burocratismo, la lentitud burocrática y el papeleo.

4. Movilizar la mayor cantidad posible de fuerzas desde las ciudades hambrientas hacia la agricultura, hacia los huertos, al campo, a Ucrania, al Don, etc., para incrementar la producción de pan.

Tensar todas las fuerzas para ayudar al campesino medio en la lucha contra aquellos abusos de los que a menudo sufre, para apoyarlo fraternalmente, para remover de los puestos locales a aquellos trabajadores soviéticos que no quieran aplicar esta política, la única correcta, o no la comprendan.

5. Luchar contra todas las manifestaciones de cansancio, pusilanimidad, vacilación, alentar de todas las maneras a quienes muestren esas cualidades, fortalecer la firmeza de espíritu, la conciencia y la disciplina fraternal. Inmensamente muchas cargas ha soportado la clase obrera rusa y el campesinado. Inmensamente duros son los últimos meses. Pero la asamblea declara que la firmeza de espíritu de los obreros no ha decaído, que la clase obrera permanece en su puesto, que superará todas las dificultades y defenderá a toda costa la victoria de la república soviética socialista tanto en Rusia como en todo el mundo.

Escrito en abril, no más tarde del 3 de 1919.

Se publica por primera vez, según el manuscrito cotejado con la copia mecanografiada.

3. Resolución sobre el informe acerca de la situación exterior e interior de la república soviética

La república soviética, en la dura y gloriosa lucha que lleva adelante por delante de todos los pueblos, entra en el período más difícil de su vida. Los meses que vienen serán meses de crisis. La Entente realiza los últimos esfuerzos desesperados por aplastarnos con las armas. La situación alimentaria se agudiza en sumo grado. El transporte está gravemente destruido.

Solo la tensión extrema de las fuerzas puede salvarnos. La victoria, sin embargo, es perfectamente posible. La revolución en Hungría es la prueba definitiva del rápido crecimiento del movimiento soviético en Europa y de su victoria futura. Tenemos más aliados en todos los países del mundo de los que nosotros mismos suponemos. Para nuestra victoria completa solo es necesario resistir aún 4 o 5 meses, quizás los más peligrosos y amargos. Y en días tales, locos y aventureros que se llaman a sí mismos mencheviques, socialrevolucionarios de izquierda y de derecha, adhiriendo verbalmente al poder soviético y protestando contra la intervención militar de la Entente, agitan a favor de las huelgas o de concesiones al libre comercio, o del cese de la guerra civil, olvidando que hemos ofrecido la paz a todos y que nuestra guerra es una defensa justa, legítima e inevitable. Es evidente que esta agitación es la ayuda más activa y efectiva a los guardias blancos, que en su último esfuerzo nos preparan la desgracia. La asamblea estigmatiza implacablemente a estos encubiertos enemigos del pueblo.

Declara a todos los mencheviques y socialrevolucionarios realmente dispuestos a ayudarnos en nuestra difícil lucha que el poder obrero-campesino les otorgará plena libertad y les garantizará toda la amplitud de los derechos de los ciudadanos de la república soviética.

La asamblea declara que la tarea del poder soviético es ahora la guerra implacable contra aquellos mencheviques y socialrevolucionarios que, como los grupos literarios y políticos «Siempre Adelante!» y «La Causa del Pueblo», en realidad obstaculizan nuestra lucha y son aliados de nuestros enemigos jurados. La asamblea llama a todas las organizaciones obreras, a todos los proletarios y campesinos trabajadores a tensar todas las fuerzas para rechazar a los enemigos del poder soviético, para defenderlo, y asimismo para poner en orden la alimentación y el transporte.

Para ello, la asamblea considera necesario:

1) Atraer a los campesinos medios, es decir, a los representantes de estas clases menos experimentados que los obreros y campesinos de vanguardia, al lugar de los agotados dirigentes de avanzada.

2) Reforzar una y otra vez el envío tanto de dirigentes de avanzada como de obreros de masas a la alimentación, al transporte, al trabajo en las tropas.

3) Atraer la mayor cantidad posible de obreros y campesinos conscientes para trabajar en el Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación, en el Control del Estado con el fin de mejorar su trabajo y erradicar el papeleo y la lentitud burocrática.

4) Movilizar la mayor cantidad posible de fuerzas desde las ciudades hambrientas hacia los trabajos agrícolas en el campo —a los huertos, a Ucrania, al Don, etc.— para incrementar la producción de pan y otros productos del campo.

5) Tensar todas las fuerzas para ayudar al campesino medio y poner fin a aquellos abusos de los que tan a menudo sufre, para su apoyo fraternal. Aquellos trabajadores soviéticos que no comprendan esta política, la única correcta, o no sepan llevarla a la vida, deben ser destituidos de inmediato.

6) En el orden del día está para todos la lucha contra toda manifestación de cansancio, pusilanimidad y vacilación. Hay que infundir ánimo en los corazones, llamar a la firmeza de espíritu, multiplicar la conciencia y fortalecer la disciplina fraternal.

La clase obrera y el campesinado de Rusia han soportado increíbles penurias. Sus sufrimientos se han agravado aún más en los últimos meses. Pero la asamblea declara que la voluntad de los trabajadores no ha decaído, que la clase obrera sigue firme en su puesto, que está llena de confianza en superar todas las dificultades, que defenderá, cueste lo que cueste, la victoria de la República Socialista Soviética en Rusia y en todo el mundo.

«Pravda» n.º 73, 4 de abril de 1919.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».