Impreso: borrador del proyecto de programa del PCR – 23 de febrero de 1919 en el diario «Petrogradskaya Pravda» nº 43; proyecto de programa del PCR(b), fragmento de la parte política del programa, puntos del programa en el ámbito de la instrucción pública, relaciones religiosas, parte económica del programa, punto agrario del programa – 25, 26 y 27 de febrero de 1919 en el diario «Pravda» nº 43, 44, 45; punto del programa en el ámbito de las relaciones nacionales, inserción en el proyecto definitivo del punto del programa sobre la cuestión nacional – en 1925 en el Leniniano III; inserción en la parte política del programa, introducción al punto del programa en el ámbito militar, primer párrafo del punto del programa sobre el tribunal – en 1930 en el Leniniano XIII

Se publica: borrador del proyecto de programa del PCR, proyecto de programa del PCR(b), primer párrafo del punto del programa sobre el tribunal – según copia mecanográfica; inserción en la parte política del programa, fragmento de la parte política del programa, inserción en el proyecto definitivo del punto del programa sobre la cuestión nacional, introducción al punto del programa en el ámbito militar, puntos del programa en el ámbito de la instrucción pública, relaciones nacionales, religiosas, parte económica del programa, punto agrario del programa – según manuscritos

## 1. Borrador del proyecto de programa del PCR

Plan: el programa consta de las siguientes partes:

1. Introducción. La revolución proletaria comenzó en Rusia y crece rápidamente en todas partes. Para comprenderla hay que comprender la naturaleza del capitalismo y la inevitabilidad de su desarrollo hacia la dictadura del proletariado. – 2. Capitalismo y dictadura del proletariado. Sobre esto reproducir nuestro viejo programa marxista, redactado por Plejánov{25}, en su parte principal, para esclarecer también las «raíces históricas» de nuestra concepción del mundo. – 3. Imperialismo. Del proyecto de programa de V. 1917. – 4. Tres corrientes en el movimiento obrero internacional y la nueva Internacional. Refundición del proyecto de V. 1917. – 5. Tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia. Del proyecto de XII. 1917 – I. 1918{26}. – 6. Concreción de estas tareas en el ámbito político (nuevo). – 7. Ídem en el ámbito nacional, religioso, pedagógico (nuevo). – 8. Ídem en el ámbito económico (nuevo). – 9. Ídem en el ámbito agrario (nuevo). – 10. Ídem en el ámbito de la protección de los trabajadores (lo escribe Schmidt). – 11 y 12. Complementos sobre otros ámbitos (no escrito).

En este borrador muchas cosas están sin terminar, especialmente el aspecto redaccional, y en lugar de la formulación programática se ha tomado a veces temporalmente una comentarista.

(1) La revolución del 25.X (7.XI) de 1917 en Rusia realizó la dictadura del proletariado, que, con el apoyo del campesinado pobre o semiproletariado, comenzó a edificar la sociedad comunista. El crecimiento del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países avanzados, la aparición y desarrollo por doquier de la forma soviética de este movimiento, es decir, de aquella que se dirige directamente a la realización de la dictadura del proletariado, finalmente, el comienzo y el curso del desarrollo de la revolución en Austria-Hungría y Alemania en particular, todo esto mostró de manera palpable que ha comenzado la era de la revolución proletaria y comunista mundial.

(2) La comprensión correcta de las causas, el significado y los fines de esta revolución exige, en primer lugar, esclarecer la esencia, la naturaleza fundamental del capitalismo y de la sociedad burguesa, la inevitabilidad de su desarrollo hacia el comunismo, y, en segundo lugar, esclarecer la naturaleza del imperialismo y de las guerras imperialistas, que aceleraron el derrumbe del capitalismo y colocaron la revolución proletaria en el orden del día.

(3) La naturaleza del capitalismo y de la sociedad burguesa, que aún domina en la mayoría de los países civilizados y cuyo desarrollo conduce y ha conducido inevitablemente a la revolución comunista mundial del proletariado, fue caracterizada por nuestro viejo programa marxista en las siguientes tesis:

(4) «La particularidad principal de esta sociedad la constituye la producción mercantil sobre la base de las relaciones capitalistas de producción, en las cuales la parte más importante y considerable de los medios de producción y de circulación de mercancías pertenece a una clase de personas reducida numéricamente, mientras que la inmensa mayoría de la población se compone de proletarios y semiproletarios, obligados por su situación económica a vender constante o periódicamente su fuerza de trabajo, es decir, a ponerse al servicio de los capitalistas como asalariados, y a crear con su trabajo el ingreso de las clases altas de la sociedad.

(5) El ámbito de dominio de las relaciones capitalistas de producción se extiende cada vez más a medida que el perfeccionamiento constante de la técnica, al aumentar la importancia económica de las grandes empresas, conduce a la eliminación de los pequeños productores independientes, transformando una parte de ellos en proletarios, reduciendo el papel de los restantes en la vida socioeconómica y colocándolos, en algunos lugares, en una dependencia más o menos completa, más o menos manifiesta, más o menos pesada del capital.

(6) Ese mismo progreso técnico proporciona, además, a los empresarios la posibilidad de emplear en mayor escala el trabajo femenino e infantil en el proceso de producción y circulación de mercancías. Y como, por otra parte, conduce a una disminución relativa de la necesidad de los empresarios del trabajo vivo de los obreros, la demanda de fuerza de trabajo se retrasa necesariamente respecto a su oferta, en consecuencia aumenta la dependencia del trabajo asalariado respecto al capital y se eleva el nivel de su explotación.

(7) Semejante estado de cosas dentro de los países burgueses y su rivalidad mutua constantemente agudizada en el mercado mundial hacen cada vez más difícil la venta de las mercancías producidas en cantidad constantemente creciente. La superproducción, que se manifiesta en crisis industriales más o menos agudas, seguidas de períodos más o menos prolongados de estancamiento industrial, representa una consecuencia inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa. Las crisis y los períodos de estancamiento industrial, a su vez, arruinan aún más a los pequeños productores, aumentan aún más la dependencia del trabajo asalariado respecto al capital, conducen aún más rápidamente al empeoramiento relativo, y a veces absoluto, de la situación de la clase obrera.

(8) Así, el perfeccionamiento de la técnica, que significa aumento de la productividad del trabajo y crecimiento de la riqueza social, condiciona en la sociedad burguesa el aumento de la desigualdad social, el incremento de la distancia entre poseedores y desposeídos y el crecimiento de la inseguridad de la existencia, del paro forzoso y de toda clase de privaciones para capas cada vez más amplias de las masas trabajadoras.

(9) Pero a medida que crecen y se desarrollan todas estas contradicciones propias de la sociedad burguesa, crece también el descontento de la masa trabajadora y explotada con el orden de cosas existente, crecen el número y la cohesión de los proletarios y se agudiza su lucha contra sus explotadores. Al mismo tiempo, el perfeccionamiento de la técnica, al concentrar los medios de producción y de circulación y socializar el proceso de trabajo en las empresas capitalistas, crea cada vez más rápidamente la posibilidad material de sustituir las relaciones capitalistas de producción por las comunistas, – es decir, aquella revolución social que constituye el fin último de toda la actividad del Partido Comunista Internacional como expresión consciente del movimiento de clase del proletariado.

(10) Al sustituir la propiedad privada sobre los medios de producción y de circulación por la propiedad social e introducir la organización planificada del proceso socialmente productivo para asegurar el bienestar y el desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad, la revolución social del proletariado abolirá la división de la sociedad en clases y liberará así a toda la humanidad oprimida, ya que pondrá fin a todas las formas de explotación de una parte de la sociedad por otra.

(11) Condición necesaria de esta revolución social es la dictadura del proletariado, es decir, la conquista por el proletariado de tal poder político que le permita aplastar toda resistencia de los explotadores. Proponiéndose como tarea hacer al proletariado capaz de cumplir su gran misión histórica, el Partido Comunista Internacional lo organiza en un partido político independiente, contrapuesto a todos los partidos burgueses, dirige todas las manifestaciones de su lucha de clases, desenmascara ante él la oposición irreconciliable de los intereses de los explotadores a los intereses de los explotados y le aclara la significación histórica y las condiciones necesarias de la inminente revolución social. Al mismo tiempo, descubre ante toda la demás masa trabajadora y explotada la desesperanza de su situación en la sociedad capitalista y la necesidad de la revolución social en interés de su propia liberación del yugo del capital. El partido de la clase obrera, el partido comunista, llama a sus filas a todas las capas de la población trabajadora y explotada, en la medida en que pasen al punto de vista del proletariado.

(12) El capitalismo mundial ha llegado actualmente –aproximadamente desde principios del siglo XX– a la fase del imperialismo. El imperialismo, o época del capital financiero, es una economía capitalista tan altamente desarrollada que las asociaciones monopolistas de capitalistas –sindicatos, cárteles, trusts– han adquirido un significado decisivo, el capital bancario de enorme concentración se ha fusionado con el capital industrial, la exportación de capital a países extranjeros se ha desarrollado en magnitudes muy grandes, el mundo entero ha sido ya dividido territorialmente entre los países más ricos y ha comenzado la división económica del mundo entre los trusts internacionales.

(13) Las guerras imperialistas –es decir, las guerras por el dominio del mundo, por los mercados para el capital bancario, por el estrangulamiento de las nacionalidades pequeñas y débiles– son inevitables con semejante estado de cosas. Y tal es precisamente la primera gran guerra imperialista de 1914-1918.

(14) Y el grado extraordinariamente alto de desarrollo del capitalismo mundial en general; y el cambio de la libre competencia por el capitalismo monopolista; y la preparación por los bancos, así como por las asociaciones de capitalistas, del aparato para la regulación social del proceso de producción y distribución de productos; y el crecimiento, en relación con el crecimiento de los monopolios capitalistas, de la carestía y del yugo de los sindicatos sobre la clase obrera, la gigantesca dificultad de su lucha económica y política; y los horrores, calamidades, ruina, embrutecimiento, engendrados por la guerra imperialista –todo esto hace de la fase actualmente alcanzada del desarrollo del capitalismo la era de la revolución proletaria, socialista.

Esta era ha comenzado.

(15) Solo la revolución proletaria, socialista, puede sacar a la humanidad del callejón sin salida creado por el imperialismo y las guerras imperialistas. Cualesquiera que sean las dificultades de la revolución y sus posibles fracasos temporales u olas de contrarrevolución, la victoria final del proletariado es inevitable.

(16) La victoria de la revolución proletaria exige la más completa confianza, la más estrecha alianza fraternal y la mayor unidad posible de acción revolucionaria de la clase obrera de todos los países avanzados. Estas condiciones son irrealizables sin una ruptura de principio decidida y una lucha despiadada contra aquella deformación burguesa del socialismo que ha triunfado en las cúpulas de la inmensa mayoría de los partidos oficiales «socialdemócratas» y «socialistas».

(17) Tal deformación es, por un lado, la corriente del oportunismo y del socialchovinismo, socialismo de palabra, chovinismo de hecho, encubrimiento con la consigna de «defensa de la patria» de la defensa de los intereses rapaces de la burguesía nacional «propia», tanto en general como en particular durante la guerra imperialista de 1914-1918. Esta corriente se ha creado porque casi todos los países avanzados, saqueando a los pueblos coloniales y débiles, daban la posibilidad a la burguesía de sobornar con partículas de tal superganancia a las cúpulas del proletariado, asegurarles en tiempo de paz una existencia pequeño-burguesa tolerable y tomar a su servicio a los jefes de esta capa. Los oportunistas y socialchovinistas, siendo siervos de la burguesía, son enemigos de clase directos del proletariado.

(18) Por otro lado, una deformación burguesa del socialismo ha sido la corriente del «centro», igualmente amplia e internacional, que vacila entre los socialchovinistas y los comunistas, defendiendo la unidad con los primeros e intentando resucitar la II Internacional, quebrada y podrida. Realmente proletaria y revolucionaria es solo la nueva Internacional, la III, Comunista, fundada de hecho por la formación de partidos comunistas a partir de los antiguos partidos socialistas en una serie de países, y especialmente en Alemania, y que adquiere cada vez más simpatía en las masas del proletariado de todos los países.

**Tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia**

Las tareas fundamentales de la dictadura del proletariado en Rusia consisten actualmente en llevar hasta el fin, completar la ya iniciada expropiación de los terratenientes y de la burguesía, la entrega de todas las fábricas, talleres, ferrocarriles, bancos, flota y demás medios de producción y de cambio a la propiedad de la República Soviética;

utilizar la alianza de los obreros urbanos y los campesinos más pobres, que ha dado ya la abolición de la propiedad privada de la tierra y la ley sobre aquella forma de transición de la pequeña explotación campesina al socialismo que los ideólogos actuales del campesinado que se ha puesto del lado de los proletarios han llamado socialización de la tierra, para el paso gradual, pero firme, hacia el cultivo común de la tierra y hacia la gran agricultura socialista;

consolidar y desarrollar más la república federativa de los Soviets, como forma de democracia inconmensurablemente más elevada y progresista que el parlamentarismo burgués, y como el único tipo de Estado que corresponde, sobre la base de la experiencia de la Comuna de París de 1871, así como de la experiencia de las revoluciones rusas de 1905 y 1917-1918, al período de transición del capitalismo al socialismo, es decir, al período de la dictadura del proletariado;

utilizar amplia y plenamente la antorcha de la revolución socialista mundial encendida en Rusia para, paralizando los intentos de los Estados burgueses imperialistas de intervenir en los asuntos interiores de Rusia o de unirse para la lucha directa y la guerra contra la república soviética socialista, trasladar la revolución a los países más avanzados y, en general, a todos los países;

mediante una serie de medidas graduales pero firmes, destruir completamente el comercio privado, organizando un correcto y planificado intercambio de productos entre las comunas productoras y consumidoras del todo económico único que debe llegar a ser la República Soviética.

Desarrollando más concretamente las tareas generales del poder soviético, el PCR las define actualmente del modo siguiente:

**en el terreno político**

Si antes de la conquista del poder político por el proletariado la utilización de la democracia burguesa y en especial del parlamentarismo era (obligatoriamente) necesaria con el fin de la educación política y la organización de las masas obreras, ahora, después de la conquista del poder político por el proletariado, bajo el tipo más elevado de democratismo realizado en la república soviética, todo paso atrás hacia el parlamentarismo burgués y hacia la democracia burguesa sería un servicio absolutamente reaccionario a los intereses de los explotadores, terratenientes y capitalistas. Solo a los intereses de los explotadores sirven las consignas de la democracia supuestamente popular, nacional, general, extraclasista, pero en realidad burguesa, y mientras subsista la propiedad privada de la tierra y de los demás medios de producción, la república más democrática sigue siendo inevitablemente una dictadura de la burguesía, una máquina para la represión de la gigantesca mayoría de los trabajadores por un puñado de capitalistas.

La tarea histórica que recae sobre la república soviética –nuevo tipo de Estado, transición a la supresión completa del Estado– consiste en lo siguiente:

1) La creación y el desarrollo de una organización integral y masiva precisamente de las clases oprimidas por el capitalismo, el proletariado y el semiproletariado. La república democrático-burguesa, en el mejor de los casos, admitía la organización de las masas explotadas en el sentido de que la declaraba libre, pero en la práctica siempre ponía innumerables obstáculos factuales a su organización, y estos obstáculos estaban inseparablemente vinculados a la propiedad privada de los medios de producción. El poder soviético, por primera vez en la historia, no solo facilita integralmente la organización de las masas oprimidas por el capitalismo, sino que la convierte en la base constante e indispensable de todo el aparato estatal, de abajo arriba, local y central. Solo así se realiza en la práctica el democratismo para la mayoría de la población, es decir, la participación efectiva en la gestión del estado de la gigantesca mayoría del pueblo, precisamente los trabajadores, en lugar de la gestión efectiva del estado, principalmente por representantes de las clases burguesas, como ocurre en las más democráticas repúblicas burguesas.

2) La organización soviética del estado otorga cierta ventaja factual precisamente a aquella parte de las masas trabajadoras que está más concentrada, unida, ilustrada y templada en la lucha por todo el desarrollo capitalista anterior al socialismo, es decir, al proletariado industrial urbano. Esta ventaja debe ser utilizada constante y sistemáticamente para, en contraposición a los intereses estrechamente gremiales y estrechamente profesionales que el capitalismo cultivaba entre los obreros, dividiéndolos en grupos competidores entre sí, unir más estrechamente con los obreros avanzados a las masas más atrasadas y dispersas de proletarios y semiproletarios del campo, arrancándolas de la influencia del kulak rural y la burguesía rural, organizándolas y educándolas para la construcción comunista.

3) La democracia burguesa, proclamando solemnemente la igualdad de todos los ciudadanos, en la práctica encubría hipócritamente el dominio de los explotadores-capitalistas, engañando a las masas con la idea de que sería posible en la práctica la igualdad del explotador con los explotados. La organización soviética del estado destruye este engaño y esta hipocresía, realizando un democratismo real, es decir, la igualdad real de todos los trabajadores, y excluyendo a los explotadores de los miembros con plenos derechos de la sociedad. La experiencia de toda la historia mundial, de todas las rebeliones de las clases oprimidas contra los opresores, enseña la inevitabilidad de una resistencia desesperada y prolongada de los explotadores en la lucha por la conservación de sus privilegios. La organización soviética del estado está adaptada para la represión de esta resistencia, sin la cual no puede hablarse de una revolución comunista victoriosa.

4) Una influencia más directa de las masas trabajadoras en la organización y gestión del estado, es decir, una forma más elevada de democratismo, se alcanza bajo el tipo soviético de estado también, en primer lugar, porque el procedimiento de elecciones y la posibilidad de realizarlas con más frecuencia, así como las condiciones de reelección y revocación de los diputados, son mucho más fáciles y accesibles para los obreros de la ciudad y el campo que en las mejores formas de democracia burguesa.

5) En segundo lugar, porque la unidad electoral primaria y la célula básica de la construcción estatal es, bajo el poder soviético, no el distrito territorial, sino la unidad económica, de producción (la fábrica, el taller). Este vínculo más estrecho del aparato estatal con las masas de proletarios avanzados unidas por el capitalismo, además de crear un democratismo más elevado, brinda también la posibilidad de realizar profundas transformaciones socialistas.

6) La organización soviética permitió crear una fuerza armada de obreros y campesinos que está mucho más estrechamente vinculada que antes con las masas trabajadoras y explotadas. Sin esto sería imposible realizar una de las condiciones fundamentales de la victoria del socialismo, a saber: el armamento de los obreros y el desarme de la burguesía.

7) La organización soviética desarrolló incomparablemente más lejos y más ampliamente aquel aspecto de la democracia burguesa que señala su gran progresividad histórica en comparación con la Edad Media, a saber, la participación de la población en la elección de los funcionarios. En ninguno de los estados burgueses más democráticos las masas trabajadoras han ejercido jamás el derecho de elección que les otorga formalmente la burguesía, pero que ella obstaculiza en la práctica, ni siquiera aproximadamente en una medida tan amplia, con tanta frecuencia, de forma tan universal, tan fácil y simple como bajo el poder soviético. Pero al mismo tiempo, la organización soviética desechó aquellos aspectos negativos de la democracia burguesa que la Comuna de París ya había comenzado a abolir, cuya estrechez y limitación señaló hace tiempo el marxismo, a saber, el parlamentarismo como separación del poder legislativo del ejecutivo. Al fusionar ambos poderes, los Soviets acercan el aparato estatal a las masas trabajadoras y eliminan esa barrera que era el parlamento burgués, que engañaba a las masas con rótulos hipócritas, encubría las triquiñuelas financieras y bursátiles de los politicastros parlamentarios y garantizaba la intangibilidad del aparato burgués de gestión del estado.

8) Solo gracias a la organización soviética del estado pudo la revolución del proletariado destruir y desmantelar de raíz el viejo aparato estatal burgués; sin esto, el inicio de la construcción socialista habría sido imposible. En la actualidad, en Rusia, ya están completamente destruidas las fortalezas del burocratismo, que en todas partes y siempre ataban el poder estatal a los intereses de los terratenientes y capitalistas, tanto bajo la monarquía como en la más democrática república burguesa. Pero la lucha contra el burocratismo está lejos de haber terminado entre nosotros. Una parte de las posiciones que ha perdido, la burocracia intenta recuperarlas aprovechando, por un lado, el nivel cultural insuficientemente elevado de las masas de la población y, por otro, la tensión extrema, casi sobrehumana, de las fuerzas del estrato más desarrollado de los obreros urbanos en el trabajo militar. Por lo tanto, la continuación de la lucha contra el burocratismo es absoluta e imperiosamente necesaria para el éxito de la posterior construcción socialista.

9) El trabajo en esta dirección, indisolublemente ligado a la realización de la tarea histórica principal del poder soviético, a saber, la transición a la completa destrucción del estado, debe consistir, en primer lugar, en que cada miembro del Soviet cumpla obligatoriamente un trabajo determinado de gestión del estado; en segundo lugar, en que estos trabajos se alternen consecutivamente, abarcando todo el círculo de asuntos relacionados con la gestión estatal, todas sus ramas; y, en tercer lugar, en que, mediante una serie de medidas graduales y cuidadosamente seleccionadas, pero aplicadas inexorablemente, toda la población trabajadora en pleno sea atraída a la participación independiente en la gestión del estado.

10) En general y en conjunto, la diferencia entre la democracia burguesa y el parlamentarismo, por un lado, y la democracia soviética o proletaria, por el otro, se reduce a que la primera trasladaba el centro de gravedad a la proclamación solemne y fastuosa de toda clase de libertades y derechos, sin permitir en la práctica que la mayoría de la población, los obreros y campesinos, los disfrutara en medida suficiente. Por el contrario, la democracia proletaria o soviética traslada el centro de gravedad no a proclamar los derechos y libertades de todo el pueblo, sino a asegurar en la práctica precisamente a aquellas masas trabajadoras que fueron oprimidas y explotadas por el capital el acceso real a la gestión del estado, el uso real de los mejores edificios y locales para asambleas y congresos, de las mejores imprentas y de los mayores almacenes (reservas) de papel para la ilustración de aquellos a quienes el capitalismo embrutecía y abatía, a asegurar precisamente a estas masas la posibilidad real (factual) de liberarse gradualmente del yugo de los prejuicios religiosos, etc., etc. En esta dirección de la concesión factual a los trabajadores y explotados de la posibilidad de disfrutar en la práctica de los bienes de la cultura, la civilización y la democracia, consiste el trabajo más importante del poder soviético, que debe continuarlo inexorablemente en adelante.

En la cuestión nacional, la política del PCR, a diferencia de la proclamación burgués-democrática de la igualdad de las naciones, irrealizable bajo el imperialismo, consiste en la aplicación constante del acercamiento y la fusión de los proletarios y las masas trabajadoras de todas las naciones en su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía. La desconfianza hacia los grandes rusos, heredada de la época del imperialismo gran ruso zarista y burgués, desaparece rápidamente entre las masas trabajadoras de las naciones que formaban parte del Imperio ruso, desaparece bajo la influencia del conocimiento de la Rusia Soviética, pero esta desconfianza no ha desaparecido por completo en todas las naciones ni en todas las capas de la masa trabajadora. Por lo tanto, es necesaria una especial cautela respecto al sentimiento nacional, una aplicación cuidadosa de la igualdad y la libertad de separación de las naciones en la práctica, para quitarle terreno a esta desconfianza y lograr la unión voluntaria más estrecha de las Repúblicas Soviéticas de todas las naciones. La ayuda a las naciones atrasadas y débiles debe reforzarse mediante el fomento de la organización independiente y la educación de los obreros y campesinos de cada nación en la lucha contra la opresión medieval y burguesa, así como mediante el fomento del desarrollo de la lengua y la literatura de las naciones hasta ahora oprimidas o que eran desiguales en derechos.

En el ámbito de la política religiosa, la tarea de la dictadura proletaria (del PCR) consiste en no contentarse con la separación de la iglesia del estado y de la escuela de la iglesia, ya decretada, es decir, con medidas que la democracia burguesa prometió pero que en ninguna parte del mundo llevó hasta el final, debido a los múltiples vínculos fácticos del capital con la propaganda religiosa. La dictadura proletaria debe llevar hasta el final la destrucción del vínculo entre las clases explotadoras, terratenientes y capitalistas, y la organización de la propaganda religiosa como apoyo a la oscuridad de las masas. La dictadura proletaria debe realizar constantemente la liberación efectiva de las masas trabajadoras de los prejuicios religiosos, logrando esto mediante la propaganda y la elevación de la conciencia de las masas, cuidando al mismo tiempo de evitar toda ofensa a los sentimientos de la parte creyente de la población y el afianzamiento del fanatismo religioso.

En el ámbito de la instrucción pública, el PCR se plantea como tarea llevar hasta el final la obra iniciada con la Revolución de Octubre de 1917 de transformar la escuela de instrumento de dominación de clase de la burguesía en instrumento de destrucción de esa dominación, así como de la supresión completa de la división de la sociedad en clases.

En el período de la dictadura del proletariado, es decir, en el período de preparación de las condiciones que hacen posible la realización completa del comunismo, la escuela debe ser no solo portadora de los principios del comunismo en general, sino portadora de la influencia ideológica, organizativa y educativa del proletariado sobre las capas semiproletarias y no proletarias de las masas trabajadoras, con el fin de educar a una generación capaz de realizar definitivamente el comunismo.

Las tareas inmediatas en este camino son actualmente las siguientes:

1) Realización de la enseñanza general y politécnica (que familiarice en teoría y en la práctica con todas las ramas principales de la producción), gratuita y obligatoria para todos los niños de ambos sexos hasta los 16 años.

2) Realización de un estrecho vínculo de la enseñanza con el trabajo socialmente productivo.

3) Suministro a todos los alumnos de alimentos, vestimenta y material didáctico por cuenta del Estado.

4) Intensificación de la agitación y la propaganda entre el magisterio.

5) Preparación de cuadros de nuevo magisterio imbuido de las ideas del comunismo.

6) Atracción de la población trabajadora a la participación activa en la obra de la instrucción (desarrollo de los consejos de instrucción pública, movilización de los alfabetizados, etc.).

7) Ayuda integral del poder soviético a la autoeducación y al autodesarrollo de los obreros y campesinos trabajadores (creación de bibliotecas, escuelas para adultos, universidades populares, cursos de conferencias, cines, estudios, etc.).

8) Desarrollo de la más amplia propaganda de las ideas comunistas.

Desarrollando más concretamente las tareas generales del poder soviético, el PCR las define actualmente del modo siguiente:

**en el ámbito económico**

la tarea del poder soviético consiste actualmente en lo siguiente:

(1) Continuar constantemente y llevar hasta el final la expropiación de la burguesía, iniciada y en lo principal y fundamental ya concluida, transformar los medios de producción y circulación en propiedad de la República Soviética, es decir, propiedad común de todos los trabajadores.

(2) Prestar una atención especialmente grande al desarrollo y fortalecimiento de la disciplina de compañerismo de los trabajadores y al aumento integral de su iniciativa y conciencia de responsabilidad. En esto consiste el medio principal, si no el único, para superar definitivamente el capitalismo y las costumbres creadas por el dominio de la propiedad privada sobre los medios de producción. La consecución de este objetivo exige un trabajo lento y tenaz de reeducación de las masas, y tal reeducación no solo se ha hecho ahora posible, cuando las masas han visto en la práctica la eliminación del terrateniente, del capitalista y del comerciante, sino que esta reeducación se realiza efectivamente ahora por miles de caminos, a través de la propia experiencia práctica de los obreros y campesinos. Una importancia extraordinaria tiene en este aspecto el trabajo de desarrollo de la unión profesional de los trabajadores, que nunca ni en ninguna parte del mundo ha crecido tan rápidamente como bajo el poder soviético, pero que debe llevarse hasta la unión de la totalidad de todos los trabajadores en uniones de producción compactas, centralizadas y disciplinadas. Sin limitarse en modo alguno al viejo patrón del movimiento profesional, debemos, comprobando cada paso con los resultados de la experiencia práctica, convertir las uniones, por un lado, en órganos de dirección de toda la economía nacional; el acercamiento y el estrecho vínculo de las uniones profesionales con el Consejo Supremo de la Economía Nacional, con el Comisariado del Trabajo, y luego con todas las demás ramas de la administración estatal deben crecer y fortalecerse; por otro lado, las uniones profesionales deben convertirse aún más en órganos de educación laboral y socialista de toda la masa trabajadora en su totalidad, de modo que la experiencia práctica de la participación en la gestión abarque, bajo el control de la vanguardia obrera, a las capas más atrasadas de los obreros.

(3) El aumento de la productividad del trabajo constituye una de las tareas fundamentales, pues sin ello es imposible la transición definitiva al comunismo. El logro de este objetivo, además del trabajo prolongado de educación de las masas y de elevación de su nivel cultural, exige la utilización inmediata, amplia y multilateral de los especialistas de la ciencia y la técnica que nos ha legado el capitalismo y que inevitablemente suelen estar imbuidos de la cosmovisión y las costumbres burguesas. El Partido debe, en estrecha alianza con las uniones profesionales, mantener su línea anterior: por un lado, no hacer la menor concesión política a esta capa burguesa y reprimir sin piedad toda tentativa contrarrevolucionaria de su parte, y, por otro lado, combatir también sin piedad la presunción seudorradical, pero en realidad ignorante, de que los trabajadores pueden superar el capitalismo y el régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos, sin realizar una larga escuela de trabajo junto a ellos.

Aspirando a la igualdad de remuneración por todo trabajo y al comunismo completo, no podemos en modo alguno plantearnos como tarea la realización inmediata de esta igualdad en el momento actual, cuando apenas se dan los primeros pasos hacia la transición del capitalismo al comunismo. Por ello, es necesario mantener durante un cierto tiempo una remuneración más alta a los especialistas, para que puedan trabajar no peor, sino mejor que antes, y con el mismo fin no se puede renunciar al sistema de primas por el trabajo más exitoso y especialmente por el trabajo organizativo; las primas serán inadmisibles bajo el sistema del comunismo completo, pero en la época de transición del capitalismo al comunismo no se puede prescindir de las primas, como lo atestiguan tanto las consideraciones teóricas como la experiencia de un año del poder soviético.

(4) Al mismo tiempo, es necesario trabajar sin cesar para rodear a los especialistas burgueses de un ambiente de trabajo común y camaradería, codo a codo con la masa de obreros comunes dirigidos por comunistas conscientes, y lograr pacientemente, sin desanimarse por los inevitables fracasos aislados, despertar en las personas con formación científica la conciencia de toda la vileza de utilizar la ciencia para el enriquecimiento personal y para la explotación del hombre por el hombre, la conciencia de la tarea más elevada de emplear la ciencia para familiarizar con ella a toda la masa de trabajadores.

(4) La realización del comunismo, que exige indudablemente la mayor y más estricta centralización del trabajo a escala de todo el Estado, presupone por ello mismo la superación de aquella dispersión y fragmentación de los obreros, profesional y local, que fue una de las fuentes del poder del capital y de la impotencia del trabajo. La lucha contra la estrechez y limitación gremiales, contra el egoísmo gremial, estrechamente vinculada a la lucha por la abolición del antagonismo entre la ciudad y el campo, presenta grandes dificultades y no puede iniciarse en gran escala sin un previo y gran aumento de la productividad del trabajo nacional. Sin embargo, se debe comenzar a dar los primeros pasos en esta labor inmediatamente, aunque sea al principio en marcos pequeños, locales y a modo de experimento, para comparar los resultados de las diversas medidas que se adopten en distintas profesiones y localidades. La movilización general de toda la población apta para el trabajo por parte del poder soviético, con la participación de los sindicatos, para la realización de determinados trabajos de utilidad social, debe aplicarse de manera incomparablemente más amplia y sistemática que hasta ahora.

(5) En el ámbito de la distribución, la tarea del poder soviético en la actualidad consiste en continuar sin desviaciones la sustitución del comercio por una distribución planificada y organizada a escala de todo el Estado de los productos. El objetivo es organizar a toda la población en comunas de producción y consumo, capaces de distribuir todos los productos necesarios con la mayor rapidez, planificación, economía y el menor gasto de trabajo, centralizando estrictamente todo el aparato distribuidor. Como medio transitorio para alcanzar este objetivo se encuentran las cooperativas. Su utilización representa una tarea similar a la utilización de los especialistas burgueses, en la medida en que al frente del aparato cooperativo heredado del capitalismo se hallan personas con hábitos burgueses de pensamiento y de gestión. El PCR debe continuar sistemáticamente su política: obligar a todos los miembros del partido a trabajar en las cooperativas, dirigirlas, también con ayuda de los sindicatos, en el espíritu comunista, desarrollar la iniciativa propia y la disciplina de la población trabajadora agrupada en cooperativas, lograr que toda la población quede abarcada por las cooperativas y que estas cooperativas se fusionen en una sola cooperativa única, de arriba abajo, que abarque toda la República Soviética; finalmente, y lo más importante, que la influencia predominante del proletariado sobre las demás capas de trabajadores esté constantemente asegurada y que en todas partes se pongan a prueba en la práctica diversas medidas que faciliten y realicen la transición de las cooperativas pequeñoburguesas del viejo tipo capitalista a las comunas de producción y consumo, dirigidas por proletarios y semiproletarios.

(6) Suprimir el dinero de golpe en el primer período de transición del capitalismo al comunismo resulta imposible. En consecuencia, los elementos burgueses de la población continúan utilizando los signos monetarios que permanecen en propiedad privada, esos certificados del derecho de los explotadores a recibir riqueza social, con fines de especulación, lucro y saqueo de los trabajadores. Solo la nacionalización de los bancos es insuficiente para combatir este vestigio del saqueo burgués. El PCR se esforzará por implementar lo más rápidamente posible las medidas más radicales que preparen la abolición del dinero, en primer lugar su sustitución por libretas de ahorro, cheques, bonos a corto plazo para el derecho a recibir productos sociales, etc., el establecimiento de la tenencia obligatoria del dinero en los bancos, etc. La experiencia práctica de la preparación y aplicación de estas y medidas similares mostrará cuáles son las más convenientes.

(7) En el ámbito financiero, el PCR aplicará el impuesto progresivo sobre la renta y sobre el patrimonio en todos los casos en que sea posible. Pero estos casos no pueden ser numerosos tras la abolición de la propiedad privada de la tierra y de la mayoría de las fábricas, talleres y demás empresas. En la época de la dictadura del proletariado y de la propiedad estatal de los medios de producción más importantes, las finanzas del Estado deben basarse en la asignación directa de una parte determinada de los ingresos procedentes de varios monopolios estatales para las necesidades del Estado. El equilibrio de ingresos y gastos solo es realizable con una correcta organización del intercambio de mercancías, a lo que conduce la organización de las comunas de producción y consumo y la restauración del transporte, que constituye uno de los principales objetivos inmediatos del poder soviético.

En el ámbito agrario

tras la abolición de la propiedad privada de la tierra, la [casi] completa expropiación de los terratenientes y la aplicación de la ley de socialización de la tierra, que reconoce la preferencia de la gran explotación común de la tierra, la tarea principal del poder soviético es encontrar y poner a prueba en la práctica las medidas transitorias más convenientes y prácticos en esta dirección.

La línea fundamental y el principio rector de la política agraria del PCR en esta situación sigue siendo el afán de apoyarse en los elementos proletarios y semiproletarios del campo. Hay que organizarlos, ante todo, como una fuerza independiente, acercarlos al proletariado urbano y arrancarlos de la influencia de la burguesía rural y de los intereses pequeñopropietarios. La organización de los comités de campesinos pobres fue uno de los pasos en este camino; la organización de células del partido en el campo, la reelección de los Soviets con la eliminación de los kulaks, la creación de un tipo especial de sindicatos de proletarios y semiproletarios del campo: estas y medidas similares deben aplicarse sin vacilación.

Con respecto a los kulaks, a la burguesía rural, la política del PCR consiste en la lucha decidida contra sus tendencias explotadoras, en la represión de su resistencia a la política soviética y socialista.

Con respecto al campesinado medio, la política del PCR consiste en una actitud cuidadosa hacia él; hay que separarlo de los kulaks y de ningún modo aplicar a él medidas de represión; el campesinado medio puede, por su posición de clase, ser aliado del poder proletario en la transición al socialismo o, al menos, un elemento neutral. Por lo tanto, a pesar de los inevitables fracasos parciales y las vacilaciones del campesinado medio, hay que esforzarse constantemente por llegar a un acuerdo con él, atendiendo solícitamente a todos sus deseos y haciendo concesiones en la determinación de los modos de llevar a cabo las transformaciones socialistas. Se sitúa entre los primeros lugares, además, la lucha contra los abusos de aquellos representantes del poder soviético que, valiéndose engañosamente del título de comunistas, llevan a cabo en la práctica una política no comunista, sino burocrática y autoritaria, y la expulsión despiadada de tales personas, estableciendo un control más estricto tanto con ayuda de los sindicatos como por otras vías.

En cuanto a las medidas de transición hacia la agricultura comunista, el PCR verificará en la práctica las tres medidas principales que ya ha creado la vida: las haciendas soviéticas, las comunas agrícolas y las sociedades (así como las asociaciones) de cultivo común de la tierra, procurando su aplicación más amplia y más correcta, especialmente en lo que respecta a los modos de desarrollar la participación voluntaria de los campesinos en estas nuevas formas de agricultura colectiva y a la organización del campesinado trabajador para el control desde abajo y la disciplina de camaradería.

En el ámbito de la política alimentaria, el PCR defiende el fortalecimiento y desarrollo del monopolio estatal, sin renunciar a la utilización de cooperativas y comerciantes privados o empleados del comercio, ni a la aplicación de un sistema de primas bajo la condición del control del Poder Soviético y con el objetivo de lograr la mejor organización del asunto. Las concesiones parciales que de vez en cuando es necesario hacer están motivadas exclusivamente por agravamientos excepcionales de la necesidad y nunca conducen a renunciar al empeño tenaz de realizar el monopolio estatal. En un país de pequeña economía campesina, su realización es muy difícil, requiere un trabajo prolongado y la prueba práctica de una serie de medidas transitorias que conduzcan por diversos caminos a la meta, es decir, a la organización generalizada y al funcionamiento correcto de las comunas productivo-consumidoras con la entrega de todos los excedentes alimentarios al Estado.

2. Proyecto de programa del PCR (bolcheviques)

(1) La revolución del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 en Rusia realizó la dictadura del proletariado, que comenzó, con el apoyo del campesinado pobre o semiproletariado, a edificar las bases de la sociedad comunista. El crecimiento del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países avanzados, la aparición y el desarrollo generalizados de la forma soviética de este movimiento, es decir, de una forma dirigida directamente a la realización de la dictadura del proletariado, finalmente, el comienzo y el curso del desarrollo de la revolución en Austria-Hungría y Alemania en particular, todo esto ha mostrado de manera palpable que ha comenzado la era de la revolución mundial proletaria y comunista.

(2) La comprensión correcta de las causas, el significado y los fines de esta revolución exige esclarecer la esencia del capitalismo y la inevitabilidad de su desarrollo hacia el comunismo, a través del imperialismo y las guerras imperialistas, que aceleran el colapso del capitalismo.

(3) La naturaleza del capitalismo y de la sociedad burguesa, que aún domina en la mayoría de los países civilizados y cuyo desarrollo conduce inevitablemente a la revolución comunista mundial del proletariado, fue caracterizada correctamente por nuestro viejo programa (salvo por la denominación inexacta del partido como socialdemócrata) en las siguientes tesis:

(4) «La característica principal de dicha sociedad es la producción mercantil basada en las relaciones capitalistas de producción, en las cuales la parte más importante y significativa de los medios de producción y de circulación de mercancías pertenece a una clase numéricamente reducida de personas, mientras que la inmensa mayoría de la población está compuesta por proletarios y semiproletarios, obligados por su situación económica a vender constante o periódicamente su fuerza de trabajo, es decir, a ponerse al servicio de los capitalistas como asalariados, y a crear con su trabajo el ingreso de las clases superiores de la sociedad.

(5) El ámbito de dominio de las relaciones capitalistas de producción se extiende cada vez más a medida que el constante perfeccionamiento de la técnica, al aumentar la importancia económica de las grandes empresas, lleva al desplazamiento de los pequeños productores independientes, transformando a una parte de ellos en proletarios, reduciendo el papel de los restantes en la vida socioeconómica y colocándolos en algunos lugares en una dependencia más o menos completa, más o menos manifiesta, más o menos gravosa del capital.

(6) Ese mismo progreso técnico proporciona además a los empresarios la posibilidad de aplicar en mayor escala el trabajo femenino e infantil en el proceso de producción y circulación de mercancías. Y como, por otra parte, conduce a una disminución relativa de la necesidad de los empresarios de trabajo vivo de los obreros, la demanda de fuerza de trabajo se rezaga necesariamente respecto de su oferta, debido a lo cual aumenta la dependencia del trabajo asalariado respecto del capital y se eleva el nivel de su explotación.

(7) Semejante estado de cosas dentro de los países burgueses y su recíproca rivalidad, que se agudiza constantemente en el mercado mundial, hacen cada vez más difícil la venta de las mercancías producidas en cantidad constantemente creciente. La superproducción, que se manifiesta en crisis industriales más o menos agudas, seguidas por períodos más o menos prolongados de estancamiento industrial, constituye una consecuencia inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa. Las crisis y los períodos de estancamiento industrial, a su vez, arruinan aún más a los pequeños productores, aumentan aún más la dependencia del trabajo asalariado respecto del capital y conducen aún más rápidamente al empeoramiento relativo, y a veces absoluto, de la situación de la clase obrera.

(8) Así, el perfeccionamiento de la técnica, que significa aumento de la productividad del trabajo y crecimiento de la riqueza social, condiciona en la sociedad burguesa el incremento de la desigualdad social, el aumento de la distancia entre poseedores y desposeídos, y el crecimiento de la inseguridad de la existencia, el desempleo y toda clase de privaciones para capas cada vez más amplias de las masas trabajadoras.

(9) Pero a medida que crecen y se desarrollan todas estas contradicciones propias de la sociedad burguesa, también crece el descontento de la masa trabajadora y explotada con el orden de cosas existente, aumentan el número y la cohesión de los proletarios y se agudiza su lucha contra sus explotadores. Al mismo tiempo, el perfeccionamiento de la técnica, al concentrar los medios de producción y de circulación y al socializar el proceso de trabajo en las empresas capitalistas, crea cada vez más rápidamente la posibilidad material de sustituir las relaciones capitalistas de producción por las comunistas, es decir, por aquella revolución social que constituye el fin último de toda la actividad del Partido Comunista Internacional, como expresador consciente del movimiento de clase del proletariado.

(10) Al sustituir la propiedad privada de los medios de producción y de circulación por la propiedad social e introducir una organización planificada del proceso social-productivo para asegurar el bienestar y el desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad, la revolución social del proletariado destruirá la división de la sociedad en clases y liberará así a toda la humanidad oprimida, pues pondrá fin a todas las formas de explotación de una parte de la sociedad por otra.

(11) La condición necesaria de esta revolución social es la dictadura del proletariado, es decir, la conquista por el proletariado de un poder político que le permita aplastar toda resistencia de los explotadores. Proponiéndose la tarea de hacer capaz al proletariado de cumplir su gran misión histórica, el Partido Comunista Internacional lo organiza en un partido político independiente, opuesto a todos los partidos burgueses, dirige todas las manifestaciones de su lucha de clases, desenmascara ante él la oposición irreconciliable de los intereses de los explotadores a los intereses de los explotados y le esclarece el significado histórico y las condiciones necesarias de la próxima revolución social. Al mismo tiempo, descubre ante toda la demás masa trabajadora y explotada lo desesperado de su situación en la sociedad capitalista y la necesidad de la revolución social en interés de su propia liberación del yugo del capital. El partido de la clase obrera, el partido comunista, llama a sus filas a todas las capas de la población trabajadora y explotada, en la medida en que estas adopten el punto de vista del proletariado».

(12) El proceso de concentración y centralización del capital, al destruir la libre competencia, llevó a comienzos del siglo XX a la creación de poderosas uniones monopolísticas de capitalistas (sindicatos, cárteles, trusts), que adquirieron una importancia decisiva en toda la vida económica; a la fusión del capital bancario con el capital industrial, concentrado en enorme escala; a la intensificación de la exportación de capitales a países extranjeros; a que comenzara la división económica del mundo, ya dividido territorialmente entre los países más ricos y los trusts que abarcan grupos cada vez más amplios de potencias capitalistas. Esta época del capital financiero, época de una lucha inusitadamente encarnizada entre los estados capitalistas, es la época del imperialismo.

(13) De ahí se derivan inevitablemente las guerras imperialistas, guerras por los mercados de venta, por las esferas de aplicación del capital, por las materias primas y la mano de obra barata, es decir, por el dominio mundial y por la sofocación de los pueblos pequeños y débiles. Tal es precisamente la primera gran guerra imperialista de 1914-1918.

(14) Y el grado sumamente elevado del desarrollo del capitalismo mundial en general; y la sustitución de la libre competencia por el capitalismo monopolista de Estado; y la preparación por los bancos, así como por las uniones de capitalistas, del aparato para la regulación social del proceso de producción y distribución de los productos; y el aumento del costo de vida y la opresión de los sindicatos sobre la clase obrera, ligados al crecimiento de los monopolios capitalistas, su esclavización por el Estado imperialista, la gigantesca dificultad de la lucha económica y política del proletariado; y los horrores, calamidades, devastación engendrados por la guerra imperialista – todo esto convierte la etapa actual del desarrollo del capitalismo en la era de la revolución proletaria, comunista.

Esta era ha comenzado.

(15) Solo la revolución proletaria, comunista, puede sacar a la humanidad del callejón sin salida creado por el imperialismo y las guerras imperialistas. Cualesquiera que sean las dificultades de la revolución y sus posibles fracasos temporales o las olas de contrarrevolución, la victoria final del proletariado es inevitable.

(16) La victoria de la revolución proletaria mundial exige la más completa confianza, la más estrecha unión fraternal y la mayor unidad posible de la acción revolucionaria de la clase obrera de los países avanzados. Estas condiciones son irrealizables sin una ruptura principista decidida y una lucha implacable contra esa deformación burguesa del socialismo que ha triunfado en las cúpulas de los partidos oficiales «socialdemócratas» y «socialistas».

(17) Tal deformación es, por un lado, la corriente del oportunismo y del sociolovinismo, socialismo de palabra, chovinismo de hecho, encubrimiento de la defensa de los intereses rapaces de la burguesía nacional «propia» con la consigna falsa de «defensa de la patria», tanto en general como especialmente durante la guerra imperialista de 1914-1918. Esta corriente fue creada por el hecho de que los estados capitalistas avanzados, saqueando a los pueblos coloniales y débiles, daban a la burguesía la posibilidad de sobornar a las cúpulas del proletariado con partes de las superganancias obtenidas mediante ese saqueo, asegurarles en tiempos de paz una existencia pequeñoburguesa tolerable y tomar a su servicio a los dirigentes de ese estrato. Los oportunistas y sociolovinistas, siendo siervos de la burguesía, son enemigos de clase directos del proletariado, especialmente ahora, cuando, aliados con los capitalistas, reprimen con mano armada el movimiento revolucionario del proletariado tanto en sus propios países como en los ajenos.

(18) Por otro lado, la deformación burguesa del socialismo ha sido la corriente del «centro», observada igualmente en todos los países capitalistas, que oscila entre los sociolovinistas y los comunistas, defendiendo la unidad con los primeros e intentando resucitar a la II Internacional, quebrada. El único dirigente de la lucha del proletariado por su liberación es la nueva, III Internacional Comunista, fundada de hecho por la formación de partidos comunistas a partir de los elementos verdaderamente proletarios de los antiguos partidos socialistas en varios países, y especialmente en Alemania, y que gana cada vez más simpatía entre las masas del proletariado de todos los países. Esta Internacional no solo retorna en su nombre al marxismo, sino que realiza toda la enseñanza revolucionaria de Marx, depurada de las deformaciones burguesas-oportunistas, por todo su contenido ideológico-político, por todas sus acciones.

«Pravda» n.º 43, 25 de febrero de 1919

Se publica según la copia mecanográfica corregida por V. I. Lenin

3. Inserción a la parte política del programa

Al mismo tiempo, el PCR debe explicar a las masas trabajadoras, para evitar una generalización incorrecta de necesidades históricas transitorias, que la privación del derecho electoral de una parte de los ciudadanos no afecta en la república soviética, como ocurría en la mayoría de las repúblicas burguesas-democráticas, a una categoría determinada de ciudadanos declarados sin derechos de por vida, sino que se refiere solo a los explotadores, solo a aquellos que, contraviniendo las leyes fundamentales de la república soviética socialista, persisten en defender su posición de explotadores, en mantener relaciones capitalistas. Por consiguiente, en la república soviética, por un lado, con el fortalecimiento diario del socialismo y la reducción del número de quienes tienen objetivamente la posibilidad de seguir siendo explotadores o de mantener relaciones capitalistas, disminuye por sí mismo el porcentaje de los privados del derecho electoral. Difícilmente supera ahora este porcentaje en Rusia el dos o tres por ciento. Por otro lado, en un futuro muy cercano, el cese de la invasión exterior y la culminación de la expropiación de los expropiadores pueden, bajo ciertas condiciones, crear una situación en la que el poder estatal proletario elija otros medios para reprimir la resistencia de los explotadores e introduzca el sufragio universal{27} sin restricciones de ningún tipo.

4. Fragmento de la parte política del programa{28}

Al asegurar para las masas trabajadoras una posibilidad incomparablemente mayor que bajo la democracia burguesa y el parlamentarismo de realizar elecciones y revocación de diputados del modo más fácil y accesible para los obreros y campesinos, la Constitución soviética elimina al mismo tiempo los aspectos negativos del parlamentarismo ya aclarados desde la época de la Comuna de París, especialmente la separación de los poderes legislativo y ejecutivo, el desligamiento del parlamento de las masas, etc.

La Constitución soviética acerca el aparato estatal a las masas también por el hecho de que la unidad electoral y la célula básica del estado no es la circunscripción territorial, sino la unidad productiva (fábrica, taller).

Un vínculo más estrecho del aparato estatal con las masas, bajo los Soviets, permite crear en...

5. Punto del programa en el ámbito de las relaciones nacionales

En la cuestión nacional, la política del proletariado que ha conquistado el poder estatal, a diferencia de la proclamación formal burguesa-democrática de la igualdad de las naciones, irrealizable bajo el imperialismo, consiste en la realización práctica constante del acercamiento y fusión de los obreros y campesinos de todas las naciones en su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía. La realización de este objetivo exige la liberación completa de las naciones coloniales y otras que se encontraban en situación oprimida o de desigualdad de derechos, con la concesión de la libertad de separación como garantía de que la desconfianza hacia las masas trabajadoras de diferentes naciones, heredada del capitalismo, y el resentimiento de los obreros de las naciones oprimidas contra los obreros de las naciones opresoras se disipen por completo y sean sustituidos por una unión consciente y voluntaria. Por parte de los obreros de aquellas naciones que bajo el capitalismo fueron opresoras, se requiere una especial cautela hacia el sentimiento nacional de las naciones oprimidas (por ejemplo, por parte de los grandes rusos, ucranianos, polacos hacia los judíos, por parte de los tártaros hacia los baskires, etc.), el fomento no solo de la igualdad de derechos efectiva, sino también del desarrollo de la lengua, la literatura de las masas trabajadoras de las naciones anteriormente oprimidas para eliminar todos los vestigios de desconfianza y alienación heredados de la época del capitalismo.

6. Inserción en el proyecto definitivo del punto del programa sobre la cuestión nacional{29}

En la cuestión de quién es el portador de la voluntad de separación de la nación, el PCR se sitúa en el punto de vista histórico-clase, teniendo en cuenta en qué escalón de su desarrollo histórico se encuentra dicha nación: en el camino de la Edad Media a la democracia burguesa o de la democracia burguesa a la democracia soviética o proletaria, etc. En todo caso, por parte de…

7. Introducción al punto del programa en el ámbito militar

En el ámbito de las tareas militares y del trabajo militar, la situación en la república soviética se ha configurado bajo la dictadura del proletariado de la siguiente manera.

La guerra imperialista, como había previsto desde hace tiempo nuestro partido, no podía terminar no solo con una paz justa, sino en general con la simple conclusión de una paz medianamente estable por parte de los gobiernos burgueses. Esta ilusión pequeñoburguesa de demócratas, socialistas y socialdemócratas ha sido completamente refutada por el curso de los acontecimientos. Por el contrario, la guerra imperialista se ha transformado y se transforma ante nuestros ojos inevitablemente en guerra civil de las masas trabajadoras explotadas, con el proletariado a su cabeza, contra los explotadores, contra la burguesía.

Tanto la resistencia de los explotadores, que crece a medida que arrecian los embates del proletariado y se ve especialmente reforzada por la victoria del proletariado en países particulares, como la solidaridad y organización internacional de la burguesía, todo ello conduce inevitablemente a la combinación de la guerra civil dentro de países particulares con las guerras revolucionarias entre los países proletarios y los países burgueses que defienden el dominio del capital. En virtud del carácter de clase de tales guerras, la distinción entre guerras defensivas y ofensivas pierde definitivamente todo sentido.

En conjunto y en general, este proceso de desarrollo de la guerra civil internacional, que se despliega ante nuestros ojos, con especial rapidez desde finales de 1918, es el producto natural de la lucha de clases bajo el capitalismo y la etapa natural hacia la victoria de la revolución proletaria internacional.

Por ello, el PCR rechaza de plano, como ilusiones reaccionarias pequeñoburguesas de los demócratas pequeñoburgueses, aunque se hagan llamar socialistas y socialdemócratas, las esperanzas en el desarme bajo el capitalismo, y opone a todas consignas semejantes, que en la práctica solo juegan a favor de la burguesía, la consigna del armamento del proletariado y el desarme de la burguesía, la consigna de la represión total y despiadada de la resistencia de los explotadores, la consigna de la lucha hasta la victoria sobre la burguesía de todo el mundo, tanto en la guerra civil interna como en las guerras revolucionarias internacionales.

La experiencia práctica de más de un año de trabajo militar y de creación del ejército revolucionario proletario, tras el agotamiento y la fatiga inmensos causados por la guerra a todas las masas trabajadoras, ha llevado al PCR a las siguientes conclusiones fundamentales:

8. Primer párrafo del punto del programa sobre el tribunal

En el camino hacia el comunismo a través de la dictadura del proletariado, el partido de los comunistas, rechazando las consignas democráticas, suprime sin dejar rastro también aquellos órganos del dominio burgués – como los tribunales de la antigua organización, reemplazándolos por tribunales obreros y campesinos de clase. Al tomar todo el poder en sus manos, el proletariado, en lugar de la anterior fórmula vaga: «Elección de los jueces por el pueblo», plantea la consigna de clase: «Elección de los jueces entre los trabajadores solo por los trabajadores» y la aplica en toda la organización del tribunal. Al elegir para la composición del tribunal solo a representantes de obreros y campesinos que no emplean trabajo asalariado con el fin de obtener ganancias, el partido comunista no hace distinción para la mujer, igualando a ambos sexos en todos los derechos tanto en la elección de los jueces como en el ejercicio de las obligaciones de los jueces. Al abolir las leyes de los gobiernos derrocados, el partido da a los jueces elegidos por los electores soviéticos la consigna – realizar la voluntad del proletariado, aplicando sus decretos, y en caso de ausencia del decreto correspondiente o de su insuficiencia, regirse por la conciencia jurídica socialista, desechando las leyes de los gobiernos derrocados.

9. Punto del programa en el ámbito de la instrucción pública

En el ámbito de la instrucción pública, el PCR se propone como tarea llevar a término la obra comenzada con la Revolución de Octubre de 1917 de transformar la escuela de instrumento del dominio de clase de la burguesía en instrumento de destrucción de ese dominio, así como de la completa supresión de la división de la sociedad en clases. La escuela debe convertirse en instrumento de la dictadura del proletariado, es decir, no solo vehículo de los principios del comunismo en general, sino también vehículo de la influencia ideológica, organizadora y educativa del proletariado sobre las capas semiproletarias y no proletarias de las masas trabajadoras, en interés de la represión total de la resistencia de los explotadores y de la realización del régimen comunista. Las tareas más inmediatas en este camino son actualmente las siguientes:

(1) mayor desarrollo de la iniciativa propia de los obreros y campesinos trabajadores en el ámbito de la instrucción, con la ayuda integral del poder soviético;

(2) dominio definitivo no solo de una parte o mayoría del personal docente, como ahora, sino de todo el personal en el sentido de eliminar a los elementos burgueses contrarrevolucionarios incorregibles y asegurar la aplicación honesta de los principios (política) comunistas;

(3) implantación de la enseñanza general y politécnica (que familiarice en teoría y práctica con todas las principales ramas de la producción) gratuita y obligatoria para todos los niños de ambos sexos hasta los 16 años;

(4) realización del estrecho vínculo de la enseñanza con el trabajo productivo social infantil;

(5) suministro a todos los alumnos de alimentos, vestido y material didáctico por cuenta del Estado;

(6) atracción de la población trabajadora a la participación activa en la obra de la instrucción pública (desarrollo de los soviets de instrucción pública; movilización de los alfabetos, etc.);

o ad[2] 2)

(7) estrecho vínculo del personal docente con el aparato de agitación y propaganda del PCR.

10. Punto del programa en el ámbito de las relaciones religiosas

En lo que respecta a la religión, la política del PCR consiste en no contentarse con la ya decretada separación de la Iglesia del Estado y de la escuela de la Iglesia – es decir, medidas que la democracia burguesa prometió, pero en ninguna parte del mundo llevó a término, debido a los múltiples vínculos fácticos del capital con la propaganda religiosa.

El partido aspira a la destrucción completa del vínculo entre las clases explotadoras y la organización de la propaganda religiosa, así como a la liberación efectiva de las masas trabajadoras de los prejuicios religiosos, organizando para ello la más amplia propaganda científica, educativa y antirreligiosa. Es necesario, empero, evitar cuidadosamente toda ofensa a los sentimientos de los creyentes, que solo lleva a afianzar el fanatismo religioso.

11. Puntos de la parte económica del programa

Desarrollando más concretamente las tareas generales del poder soviético, el PCR las define actualmente del modo siguiente:

en el ámbito económico

la tarea del poder soviético consiste actualmente en lo siguiente:

(1) continuar sin desviaciones y llevar a término la expropiación de la burguesía, comenzada y ya concluida en lo principal y fundamental, transformando los medios de producción y circulación en propiedad de la república soviética, es decir, propiedad común de todos los trabajadores.

(2) Prestar atención especialmente grande al desarrollo y fortalecimiento de la disciplina de camaradería de los trabajadores y al incremento integral de su iniciativa propia y conciencia de responsabilidad. En esto consiste el medio principal, si no el único, para superar definitivamente el capitalismo y las costumbres creadas por el dominio de la propiedad privada sobre los medios de producción. El logro de este objetivo requiere un trabajo perseverante y lento de reeducación de las masas, y tal reeducación no solo se ha hecho ahora posible, cuando las masas han visto en la práctica la eliminación del terrateniente, el capitalista y el comerciante – esta reeducación transcurre ahora de hecho por miles de caminos, a través de la propia experiencia práctica de obreros y campesinos. Una importancia extraordinaria tiene a este respecto el trabajo para desarrollar la unificación profesional de los trabajadores, que nunca y en ninguna parte ha avanzado tan rápidamente como bajo el poder soviético, pero que debe ser llevada hasta la unificación de la totalidad de todos los trabajadores en sindicatos de producción armónicos, centralizados y disciplinados.

8.{30} La misma tarea de desarrollar las fuerzas productivas exige la utilización inmediata, amplia e integral de los especialistas de la ciencia y la técnica que nos ha legado el capitalismo, a pesar de que, en la mayoría de los casos, están inevitablemente imbuidos de concepción burguesa del mundo y hábitos burgueses. El partido debe, en estrecha alianza con las unificaciones profesionales, mantener su línea anterior: por un lado, no hacer la menor concesión política a esta capa burguesa y reprimir despiadadamente toda tentativa contrarrevolucionaria de la misma, y, por otro, luchar también despiadadamente contra la presunción seudorradical, pero en realidad ignorante, de que los trabajadores pueden superar el capitalismo y el régimen burgués sin aprender de los especialistas burgueses, sin utilizarlos, sin pasar por una larga escuela de trabajo junto a ellos.

Buscando la igualdad de remuneración por todo trabajo y el comunismo completo, el poder soviético no puede plantearse como tarea la realización inmediata de esta igualdad en el momento actual, cuando solo se dan los primeros pasos en la transición del capitalismo al comunismo. Por lo tanto, es necesario mantener durante cierto tiempo una remuneración más elevada para los especialistas, a fin de que puedan trabajar no peor, sino mejor que antes, y con el mismo objetivo no se puede renunciar al sistema de primas por el trabajo más exitoso y, especialmente, por el trabajo organizativo.

Del mismo modo, es necesario colocar a los especialistas burgueses en un ambiente de trabajo colectivo y fraternal, mano a mano con la masa de obreros corrientes, dirigidos por comunistas conscientes, y contribuir así a la comprensión mutua y al acercamiento de los trabajadores manuales e intelectuales que el capitalismo ha separado.

La movilización general de toda la población apta para el trabajo por parte del poder soviético, con la participación de los sindicatos, para la realización de ciertas obras públicas debe aplicarse de manera incomparablemente más amplia y sistemática de lo que se ha hecho hasta ahora.

En el ámbito de la distribución, la tarea del poder soviético en el momento actual consiste en continuar incesantemente la sustitución del comercio por una distribución planificada y organizada a escala nacional de los productos. El objetivo es organizar a toda la población en una red única de comunas de consumo, capaces de distribuir todos los productos necesarios con la mayor rapidez, planificación, economía y con el mínimo gasto de trabajo, centralizando estrictamente todo el aparato de distribución.

Especialmente importante para este fin, en el momento actual de formaciones transicionales que conectan diferentes principios, es la utilización por los órganos soviéticos de abastecimiento de las cooperativas como el único aparato masivo de distribución planificada, un aparato heredado del capitalismo.

Considerando que, en principio, el único desarrollo correcto de este aparato es su ulterior desarrollo comunista de este tipo, y no su rechazo, el PCR debe continuar sistemáticamente su política: obligar a todos los miembros del partido a trabajar en las cooperativas, dirigirlas, también con ayuda de los sindicatos, en un espíritu comunista, desarrollar la iniciativa propia y la disciplina de la población trabajadora unida en cooperativas, lograr que toda la población esté cubierta por las cooperativas y que estas cooperativas se fusionen en una única cooperativa que abarque de arriba abajo toda la República Soviética; finalmente, y lo más importante, que la influencia preponderante del proletariado sobre las demás capas de trabajadores esté constantemente asegurada y que en todas partes se pongan a prueba en la práctica diversas medidas que faciliten y realicen la transición de las cooperativas pequeñoburguesas del viejo tipo capitalista a las comunas de consumo, dirigidas por proletarios y semiproletarios.

(6) Es imposible abolir inmediatamente el dinero en el primer período de transición del capitalismo al comunismo. En consecuencia, los elementos burgueses de la población continúan utilizando los signos monetarios que permanecen en propiedad privada, estos certificados del derecho de los explotadores a recibir la riqueza social, con fines de especulación, lucro y saqueo de los trabajadores. Solo la nacionalización de los bancos no es suficiente para luchar contra este rezago del saqueo burgués. El PCR se esforzará por llevar a cabo lo más rápidamente posible las medidas más radicales que preparen la abolición del dinero, en primer lugar su sustitución por libretas de ahorro, cheques, bonos a corto plazo por el derecho a recibir productos sociales, etc., el establecimiento de la tenencia obligatoria del dinero en los bancos, etc. La experiencia práctica de la preparación e implementación de estas y medidas similares mostrará cuáles de ellas son las más convenientes.

(7) En el ámbito financiero, el PCR aplicará el impuesto progresivo sobre la renta y sobre el patrimonio en todos los casos en que sea posible. Pero estos casos no pueden ser numerosos después de la abolición de la propiedad privada sobre la tierra y sobre la mayoría de las fábricas, plantas y otras empresas. En la época de la dictadura del proletariado y de la propiedad estatal sobre los medios de producción más importantes, las finanzas del Estado deben basarse en el destino directo de una parte determinada de los ingresos de los diversos monopolios estatales a las necesidades del Estado. El equilibrio de ingresos y gastos solo es realizable con una correcta organización del intercambio de mercancías, a lo que conduce la organización de las comunas de consumo y la restauración del transporte, que constituye uno de los principales objetivos inmediatos del poder soviético.

[Primera página del manuscrito de V. I. Lenin "El punto agrario del programa". – 1919 (Reducido)]

12. El punto agrario del programa

El poder soviético, al haber realizado la abolición completa de la propiedad privada sobre la tierra, ha pasado ya a la implementación de una serie de medidas dirigidas a organizar la gran agricultura socialista. Las más importantes de estas medidas son: la creación de haciendas soviéticas, es decir, grandes explotaciones socialistas; el fomento de las comunas agrícolas, es decir, uniones voluntarias de agricultores para llevar a cabo una gran economía común, y las sociedades, así como las asociaciones para el cultivo público de la tierra; la organización de siembras estatales para sembrar todas las tierras sin sembrar, sean de quien sean; la movilización estatal de todas las fuerzas agronómicas para medidas enérgicas de elevación de la cultura agrícola, etc.

Considerando todas estas medidas como el único camino hacia el aumento absolutamente necesario de la productividad del trabajo agrícola, el PCR aspira a la implementación más completa posible de estas medidas, a su extensión a las regiones más atrasadas del país y a pasos ulteriores en la misma dirección.

En vista de que la contraposición entre la ciudad y el campo es una de las bases más profundas del atraso económico y cultural del campo, y en una época de crisis tan profunda como la actual, sitúa tanto a la ciudad como al campo ante el peligro inmediato de degeneración y ruina, el PCR ve en la eliminación de esta contraposición una de las tareas fundamentales de la construcción comunista y, junto con las medidas antes señaladas, considera necesario la atracción amplia y planificada de los obreros industriales a la construcción comunista en la agricultura, el desarrollo de la actividad del “Comité obrero de ayuda” de carácter estatal, ya instituido por el poder soviético con estos fines, y cosas por el estilo.

En todo su trabajo en el campo, el PCR se apoya como antes en las capas proletarias y semiproletarias del mismo, las organiza ante todo como fuerza independiente, creando comités de campesinos pobres, células del partido en el campo, sindicatos de tipo especial de proletarios y semiproletarios del campo, etc., acercándolos por todos los medios al proletariado urbano y arrancándolos de la influencia de la burguesía rural y de los intereses pequeñopropietarios.

Con respecto al kulak, a la burguesía rural, la política del PCR consiste en una lucha decidida contra sus tendencias explotadoras, en la represión de su resistencia a la política soviética y comunista.

Con respecto al campesinado medio, la política del PCR consiste en su implicación gradual y planificada en la obra de la construcción socialista. El Partido se plantea como tarea separarlo de los kulaks, atraerlo al lado de la clase obrera mediante una atención cuidadosa a sus necesidades, combatiendo su atraso con medidas de influencia ideológica y no con medidas de represión, esforzándose en todos los casos en que estén afectados sus intereses vitales por llegar a acuerdos prácticos con él, haciendo concesiones en la determinación de los modos de llevar a cabo las transformaciones socialistas.