Los enemigos de los trabajadores – los terratenientes y los capitalistas – dicen: los obreros y los campesinos no podrán vivir sin nosotros. Sin nosotros no habrá quien establezca el orden, distribuya el trabajo, obligue a trabajar. Sin nosotros todo se derrumbará y el Estado se desintegrará. Nos echaron, pero la ruina nos devolverá al poder. Tales discursos de los terratenientes y capitalistas no confundirán, no amedrentarán, no engañarán a los obreros y campesinos. En el ejército es necesaria la más estricta disciplina. Y, sin embargo, los obreros conscientes supieron unir a los campesinos, supieron tomar a su servicio a los viejos oficiales zaristas, supieron crear un ejército victorioso.

El Ejército Rojo creó una disciplina inusualmente firme no a fuerza de palos, sino sobre la base de la conciencia, la lealtad, la abnegación de los propios obreros y campesinos.

Y he aquí que, para salvar para siempre a los trabajadores del yugo de los terratenientes y capitalistas, de la restauración de su poder, es necesario crear el gran ejército rojo del trabajo. Será invencible si en él hay disciplina laboral. Los obreros y campesinos deben demostrar, y demostrarán, que saben organizar por sí mismos, sin los terratenientes y contra los terratenientes, sin los capitalistas y contra los capitalistas, la correcta distribución del trabajo, la disciplina sin reservas y la lealtad en el trabajo por el bien común.

La disciplina laboral, la energía frenética en el trabajo, la disposición al sacrificio propio, la estrecha alianza de los campesinos con los obreros: esto es lo que salvará para siempre a los trabajadores del yugo de los terratenientes y capitalistas.