En el camino hacia el comunismo a través de la dictadura del proletariado, el Partido Comunista, desechando las consignas democráticas, suprime por completo también aquellos órganos del dominio burgués como los tribunales de la vieja estructura, sustituyéndolos por tribunales clasistas de obreros y campesinos.

Tomando todo el poder en sus manos, el proletariado, en lugar de la anterior fórmula vaga: «Elección de los jueces por el pueblo», plantea la consigna de clase: «Elección de los jueces entre los trabajadores solo por los trabajadores» y la lleva a cabo en toda la organización del tribunal.

Al elegir para la composición del tribunal solo a representantes de obreros y campesinos que no utilicen trabajo asalariado con el fin de obtener ganancias, el Partido Comunista no hace distinción para las mujeres, igualando a ambos sexos en todos los derechos tanto en la elección de jueces como en el desempeño de las funciones de juez.

Habiendo derogado las leyes de los gobiernos derrocados, el Partido da a los jueces elegidos por los electores soviéticos la consigna: realizar la voluntad del proletariado, aplicando sus decretos, y en caso de ausencia del decreto correspondiente o de su incompletitud, guiarse por la conciencia jurídica socialista, descartando las leyes de los gobiernos derrocados.