Breve reseña periodística

(La aparición del camarada Lenin en la tribuna es acompañada por una ovación atronadora. Todos se ponen de pie.) Esta sala, dice el camarada Lenin, me recuerda mi primera intervención en el Soviet de Petrogrado{1}, en el que entonces reinaban aún los mencheviques y los eseristas. Hemos olvidado demasiado pronto el pasado reciente. Ahora, el curso del desarrollo de la revolución en otros países refresca en nuestra memoria lo que recién hemos vivido. Se creía que en Occidente, donde las contradicciones de clase están más desarrolladas, en correspondencia con un capitalismo más desarrollado, la revolución seguiría un camino algo diferente al nuestro, y el poder pasaría inmediatamente de la burguesía al proletariado. Sin embargo, lo que está ocurriendo ahora en Alemania habla de lo contrario. La burguesía alemana, unida para contrarrestar a las masas proletarias que han levantado la cabeza, extrae su fuerza en la mayor experiencia de la burguesía occidental y lleva a cabo una lucha sistemática contra el proletariado. Las masas revolucionarias alemanas no tienen aún suficiente experiencia, que adquirirán solo en el proceso de la lucha. Todos recuerdan la revolución de 1905, cuando el proletariado ruso emprendió la lucha sin tener ninguna experiencia detrás. En la revolución actual, en cambio, hemos tomado en cuenta y utilizado la experiencia que nos dio la revolución de 1905.

Luego, el camarada Lenin ofrece un panorama de la actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo. Recuerda el primer período de la revolución, cuando las masas aún no sabían qué hacer y no tenían centros dirigentes suficientemente autoritarios y fuertes.

Sabíamos bien, dice el camarada Lenin, que para el éxito de la lucha emprendida era necesario unir lo más estrechamente posible a todas las masas explotadas y a todos los elementos trabajadores del país, y por ello inevitablemente se nos planteó la cuestión de las formas de organización. Y nosotros, recordando perfectamente el papel de los Soviets en 1905, los resucitamos como el arma más adecuada para la unificación de los trabajadores y su lucha contra los explotadores. Antes de la revolución en Alemania, siempre decíamos que los Soviets son los órganos más apropiados para Rusia. Entonces no podíamos afirmar que resultarían igualmente apropiados para Occidente, pero la vida ha mostrado otra cosa. Vemos que los Soviets adquieren en Occidente una popularidad cada vez mayor y por ellos se lucha no solo en Europa, sino también en América. En todas partes se crean Soviets, que tarde o temprano tomarán el poder en sus manos.

América vive ahora un momento interesante, donde se están creando Soviets. Es posible que el movimiento allí no siga los mismos caminos que aquí, pero lo importante es que también allí la forma de organización soviética se ha ganado una amplia popularidad. Esta organización ha sustituido hoy a todas las demás formas de organización proletaria. Los anarquistas, que eran opositores del poder en general, después de conocer la forma soviética de poder reconocieron el poder soviético. Con ello no dejaron piedra sobre piedra de la teoría del anarquismo, que niega cualquier tipo de poder. Hace dos años, en los Soviets florecía la idea conciliadora de la colaboración con la burguesía. Fue necesario vivir un cierto tiempo para barrer de la conciencia de las masas esos viejos escombros que les impedían entender lo que ocurría. Esto solo podía lograrse mediante el trabajo práctico de los Soviets en la construcción estatal de la vida. Ahora las masas obreras alemanas se hallan en la misma situación: de su conciencia es necesario eliminar los mismos escombros, pero allí ese proceso transcurre en formas más agudas, más crueles y sangrientas que entre nosotros.

Me he desviado un poco del tema que me fue asignado por la presidencia del Soviet de Petrogrado, pero era necesario.

La actividad del Consejo de Comisarios del Pueblo durante el año pasado solo podemos comprenderla evaluando el papel de los Soviets en el marco de la revolución mundial. Con frecuencia, los pequeños detalles cotidianos de la administración y las particularidades inevitables en la construcción nos desvían y nos hacen olvidar la gran causa de la revolución mundial. Y solo evaluando el papel de los Soviets a escala mundial podremos entender correctamente los detalles de nuestra vida interna y regularlos a tiempo. Los notables inspectores de Berna{2} hablan de nosotros como partidarios de la táctica de la violencia, pero al decir esto cierran completamente los ojos a lo que hace su burguesía, que gobierna exclusivamente mediante la violencia.

Antes de que pasáramos a la forma soviética de gobierno, vivimos varios meses durante los cuales la masa se preparaba para una nueva forma de gobierno estatal, aún no vista. Deshilachamos al gobierno de Kerensky hasta el último hilo, obligamos al Gobierno Provisional a hacer un carrusel ministerial a derecha e izquierda, arriba y abajo, lo que demostró definitivamente a las masas la incapacidad para gobernar el país de la camarilla burgués-conciliadora que entonces pretendía el poder, y solo después de esto tomamos el poder en nuestras manos.

Mucho más compleja es la situación a escala mundial. En este caso, la sola violencia revolucionaria no basta; a la violencia revolucionaria debe precederle el mismo trabajo preparatorio que entre nosotros, pero, naturalmente, algo más prolongado. En su momento, la Paz de Brest provocó muchos comentarios, y algunos señores decidieron utilizar este paso del poder soviético con fines demagógicos, llamándolo conciliador. Pero si a eso se le llama conciliación, habría que hablar también de conciliación con el zar cuando íbamos a la Duma de Estado para hacerla estallar desde dentro. Firmamos la Paz de Brest a la espera de que se dieran en Alemania las condiciones internas necesarias que provocaron el derrocamiento de Guillermo, y esto muestra cuán correctamente fue calculado nuestro paso.

En los países de la Entente{3} se observa actualmente un despertar de las masas, que sus gobiernos intentan apagar por todos los medios. Con este fin, toda la atención de las masas aún inconscientes se dirige hacia el "patriotismo". A las masas se les alimenta con promesas y se les seduce con las ventajas de una paz victoriosa, se les prometen innumerables beneficios tras la conclusión de la paz. Se les alimenta con ilusiones. Pero cuán correcto es el cálculo sobre la realización de estas ilusiones puede deducirse de mi reciente conversación con un comerciante estadounidense, de mentalidad sobria, comercial, ajena a nuestros intereses. Él caracteriza la situación de Francia del siguiente modo: el gobierno francés promete a las masas montañas de oro que supuestamente obtendrán de los alemanes, pero es necesario que los alemanes tengan de dónde pagar; de un deudor que no tiene nada, nada se puede obtener; y todas esas ilusiones, basadas en la conclusión de una paz ventajosa con Alemania, sufrirán un colapso, porque la paz que se firme será una paz de bancarrota. Esto lo sienten incluso los enemigos de la revolución, que no encuentran otra salida de la situación creada que el derrocamiento del capitalismo. En este sentido, es característico el estado de ánimo actual de la multitud parisina, la más sensible y receptiva. Mientras que ahora no permite abrir la boca a quien hable contra los bolcheviques, hace seis meses escuchaba a quienes los denigraban de todas las formas posibles. La burguesía nos ha prestado un gran servicio en la propaganda de nuestras ideas. Con sus ataques ha obligado a las masas a reflexionar y razonar, como resultado de lo cual las masas de París, que piensan directamente, han llegado a la conclusión de que, si la burguesía odia tanto a los bolcheviques, significa que ellos saben luchar contra ella. La Entente ha dirigido ahora su atención hacia nuestro lado, quiere pagar las cuentas que le presentan con nuestro dinero. Tenemos que contar con un enemigo fuerte, superior a nosotros en lo militar, pero esto no durará mucho: llegará la desilusión en la victoria, cuyo resultado será el colapso total de todas las combinaciones de los "aliados", si antes no se pelean entre sí. Todos los países sufren hambre ahora, y ninguna victoria ayudará a eliminarlo. Nos enfrentamos a tareas complejas que nos ha planteado la política exterior. En este caso, tenemos la experiencia de la Paz de Brest, el paso más sustancial de la política exterior del Consejo de Comisarios del Pueblo. La Paz de Brest fue firmada con un enemigo fuerte, superior a nosotros en lo militar, y esto provocó discrepancias incluso en nuestro seno, pero así debía ser el primer paso de un Estado proletario rodeado por todos lados de depredadores imperialistas. La Paz de Brest socavó a nuestro enemigo fuerte y poderoso. En el período más corto, Alemania, que nos había impuesto condiciones predatorias, cayó; lo mismo cabe esperar en otros países, tanto más cuanto que en todas partes se observa la descomposición de los ejércitos.

Hay que recordar el momento en que la descomposición de nuestro ejército se explicaba por la impaciencia de los rusos, pero, como resultó, esa es la suerte de todos los países que entran en el camino de la revolución. El saqueo evidente del que ahora se ocupan los gobiernos "democráticos" en París abre los ojos a las masas, tanto más cuanto que sus desavenencias en el reparto del botín, que a menudo se convierten en una disputa seria, han dejado de ser un secreto{4}. En todas las condiciones desfavorables en que tiene que vivir la Rusia soviética, tenemos una ventaja que también subraya el periódico burgués "The Times"{5}. En un artículo de un comentarista militar, señala esa descomposición que se desarrolla rápidamente en los ejércitos de todos los países, desconocida para Rusia. Solo en Rusia, según el periódico "The Times", el ejército no se descompone, sino que se construye. Esta es una de las partes esenciales de nuestra construcción durante el año pasado. Rodeados de enemigos por todos lados, nos defendemos, reconquistando cada palmo de la Rusia soviética, y cada mes de nuestra lucha nos acerca cada vez más a la revolución mundial. En todo el mundo, fuimos los primeros en tomar el poder, y ahora nos gobiernan los Soviets de trabajadores. ¿Podremos mantener el poder? Si no, la conquista del poder fue históricamente ilegítima. Pero ahora ya podemos sentirnos orgullosos de que hemos soportado esta prueba y, a pesar de indecibles sufrimientos, hemos defendido el poder de los trabajadores.

A continuación, el camarada Lenin se detiene en la cuestión de los especialistas.

Algunos de nuestros camaradas, dice el camarada Lenin, se indignan de que al frente del Ejército Rojo estén servidores del zar y antiguos oficiales. Es natural que al organizar el Ejército Rojo esta cuestión adquiera especial importancia, y su correcto planteamiento determine el éxito de la organización del ejército. La cuestión de los especialistas debe plantearse más ampliamente. Debemos utilizarlos en todos los campos de la construcción donde, naturalmente, sin tener detrás la experiencia y la preparación científica de los viejos especialistas burgueses, no podamos arreglárnoslas solos con nuestras propias fuerzas. No somos utópicos que piensen que la construcción de la Rusia socialista puede ser realizada por personas nuevas; utilizamos el material que nos ha dejado el viejo mundo capitalista. A las viejas personas las colocamos en nuevas condiciones, las rodeamos del control correspondiente, las sometemos a la vigilante supervisión del proletariado y las obligamos a realizar el trabajo que necesitamos. Solo así se puede construir. Si no pueden construir el edificio con el material que nos ha dejado el mundo burgués, entonces no lo construirán en absoluto, y no son comunistas, sino charlatanes vacíos. Para la construcción socialista es necesario utilizar plenamente la ciencia, la técnica y, en general, todo lo que nos ha dejado la Rusia capitalista. Por supuesto, en este camino nos encontraremos con grandes dificultades. Los errores son inevitables. En todas partes hay tránsfugas y saboteadores malintencionados. Aquí era necesaria la violencia ante todo. Pero después de ella debemos utilizar el peso moral del proletariado, una organización fuerte y la disciplina. No hay ninguna necesidad de desechar a los especialistas que nos son útiles. Pero hay que colocarlos en ciertos marcos que proporcionen al proletariado la posibilidad de controlarlos. Hay que encomendarles trabajo, pero al mismo tiempo vigilarlos atentamente, colocando comisarios sobre ellos y sofocando sus planes contrarrevolucionarios. Al mismo tiempo, es necesario aprender de ellos. Con todo ello, ni la más mínima concesión política a esos señores, utilizando su trabajo dondequiera que sea posible. En parte, ya lo hemos logrado. De la represión de los capitalistas hemos pasado a su utilización, y este es, quizás, el logro más importante que hemos alcanzado en el año de construcción interna.

Una de las cuestiones serias de nuestra construcción cultural es la cuestión del campo. El poder soviético presupone el más amplio apoyo a los trabajadores. A eso se ha reducido toda nuestra política respecto al campo durante todo este tiempo. Era necesario vincular a los proletarios urbanos con el campesinado pobre, y lo hicimos. Hoy se ha establecido el vínculo más estrecho a través de miles de hilos invisibles. Como en todas partes, aquí nos encontramos con grandes dificultades, porque los campesinos se han acostumbrado a sentirse propietarios independientes. Se han acostumbrado a vender libremente su grano, y cada campesino consideraba esto su derecho inalienable. Ahora es necesario realizar un trabajo colosal para convencerlos definitivamente de que con la ruina que nos ha dejado la guerra solo se puede hacer frente mediante la organización comunista de la economía. Aquí ya no hay que actuar con violencia, sino solo con persuasión. Por supuesto, también entre el campesinado tenemos enemigos declarados: los kulaks, pero en su masa, los pobres y los campesinos medios que se adhieren a ellos nos siguen. Contra los kulaks, como nuestros enemigos acérrimos, solo tenemos un arma: la violencia. Cuando comenzamos a aplicar nuestra política alimentaria según el principio de entregar los excedentes a los hambrientos, hubo quienes empezaron a gritarle al campesino: "¡Te están robando!". Esos son enemigos acérrimos de los campesinos, de los obreros y del comunismo, disfrazados con los trajes de payaso mencheviques, eseristas de izquierda o cualquier otro, y seguiremos procediendo con ellos como lo hemos hecho.

"Severnaya Kommuna" nº 58, 14 de marzo de 1919.

Se publica según el texto del periódico "Severnaya Kommuna"

# 2. Respuesta a las notas

Camaradas, quiero ahora responder a las notas, de las cuales dos no están del todo claras. En una de ellas, no obstante, parece haber dos ideas principales. En primer lugar, el autor de la nota está descontento con los bolcheviques, que supuestamente se han ido demasiado lejos, y simpatiza con los mencheviques por su gradualismo. En segundo lugar, formula una pregunta sobre las insurrecciones campesinas.

En cuanto a la primera cuestión, debo decir que si se plantea así la acusación contra los bolcheviques, habría que señalar en qué se han ido demasiado lejos y en qué es bueno el gradualismo. Lo fundamental que nos separó de los mencheviques fue que nosotros insistíamos en entregar todo el poder a los Soviets y fuimos tan lejos que en octubre del año antepasado lo tomamos. Y los mencheviques exigían gradualismo, no queriendo esa entrega del poder. Y, por ejemplo, el conocido socialista Kautsky, simpatizante de los mencheviques, escribió en agosto de 1918 en un folleto que los bolcheviques no debían tomar el poder porque no podrían mantenerlo, y perecerían, destruyendo así a todo el partido. Creo que este punto de vista ha sido rechazado por el curso de los acontecimientos, de modo que no vale la pena detenerse en él, especialmente si no hay objeciones claras. En Alemania, Kautsky insistía en la democracia, en la Asamblea Constituyente. No se puede dar el poder a los Soviets – esto lo decían los mencheviques de aquí y los alemanes. En Alemania se reunió la Asamblea Constituyente, y allí en enero y marzo ocurrieron una serie de grandes insurrecciones obreras, guerra civil, como resultado de lo cual los mencheviques alemanes, encabezados por Hilferding, propusieron en sus últimos artículos unir la Asamblea Constituyente y los Soviets de tal manera que el comité central de los Soviets tuviera el derecho de suspender las decisiones de la Asamblea Constituyente y trasladar la cuestión a votación popular. Esto muestra cómo los mencheviques alemanes, e incluso los mejores de ellos, se han enredado por completo. Unir la Asamblea Constituyente con los Soviets, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado – esta idea solo merece ridículo.

En cuanto a las insurrecciones campesinas, aquí se hizo una pregunta sobre este tema. Por supuesto, hemos vivido una serie de insurrecciones de kulaks y las estamos viviendo. El verano pasado hubo toda una ola de insurrecciones de kulaks. El kulak es nuestro enemigo irreconciliable. Y aquí no hay nada en qué esperar, excepto en su represión. Otra cosa es el campesino medio, no es nuestro enemigo. Que en Rusia haya insurrecciones campesinas que abarquen a un número significativo de campesinos, y no de kulaks, es falso. A los kulaks se une una aldea, un volost, pero no ha habido insurrecciones campesinas que abarquen a todos los campesinos de Rusia bajo el poder soviético. Ha habido insurrecciones de kulaks y las habrá bajo un gobierno que insista en que todo excedente de grano debe ser entregado a precio fijo a los hambrientos. Tales insurrecciones son inevitables, porque el kulak, que tiene una gran reserva de grano, puede venderlo a varios cientos de rublos el pud, y todos sabemos a qué precios venden los especuladores. Si se les da a los kulaks esa libertad, entonces el rico, que tiene reservas ocultas de billetes, de "kerenkas", estará saciado, mientras que la mayoría, que no esconde nada, pasará hambre. Por eso no cerramos los ojos ante el hecho de que las insurrecciones de los kulaks contra el poder soviético son inevitables. Cuando existía el poder de los capitalistas, eran inevitables las insurrecciones de los obreros contra ellos, de los campesinos contra los terratenientes. Cuando el terrateniente y el capitalista han sido quebrantados, las insurrecciones de los kulaks ocurrirán cada vez con menos frecuencia. Hay que elegir. Y si alguien quiere que todo transcurra sin insurrecciones y que los ricos presenten en bandeja de plata una declaración de amor y la promesa de entregar pacíficamente todos los excedentes, creo que a tal persona no la tomaremos en serio.

Otra nota, poco clara, es de este contenido: cómo proceder en casos en que los obreros, aturdidos por el llamado de los eseristas, por motivos alimentarios no trabajan, hacen huelga y van contra el poder soviético. Por supuesto, no puedo contar con que todos y cada uno de los obreros estén a favor del poder soviético. Cuando en París en 1871 hubo la insurrección de los obreros parisinos, un número considerable de obreros de otras ciudades luchó contra ellos en las tropas de los guardias blancos y reprimió a los obreros parisinos. Eso no impidió que los socialistas conscientes afirmaran que los comuneros parisinos representaban a todo el proletariado, es decir, a todo lo mejor, lo más honrado; en las tropas de los guardias blancos estaban las capas atrasadas de obreros. También entre nosotros hay obreros inconscientes, atrasados, que hasta ahora no han comprendido el poder soviético; aspiramos a educarlos. Para las reuniones masivas permanentes de los obreros, ningún gobierno ha dado tanto como los Soviets, que a cualquier representante de una fábrica le dan un lugar en la institución estatal. Nosotros, en la medida de lo posible, atraemos a los obreros para que ellos mismos creen la política estatal; bajo el capitalismo e incluso bajo las repúblicas, los obreros eran apartados de eso; el poder soviético, en cambio, atrae con todas sus fuerzas a los obreros, pero aún por bastante tiempo algunos se sentirán atraídos por lo viejo.

Entre ustedes, hay pocas personas, quizás incluso casos aislados, que recuerden la servidumbre; solo los viejos pueden recordarla, pero personas que recuerdan lo que ocurrió hace 30 o 40 años, sin embargo, las hay. Quien haya estado en el campo sabe que hace 30 años se podía encontrar no pocos viejos en el campo que decían: "Y bajo la servidumbre era mejor, había más orden, había severidad, a las mujeres no las vestían lujosamente". Si se lee ahora a Uspenski, a quien estamos erigiendo un monumento como uno de los mejores escritores que describieron la vida campesina, se pueden encontrar descripciones de los años 80 y 90 de cómo viejos sinceros y concienzudos del campesinado, y a veces incluso personas simplemente maduras, decían que bajo la servidumbre era mejor. Cuando se destruyen los viejos órdenes sociales, no se pueden destruir de inmediato en la conciencia de todas las personas; queda aún un pequeño número que se siente atraído por lo viejo.

Algunos obreros, como por ejemplo los tipógrafos, dicen que bajo el capitalismo estaba bien, había muchos periódicos, y ahora pocos; entonces ganaba decentemente y no quiero ningún socialismo. No eran pocas las ramas de la industria que dependían de las clases ricas o que existían produciendo artículos de lujo. No pocos obreros en las grandes ciudades vivían bajo el capitalismo de la producción de artículos de lujo. En la república soviética tendremos que dejar a esos obreros temporalmente sin trabajo. Les diremos: "Dedíquense a otro trabajo útil". Él dirá: "Yo hacía trabajo fino, era joyero, el trabajo era limpio, trabajaba para buenos señores, y ahora ha llegado la chusma campesina, ha dispersado a los buenos señores, quiero volver al capitalismo". Tales personas predicarán que hay que volver al capitalismo o, como dicen los mencheviques, avanzar hacia un capitalismo sano y una democracia sana. Se encontrarán unos cuantos cientos de obreros que dirán: "Vivíamos bien bajo el capitalismo sano". Tales personas, que vivían bien bajo el capitalismo, eran una minoría insignificante; nosotros defendemos los intereses de la mayoría, que bajo el capitalismo vivía mal. (Aplausos.) El capitalismo sano condujo a la matanza mundial en los países más libres. Un capitalismo sano no puede existir; existe un capitalismo que, en la república más libre, como la estadounidense, culta, rica, técnicamente adelantada, ese capitalismo democrático, el capitalismo más republicano, condujo a la más furiosa matanza mundial por el saqueo del mundo entero. Sobre 15 millones de obreros, encontrará unos pocos miles en todo el país que vivieron espléndidamente bajo el capitalismo. Y en los países ricos hay más obreros así, porque trabajaban para un número mayor de millonarios y multimillonarios. Servían a esos grupitos y recibían de ellos un salario especialmente alto. Si toma a los cientos de millonarios ingleses, amasaron millardos porque saquearon la India y toda una serie de colonias. No les costaba nada dar una limosna a 10 o 20 mil obreros, pagarles un salario doble o más alto para que trabajaran especialmente bien para ellos. Leí una vez un relato de las memorias de un barbero estadounidense, a quien un multimillonario pagaba un dólar al día por afeitarlo. Y ese barbero escribió un libro entero alabando al multimillonario y su vida maravillosa. Por una visita de una hora por la mañana a su majestad financiera recibía un dólar al día, estaba contento y no quería nada más que el capitalismo. Contra tal argumento hay que estar alerta. La inmensa mayoría de los obreros no estaba en esa situación. Nosotros, los comunistas del mundo entero, defendemos los intereses de la inmensa mayoría de los trabajadores; los capitalistas sobornaban a una minoría insignificante de trabajadores con altos salarios y los convertían en fieles servidores del capital. Como bajo la servidumbre había campesinos que decían a los terratenientes: "Somos sus esclavos (esto después de la libertad), no nos iremos de ustedes". ¿Eran muchos? Un número insignificante. ¿Se puede, citándolos, rechazar la lucha contra la servidumbre? Por supuesto que no. Así también ahora, citando a la minoría de obreros que ganaban espléndidamente en los periódicos burgueses, en la producción de artículos de lujo, en los servicios personales a los multimillonarios, no se puede refutar el comunismo.

Ahora pasaré a las preguntas que fueron expuestas claramente. Primero, la cuestión de las concesiones en general y especialmente del Gran Camino del Norte{6}. Dicen que eso significa entregar las riquezas populares a los depredadores para su saqueo. A esto responderé que aquí la cuestión está en gran medida relacionada con los especialistas burgueses y la cuestión del imperialismo mundial. ¿Podemos ahora quebrantar el imperialismo mundial? Si pudiéramos hacerlo, estaríamos obligados a hacerlo, pero ustedes saben que ahora no podemos hacerlo, como en marzo de 1917 no podíamos derrocar a Kerensky; teníamos que esperar el desarrollo de las organizaciones soviéticas, trabajar en ello, y no levantarnos inmediatamente contra Kerensky. Exactamente igual ahora, ¿es posible una guerra ofensiva contra el imperialismo mundial? No, por supuesto. Si fuéramos más fuertes, mañana recibiéramos mucho grano, tuviéramos medios técnicos y demás, no permitiríamos que los Scheidemann masacraran a los espartaquistas, sino que los derrocaríamos. Pero ahora eso es una fantasía inoportuna; ahora un solo país nuestro no puede derrocar al imperialismo mundial mientras otros países atraviesan un período en que no hay mayoría soviética, en muchos países los Soviets apenas comienzan a surgir; por eso hay que hacer concesiones a los imperialistas. Ahora no podemos construir ferrocarriles en gran escala; ojalá podamos arreglárnoslas con los existentes. No tenemos suficiente grano, combustible, faltan locomotoras; tenemos varios millones de puds de grano en el ferrocarril Volga-Bugulmá y no podemos sacarlos. Hace unos días, en el Consejo de Comisarios del Pueblo, decidimos enviar comisionados con amplios poderes para sacar ese grano. El pueblo pasa hambre en Petrogrado y Moscú, y allí hay millones de puds de grano almacenados y no podemos sacarlos porque faltan locomotoras, no hay combustible. Y decimos: es mejor pagar tributo a los capitalistas extranjeros y construir ferrocarriles. De ese tributo no pereceremos; pero si no nos arreglamos con el movimiento ferroviario, podemos perecer porque el pueblo pasa hambre; por muy resistente que sea el obrero ruso, hay un límite a la resistencia. Por lo tanto, es nuestro deber tomar medidas para mejorar el movimiento ferroviario, aunque sea al precio de un tributo al capitalismo. Bueno o malo, pero por ahora no hay otra opción. Mientras no derroquemos definitivamente al capitalismo mundial, pagando tributo no destruiremos el poder soviético. Pagamos oro a los imperialistas alemanes, según las condiciones de la Paz de Brest estábamos obligados a hacerlo; ahora los países de la Entente les quitan ese oro – el bandido vencedor le quita al bandido vencido. Ahora decimos: mientras el movimiento mundial del proletariado no conduzca a la victoria, o lucharemos o nos redimiremos de esos bandidos con tributo, y no vemos nada malo en ello. Mientras nos redimíamos de los bandidos alemanes, les entregamos varios cientos de millones; durante ese tiempo fortalecemos nuestro Ejército Rojo, y a los bandidos alemanes ahora no les ha quedado nada. Así será con los demás bandidos imperialistas. (Aplausos.)

El camarada escribe además que fue arrestado durante cuatro días por estar contra la ruina de los campesinos medios, y pregunta qué es el campesino medio, y se refiere a una serie de insurrecciones campesinas. Por supuesto, si el camarada fue arrestado por protestar contra la ruina de los campesinos medios, eso fue incorrecto; y, a juzgar por el hecho de que pronto fue liberado, supongo que alguien – el mismo que arrestó u otro representante del poder soviético – consideró que el arresto era incorrecto. Diré ahora sobre el campesino medio. Se diferencia del kulak en que no recurre a la explotación del trabajo ajeno. El kulak roba dinero ajeno, trabajo ajeno. El campesinado pobre, los semiproletarios, son aquellos que son explotados; el campesino medio, que no explota a otros, que vive de su propia economía, a quien el pan le alcanza aproximadamente, que no kulakiza, pero que no pertenece a los pobres. Tales campesinos vacilan entre nosotros y los kulaks. Un pequeño número de ellos puede llegar a ser kulak si tiene suerte, por eso se sienten atraídos por los kulaks, pero la mayoría no puede llegar a ser kulak. Y si los socialistas y comunistas saben hablar con sensatez al campesino medio, le demostrarán que el poder soviético es más ventajoso que cualquier otro poder, porque cualquier otro poder oprime y aplasta al campesino medio. Pero el campesino medio vacila. Hoy está con nosotros, mañana con otro poder; una parte está con nosotros, otra parte con la burguesía. Y en el programa que aprobaremos dentro de unos días, estamos contra toda violencia respecto al campesino medio{7}. Esto lo declara nuestro partido. Si hay arrestos, los condenamos y los corregiremos. Respecto al kulak, estamos a favor de la violencia; respecto al campesino medio, en contra de la violencia. Le decimos: si te pones del lado del poder soviético, no queremos introducirte por la fuerza en las comunas; nunca obligamos por la fuerza a los campesinos a entrar en las comunas, y no existe tal decreto. Si esto ocurre localmente, es un abuso, por el cual se destituye a los funcionarios y se les lleva a juicio. Esta es una cuestión importante. El campesino medio está entre dos campos. Pero, camaradas, la política aquí es completamente clara: estamos contra la violencia sobre los campesinos medios, estamos a favor de un acuerdo con ellos, de concesiones. Por un camino lento, el campesino medio puede llegar al comunismo y llegará. En la república capitalista más libre, al campesino medio lo amenaza el capital, que de un modo u otro lo oprime y aplasta.

Luego preguntan mi opinión sobre la Flota del Báltico. No he examinado la cuestión de la Flota del Báltico y ahora no puedo responder; quizás quede agotada con la intervención del camarada de la flota{8}.

Luego, la pregunta está dedicada a que en los lugares se ha acumulado mucho moho, burocratismo y musgo, y hay que luchar contra eso. Esto es completamente justo. Cuando la Revolución de Octubre derrocó a los viejos burócratas, lo hizo porque creó los Soviets. Echó a los viejos jueces e hizo el tribunal popular. Pero el tribunal era más fácil de hacer, para eso no hacía falta conocer las viejas leyes, sino guiarse simplemente por el sentido de justicia. En los tribunales, era fácil destruir el burocratismo. En otras esferas, era mucho más difícil hacerlo. Echamos a los viejos burócratas, pero volvieron, se llaman a sí mismos "camunistas", si no pueden decir comunista, se ponen una insignia roja, se meten en un puesto caliente. ¿Qué hacer? Luchar una y otra vez contra esa inmundicia, una y otra vez, si esa inmundicia se ha colado, limpiar, echar, supervisar y vigilar a través de los obreros comunistas, de los campesinos, a quienes se conoce no meses ni un año. Luego hubo aquí otra pregunta – una nota que dice que dar preferencia a los miembros del partido es un mal, porque entonces se pegan los estafadores. Contra eso, camaradas, se lucha y se luchará; ahora, para el congreso del partido, hemos decidido no admitir delegados que hayan estado en el partido menos de un año; seguiremos tomando tales medidas. Cuando el partido está en el poder, al principio se ve obligado a dar preferencia a los miembros del partido; supongamos que llegan dos personas, una saca el carné del partido y dice que es comunista, la otra sin carné, y a ambos no se les conoce por igual; entonces, naturalmente, se da preferencia al miembro del partido, que tiene carné. ¿Cómo distinguir si una persona está realmente en el partido por convicción o se ha pegado? Hay que escribir en el carné del partido la fecha de ingreso, no dar el carné hasta que la persona haya superado la prueba, haya pasado por la escuela, etc.

Luego hay una nota sobre el impuesto revolucionario{9}, que recae sobre los campesinos medios. Sobre esto hubo una sesión especial, hubo muchas quejas y, para verificarlo, se hizo lo siguiente: tenemos la Dirección Central de Estadística, a la que se han atraído a los mejores especialistas de Rusia en estadística, la mayoría de ellos son eseristas de derecha, mencheviques e incluso kadetes; hay pocos comunistas, bolcheviques – se ocuparon más de luchar contra el zarismo que de actividades prácticas. Estos especialistas, hasta donde he podido observar, trabajan satisfactoriamente; por supuesto, eso no significa que no haya que luchar con individuos aislados. Dimos la tarea de hacer una investigación de prueba en varios volosts sobre cómo los campesinos distribuyeron el impuesto revolucionario. Hay muchas quejas; por supuesto, si se considera que mil quejas llegan de toda Rusia, para toda Rusia eso es insignificante; si de varios millones de hogares llegan mil quejas, eso son bagatelas; si al Comité Ejecutivo Central vienen tres personas diarias, en un mes habrá 90 quejas, y da la impresión de que estamos abrumados por las quejas. Para verificarlo, decidimos hacer una investigación en varios volosts y obtuvimos una respuesta exacta en el informe de Popov, que se repitió en la sesión del Comité Ejecutivo Central en presencia de obreros. Ese informe mostró que en la mayoría de los casos los campesinos distribuyen el impuesto justamente. El poder soviético exige que los pobres no paguen nada, los medios moderadamente y los ricos mucho; por supuesto, es imposible determinar exactamente quién es rico y quién pobre; hay errores, pero en la mayoría de los casos los campesinos distribuyen el impuesto correctamente. Así debe ser. (Aplausos.) Por supuesto, hubo errores. Pero, por ejemplo, un pequeño empleado ferroviario se quejó de que el comité de la casa le había impuesto injustamente. Informó de ello al poder soviético. Entonces le dijeron: registrenlo, está especulando. Le encontraron varios sacos con un millón de "kerenkas". Mientras no encontremos la manera de reemplazar todos los viejos billetes por nuevos, esto seguirá ocurriendo. Cuando reemplacemos estos billetes por nuevos, entonces todo especulador saldrá a la luz. Todos deberán cambiar los viejos billetes por nuevos. (Aplausos atronadores.) Si presentas una pequeña cantidad de dinero, la que necesita un trabajador, te daremos rublo por rublo; si presentas entre 1 y 2 mil, entonces rublo por rublo. Si presentas más, te daremos una parte en efectivo y el resto lo anotaremos en un librito; esperarás. (Aplausos.) Para hacer algo así, es necesario preparar nuevos billetes{10}. Los viejos suman aproximadamente 60 millardos. Para cambiarlos por nuevos, no se necesita una cantidad tan grande, pero los especialistas calcularon que se necesitan al menos 20 millardos de nuevos. Ya tenemos 17 millardos. (Aplausos.) Y en el Consejo de Comisarios del Pueblo se ha planteado la cuestión de preparar definitivamente esta medida en breve, que será un golpe para los especuladores. Esta medida desenmascarará a quienes esconden las "kerenkas". Su realización requiere una gran organización; no es una medida fácil.

Luego la pregunta está dedicada a cómo van las cosas con la siembra, es difícil sembrar. Esto, por supuesto, es justo. Se ha instituido el Comité de Área de Siembra{11}. Aquí, en el Comisariado de Agricultura, se ha instituido por uno de los decretos del poder soviético un Comité Obrero{12}, que se organizará de acuerdo con los sindicatos. Su tarea será vigilar que las tierras no estén baldías; donde haya tierra de terratenientes baldía, que se entregue a los obreros. Hay una resolución: si el campesino no ocupa la tierra, el Estado tratará de adaptarla. Por supuesto, faltan semillas. Aquí es necesario que el campesinado pobre saque a la luz a esos kulaks que han escondido los excedentes de grano y no los han dado para semillas. Al kulak le importa esconder ese excedente, porque en los meses de hambre tomará mil rublos por cada pud, y no le importa que el grano no se siembre, que con ello cause daño a miles de obreros. Es un enemigo del pueblo, hay que desenmascararlo.

Luego viene la cuestión de las tarifas: al especialista le dan 3 mil, va de un lado a otro y es difícil atraparlo. Sobre los especialistas, digo que son personas que poseen la ciencia y la técnica burguesas en una medida tal que la inmensa mayoría de todos los obreros y campesinos no posee; tales especialistas son necesarios, y decimos que ahora no podemos introducir la igualdad total de pagos y estamos a favor de pagar más de tres mil. Incluso si pagamos unos cuantos millones al año, no es caro si aprendemos a trabajar bien con su ayuda. No vemos otro medio para poner el asunto en marcha, para que trabajen no a punta de látigo, y mientras haya pocos especialistas, nos vemos obligados a no renunciar a las altas tarifas. Recientemente tuvimos una conversación sobre este tema con el comisario de Trabajo, Schmidt, y él está de acuerdo con nuestra política y dice que antes, bajo el capitalismo, el salario de un peón era de 25 rublos al mes, el ingreso de un buen especialista no menos de 500 rublos al mes – una diferencia de 1 a 20; ahora el salario más bajo es de 600 rublos, y los especialistas reciben 3 mil, una diferencia de 1 a 5. Así que, para igualar las tarifas más bajas y más altas, hemos hecho bastante y seguiremos continuando lo iniciado. Por el momento no podemos igualar la remuneración; mientras haya pocos especialistas, no renunciamos a aumentar su paga. Decimos: mejor pagar un millón o un millardo extra al año con tal de aprovechar a todos los especialistas que hay; ellos enseñarán más a los obreros y campesinos de lo que vale ese millardo.

Luego viene la pregunta sobre las comunas agrícolas: ¿se puede dejar en ellas a los ex terratenientes? Eso depende de qué terrateniente. No hubo tal decreto que prohibiera la entrada a los terratenientes. Por supuesto, el terrateniente inspira desconfianza porque durante siglos oprimió a los campesinos, que lo odian; pero si hay algunos a quienes los campesinos conocen como personas decentes, entonces no solo se puede admitirlos, sino que se debe. Debemos utilizar a esos especialistas; tienen la costumbre de establecer grandes haciendas y pueden enseñar muchas cosas a los campesinos y a los obreros agrícolas.

Luego preguntan: ¿hay que admitir a los campesinos medios en las siembras comunales? Por supuesto que sí. Últimamente, distritos enteros han decidido pasar a las siembras comunales; no sé hasta qué punto se cumplirá; aquí es importante atraer precisamente a los campesinos medios, porque los pobres están de acuerdo con nosotros, los campesinos medios no siempre, y hay que atraerlos. Estamos a favor de la violencia contra los capitalistas, contra los terratenientes, y no solo a favor de la violencia, sino de la expropiación total de lo que han acumulado; estamos a favor de la violencia contra el kulak, pero no de su expropiación total, porque él lleva una economía en la tierra y una parte fue acumulada con su propio trabajo. Esta diferencia hay que asimilarla firmemente. Al terrateniente y al capitalista – expropiación total; al kulak no se le puede quitar toda la propiedad, no hubo tal disposición; al campesino medio queremos convencerlo, atraerlo con el ejemplo, la persuasión. Ese es nuestro programa. Si en los lugares se desvían, entonces son infractores de las disposiciones del poder soviético – o personas que no quieren aplicar nuestras disposiciones, o no las han comprendido.

Luego la pregunta sobre dar un empujón a los ferroviarios, y también preguntan sobre la suspensión del tráfico ferroviario{13}. En el Consejo de Comisarios del Pueblo esta cuestión se discutió con especial ahínco, y se adoptaron muchas medidas. Esta es una cuestión fundamental. Millones de puds de grano yacen en el ferrocarril Volga-Bugulmá y pueden perderse porque el grano yace a veces sobre la nieve, comenzará la crecida y el grano se perderá. Ya ahora tiene humedad (tiene hasta un 20% de humedad). Este grano hay que sacarlo, si no se perderá. Lo principal es que los propios ferroviarios necesitan mucho el pan. Para ello es necesaria la suspensión del tráfico de pasajeros del 18 de marzo al 10 de abril, según calcularon nuestros camaradas del Comisariato de Vías de Comunicación. Esta suspensión del tráfico de pasajeros puede dar tres millones y medio de puds de grano, que se pueden transportar, aunque sea con locomotoras de pasajeros débiles. Si en esos trenes viajaran los especuladores, como máximo transportarían medio millón de puds de grano. Quienes se quejan de la suspensión del tráfico de pasajeros actúan injustamente. Los especuladores, en el mejor de los casos, transportarán medio millón; y nosotros transportaremos, si llenamos completamente los vagones con grano, si los ferroviarios nos ayudan, tres millones y medio de puds y con ello mejoraremos el abastecimiento. Por eso decíamos y decimos que todos los camaradas más desarrollados, organizados, deben ir al trabajo militar y de abastecimiento. Den y den hombres, por difícil que sea. Sabemos perfectamente que Petrogrado ha dado más a Rusia que cualquier otra ciudad, porque en Petrogrado están los obreros más organizados y desarrollados. Pero este semestre es difícil. El primer semestre de 1918 dio 27 millones de puds; en el segundo tuvimos 67 millones de puds. Hemos entrado en el semestre del hambre. Marzo, abril, mayo, junio serán meses difíciles. Para evitarlo, hay que concentrar todas las fuerzas. En cada fábrica, en cada círculo, hay que plantear la pregunta: ¿no hay algún hombre que se pueda poner a trabajar en un taller ferroviario, reemplazarlo por una mujer, y ponerlo a ese trabajo? En cada círculo, en cada grupo, en cada organización hay que pensar en esto, hay que dar nuevos obreros, entonces nos arreglaremos con este semestre difícil. (Aplausos.)

Publicado por primera vez en 1950 en la 4ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 29

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