Solo es sólido en la revolución aquello que ha sido conquistado por las masas del proletariado. Vale la pena consignar solo aquello que realmente ha sido conquistado de manera sólida.

La fundación de la III Internacional Comunista en Moscú el 2 de marzo de 1919 fue el registro de lo que conquistaron no solo los rusos, no solo los rusos, sino también los alemanes, austriacos, húngaros, finlandeses, suizos – en una palabra, las masas proletarias internacionales.

Y por eso precisamente la fundación de la III Internacional Comunista es una obra sólida.

Apenas hace cuatro meses no se podía decir aún que el Poder Soviético, la forma soviética de Estado, fuera una conquista internacional. Tenía algo, y además esencial, perteneciente no solo a Rusia sino a todos los países capitalistas. Pero no se podía decir aún, hasta la verificación en la práctica, qué cambios, qué profundidad, qué importancia traería el desarrollo ulterior de la revolución mundial.

La revolución alemana dio esa verificación. Un país capitalista avanzado – después de uno de los más atrasados – mostró al mundo entero en un breve lapso, en poco más de cien días, no solo las mismas fuerzas fundamentales de la revolución, no solo la misma dirección fundamental de la misma, sino también la misma forma fundamental de la nueva democracia proletaria: los Soviets.

Y junto a esto, en Inglaterra, país vencedor, el país más rico en colonias, el país que por más tiempo fue y fue tenido como modelo de «paz social», el país del capitalismo más antiguo, vemos un amplio, incontenible, bullente y poderoso crecimiento de los Soviets y de nuevas formas soviéticas de lucha proletaria de masas – los «Shop Stewards Committees», comités de delegados de fábrica.

En América, en el país capitalista más fuerte y más joven – una inmensa simpatía de las masas obreras hacia los Soviets.

El hielo se ha roto.

Los Soviets han triunfado en todo el mundo.

Han triunfado ante todo y sobre todo en el sentido de que se han ganado la simpatía de las masas proletarias. Esto es lo más importante. Esta conquista, ninguna atrocidad de la burguesía imperialista, ninguna persecución y asesinato de bolcheviques pueden arrebatar a las masas. Cuanto más enfurecida esté la burguesía «democrática», tanto más sólidas serán estas conquistas en el alma de las masas proletarias, en su estado de ánimo, en su conciencia, en su heroica disposición a la lucha.

El hielo se ha roto.

Y por eso, con tanta facilidad, tanta suavidad, con una resolución tan tranquila y firme transcurrió el trabajo de la Conferencia Internacional de Comunistas en Moscú, que fundó la III Internacional.

Consignábamos lo que ya estaba conquistado. Poníamos por escrito lo que ya era firme en la conciencia de las masas. Todos sabían – más aún: todos veían, sentían, palpaban, cada uno por la experiencia de su propio país, que había hervido un nuevo movimiento proletario, sin precedentes en el mundo por su fuerza y profundidad, que no cabía en ningún marco antiguo, que no podía ser contenido ni por los grandes maestros del politicastro menor, ni por los mundialmente expertos y mundialmente hábiles Lloyd George y Wilson del capitalismo «democrático» angloamericano, ni por los que habían pasado por el fuego, el agua y las pruebas de cobre, los Henderson, Renaudel, Branting y todos los demás héroes del sociolovinismo.

El nuevo movimiento avanza hacia la dictadura del proletariado, avanza a pesar de todas las vacilaciones, a pesar de las derrotas desesperadas, a pesar del inaudito e increíble caos «ruso» (si se juzga por las apariencias, desde fuera) – avanza hacia el Poder Soviético con la fuerza de un torrente que barre todo a su paso, de millones y decenas de millones de proletarios.

Esto lo hemos consignado. En nuestras resoluciones, tesis, informes y discursos queda impreso lo ya conquistado.

La teoría del marxismo, iluminada por la brillante luz de la nueva y mundialmente rica experiencia de los obreros revolucionarios, nos ayudó a comprender toda la regularidad de lo que ocurre. Ayudará a los proletarios de todo el mundo que luchan por derrocar la esclavitud asalariada capitalista a comprender más claramente los objetivos de su lucha, a marchar más firmes por el camino ya trazado, a tomar la victoria con más certeza y solidez, y a consolidar la victoria.

La fundación de la III Internacional Comunista es el preludio de la república internacional de los Soviets, de la victoria internacional del comunismo.

5 de marzo de 1919.

«Pravda» n.º 51, 6 de marzo de 1919. Firma: N. Lenin

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».