Rara vez es posible recibir ahora en Rusia periódicos extranjeros: el bloqueo con que nos han rodeado los «capitalistas democráticos» de la Entente funciona, al parecer, diligentemente. Tienen miedo de dar a conocer a los obreros instruidos de América, Inglaterra, Francia el ignorante y salvaje bolchevismo, temen que en el país de ese salvaje bolchevismo se llegue a saber de sus éxitos en Occidente.

Pero por más diligentemente que trabaje la gendarmería de la nueva «Santa Alianza», ¡aun así no se puede ocultar la verdad!

Hace unos días logré ver varios números del periódico berlinés «La Libertad», órgano de la llamada socialdemocracia «independiente» alemana. En la primera página del n.º 74 (del 11 de febrero de 1919) está impreso un extenso llamamiento: «Al proletariado revolucionario de Alemania», firmado por el comité central del partido y su fracción en la Asamblea Constituyente alemana. Las ideas, o mejor dicho la ausencia de ideas de este llamamiento son tan características no solo del movimiento obrero alemán, sino también del mundial, que vale la pena detenerse en ellas con atención.

Pero primero me permitiré una digresión relacionada con recuerdos personales.

Entre las firmas de los miembros de la fracción de los independientes encontré, entre otras, los nombres de Zeger y Laukant y recordé lo ocurrido hace tres años. Tuve ocasión de encontrarme con Laukant en la conferencia de los zimmerwaldistas en Berna{194}. Este obrero berlinés, aparentemente influyente, producía una impresión contradictoria: por un lado, una seria labor revolucionaria entre las masas; por otro, una sorprendente falta de[32] formación teórica y una monstruosa miopía. A Laukant no le gustaban mis ataques duros contra Kautsky (el «líder» ideológico de los independientes o líder de su falta de ideas), pero no se negó a ayudarme cuando yo, inseguro de mi mal alemán, le mostré el texto que había escrito de un pequeño discurso en alemán[33], en el que citaba la declaración del «Bebel americano», Eugene Debs, de que preferiría dejarse fusilar antes que aceptar votar créditos para la guerra imperialista, y que él, Debs, solo aceptaría luchar en una guerra de los trabajadores contra los capitalistas. Por otro lado, cuando con furiosa indignación le mostraba a Laukant un pasaje del artículo de Kautsky donde ese hombre condenaba la salida de los obreros a la calle como una aventura{195} (¡y esto en tiempos de Guillermo II!), Laukant, encogiendo los hombros, me respondía con una calma que me sacaba de quicio: «¡No es que los obreros lean esto con tanta atención! ¿Y acaso estoy obligado a estar de acuerdo con cada línea de Kautsky?»

Escrito en la segunda mitad de febrero de 1919.

Publicado por primera vez en 1933 en el Lenin Misceláneo XXIV

Se imprime según el manuscrito