(Fuertes aplausos, que se transformaron en ovación.) Camaradas, permitidme saludar a vuestro congreso en nombre del Consejo de Comisarios del Pueblo. Camaradas, ahora ante el magisterio se plantean tareas especialmente importantes, y espero que después del año vivido, después de la lucha que se ha desarrollado en el seno del magisterio, entre aquellos que desde un principio se pusieron del lado del poder soviético, del lado de la lucha por el vuelco socialista, y aquella parte del magisterio que hasta ahora permanecía en el terreno del viejo orden, en el terreno de los viejos prejuicios, creyendo que se podía conservar la enseñanza sobre la base de ese viejo orden, – pienso que ahora, después de un año de lucha, después de lo ocurrido en las relaciones internacionales, esa lucha debe terminar y está terminando. No cabe duda de que la inmensa mayoría del personal docente, que está cerca de la clase obrera y de la parte trabajadora del campesinado, se ha convencido ahora de lo profundas que son las raíces de la revolución socialista, de cuán inevitablemente se extiende al mundo entero, y creo que ahora la inmensa mayoría del magisterio, sin duda sinceramente, se pondrá y se irá poniendo del lado del poder de los trabajadores y explotados, en la lucha por el vuelco socialista y en la lucha contra aquella parte del magisterio que hasta ahora, permaneciendo en el terreno de los viejos prejuicios burgueses y del viejo orden y la hipocresía, se imaginaba que podía conservar algo de ese orden.

Una de esas hipocresías burguesas es la convicción de que la escuela puede estar al margen de la política. Sabéis perfectamente lo falaz que es esa convicción. Y la burguesía, que plantea semejante postulado, colocaba ella misma en la base de la obra escolar su propia política burguesa y trataba de reducir la obra escolar a adiestrar para la burguesía servidores sumisos y diligentes, trataba de reducir desde abajo hasta arriba incluso la enseñanza universal a adiestrar para la burguesía siervos sumisos y diligentes, ejecutores de la voluntad y esclavos del capital, sin preocuparse jamás de hacer de la escuela un instrumento de educación de la personalidad humana. Y ahora está claro para todos que eso solo puede hacerlo la escuela socialista, que está en indisoluble conexión con todos los trabajadores y explotados y que se sitúa no por miedo, sino concienzudamente, en la plataforma soviética.

Claro está, la obra de transformación de la escuela es una obra difícil. Y, por supuesto, ha habido y se observan errores y tentativas de interpretar y desfigurar el principio de la conexión de la escuela con la política en un sentido grosero y deforme, cuando se intenta introducir torpemente esa política en las mentes de la generación joven aún en crecimiento, que debe prepararse. Y no cabe duda de que con esa aplicación grosera del principio fundamental tendremos que luchar siempre. Pero ahora la tarea principal de aquella parte del magisterio que se ha situado en el terreno de la Internacional, que se ha situado en el terreno del poder soviético, es preocuparse de crear un sindicato de maestros más amplio y, en lo posible, omnicomprensivo.

Para el viejo sindicato de maestros, que defendía los prejuicios burgueses, que mostró incomprensión y defendió hasta el extremo sus privilegios mucho más tiempo incluso de lo que los defendieron otros sindicatos cimeros que se formaron desde el comienzo de la revolución de 1917 y contra los cuales luchamos en todos los ámbitos de la vida, – para ese sindicato no hay terreno en vuestro sindicato, el sindicato de internacionalistas. Creo que vuestro sindicato de internacionalistas puede convertirse plenamente en el sindicato profesional único de maestros de escuela, que se sitúe, como todos los sindicatos profesionales – esto lo muestra con especial claridad el II Congreso Panruso de Sindicatos – en la plataforma del poder soviético. La tarea que tiene ante sí el magisterio es inmensa. Aquí hay que luchar también con aquellos restos de desorganización y desunión que nos ha legado la revolución pasada.

Además, la propaganda y la agitación. Ahora, naturalmente, con esa desconfianza hacia el personal docente que ha dejado la práctica del sabotaje y los prejuicios de la composición burguesa del magisterio, acostumbrado a pensar que la verdadera educación solo pueden recibirla los ricos y que para la mayoría de los trabajadores basta solo la preparación de buenos sirvientes y buenos obreros, pero no del verdadero dueño de la vida, – subsistía la fragmentación en todos los ámbitos de la propaganda y la instrucción. Esto condena a una parte de los maestros a una esfera estrecha, a la esfera supuestamente del estudio, y no nos da la posibilidad de crear plenamente un aparato único, en el que entren todas las fuerzas de la ciencia y trabajen junto con nosotros. Podremos lograrlo en la medida en que rompamos con los viejos prejuicios burgueses, y aquí la tarea de vuestro sindicato es atraer a las más amplias masas de maestros a vuestra familia, la tarea de educar a las capas más atrasadas del magisterio, someterlas a la política general proletaria, vincularlas en una organización común.

En la obra de unificación profesional, sobre los hombros del magisterio recae una gran tarea en la situación que se ha creado ahora entre nosotros, cuando se esclarecen nítidamente todas las cuestiones de la guerra civil y cuando los elementos democrático-pequeñoburgueses, por la fuerza de las cosas, se ven obligados a pasarse al lado del poder soviético, porque se han convencido de que cualquier otro camino los empuja involuntariamente al camino de la defensa de los guardias blancos y del imperialismo internacional. Cuando en todo el mundo se plantea una tarea principal, la cuestión se plantea así: o la reacción extrema, o la dictadura militar y los fusilamientos, de los cuales hemos tenido noticias evidentes desde Berlín; o bien esa reacción furiosa de los capitalistas embrutecidos, que sienten que esa guerra de cuatro años no puede pasarles impune y por eso están dispuestos a todo, dispuestos a seguir inundando la tierra con sangre de los trabajadores, o bien la victoria completa de los trabajadores en la revolución socialista. En el momento que atravesamos, no puede haber término medio. Y he aquí por qué ese magisterio que desde un principio se situó en la posición de la Internacional, que ahora ve claramente que sus adversarios en el seno del magisterio del otro campo no pueden oponer ninguna oposición seria, debe emprender el camino de una labor más amplia. De vuestro sindicato debe crearse ahora un sindicato profesional de maestros amplio, que abarque a enormes masas de maestros, un sindicato que se sitúe resueltamente en el terreno de la plataforma soviética y de la lucha por el socialismo mediante la dictadura del proletariado.

Precisamente esa es la fórmula adoptada por el II Congreso de Sindicatos que está sesionando ahora. Exige que todos los ocupados en una profesión determinada, en un tipo determinado de actividad, se unan en un solo sindicato único, pero al mismo tiempo dice que el movimiento profesional no puede estar desvinculado de las tareas fundamentales de la lucha por la liberación del trabajo del capital. Y por eso, miembros de pleno derecho de los sindicatos solo pueden ser aquellos sindicatos que reconocen la lucha de clases revolucionaria por el socialismo mediante la dictadura del proletariado. Tal es vuestro sindicato. Si os situáis en esa posición, el éxito os está asegurado en la obra de atraer a la enorme masa del magisterio y de trabajar para que los conocimientos y la ciencia dejen de ser cosa de privilegiados, dejen de ser material que consolida la posición de los ricos y explotadores, y se conviertan en un instrumento de liberación de los trabajadores y explotados. En ese terreno, permitidme desearos, camaradas, todo género de éxito.

Breve informe publicado el 19 de enero de 1919 en el diario «Izvestia del VTsIK» n.º 13

Publicado por primera vez completo en 1926 en las Obras Completas de V. I. Lenin (V. Uliánov), tomo XX, parte II

Se publica según la transcripción taquigráfica