La cuestión de la Asamblea Constituyente y su disolución por los bolcheviques es el eje de todo el folleto de Kautsky. Vuelve a ella constantemente. Toda la obra del líder ideológico de la II Internacional está plagada de alusiones a cómo los bolcheviques «aniquilaron la democracia» (véase más arriba una cita de Kautsky). La cuestión es, en efecto, interesante e importante, pues en ella la relación entre la democracia burguesa y la democracia proletaria se planteó ante la revolución en la práctica. Veamos, pues, cómo examina esta cuestión nuestro «teórico marxista».

Cita las «tesis sobre la Asamblea Constituyente» que fueron escritas por mí y publicadas en *Pravda* el 26 de diciembre de 1917[^14]. Al parecer, no se podría esperar mejor prueba de un planteamiento serio por parte de Kautsky, documentos en mano. Pero fíjense cómo cita Kautsky. No dice que estas tesis fueran 19, no dice que en ellas se planteara tanto la cuestión de la relación entre la república burguesa corriente con Asamblea Constituyente y la república de los Soviets, como la historia de la divergencia, en nuestra revolución, entre la Asamblea Constituyente y la dictadura del proletariado. Kautsky soslaya todo esto y se limita a declarar al lector que «dos de ellas (de estas tesis) son particularmente importantes»: una, que los socialrevolucionarios se escindieron después de las elecciones a la Asamblea Constituyente, pero antes de su convocatoria (Kautsky calla que ésta es la quinta tesis); otra, que la república de los Soviets es, en general, una forma democrática más alta que la Asamblea Constituyente (Kautsky calla que ésta es la tercera tesis).

Y he aquí que, únicamente de esta tercera tesis, Kautsky cita íntegramente un fragmento, a saber, la siguiente afirmación:

«La república de los Soviets no es sólo una forma de instituciones democráticas de un tipo más elevado (en comparación con la república burguesa corriente con Asamblea Constituyente como su coronamiento), sino también la única forma capaz de garantizar el tránsito más indoloro[^15] hacia el socialismo» (Kautsky omite la palabra «corriente» y las palabras introductorias de la tesis: «para el tránsito del régimen burgués al socialista, para la dictadura del proletariado»).

Después de citar estas palabras, Kautsky exclama con magnífica ironía:

«Lástima que se llegara a esta conclusión sólo después de encontrarse en minoría en la Asamblea Constituyente. Antes, nadie la había exigido con más vehemencia que Lenin».

¡Así está dicho textualmente en la página 31 del libro de Kautsky!

¡Esto es una perla! ¡Sólo un sicofante de la burguesía podía presentar las cosas de un modo tan falaz, para que el lector tuviera la impresión de que toda la charla de los bolcheviques sobre un tipo más elevado de Estado no es más que un invento, aparecido después de que los bolcheviques se vieran en minoría en la Asamblea Constituyente! Semejante mentira abyecta sólo podía proferirla un canalla vendido a la burguesía o, lo que es exactamente lo mismo, alguien que se ha fiado de P. Axelrod y oculta a sus informantes.

Porque es archisabido que yo, el mismo día de mi llegada a Rusia, el 4 de abril de 1917, leí públicamente unas tesis en las que declaraba la superioridad del Estado de tipo de la Comuna sobre la república parlamentaria burguesa. Después lo declaré repetidamente en la prensa, por ejemplo, en un folleto sobre los partidos políticos que fue traducido al inglés y apareció en América en enero de 1918 en el periódico neoyorquino *Evening Post*{120}. Y no sólo eso. La Conferencia del partido bolchevique, a finales de abril de 1917, adoptó una resolución afirmando que la república obrera y campesina es superior a la república parlamentaria burguesa, que nuestro partido no se contentaba con esta última y que el programa del partido debía ser modificado en consonancia{121}.

Después de esto, ¿cómo calificar la salida de Kautsky, que asegura a los lectores alemanes que yo había exigido con vehemencia la convocatoria de la Asamblea Constituyente y que sólo después de que los bolcheviques quedaran en minoría en ella empecé a «menoscabar» el honor y la dignidad de la Asamblea Constituyente? ¿Con qué se puede disculpar semejante salida?[^16] ¿Con que Kautsky no conocía los hechos? Pero entonces, ¿para qué se metió a escribir sobre ellos? ¿O por qué no declarar honradamente: yo, Kautsky, escribo basándome en los informes de los mencheviques Stein y P. Axelrod y Cía.? Kautsky quiere encubrir su papel de servidor de los mencheviques, resentidos por su derrota, con una pretensión de objetividad.

Sin embargo, esto sólo son las flores. Los frutos vendrán después.

Admitamos que Kautsky no quiso o no pudo (??) obtener de sus informantes la traducción de las resoluciones y declaraciones bolcheviques sobre la cuestión de si se contentaban con la república democrática parlamentaria burguesa. Admitamos incluso esto, aunque es inverosímil. Pero es que Kautsky menciona directamente mis tesis del 26 de diciembre de 1917 en la página 30 de su libro.

¿Conoce Kautsky íntegramente estas tesis, o de ellas sólo conoce lo que le han traducido los Stein, los Axelrod y Cía.? Kautsky cita la tercera tesis sobre la cuestión fundamental de si los bolcheviques tenían conciencia, antes de las elecciones a la Asamblea Constituyente, y de si dijeron al pueblo, que la república de los Soviets es superior a la república burguesa. Pero Kautsky calla la segunda tesis.

Y la segunda tesis dice:

«Al plantear la reivindicación de la convocatoria de la Asamblea Constituyente, la socialdemocracia revolucionaria, desde el comienzo mismo de la revolución de 1917, ha subrayado reiteradamente que la república de los Soviets es una forma más elevada de democracia que la república burguesa corriente con Asamblea Constituyente» (subrayado mío).

Para presentar a los bolcheviques como gente sin principios, como «oportunistas revolucionarios» (esta expresión, no recuerdo en qué contexto, la emplea Kautsky en algún lugar de su libro), el señor Kautsky ocultó a los lectores alemanes que en las tesis hay una referencia directa a las declaraciones «reiteradas».

Tales son los procedimientos mezquinos, miserables y despreciables que emplea el señor Kautsky. De este modo, se ha escabullido de la cuestión teórica.

¿Es cierto o no que la república democrática parlamentaria burguesa es inferior a la república del tipo de la Comuna o del tipo de los Soviets? Éste es el quid, y Kautsky lo ha soslayado. Todo lo que Marx dio en el análisis de la Comuna de París, Kautsky lo ha «olvidado». Ha «olvidado» también la carta de Engels a Bebel del 28 de marzo de 1875, en la que se expresa de manera particularmente clara e inteligible el mismo pensamiento de Marx: «La Comuna no era ya un Estado en el sentido propio de la palabra»{122}.

He aquí al más destacado teórico de la II Internacional, que en un folleto especial sobre «La dictadura del proletariado», discurriendo especialmente sobre Rusia, donde se ha planteado directa y reiteradamente la cuestión de una forma de Estado más elevada que la república democrático-burguesa, silencia esta cuestión. ¿En qué se diferencia esto, en la práctica, de pasarse al lado de la burguesía?

(Observemos entre paréntesis que también en esto Kautsky marcha a la zaga de los mencheviques rusos. Entre ellos abunda la gente que conoce «todas las citas» de Marx y Engels, pero ni un solo menchevique, desde abril de 1917 hasta octubre de 1917 y desde octubre de 1917 hasta octubre de 1918, intentó siquiera una vez analizar la cuestión del Estado de tipo de la Comuna. Plejánov también soslayó esta cuestión. Tuvieron que callarse, por lo visto.)

De suyo se comprende que hablar de la disolución de la Asamblea Constituyente{123} con personas que se llaman socialistas y marxistas, pero que en la práctica se pasan a la burguesía en la cuestión principal, en la cuestión del Estado de tipo de la Comuna, equivaldría a arrojar perlas a los cerdos. Bastará con publicar íntegramente en un apéndice al presente folleto mis tesis sobre la Asamblea Constituyente. Por ellas verá el lector que la cuestión fue planteada el 26 de diciembre de 1917 tanto en el plano teórico como en el histórico y en el práctico-político.

Si Kautsky, como teórico, ha renunciado por completo al marxismo, podría, como historiador, haber examinado la cuestión de la lucha de los Soviets contra la Asamblea Constituyente. Sabemos por muchos trabajos de Kautsky que él supo ser un historiador marxista, que esos trabajos suyos seguirán siendo patrimonio duradero del proletariado, a pesar de su posterior renegación. Pero en la cuestión que nos ocupa, Kautsky, también como historiador, vuelve la espalda a la verdad, ignora hechos de todos conocidos, actúa como un sicofante. Quiere presentar a los bolcheviques como gentes sin principios, y cuenta cómo intentaron los bolcheviques atenuar el conflicto con la Asamblea Constituyente antes de disolverla. No hay absolutamente nada de malo en ello, no tenemos nada que renegar; las tesis las publico íntegras, y en ellas se dice más claro que claro: señores pequeñoburgueses vacilantes, encastillados en la Asamblea Constituyente, o bien os avenís a la dictadura proletaria, o bien os venceremos «por la vía revolucionaria» (tesis 18 y 19).

Así ha actuado siempre, y así actuará siempre, el proletariado verdaderamente revolucionario en relación con la pequeña burguesía vacilante.

En la cuestión de la Asamblea Constituyente, Kautsky se sitúa en un punto de vista formal. En mis tesis se dice clara y repetidamente que los intereses de la revolución están por encima de los derechos formales de la Asamblea Constituyente (véanse las tesis 16 y 17). El punto de vista democrático-formal es precisamente el punto de vista del demócrata burgués, que no reconoce que el interés del proletariado y de la lucha de clases proletaria está por encima. Kautsky, como historiador, no podría dejar de reconocer que los parlamentos burgueses son órganos de tal o cual clase. Pero ahora Kautsky ha necesitado (para la sucia tarea de renegar de la revolución) olvidar el marxismo, y no plantea la cuestión de qué clase era órgano la Asamblea Constituyente en Rusia. Kautsky no analiza la situación concreta, no quiere fijarse en los hechos, no dice ni una palabra a los lectores alemanes de que mis tesis no sólo contienen una iluminación teórica de la cuestión de la limitación de la democracia burguesa (tesis núms. 1-3), no sólo las condiciones concretas que determinaron la discordancia entre las listas de partidos de mediados de octubre de 1917 y la realidad en diciembre de 1917 (tesis núms. 4-6), sino también la historia de la lucha de clases y de la guerra civil en octubre-diciembre de 1917 (tesis núms. 7-15). De esta historia concreta sacamos la conclusión (tesis núm. 14) de que la consigna «todo el poder a la Asamblea Constituyente» se había convertido de hecho en la consigna de los kadetes, de los kaledinistas y de sus auxiliares.

El historiador Kautsky no se da cuenta de esto. El historiador Kautsky nunca ha oído que el sufragio universal da a veces parlamentos pequeñoburgueses, a veces reaccionarios y contrarrevolucionarios. El historiador marxista Kautsky no ha oído que una cosa es la forma de las elecciones, la forma de la democracia, y otra cosa es el contenido de clase de una institución determinada. Esta cuestión del contenido de clase de la Asamblea Constituyente está planteada y resuelta directamente en mis tesis. Es posible que mi solución sea errónea. Nada sería más deseable para nosotros que una crítica marxista de nuestro análisis por parte de otros. En lugar de escribir frases completamente estúpidas (abundan en Kautsky) acerca de que alguien impide la crítica del bolchevismo, Kautsky debería haber emprendido esa crítica. Pero el quid de la cuestión está en que no hay crítica por su parte. Ni siquiera plantea la cuestión del análisis de clase de los Soviets, por un lado, y de la Asamblea Constituyente, por otro. Y por eso no existe la posibilidad de discutir, de debatir con Kautsky; sólo queda mostrar al lector por qué a Kautsky no se le puede calificar más que de renegado.

La divergencia entre los Soviets y la Asamblea Constituyente tiene su historia, que no podría soslayar ni siquiera un historiador que no se situara en el punto de vista de la lucha de clases. Kautsky tampoco ha querido tocar esa historia fáctica. Kautsky ocultó a los lectores alemanes el hecho de todos conocido (que hoy ocultan sólo los mencheviques malintencionados) de que los Soviets, incluso bajo el dominio de los mencheviques, es decir, desde finales de febrero hasta octubre de 1917, divergían de las instituciones «nacionales» (es decir, burguesas). Kautsky se sitúa, en esencia, en el punto de vista de la conciliación, de la concertación, de la colaboración del proletariado y la burguesía; por mucho que Kautsky reniegue de ello, éste es un hecho confirmado por todo su folleto. No había que disolver la Asamblea Constituyente, y esto significa: no había que llevar hasta el fin la lucha contra la burguesía, no había que derribarla, había que conciliar al proletariado con la burguesía.

¿Por qué, pues, silenció Kautsky que los mencheviques se ocuparon en esta tarea poco honorable desde febrero hasta octubre de 1917 y no consiguieron nada? Si era posible conciliar a la burguesía con el proletariado, ¿por qué bajo los mencheviques no tuvo éxito la conciliación, por qué la burguesía se mantuvo al margen de los Soviets, por qué los Soviets eran llamados (por los mencheviques) «democracia revolucionaria» y la burguesía «elementos censitarios»?

Kautsky ocultó a los lectores alemanes que precisamente los mencheviques, en la «época» (febrero-octubre de 1917) de su dominio, llamaban a los Soviets democracia revolucionaria, reconociendo con ello su superioridad sobre todas las demás instituciones. Sólo gracias a la ocultación de este hecho, en el historiador Kautsky resulta que la divergencia entre los Soviets y la burguesía no tiene historia, que surgió de golpe, súbitamente, sin causa, debido a la mala conducta de los bolcheviques. Pero en realidad, fue precisamente la experiencia de más de medio año (para una revolución, un plazo enorme) de conciliacionismo menchevique, de intentos de conciliar al proletariado con la burguesía, la que convenció al pueblo de la esterilidad de esos intentos y apartó al proletariado de los mencheviques.

Los Soviets son una magnífica organización de combate del proletariado, que tiene un gran porvenir, reconoce Kautsky. Siendo así, toda la posición de Kautsky se derrumba como un castillo de naipes o como la ilusión del pequeñoburgués de prescindir de la lucha aguda del proletariado contra la burguesía. Porque toda revolución es una lucha continua y, además, desesperada, y el proletariado es la clase avanzada de todos los oprimidos, foco y centro de todas las aspiraciones de todos y cada uno de los oprimidos a su liberación. Los Soviets, órgano de lucha de las masas oprimidas, reflejaban y expresaban, de modo natural, los sentimientos y los cambios de opinión de esas masas con una rapidez, plenitud y fidelidad inconmensurablemente mayores que cualesquiera otras instituciones (en esto estriba, entre otras cosas, una de las razones de por qué la democracia de los Soviets es un tipo superior de democracia).

Los Soviets tuvieron tiempo, desde el 28 de febrero (estilo antiguo) hasta el 25 de octubre de 1917, de convocar dos congresos de toda Rusia de la gigantesca mayoría de la población de Rusia, de todos los obreros y soldados, de las siete u ocho décimas partes del campesinado, sin contar la multitud de congresos locales, distritales, urbanos, provinciales y regionales. Durante este tiempo, la burguesía no logró convocar ninguna institución que representara a la mayoría (salvo el abiertamente falseado, burlón y exasperante para el proletariado, «Conferencia Democrática»{124}). La Asamblea Constituyente reflejó el mismo estado de ánimo de las masas, la misma agrupación política, que el primer Congreso (de junio) de los Soviets de toda Rusia{125}. Para el momento de la convocatoria de la Asamblea Constituyente (enero de 1918) se habían celebrado el segundo Congreso de los Soviets (octubre de 1917){126} y el tercero (enero de 1918){127}, y ambos mostraron, más claro que el agua, que las masas se habían izquierdizado, revolucionarizado, apartado de los mencheviques y socialrevolucionarios, pasado al lado de los bolcheviques; es decir, se habían apartado de la dirección pequeñoburguesa, de las ilusiones de pacto con la burguesía, y habían pasado al lado de la lucha revolucionaria proletaria por el derrocamiento de la burguesía.

Por consiguiente, ya la sola historia externa de los Soviets muestra la inevitabilidad de la disolución de la Asamblea Constituyente y el carácter reaccionario de ésta. Pero Kautsky se mantiene firme en su «consigna»: ¡que perezca la revolución, que la burguesía triunfe sobre el proletariado, con tal de que florezca la «democracia pura»! ¡Fiat justitia, pereat mundus![^17]

He aquí los breves resúmenes de los Congresos de los Soviets de toda Rusia en la historia de la revolución rusa:

[^128] El IV Congreso Extraordinario de los Soviets de toda Rusia, convocado para decidir la cuestión de la ratificación del tratado de paz de Brest, se celebró en Moscú del 14 al 16 de marzo de 1918. Al congreso, según los datos del acta estenográfica, asistieron 1.232 delegados con voto decisivo, de los cuales 795 eran bolcheviques, 283 socialrevolucionarios de izquierda, 29 socialrevolucionarios del centro, 21 mencheviques, 11 mencheviques-internacionalistas y otros. Tras la información del comisario del pueblo adjunto para Asuntos Exteriores, G. V. Chicherin, sobre el tratado de paz, tomó la palabra en nombre del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia Lenin, con un informe sobre esta cuestión; el co-informe de la fracción de los socialrevolucionarios de izquierda contra la ratificación del tratado de paz corrió a cargo de B. D. Kamkov. Contra la ratificación del tratado de Brest intervinieron mencheviques, socialrevolucionarios de derecha e izquierda, maximalistas, anarquistas y otros. Tras agudos debates, el congreso, por votación nominal y una abrumadora mayoría de votos, adoptó la resolución propuesta por Lenin sobre la ratificación del tratado de paz; se emitieron 784 votos a favor, 261 en contra y 115 delegados se abstuvieron.

El congreso aprobó un decreto sobre el traslado de la capital del Estado soviético a Moscú y eligió un Comité Ejecutivo Central de toda Rusia compuesto por 200 personas.

[^129] El V Congreso de los Soviets de toda Rusia se inauguró el 4 de julio de 1918 en Moscú, en el Teatro Bolshói. Al congreso asistieron 1.164 delegados con voto decisivo, de los cuales 773 eran bolcheviques, 353 socialrevolucionarios de izquierda, 17 maximalistas, 4 anarquistas, 4 mencheviques-internacionalistas, 3 miembros de otros partidos y 10 sin partido.

Con el informe de balance sobre la actividad del VTsIK intervino Ya. M. Sverdlov; con el informe sobre la actividad del Sovnarkom, V. I. Lenin. Tras borrascosos debates sobre los informes del VTsIK y del SNK, el congreso aprobó por mayoría de votos la resolución propuesta por la fracción comunista, en la que expresaba su «completa aprobación a la política exterior e interior del gobierno soviético». La resolución de los socialrevolucionarios de izquierda, que proponían expresar desconfianza al gobierno soviético, anular el tratado de paz de Brest y modificar la política exterior e interior del poder soviético, fue rechazada.

Derrotados en el congreso, los socialrevolucionarios de izquierda pasaron a la acción armada abierta, sublevando el 6 de julio una insurrección contrarrevolucionaria en Moscú. En relación con esto, el congreso interrumpió sus trabajos y no los reanudó hasta el 9 de julio. Tras escuchar la comunicación del gobierno sobre los acontecimientos del 6 al 7 de julio, el congreso aprobó plenamente las medidas enérgicas del gobierno para liquidar la criminal aventura de los socialrevolucionarios de izquierda y señaló que aquellos socialrevolucionarios de izquierda que compartieran las opiniones de su cúpula dirigente «no podían tener cabida en los Soviets de diputados obreros y campesinos».

En la resolución sobre el informe del comisario del pueblo de Abastecimientos, A. D. Tsiurupa, el congreso confirmó la inmutabilidad del monopolio del trigo, señaló la necesidad de aplastar resueltamente la resistencia de los kulaks y aprobó la organización de los comités de campesinos pobres.

En la sesión de clausura, el 10 de julio, el congreso escuchó el informe sobre la organización del Ejército Rojo y aprobó por unanimidad la resolución propuesta por la fracción comunista, en la que se esbozaban medidas para organizar y fortalecer el Ejército Rojo sobre la base del servicio militar obligatorio de los trabajadores.

El congreso aprobó la primera Constitución de la RSFSR, que consolidaba legislativamente las conquistas de los trabajadores del país soviético.

Basta con examinar estas cifras para comprender por qué la defensa de la Asamblea Constituyente o los discursos (como los de Kautsky) acerca de que los bolcheviques no tienen tras de sí a la mayoría de la población, son recibidos entre nosotros únicamente con risas.