La tercera tarea de nuestra política financiera se reduce a la introducción del servicio de trabajo obligatorio y al registro de las clases poseedoras.

El viejo capitalismo, basado en la libre competencia, ha sido definitivamente liquidado por esta guerra, y ha cedido su lugar al capitalismo de Estado, al capitalismo monopolista. Los países avanzados de Occidente, Inglaterra y Alemania, pasaron, en relación con la guerra, a la más estricta contabilidad y control de toda la producción, introdujeron el servicio de trabajo obligatorio para las clases desposeídas, creando una multitud de escapatorias para la burguesía. Debemos aprovechar las experiencias de estos países, pero empezando por introducir el servicio de trabajo obligatorio no para los pobres, que ya han hecho demasiados sacrificios en el altar de la guerra, sino para los poseedores, que se han enriquecido con la guerra.

Está al orden del día la implantación de los impuestos de trabajo – libretas presupuestarias, ante todo para la burguesía, a fin de que se vea la parte de trabajo que cada uno de ellos aporta en beneficio del país. El control debe estar en manos de los Soviets locales. En lo que se refiere a los pobres, esta medida es hoy completamente superflua, porque ya tienen que trabajar bastante; además, los sindicatos adoptarán todas las medidas para elevar la productividad del trabajo e implantar la disciplina laboral.

El registro general de la población poseedora, una ley que obligue a los ricos a tener libretas de trabajo, de impuestos y presupuestarias: ésta es la tarea que debemos resolver en primer lugar. Esta cuestión hay que elaborarla de un modo práctico y concreto. Esta medida dará la posibilidad de trasladar el peso de los impuestos, como es de justicia, sobre los ricos.