Esta es una cuestión de la mayor importancia para todos los países, especialmente para los avanzados, especialmente para los beligerantes, especialmente en la actualidad. Se puede decir sin exageración que esta es la cuestión más importante de toda la lucha de clases proletaria. Por eso es necesario detenerse en ella con atención.

Kautsky plantea la cuestión de tal modo que «la oposición de las dos corrientes socialistas» (es decir, bolcheviques y no bolcheviques) es «la oposición de dos métodos radicalmente diferentes: el democrático y el dictatorial» (pág. 3).

Señalemos de paso que, al llamar socialistas a los no bolcheviques de Rusia, es decir, a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios, Kautsky se guía por su nombre, es decir, por la palabra, y no por el lugar real que ocupan en la lucha del proletariado contra la burguesía. ¡Magnífica comprensión y aplicación del marxismo! Pero de esto hablaremos con más detalle más adelante.

Por ahora debemos tomar lo principal: el gran descubrimiento de Kautsky sobre la «oposición radical» de «los métodos democrático y dictatorial». Este es el quid de la cuestión. Esta es toda la esencia del folleto de Kautsky. Y esto es una monstruosa confusión teórica, una renuncia tan completa al marxismo, que Kautsky, hay que reconocerlo, ha superado con mucho a Bernstein.

La cuestión de la dictadura del proletariado es la cuestión de la relación del Estado proletario con el Estado burgués, de la democracia proletaria con la democracia burguesa. Al parecer, ¿esto es claro como el día? Pero Kautsky, como un maestro de escuela secundaria anquilosado en la repetición de los manuales de historia, se vuelve obstinadamente de espaldas al siglo XX y de cara al siglo XVIII, y por centésima vez, con una increíble monotonía, en toda una serie de párrafos, masca y rumia lo viejo sobre la relación de la democracia burguesa con el absolutismo y la Edad Media.

¡En verdad, como si mascara estopa en sueños!

Pero esto significa simplemente no comprender nada de lo que es qué. En verdad, sólo dan risa los esfuerzos de Kautsky por presentar las cosas como si hubiera gente que predica el «desprecio a la democracia» (pág. 11), etc. Con pequeñeces así Kautsky se ve obligado a emborronar y enredar la cuestión, porque plantea el problema a la manera liberal, sobre la democracia en general, y no sobre la democracia burguesa; evita incluso este concepto preciso y de clase, y trata de hablar de la democracia «presocialista». Casi un tercio del folleto, 20 páginas de 63, está ocupado por la palabrería de nuestro charlatán, palabrería muy grata para la burguesía, porque equivale a maquillar la democracia burguesa y emborrona la cuestión de la revolución proletaria.

Pero, a pesar de todo, el título del folleto de Kautsky es «La dictadura del proletariado». Es de todos sabido que ésta es precisamente la esencia de la doctrina de Marx. Y Kautsky, después de toda su palabrería fuera de lugar, se ha visto obligado a citar las palabras de Marx sobre la dictadura del proletariado.

¡Cómo lo ha hecho el «marxista» Kautsky, es ya una verdadera comedia! Escuchen:

«Esa concepción» (que Kautsky declara desprecio a la democracia) «se apoya en una palabra de Carlos Marx», dice literalmente en la pág. 20. Y en la pág. 60 se repite incluso en esta forma: (los bolcheviques) «recordaron a tiempo la palabreja» (literalmente, ¡¡ des Wörtchens !!) «de la dictadura del proletariado, empleada por Marx una vez en 1875 en una carta».

He aquí la «palabreja» de Marx:

«Entre la sociedad capitalista y la comunista se extiende el período de la transformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también un período político de transición, cuyo Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado»{100}.

En primer lugar, calificar este famoso razonamiento de Marx, que resume toda su doctrina revolucionaria, de «una palabra» o incluso de «palabreja», significa burlarse del marxismo, significa renegar por completo de él. No hay que olvidar que Kautsky conoce a Marx casi de memoria, que, a juzgar por todos los escritos de Kautsky, en su escritorio o en su cabeza hay una serie de casilleros de madera en los que todo lo escrito por Marx está distribuido de la manera más ordenada y cómoda para ser citado. Kautsky no puede ignorar que tanto Marx como Engels, en cartas y en obras impresas, hablaron de la dictadura del proletariado en repetidas ocasiones, tanto antes como, sobre todo, después de la Comuna. Kautsky no puede ignorar que la fórmula «dictadura del proletariado» no es más que la expresión históricamente más concreta y científicamente más exacta de la tarea del proletariado de «destrozar» la máquina estatal burguesa, tarea de la que Marx y Engels, teniendo en cuenta la experiencia de las revoluciones de 1848 y, aún más, de 1871, hablan desde 1852 hasta 1891, durante cuarenta años.

¿Cómo explicar esta monstruosa tergiversación del marxismo por parte de Kautsky, este escolástico del marxismo? Si hablamos de los fundamentos filosóficos de este fenómeno, la cuestión se reduce a la sustitución de la dialéctica por el eclecticismo y la sofística. Kautsky es un gran maestro de tal sustitución. Si hablamos en términos práctico-políticos, la cuestión se reduce al servilismo ante los oportunistas, es decir, en última instancia, ante la burguesía. Progresando cada vez más rápidamente desde el comienzo de la guerra, Kautsky ha llegado al virtuosismo en este arte de ser marxista de palabra y lacayo de la burguesía de hecho.

Uno se convence aún más de ello al examinar cuán notablemente «ha interpretado» Kautsky la «palabreja» de Marx sobre la dictadura del proletariado. Escuchen:

«Marx, por desgracia, omitió indicar con más detalle cómo se imagina esta dictadura...» (Frase completamente mentirosa de un renegado, pues Marx y Engels dieron precisamente una serie de indicaciones detalladísimas, que el escolástico del marxismo Kautsky elude adrede.) «...Literalmente, la palabra dictadura significa la supresión de la democracia. Pero, naturalmente, tomada literalmente, esta palabra significa también el poder unipersonal de un solo individuo, no sujeto a ninguna ley. Un poder unipersonal que se distingue del despotismo en que está concebido no como una institución estatal permanente, sino como una medida extrema y transitoria. La expresión “dictadura del proletariado”, por tanto, no dictadura de una persona, sino de una clase, excluye ya de por sí que Marx tuviera en mente la dictadura en el sentido literal de la palabra. Él no hablaba aquí de una forma de gobierno, sino de un estado que, por necesidad, debe producirse en todas partes donde el proletariado ha conquistado el poder político. Que Marx no se refería aquí a la forma de gobierno lo demuestra ya el hecho de que sostenía la opinión de que en Inglaterra y en América el tránsito podía realizarse pacíficamente, por tanto, por vía democrática» (pág. 20).

Hemos citado deliberadamente todo este razonamiento para que el lector pueda ver con claridad los procedimientos con que opera el «teórico» Kautsky.

Kautsky ha querido abordar la cuestión empezando por la definición de la «palabra» dictadura.

Muy bien. Abordar una cuestión de cualquier manera es un derecho sagrado de cada cual. Sólo hay que distinguir el enfoque serio y honesto del deshonesto. Quien quisiera tomarse en serio el asunto, con este modo de abordar la cuestión, debería dar su propia definición de la «palabra». Entonces la cuestión se plantearía de modo claro y directo. Kautsky no hace esto. «Literalmente —escribe—, la palabra dictadura significa la supresión de la democracia».

Primero, esto no es una definición. Si a Kautsky le place eludir dar una definición del concepto de dictadura, ¿para qué elegir este enfoque de la cuestión?

Segundo, esto es a todas luces falso. Es natural que un liberal hable de «democracia» en general. Un marxista jamás olvidará plantear la pregunta: «¿para qué clase?». Todo el mundo sabe, por ejemplo —y el «historiador» Kautsky lo sabe también—, que las sublevaciones o incluso las fuertes agitaciones de los esclavos en la antigüedad revelaban inmediatamente la esencia del Estado antiguo como dictadura de los esclavistas. ¿Suprimía esta dictadura la democracia para los esclavistas, entre ellos? De todos es sabido que no.

El «marxista» Kautsky ha dicho un monstruoso disparate y una falsedad, porque «ha olvidado» la lucha de clases...

Para convertir la afirmación liberal y mentirosa de Kautsky en una afirmación marxista y verdadera, hay que decir: la dictadura no significa necesariamente la supresión de la democracia para la clase que ejerce esa dictadura sobre otras clases, pero sí significa necesariamente la supresión (o la limitación más sustancial, que es también una de las formas de supresión) de la democracia para la clase sobre la cual o contra la cual se ejerce la dictadura.

Pero, por verdadera que sea esta afirmación, no da una definición de la dictadura.

Examinemos la siguiente frase de Kautsky:

«...Pero, naturalmente, tomada literalmente, esta palabra significa también el poder unipersonal de un solo individuo, no sujeto a ninguna ley...»

Como un cachorro ciego que, por casualidad, hunde el hocico ya en una dirección, ya en otra, Kautsky ha tropezado aquí, sin querer, con una idea correcta (a saber, que la dictadura es un poder no sujeto a ninguna ley), pero no ha dado una definición de la dictadura y ha dicho, además, una patente falsedad histórica, como si la dictadura significara el poder de una sola persona. Esto es gramaticalmente falso, pues puede ejercer la dictadura un grupito de personas, una oligarquía, una clase, etc.

Más adelante, Kautsky señala la diferencia entre la dictadura y el despotismo, pero, aunque su indicación es a todas luces falsa, no nos detendremos en ella, pues no guarda relación alguna con la cuestión que nos interesa. Es conocida la propensión de Kautsky a volverse del siglo XX al XVIII, y del XVIII a la antigüedad clásica, y esperamos que, una vez conquistada la dictadura, el proletariado alemán tenga en cuenta esta propensión y coloque, digamos, a Kautsky como profesor de historia antigua en un instituto. Eludir la definición de la dictadura del proletariado mediante disquisiciones sobre el despotismo es o una extrema estupidez o un fraude muy torpe.

En resumen, vemos que, al ponerse a hablar de la dictadura, Kautsky ha dicho muchas falsedades a sabiendas, ¡pero no ha dado ninguna definición! Podría, sin confiar en sus capacidades mentales, recurrir a su memoria y extraer de los «casilleros» todos los casos en que Marx habla de la dictadura. Obtendría, seguramente, o la siguiente definición, o una que coincida en esencia con ella:

La dictadura es un poder que se apoya directamente en la violencia, no sujeto a ninguna ley.

La dictadura revolucionaria del proletariado es un poder conquistado y mantenido por la violencia del proletariado sobre la burguesía, un poder no sujeto a ninguna ley.

¡Y esta verdad simple, verdad clara como la luz del día para todo obrero consciente (representante de la masa, y no de la capa superior de la canalla pequeñoburguesa comprada por los capitalistas, como son los socialimperialistas de todos los países), esta verdad evidente para todo representante de los explotados que luchan por su liberación, esta verdad indiscutible para todo marxista, hay que «conquistarla en guerra» frente al sapientísimo señor Kautsky! ¿Cómo explicarlo? Por el espíritu de servilismo del que están impregnados los jefes de la II Internacional, convertidos en despreciables sicofantes al servicio de la burguesía.

Primero, Kautsky cometió un amaño, declarando un notorio disparate, como si el sentido literal de la palabra dictadura significara un dictador unipersonal, y luego —¡basándose en este amaño!— declara que, en Marx, «por lo tanto», las palabras sobre la dictadura de clase no tienen un sentido literal (sino uno en el cual la dictadura no significa violencia revolucionaria, sino la conquista «pacífica» de la mayoría en el marco de la «democracia» burguesa —nótese esto—).

Hay que distinguir, vean ustedes, el «estado» de la «forma de gobierno». Una distinción asombrosamente profunda, muy parecida a como si distinguiéramos el «estado» de estupidez de un hombre que razona neciamente, de la «forma» de sus estupideces.

Kautsky necesita interpretar la dictadura como un «estado de dominación» (esta expresión la emplea literalmente en la página siguiente, la 21), porque entonces desaparece la violencia revolucionaria, desaparece la revolución violenta. ¡El «estado de dominación» es un estado en el que se halla cualquier mayoría en... la «democracia»! Con este truco fraudulento, la revolución desaparece felizmente.

Pero el fraude es demasiado burdo y no salvará a Kautsky. El hecho de que la dictadura presupone y significa un «estado» de violencia revolucionaria de una clase sobre otra, desagradable para los renegados, no se puede ocultar «como una lezna en un saco». La vacuidad de distinguir el «estado» y la «forma de gobierno» sale a flote. Hablar aquí de la forma de gobierno es triplemente necio, pues cualquier chiquillo sabe que la monarquía y la república son formas de gobierno diferentes. El señor Kautsky necesita demostrar que ambas formas de gobierno, al igual que todas las «formas de gobierno» de transición bajo el capitalismo, no son más que variedades del Estado burgués, es decir, de la dictadura de la burguesía.

Hablar de formas de gobierno es, finalmente, no sólo una falsificación estúpida, sino también burda, de Marx, quien aquí habla más claro que claro de la forma o tipo de Estado, y no de la forma de gobierno.

La revolución proletaria es imposible sin la destrucción violenta de la máquina estatal burguesa y su sustitución por una nueva que, según palabras de Engels, «no es ya un Estado en el sentido propio de la palabra»{101}.

Kautsky necesita emborronar y falsear todo esto: su posición renegada lo exige.

Vean a qué miserables evasivas recurre.

Evasiva primera. «... El hecho de que Marx no tuviera en mente la forma de gobierno lo demuestra que consideraba posible en Inglaterra y América una transformación pacífica, es decir, por vía democrática...»

La forma de gobierno no tiene nada que ver aquí, pues hay monarquías que no son típicas del Estado burgués, por ejemplo, las que se distinguen por la ausencia de militarismo, y hay repúblicas que sí son del todo típicas en este sentido, por ejemplo, las que tienen militarismo y burocracia. Este es un hecho histórico y político de sobra conocido, y Kautsky no podrá falsificarlo.

Si Kautsky quisiera razonar seria y honestamente, se preguntaría: ¿existen leyes históricas referentes a la revolución que no conozcan excepción? La respuesta sería: no, no existen tales leyes. Dichas leyes tienen en cuenta sólo lo típico, lo que Marx una vez llamó «ideal» en el sentido de capitalismo medio, normal, típico.

Además. ¿Había en los años 70 algo que hiciera de Inglaterra y América una excepción en el aspecto considerado? Para cualquiera que esté algo familiarizado con las exigencias de la ciencia en materia de cuestiones históricas, es evidente que esta pregunta debe plantearse. No plantearla significa falsear la ciencia, significa jugar a los sofismas. Y una vez planteada esta pregunta, no se puede dudar de la respuesta: la dictadura revolucionaria del proletariado es violencia contra la burguesía; y la necesidad de esta violencia la provoca en particular, como explicaron de la manera más detallada y en repetidas ocasiones Marx y Engels (especialmente en «La guerra civil en Francia» y en su prefacio), el hecho de que existen el militarismo y la burocracia. ¡Precisamente estas instituciones, precisamente en Inglaterra y en América, y precisamente en los años 70 del siglo XIX, cuando Marx hizo su observación, no existían! (Ahora existen tanto en Inglaterra como en América.)

¡Kautsky se ve obligado a hacer trampas literalmente a cada paso para encubrir su renegadismo!

¡Y observen cómo aquí, sin querer, ha mostrado sus orejas de burro: ha escrito: «pacíficamente, es decir, por vía democrática»!!

Al definir la dictadura, Kautsky ha tratado con todas sus fuerzas de ocultar al lector el rasgo fundamental de este concepto, a saber: la violencia revolucionaria. Y ahora la verdad ha salido a flote: se trata de la oposición entre la transformación pacífica y la violenta.

Ahí está el quid de la cuestión. Todas las evasivas, sofismas, falsificaciones fraudulentas no son necesarias para Kautsky más que para desentenderse de la revolución violenta, para encubrir su renuncia a ella, su paso al lado de la política obrera liberal, es decir, al lado de la burguesía. Ahí está el quid de la cuestión.

El «historiador» Kautsky falsea la historia tan desvergonzadamente que «olvida» lo fundamental: el capitalismo premonopolista —cuyo apogeo fueron precisamente los años 70 del siglo XIX— se distinguía, en virtud de sus propiedades económicas fundamentales, que en Inglaterra y América se manifestaron de manera especialmente típica, por un mayor carácter comparativamente pacífico y amante de la libertad. En cambio, el imperialismo, es decir, el capitalismo monopolista, que no maduró plenamente hasta el siglo XX, se distingue, por sus propiedades económicas fundamentales, por el menor carácter pacífico y amante de la libertad, por el mayor y más extendido desarrollo del militarismo. «No advertir» esto, al razonar sobre cuán típica o probable es una transformación pacífica o violenta, significa rebajarse al nivel del más vulgar lacayo de la burguesía.

Evasiva segunda. La Comuna de París fue una dictadura del proletariado, y fue elegida por sufragio universal, es decir, sin privar a la burguesía de sus derechos electorales, es decir, «democráticamente». Y Kautsky exclama triunfante: «... La dictadura del proletariado era, para Marx» (o: según Marx), «un estado que se deriva necesariamente de la democracia pura, cuando el proletariado constituye la mayoría» (bei überwiegendem Proletariat, pág. 21).

Este argumento de Kautsky es tan divertido que, en verdad, uno experimenta un auténtico embarras de richesses (apuro por la abundancia... de objeciones). En primer lugar, es sabido que la flor y nata, el estado mayor, las capas altas de la burguesía huyeron de París a Versalles. En Versalles estaba el «socialista» Louis Blanc, lo que, dicho sea de paso, muestra la falsedad de la afirmación de Kautsky de que en la Comuna participaron «todas las corrientes» del socialismo. ¿No es ridículo presentar como «democracia pura» con «sufragio universal» la división de los habitantes de París en dos campos beligerantes, uno de los cuales concentraba a toda la burguesía combativa y políticamente activa?

En segundo lugar, la Comuna luchó contra Versalles como gobierno obrero de Francia contra el gobierno burgués. ¿Qué tienen que ver aquí la «democracia pura» y el «sufragio universal», cuando París decidía la suerte de Francia? Cuando Marx consideró que la Comuna cometió un error al no apoderarse del banco, que pertenecía a toda Francia{102}, ¿acaso partía Marx de los principios y la práctica de la «democracia pura»??

En verdad, se ve que Kautsky escribe en un país donde la policía prohíbe a la gente reírse «en grupo»; de lo contrario, Kautsky sería muerto a risotadas.

En tercer lugar. Me permitiré recordar respetuosamente al señor Kautsky, que conoce de memoria a Marx y Engels, la siguiente apreciación de la Comuna hecha por Engels desde el punto de vista... de la «democracia pura»:

«¿Han visto alguna vez una revolución estos señores» (los antiautoritarios)? «Una revolución es, sin duda, la cosa más autoritaria que existe. Una revolución es un acto en el cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas, cañones, es decir, medios sumamente autoritarios. Y el partido vencedor se ve obligado, por necesidad, a mantener su dominación por medio del miedo que sus armas inspiran a los reaccionarios. Si la Comuna de París no se hubiera apoyado en la autoridad del pueblo armado contra la burguesía, ¿acaso se habría sostenido más de un día? ¿No tenemos, por el contrario, derecho a censurar a la Comuna por haberse servido demasiado poco de esta autoridad?»{103}

¡Ahí tienen la «democracia pura»! ¡Cómo se habría burlado Engels del vulgar pequeño burgués, del «socialdemócrata» (en el sentido francés de los años 40 y en el paneuropeo de 1914-1918), que se hubiera atrevido a hablar en general de «democracia pura» en una sociedad dividida en clases!

Pero basta. Enumerar todos los absurdos sueltos que desembucha Kautsky es cosa imposible, pues cada frase suya encierra un abismo insondable de renegadismo.

Marx y Engels analizaron de la manera más detallada la Comuna de París, mostraron que su mérito fue el intento de destrozar, de demoler la «máquina estatal ya hecha»{104}. Marx y Engels consideraron tan importante esta conclusión que únicamente esta enmienda introdujeron en 1872 al programa, «envejecido» (en partes), del «Manifiesto Comunista»{105}. Marx y Engels mostraron que la Comuna suprimió el ejército y la burocracia, suprimió el parlamentarismo, destruyó la «excrecencia parasitaria: el Estado», etc., mientras que el sapientísimo Kautsky, con gorro de dormir, repite lo que mil veces han dicho los profesores liberales: los cuentos sobre la «democracia pura».

No en vano dijo Rosa Luxemburgo el 4 de agosto de 1914 que la socialdemocracia alemana es ahora un cadáver maloliente.

Evasiva tercera. «Si hablamos de la dictadura como forma de gobierno, no podemos hablar de dictadura de una clase. Pues una clase, como ya hemos señalado, sólo puede dominar, pero no gobernar...» Gobiernan, en cambio, «organizaciones» o «partidos».

¡Embrolla usted, embrolla usted sin piedad, señor «consejero de confusiones»! La dictadura no es una «forma de gobierno», eso es un disparate risible. Y Marx no habla de la «forma de gobierno», sino de la forma o tipo de Estado. Eso no es lo mismo en absoluto, no es lo mismo en absoluto. Es completamente falso también que una clase no pueda gobernar: semejante disparate sólo pudo decirlo un «cretino parlamentario», que no ve nada más que el parlamento burgués, que no repara en nada más que en los «partidos gobernantes». Cualquier país europeo le mostrará a Kautsky ejemplos de gobierno de su clase dominante, por ejemplo, por los terratenientes en la Edad Media, pese a su insuficiente organización.

En resumen: Kautsky ha tergiversado de la manera más inaudita el concepto de dictadura del proletariado, convirtiendo a Marx en un liberal vulgar, es decir, él mismo ha rodado al nivel de un liberal que parlotea frases triviales sobre la «democracia pura», maquillando y emborronando el contenido de clase de la democracia burguesa, y rehuyendo sobre todo la violencia revolucionaria por parte de la clase oprimida. Cuando Kautsky «interpretó» el concepto de «dictadura revolucionaria del proletariado» de tal modo que desapareció la violencia revolucionaria de la clase oprimida sobre los opresores, en la causa de la tergiversación liberal de Marx se batió el récord mundial. El renegado Bernstein resultó ser un cachorro en comparación con el renegado Kautsky.