La revolución, con una consecuencia asombrosa, lleva hasta su fin lógico cada proposición, desenmascara sin piedad toda la miseria, toda la criminalidad de cada táctica falsa.

Los socialrevolucionarios de izquierda, arrastrados por la frase rimbombante, llevan ya varios meses gritando: «¡Abajo Brest, viva el levantamiento contra los alemanes!».

Nosotros les respondíamos que, en las condiciones dadas, en el período histórico dado, el pueblo ruso no puede y no quiere hacer la guerra.

Cerrando los ojos a la realidad, con una obstinación loca, continuaban siguiendo su línea, sin sentir cómo se alejaban cada vez más de las masas populares, esforzándose, a toda costa, aunque fuera por la fuerza, por imponer a esas masas su voluntad, la voluntad del Comité Central, en cuyo seno figuraban criminales aventureros, intelectuales histéricos, etc.

Y a medida que se apartaban del pueblo, empezaban a atraer cada vez más las simpatías de la burguesía, que esperaba realizar sus planes por medio de ellos.

El criminal acto terrorista y el motín han abierto total y completamente los ojos a las amplias masas del pueblo sobre el abismo al que arrastra a la Rusia Soviética popular la táctica criminal de los aventureros socialrevolucionarios de izquierda.

A mí mismo y a muchos camaradas nos ha tocado oír, el día del motín, la expresión de la más violenta indignación contra los socialrevolucionarios de izquierda incluso por parte de las capas más oscuras del pueblo.

Una anciana gris y analfabeta decía indignada a propósito del asesinato de Mirbach:

«¡Miren, malditos, al fin nos han empujado a la guerra!».

Todos, e inmediatamente, comprendieron y apreciaron con toda evidencia que, después del acto terrorista de los socialrevolucionarios, Rusia se había encontrado a un pelo de la guerra. Así valoraban las masas populares la acción de los socialrevolucionarios de izquierda.

Se nos provoca a la guerra con los alemanes, cuando no podemos y no queremos hacer la guerra. Esta grosera conculcación de la voluntad popular, este empuje violento a la guerra, las masas populares no lo perdonarán a los socialrevolucionarios de izquierda.

Y si alguien se alegró de la acción de los socialrevolucionarios de izquierda y se frotó las manos con saña, fueron únicamente los guardias blancos y los servidores de la burguesía imperialista. En cambio, las masas obreras y campesinas se han compenetrado aún más, aún más estrechamente en estos días con el partido de los comunistas-bolcheviques, verdadero portavoz de la voluntad de las masas populares.

«Izvestia del VTsIK» nº 141, 8 de julio de 1918.

Se imprime según el texto del periódico «Izvestia del VTsIK».