Camaradas, los discursos de los oradores fraccionales han mostrado, en mi opinión, lo que era de esperar.

A pesar de las diferencias existentes entre los bolcheviques y algunos partidos y grupos, nos hemos convencido de que el enorme ascenso en las masas las une en la lucha contra el hambre y une no solo a las organizaciones bolcheviques. Y no dudamos que, cuanto más avance la lucha contra el hambre y cuanto más se manifieste la contrarrevolución que se esconde tras las bandas checoslovacas y otras, tanto más nítido será el deslinde entre los partidarios de los bolcheviques, las masas trabajadoras obreras y campesinas, y aquellos enemigos, llámense como se llamen, con cuyos argumentos polemizamos. Estos enemigos siguen esgrimiendo los mismos viejos y trillados argumentos sobre la paz de Brest y sobre la guerra civil, como si en los tres meses transcurridos desde la firma de la paz de Brest los acontecimientos no hubieran demostrado de manera convincente la razón de quienes decían que solo la táctica de los comunistas daría la paz al pueblo y lo liberaría para el trabajo de organización y cohesión, para la preparación de nuevas y grandes guerras que habrán de sobrevenir ya en otra coyuntura. Los acontecimientos muestran plenamente que el proletariado europeo, que entonces aún no podía acudir en nuestra ayuda, se acerca cada mes, puede decirse ahora sin exageración, cada mes, a la situación en que la insurrección se reconoce plenamente y se tornará inevitable. Los acontecimientos han demostrado cabalmente que solo existía una opción, la que se denomina paz violenta y rapaz.

Todo hombre que pensara sentía que en el IV Congreso de los Soviets los socialistas revolucionarios de derecha presentaron una resolución contrarrevolucionaria{151}; todo hombre que piense debe sentir lo mismo respecto a la resolución de los mencheviques, que hasta ahora gritan: ¡abajo la paz de Brest!, y fingen como si en la práctica no supieran que con ello pretenden arrastrarnos a la guerra con la burguesía alemana por medio de los rebeldes checoslovacos{152} y de agentes a sueldo.

No vale la pena detenerse en las acusaciones contra los comunistas de que ellos serían los culpables del hambre. Lo mismo ocurrió en la Revolución de Octubre. Y ningún socialista o anarquista en su sano juicio, llámenlo como quieran, puede decidirse a decir ante cualquier asamblea que se puede llegar al socialismo sin guerra civil.

Pueden repasar toda la literatura de todos los partidos, fracciones y grupos socialistas con alguna responsabilidad y no encontrarán en ningún socialista responsable y serio el absurdo de que alguna vez el socialismo pueda advenir de otro modo que a través de la guerra civil, y de que los terratenientes y los capitalistas vayan a ceder voluntariamente sus privilegios. Esto es una ingenuidad que raya en la estupidez. Y ahora, después de una serie de derrotas de la burguesía y de sus partidarios, nos vemos obligados a escuchar confesiones como, por ejemplo, la de Bogaevski, que tenía en el Don el mejor suelo de Rusia para la contrarrevolución, y quien también reconoció que la mayoría del pueblo está contra ellos, por lo cual ninguna zapa de la burguesía sin bayonetas extranjeras les servirá de ayuda. Y aquí se abalanzan sobre los bolcheviques por la guerra civil. Esto significa pasarse al lado de la burguesía contrarrevolucionaria, por más que se cubra con las consignas que se quiera.

Como antes de la revolución, también ahora señalamos que, cuando el capital internacional arroja la guerra al orden del día de la historia, cuando perecen centenares de miles de hombres, cuando la guerra transforma las costumbres y acostumbra a los hombres a resolver las cuestiones por la fuerza militar, en este tiempo pensar que se puede salir de la guerra de otro modo que transformándola en guerra civil es más que extraño. Y lo que está madurando en Austria, en Italia y en Alemania demuestra que la guerra civil se producirá allí con rasgos aún más acusados, será aún más aguda. No hay otro camino para el socialismo. Quien hace la guerra contra el socialismo traiciona por completo al socialismo.

En cuanto a las medidas de abastecimiento, se me ha indicado que no me he detenido detalladamente en ellas. Pero ello no entraba en modo alguno en mi tarea. El informe sobre el abastecimiento lo hicieron mis camaradas{153}, que han trabajado especialmente en esta cuestión y han trabajado no meses, sino años, estudiándola no solo en las oficinas de Petrogrado y Moscú, sino también sobre el terreno, y se han ocupado prácticamente del estudio de la cuestión de cómo almacenar el grano, cómo equipar los puntos de acopio, etc. Estos informes se presentaron en el CEC y en el Soviet de Moscú, y allí existen materiales sobre esta cuestión. En lo que se refiere a la crítica práctica y a las indicaciones concretas, no entraban en mi tarea. Mi tarea consistía en esbozar en principio la tarea que tenemos por delante, y no he oído aquí ninguna crítica merecedora de atención ni observación razonable que mereciera una valoración de principio. Diré en conclusión, camaradas, que, según mi convicción –estoy seguro de que esta será la convicción de la inmensa mayoría–, la tarea de nuestra reunión no consiste en aprobar una resolución determinada, aunque también esto, por supuesto, es importante, pues mostrará cómo el proletariado sabe cohesionar sus fuerzas, pero esto es poco, es infinitamente poco: ahora tenemos que resolver tareas prácticas.

Sabemos, y en particular los camaradas obreros saben, cómo a cada paso de la vida práctica, en cada fábrica, en cada reunión, en cada aglomeración casual en la calle, se plantea y se plantea cada vez con mayor agudeza la misma cuestión del hambre. Por eso nuestra tarea principal debe consistir en que también esta reunión, en la que nos hemos congregado junto con los representantes del CEC, del Soviet de Diputados de Moscú y de los sindicatos, sirva de punto de partida para un viraje en todo nuestro trabajo práctico. Todo lo demás hay que subordinarlo íntegramente a que nuestra propaganda, agitación y trabajo organizativo tengan éxito, a que en primer plano se sitúe por entero la cuestión de la lucha contra el hambre y se una por completo a la cuestión de la guerra proletaria y despiadadamente firme contra los kulaks y los especuladores.

Nuestro Comisariado de Abastecimiento ya se ha dirigido a los comités de fábrica, a los sindicatos y a aquellos grandes centros proletarios en los que hemos de actuar directamente, a aquellos vínculos estrechos y numerosos que unen a los obreros de Moscú con los centenares de miles de obreros fabriles organizados de todas las enormes regiones industriales.

Tanto más debemos aprovechar esto.

La situación es crítica. El hambre no solo amenaza, ha llegado. Es necesario que cada obrero, cada trabajador del partido, se plantee inmediatamente en la práctica la tarea de cambiar la orientación fundamental de su actividad.

¡Todos a las fábricas, todos a las masas, todos deben emprender prácticamente el trabajo ahora! Este nos dará una masa de indicaciones prácticas, con procedimientos mucho más ricos, y a la vez señalará y hará surgir nuevas fuerzas. Con estas nuevas fuerzas desplegaremos ampliamente el trabajo, y estamos firmemente convencidos de que los tres meses, mucho más difíciles que los anteriores, servirán para templar nuestras fuerzas y nos conducirán a la victoria completa sobre el hambre y facilitarán la realización de todos los planes del poder soviético. (Estruendosos aplausos.)