Todas las objeciones de la oposición a mi informe comienzan por la cuestión del tratado de Brest. Pero tal planteamiento del problema podría considerarse práctico únicamente si condujera a resultados prácticos. Pero todos sus discursos al respecto no tienen ni pueden tener resultado alguno. (Aplausos.)

Si hubiera ocurrido que el partido de los socialrevolucionarios de izquierda obtuviese la mayoría, no gritaría en esta cuestión tanto como grita ahora. Hay que hablar de los logros reales de la República de los Soviets en el camino al socialismo, y podemos afirmar –y ningún orador lo ha negado– que a este respecto desde el anterior congreso se ha alcanzado un gran éxito. Los representantes de la oposición tampoco han refutado que todos los partidarios de la ruptura de la paz de Brest actúan en interés de la restauración del poder de los terratenientes y capitalistas, fortalecidos por el apoyo del imperialismo anglo-francés. Cuando dije que los checoslovacos, por 10 o 15 millones, también buscan esa ruptura, nadie lo ha refutado. ¿Acaso se puede refutar que los checoslovacos, escudándose en la consigna de la Asamblea Constituyente, tienen por objetivo arrastrarnos a la guerra?

Los socialrevolucionarios de izquierda decían que no se puede crear un ejército en un plazo breve, pero la cuestión depende de cuán pronto organicemos el suministro de combustible, de cómo se organicen los campesinos, de cómo marche la cosecha.

Sus llamamientos a crear destacamentos guerrilleros para luchar contra el ejército imperialista regular resultan ridículos para cualquier soldado.

Cuando nos obligan a volver a la cuestión de la paz de Brest, decimos: «¡Esta paz será violada si vosotros derribáis el poder soviético, y esto no ocurrirá!». (Aplausos.) Sólo entonces, a cuenta de la ruptura de la paz de Brest, podréis arrastrar a las masas trabajadoras a la guerra para regocijo de los terratenientes, capitalistas y guardias blancos, sobornados con millones de los imperialistas anglo-franceses. La ruptura de la paz de Brest en estos momentos se apoyaría de hecho en fuerzas hostiles a las clases trabajadoras. Todas las divergencias sobre la paz de Brest no pueden considerarse prácticas. Es pura histeria de los socialrevolucionarios de izquierda.

Cuando aquí se ha dicho que los bolcheviques hacen concesiones y que en sus informes no han planteado nada práctico, recuerdo las palabras pronunciadas aquí por un socialrevolucionario, creo que maximalista, de que en el Consejo Superior de Economía Nacional se pasa del control a la gestión de la producción{186}. ¿Acaso no es esto una declaración práctica? ¿Qué hacen, pues, esos obreros que por sus propias fuerzas, a través de los sindicatos, empezaron a aprender de los patronos el oficio de administrar las empresas? Vosotros decís que aprender a administrar no cuesta nada; entre tanto, nosotros en el Consejo Superior de Economía Nacional resolvemos cada día miles de conflictos y casos que muestran que el obrero ha aprendido mucho, y, sacando conclusiones de ello, llegamos a que los obreros empiezan a aprender lentamente, ciertamente con errores; pero una cosa es lanzar una frase, y otra ver mes tras mes cómo paulatinamente el obrero va entrando en su papel, empieza a perder su timidez y comienza a sentirse gobernante. Sea como fuere, hace el trabajo como el campesino en la comuna agrícola. El tiempo demuestra que el obrero debía aprender a administrar la industria, y todo lo demás es fraseología hueca que no vale ni un centavo. Si después de medio año de poder soviético hemos llegado a que el control se va quedando anticuado, esto ya es un paso gigantesco hacia adelante.

Aquí se gritaba que nos estancamos y retrocedemos. Nada de eso. Podéis convencer de ello al kulak, pero no al obrero sencillo; éste lo sabe cuando nosotros decimos: enviad gente mejor que la que habéis mandado, obligadlos a aprender mejor que vosotros. Por eso, cuando aquí se nos grita sobre las concesiones, permitidme entonces preguntar a cualquier obrero o campesino qué prefieren: ¿pagar con concesiones o luchar? Cuando concluimos la paz de Brest, hablábamos de los imperialistas: mientras no los haya vencido la revolución socialista internacional, no podemos defendernos de otro modo que no sea la retirada. Esto es desagradable, pero es un hecho; y es mejor cuando decimos esta frase al pueblo: mientras no hayamos construido un ejército, que no se crea en decenios sino en años, si se organiza una distribución correcta del trigo, de modo que el ejército tenga una reserva de trigo recogido y almacenado. ¿En qué distrito, en qué provincia han hecho esto los socialrevolucionarios de izquierda? ¡Nada de eso! Hasta que no esté hecho esto, nosotros decimos que todos vuestros gritos no son más que fraseología hueca, mientras que cuando avanzamos en la gestión obrera damos un paso adelante. Aquí se ha citado mal una frase mía. Yo dije que mal está el partido en el que las personas sinceras se ven obligadas a rebajarse a semejantes frases.

¿Acaso no es un paso adelante el que hayamos dado mil millones a nuestro Comisariado de Abastecimientos? Muchas cosas aún no están organizadas, y si vosotros lo deseáis, podréis organizarlas. Pero ¿a través de quiénes? No lo sé. ¿Acaso a través de los viejos funcionarios? Entre nosotros, los obreros y campesinos provenientes de los Soviets están aprendiendo esta labor (aplausos) y por eso la compra de manufacturas y la asignación de créditos cumplen su cometido. Cientos de veces en el Consejo de Comisarios del Pueblo hemos examinado la cuestión: ¿a través de quién comprar las manufacturas, cómo efectuar el control, cómo acelerar su distribución? Y sabemos que, semana tras semana, hemos ido elaborando con éxito medidas de lucha contra la especulación, medidas para atrapar a los especuladores, y que en esta tarea los obreros se vuelven cada mes más firmes, y este éxito nuestro nadie puede negarlo. Nosotros avanzamos, no estamos estancados. El 28 de junio realizamos la nacionalización{187} por valor, puede ser, de varios cientos de millones, y vosotros todavía objetáis y volvéis a repetir las palabras de la intelectualidad burguesa. El socialismo es una labor que no se hace en unos cuantos meses. No estamos estancados, sino que continuamos marchando hacia el socialismo y después del tratado de Brest nos hemos acercado más a él. Los obreros tienen la experiencia de una serie de errores, la conciencia de la responsabilidad y de las dificultades de la lucha, y los campesinos tienen experiencia en la socialización de la tierra y, sin duda, los campesinos más experimentados y sensatos dicen: en la primera primavera tomamos la tierra nosotros mismos, y en otoño tomaremos en nuestras manos todo el asunto, la labor de distribuir la tierra. Pues nosotros damos a los campesinos las manufacturas al 50%, es decir a mitad de precio, ¿y quién le daría manufacturas a ese precio a los campesinos pobres? Y marcharemos hacia el socialismo por el camino del trigo, las manufacturas y las herramientas que no caigan en manos de los especuladores, sino que vayan en primer lugar a los campesinos pobres. Eso es el socialismo. (Aplausos.) Después de medio año de revolución socialista, quienes piensan según los libros no entienden nada. Hemos llegado a la situación en la que, mediante pasos concretos de distribución del trigo y del intercambio de manufacturas por trigo, hacemos que ganen los campesinos pobres, no los especuladores ricos. Nosotros no somos una república burguesa, pues para eso no harían falta los Soviets. De la distribución del trigo y las manufacturas es preciso que salga beneficiada la bednotá (los campesinos pobres), cosa que ninguna república del mundo ha intentado hacer, y nosotros lo intentamos ahora. (Aplausos.) Hacemos una obra noble, tenemos experiencia, y hacemos todo para que los campesinos pobres se organicen. Los casos de saqueo y vandalismo están casi desapareciendo; por cada caso de este tipo hay diez en los que los campesinos pobres y medios dicen: ¡hay que liberarse del kulak y del terrateniente! Desde la paz de Brest hemos dado pasos gigantescos en la educación de los campesinos, y ahora ya no son principiantes en la lucha por el socialismo.