Camaradas, las notas que tengo ante mí se dividen en dos grupos: uno plantea la cuestión de la Asamblea Constituyente —ese es un grupo—. El otro grupo, sobre el hambre y la ruina económica. Responderé a estos dos grupos reuniendo las notas en la medida en que se refieran más o menos a un mismo tema.

En lo tocante a la Asamblea Constituyente, se nos pregunta: ¿fue justo disolver la Asamblea Constituyente y no habría que convocar una nueva? ¿O acaso no habría sido más correcto someter la cuestión a un referéndum popular antes de disolver la Asamblea Constituyente? No, camaradas, no se puede remediar la cosa ni con un referéndum ni con una nueva Asamblea Constituyente. Así se han configurado los partidos en Rusia. Hemos visto a quiénes simpatizan los capitalistas, a quiénes los obreros y campesinos. El poder soviético no se creó por decreto de nadie, ni por acuerdo de partido alguno, porque está por encima de los partidos, porque se formó a partir de la experiencia revolucionaria, de la experiencia de millones de personas; no fue en absoluto casual que en 1905 nacieran los Soviets, y que en 1917 crecieran e instauraran una república nueva que no existe en los países europeos ni existirá mientras en ellos domine el capital. Pero la república soviética vencerá en todas partes, y entonces se asestará un golpe decisivo al capital.

Debo señalar que la Asamblea Constituyente y el referéndum están construidos según los viejos modelos del parlamentarismo burgués, y la votación popular, debido a la dominación del capital, se ve obligada a contar con él y a regatear. En cambio, el poder soviético no da representantes que se baten en los parlamentos e intercambian brillantes discursos, creando la dominación sólida del capital y del aparato burocrático. El poder soviético surge de las propias masas trabajadoras; no da un parlamento, sino una asamblea de representantes de los trabajadores, que dicta leyes que se ejecutan de manera directa, que pasan a la vida y que se plantean como tarea la lucha contra los explotadores. La Asamblea Constituyente del viejo modelo y los referéndums del viejo modelo se planteaban como tarea unir la voluntad de toda la nación y crear la posibilidad de que vivieran en armonía los lobos y las ovejas, los explotadores y los explotados.

No, no queremos esto. Todo esto lo hemos vivido y experimentado. Ya tenemos bastante de todo esto. Y estamos convencidos de que la mayoría de los obreros, campesinos y soldados tiene bastante de esto. En un momento en que la guerra obliga a realizar toda una serie de esfuerzos heroicos para o escapar de las manos del capital, o perecer, se nos obliga a hacer un experimento que ya se ha llevado a cabo en los países europeos y que nos daría el viejo capitalismo burgués y la representación nacional general, y no la representación de las masas trabajadoras. Necesitamos no una representación burguesa, sino una representación de los explotados y oprimidos, que llevará a cabo una lucha implacable contra los explotadores. He aquí el propósito del poder soviético; no caben en él ni el parlamento ni el referéndum. Está por encima de esto, da a los trabajadores la posibilidad, si no están contentos con su partido, de reelegir a sus delegados, transferir el poder a otro partido y cambiar el gobierno sin la menor revolución, porque la experiencia de Kerenski-Kaledin y de la Rada burguesa ha demostrado que la lucha contra el poder soviético es imposible. Y si ahora se encuentran en Rusia decenas de personas que luchan contra el poder soviético, tales excéntricos son pocos, y dentro de unas semanas no quedarán en absoluto, y el poder soviético triunfará, como organización de la clase oprimida para derrocar a los opresores y eliminar a los explotadores.

Paso ahora al terrible azote de nuestra época: el hambre, que nos amenaza. Ahora bien, ¿cuál es la causa principal de la ruina? La causa principal de esa ruina que amenaza con el hambre en las ciudades y las localidades industriales reside en la dominación de los saboteadores, en la ruina económica que estos saboteadores apoyan, culpándonos de ella. Sabemos perfectamente que hay bastante pan en Rusia y que está almacenado en el reino de Kaledin, en la lejana Siberia y en las provincias cerealeras. Debo decir que jamás podrán liberarse las clases explotadas si no crean un poder firme, implacable y revolucionario.

En lo referente a los saboteadores, diré, camaradas, que conocemos las direcciones de los pisos a los que acudían los funcionarios saboteadores y firmaban el recibo del sueldo por tres meses adelantados, para lo cual los Riabushinski entregaron 5 millones, los imperialistas anglo-franceses tanto, y los rumanos tanto. Esto es el sabotaje: personas sobornadas, altos funcionarios que persiguen un solo objetivo: hacer fracasar al poder soviético, aunque muchos de ellos no lo sepan. El sabotaje es el afán de devolver el viejo paraíso a los explotadores y el viejo infierno a los trabajadores. Pero para que no consigan ese objetivo, tenemos que quebrantar su resistencia.

A continuación nos señalan lo relativo a la remuneración del trabajo de los empleados ferroviarios. Esto es un completo malentendido. Es tan solo un comisario que, tal vez, interpretó así el asunto y dictó ese decreto; pero a la primera indicación del Consejo de Comisarios del Pueblo modificó ese decreto{115}, y decir que esto entraba en las intenciones del poder soviético es desconocer el asunto.

¿Qué debemos hacer para acabar con el hambre y la anarquía? En primer lugar, quebrantar la resistencia de los capitalistas y poner a los saboteadores en una situación en que no puedan oponer resistencia. Cuando los partidarios de “Nóvaya Zhizn” y otros órganos supuestamente socialistas dicen que en dos meses y medio el sabotaje no ha cesado, entonces digo: ¿por qué no nos ayudáis a poner fin a ese sabotaje? Ahora los bancos ya han pasado a estar bajo la jurisdicción de los Soviets. Ayer tuvo lugar un caso: vino a verme un escritor de oficio, Finn-Enotaevski, y en nombre de 50 mil personas declaró que los bancos están dispuestos a trabajar en plena subordinación al poder soviético. (Aplausos nutridos.) Respondo al delegado de los empleados bancarios: “Ya era hora.” No rehuiremos las negociaciones con la organización, ya sea la de los empleados bancarios o cualquier otra, si realmente ese reconocimiento del poder soviético es respaldado por la mayoría de los trabajadores no de palabra, sino de hecho. He aquí la declaración que hemos escuchado de los empleados bancarios, que están acostumbrados a hacer negocios especulativos inauditos y, dada la ocasión, a agarrar una kopeka por rublo, de modo que tienen los bolsillos repletos de ganancias millonarias.

Ahora nos proponen negociaciones, pero no serán las mismas negociaciones que sostenía Kerenski. No hablaremos de la reforma de los bancos. Primero ocupamos los bancos con la fuerza armada, y después entramos en negociaciones y dictamos decretos y disposiciones. Desde el principio nos importa quebrantar la resistencia de los saboteadores, y luego ya entraremos en negociaciones. He aquí la vía de lucha contra el hambre y la anarquía, la única que puede superar el horror del capitalismo y la ruina. Ya sabéis qué ruina inaudita se ha introducido en todo el mundo, y en particular en Rusia, donde el zarismo dejó en herencia el soborno, la violencia, el odio y la burla hacia los trabajadores. Y ahora se quejan de la anarquía; pensad si las personas que han pasado tres años en las trincheras y están agotadas por la guerra pueden luchar para que se enriquezcan los capitalistas rusos, porque los capitalistas rusos necesitan Constantinopla. Ven a cada paso que personas utilizan millones para derrocar el poder soviético y obtener la dominación sobre la tierra.

Camaradas, semejantes cambios, en el sentido de su culminación, son imposibles en un día. La revolución socialista ha comenzado, ahora todo depende de la formación de una disciplina de camaradas, no cuartelera, no de la disciplina de los capitalistas, sino de la disciplina de las propias masas trabajadoras. Cuando los trabajadores ferroviarios tomen el poder en sus manos, entonces, con ayuda de la organización armada, quebrantarán el sabotaje y la especulación y se plantearán la tarea de perseguir a todos aquellos que se dedican al soborno y perturban el tráfico ferroviario normal. Hay que perseguir a tales personas como a los mayores criminales contra el poder popular. Sólo de una organización así, de la organización soviética, de su cohesión y energía depende la lucha contra los capitalistas, los saboteadores, los estafadores y los Riabushinski. He aquí el camino que hay que elegir para vencer el hambre, porque en Rusia hay de todo: hierro, petróleo, pan, en una palabra, todo lo necesario para vivir como seres humanos. Si se logra vencer a los explotadores, el poder soviético y la gestión económica se consolidarán en Rusia, y así será. (Aplausos tormentosos.)