Camaradas, quiero contestar ahora a las notas, dos de las cuales no están del todo claras. En una de ellas se advierten, sin embargo, al parecer, dos ideas principales. Primera: el autor de la nota está descontento con los bolcheviques, que se habrían excedido, y simpatiza con los mencheviques por su gradualidad. Segunda: formula una pregunta sobre las sublevaciones campesinas.

En lo que respecta a la primera cuestión, debo decir que si se formula así la acusación contra los bolcheviques, habría que señalar en qué se han excedido y qué tiene de bueno la gradualidad. Lo fundamental que nos separó de los mencheviques fue que nosotros insistíamos en entregar todo el poder a los Soviets, y nos excedimos hasta el punto de tomarlo en octubre de hace dos años. Y los mencheviques exigían gradualidad, no queriendo esa entrega del poder. Y, por ejemplo, el conocido socialista Kautsky, que simpatiza con los mencheviques, escribía en un folleto, en agosto de 1918, que los bolcheviques no debían tomar el poder, porque no lograrían mantenerse y perecerían, aniquilando con ello a todo un partido. Creo que este punto de vista ha sido refutado por la marcha de los acontecimientos, de modo que no vale la pena detenerse en él, sobre todo cuando no hay objeciones claras. En Alemania, Kautsky insistía en la democracia, en la Constituyente. No se puede entregar el poder a los Soviets, decían los mencheviques de aquí y los alemanes. En Alemania se reunió la Asamblea Constituyente, y allí, en enero y en marzo, se produjo una serie de grandiosas insurrecciones obreras, la guerra civil, a raíz de la cual los mencheviques alemanes, con Hilferding a la cabeza, proponían en sus últimos artículos unir la Constituyente y los Soviets de tal manera que se concediera al comité central de los Soviets el derecho de suspender las decisiones de la Constituyente y someter la cuestión a referéndum popular. Esto demuestra hasta qué punto se han enredado por completo los mencheviques alemanes, incluso los mejores de ellos. Unir la Constituyente con los Soviets, unir la dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado: esta idea solo merece burla.

En cuanto a las sublevaciones campesinas, se formuló aquí una pregunta sobre este tema. Por supuesto, hemos atravesado y estamos atravesando una serie de sublevaciones de kulaks. El verano pasado hubo toda una oleada de sublevaciones de kulaks. El kulak es nuestro enemigo irreconciliable. Y aquí no cabe esperar nada, salvo su aplastamiento. Otra cosa es el campesino medio, no es nuestro enemigo. No es cierto que en Rusia se produzcan sublevaciones campesinas que abarquen a un número considerable de campesinos, y no de kulaks. A los kulaks se une alguna que otra aldea, algún que otro volost, pero bajo el poder soviético no ha habido sublevaciones campesinas que abarcaran a todos los campesinos de Rusia. Las ha habido de kulaks, y las habrá mientras tengamos un gobierno que insiste en que todo excedente de trigo debe ser entregado a los hambrientos a precio fijo. Tales sublevaciones son inevitables, porque el kulak, que posee una gran reserva de trigo, puede venderlo a unos cientos de rublos el pud, y todos sabemos a qué precios venden los bolseros. Si se diera a los kulaks semejante libertad, el rico, que tiene reservas secretas de papel moneda, de kerenki, estará saciado, mientras que la mayoría, que no oculta nada, pasará hambre. Por eso no cerramos los ojos ante el hecho de que las sublevaciones de los kulaks contra el poder soviético son inevitables. Cuando existía el poder de los capitalistas, eran inevitables las sublevaciones obreras contra ellos y las sublevaciones campesinas contra los terratenientes. Una vez derrocados el terrateniente y el capitalista, las sublevaciones de los kulaks se producirán cada vez con menos frecuencia. Hay que elegir. Y si alguien quiere que todo transcurra sin ninguna sublevación y que los ricos le sirvan en bandeja una declaración de amor y la promesa de entregar pacíficamente todos los excedentes, creo que a esa persona no la tomaremos en serio.

Otra nota, confusa, tiene el siguiente contenido: cómo actuar en los casos en que obreros, aturdidos por las llamadas de los eseristas, no trabajan a causa del abastecimiento, hacen huelga y van contra el poder soviético. Por supuesto, no puedo contar con que todos los obreros, hasta el último, estén a favor del poder soviético. Cuando en 1871 se produjo la insurrección de los obreros de París, un número considerable de obreros de otras ciudades luchó contra ellos en las tropas de los guardias blancos y aplastó a los obreros parisinos. Esto no impidió a los socialistas conscientes afirmar que los comuneros de París representaban a todo el proletariado, es decir, a todo lo mejor, lo honesto, mientras que en las tropas de los guardias blancos estaban las capas atrasadas de los obreros. También entre nosotros hay obreros inconscientes, atrasados, que hasta ahora no han comprendido el poder soviético; nos esforzamos por ilustrarlos. Ningún gobierno ha dado tantas facilidades para las reuniones obreras masivas y permanentes como los Soviets, que ofrecen a cada representante de fábrica un puesto en las instituciones estatales. En la medida de lo posible, atraemos a los obreros para que ellos mismos forjen la política del Estado; en el capitalismo, e incluso en las repúblicas, se apartaba a los obreros de eso, mientras que el poder soviético los atrae con todas sus fuerzas, aunque todavía, durante bastante tiempo, algunos se sentirán inclinados hacia lo viejo.

Entre vosotros hay pocas personas, quizá incluso contadísimas, que recuerden la servidumbre; solo los ancianos pueden recordarla, pero siempre se encontrarán algunos que recuerdan lo que ocurría hace treinta o cuarenta años. Quien haya estado en el campo sabe que hace unos treinta años se podía encontrar no pocos ancianos que decían: «Con la servidumbre se estaba mejor, había más orden, había rigor, las mujeres no se vestían con lujo». Si ahora leemos a Uspenski, a quien erigimos un monumento como uno de los mejores escritores que describieron la vida campesina, podemos encontrar en sus descripciones de los años ochenta y noventa cómo campesinos ancianos sinceramente convencidos, y a veces incluso personas simplemente entradas en años, decían que con la servidumbre se estaba mejor. Cuando se destruyen los viejos órdenes sociales, no se los puede destruir de golpe en la conciencia de todas las personas; siempre queda un pequeño número que se siente atraído por lo viejo.

Algunos obreros, como por ejemplo los impresores, dicen que en el capitalismo se estaba bien, había muchos periódicos, mientras que ahora hay pocos; entonces yo ganaba decentemente y no quiero ningún socialismo. Eran muchas las ramas industriales que dependían de las clases ricas o que subsistían gracias a la producción de artículos de lujo. Muchos obreros de las grandes ciudades vivían, bajo el capitalismo, de producir objetos de lujo. En la república soviética tendremos que dejar a estos obreros sin trabajo durante algún tiempo. Les diremos: «Emprended otro trabajo útil». Y él responderá: «Yo me ocupaba de un trabajo fino, era joyero, era un trabajo limpio, trabajaba para buenos señores, y ahora ha llegado el mujik, ha echado a los buenos señores, quiero volver al capitalismo». Gentes así predicarán que hay que regresar al capitalismo o, como dicen los mencheviques, avanzar hacia un capitalismo sano y una democracia sana. Se encontrarán unos cuantos centenares de obreros que digan: «Vivíamos bien bajo un capitalismo sano». Esas personas que vivían bien bajo el capitalismo constituían una ínfima minoría, y nosotros defendemos los intereses de la mayoría, que bajo el capitalismo vivía mal. (Aplausos.) El capitalismo sano llevó a la carnicería mundial en los países más libres. No puede existir un capitalismo sano; lo que existe es un capitalismo que, en la república más libre, como la norteamericana, culta, rica, técnicamente avanzada, ese capitalismo democrático, el capitalismo más republicano, condujo a la más rabiosa carnicería mundial por el saqueo de todo el mundo. Entre quince millones de obreros, encontraréis unos cuantos miles en todo el país que bajo el capitalismo vivían espléndidamente. Y en los países ricos hay más obreros así, porque trabajaban para una cantidad más considerable de millonarios y multimillonarios. Ellos servían a esos grupúsculos y recibían de ellos un salario especialmente alto. Si tomáis los centenares de millonarios ingleses, amasaban miles de millones porque saqueaban la India y toda una serie de colonias. No les costaba nada arrojar una limosna a diez o veinte mil obreros, pagarles un salario doble o más alto para que trabajaran especialmente bien para ellos. Una vez leí un relato de las memorias de un barbero norteamericano, a quien un multimillonario le pagaba un dólar al día por afeitarle. Y ese barbero escribió un librito entero ensalzando al multimillonario y su vida admirable. Por una visita de una hora, por la mañana, a su majestad financiera, recibía un dólar al día, estaba contento y no quería nada más que el capitalismo. Frente a semejante argumento hay que estar en guardia. La inmensa mayoría de los obreros no se hallaba en esa situación. Nosotros, los comunistas de todo el mundo, defendemos los intereses de la inmensa mayoría de los trabajadores, y a una ínfima minoría de los trabajadores los capitalistas los sobornaban con altos salarios y hacían de ellos fieles servidores del capital. Así como en tiempos de la servidumbre hubo personas, campesinos, que decían a los terratenientes: «Somos vuestros esclavos (esto después de la liberación), no os abandonaremos». ¿Eran muchos? Un número insignificante. ¿Acaso se puede, remitiéndose a ellos, rechazar la lucha contra la servidumbre? Por supuesto que no. Así también ahora, remitiéndose a la minoría de obreros que ganaban espléndidamente en los periódicos burgueses, en la producción de artículos de lujo, en los servicios personales a los multimillonarios, no se puede refutar el comunismo.

Ahora pasaré a las preguntas que fueron formuladas con claridad, en primer lugar, a la cuestión de las concesiones en general, y en particular de la Gran Ruta del Norte{6}. Se dice que eso significa entregar a los depredadores para el saqueo la riqueza del pueblo. A esto respondo que la cuestión guarda una relación considerable con los especialistas burgueses y con el problema del imperialismo mundial. ¿Podemos nosotros, ahora, derrocar al imperialismo mundial? Si pudiéramos hacerlo, estaríamos obligados a hacerlo, pero vosotros sabéis que ahora no podemos, como en marzo de 1917 no podíamos derrocar a Kérenski; debíamos aguardar el desarrollo de las organizaciones soviéticas, trabajar por ello y no sublevarnos inmediatamente contra Kérenski. Exactamente igual ahora: ¿es posible una guerra ofensiva contra el imperialismo mundial? No, por supuesto. Si fuéramos más fuertes, recibiéramos mañana mucho trigo, tuviéramos equipos técnicos, etcétera, no permitiríamos que los Scheidemann segaran a los espartaquistas, sino que los derrocaríamos. Pero por ahora eso es una fantasía inoportuna; ahora, nuestro país solo no puede derrocar al imperialismo mundial mientras los demás países atraviesan un período en el que no hay mayoría soviética, en muchos países los Soviets apenas empiezan a surgir, por eso tenemos que hacer concesiones a los imperialistas. Nosotros ahora no podemos construir ferrocarriles a gran escala, y a duras penas logramos arreglárnoslas con los existentes. Nos falta trigo, combustible, hay escasez de locomotoras, tenemos varios millones de puds de trigo almacenados en el ferrocarril Volga-Bugulmá y no podemos sacarlos. Hace unos días, en el Consejo de Comisarios del Pueblo, acordamos enviar delegados con amplios poderes para sacar ese trigo. El pueblo pasa hambre en Petrogrado y Moscú, y allí hay millones de puds de trigo acumulados y no podemos sacarlos porque faltan locomotoras, no hay combustible. Y decimos que es mejor pagar tributo a los capitalistas extranjeros, pero construir los ferrocarriles. No pereceremos por ese tributo, pero si no logramos arreglar el tráfico ferroviario, podemos perecer porque el pueblo pasa hambre; por muy resistente que sea el obrero ruso, la resistencia tiene un límite. Por eso, tomar medidas para mejorar el tráfico ferroviario es nuestra obligación, aunque sea a costa de un tributo al capitalismo. Sea bueno o malo, por ahora no hay otra opción. Mientras no derroquemos definitivamente al capitalismo mundial, el pago de un tributo no echará a perder el poder soviético. Pagamos oro a los imperialistas alemanes, por las condiciones de la paz de Brest estábamos obligados a hacerlo; ahora los países de la Entente les arrebatan ese oro: un bandido vencedor despoja a un bandido vencido. Nosotros decimos ahora que, mientras el movimiento mundial del proletariado no conduzca a la victoria, lucharemos o nos rescataremos de estos bandidos pagando tributo, y no vemos nada malo en ello. Mientras nos rescatábamos de los bandidos alemanes, les entregamos varios cientos de millones, y durante ese tiempo consolidamos nuestro Ejército Rojo, y a los bandidos alemanes ahora no les queda nada. Así ocurrirá también con otros bandidos imperialistas. (Aplausos.)

El camarada escribe más adelante que lo detuvieron durante cuatro días por haberse opuesto a la ruina de los campesinos medios, y pregunta qué es un campesino medio, y se remite a una serie de sublevaciones campesinas. Por supuesto, si detuvieron al camarada por protestar contra la ruina de los campesinos medios, eso fue incorrecto, y, a juzgar por el hecho de que pronto lo pusieron en libertad, supongo que alguien —el que lo detuvo u otro representante del poder soviético— consideró que la detención era incorrecta. Diré ahora algo sobre el campesino medio. Se distingue del kulak en que no recurre a la explotación del trabajo ajeno. El kulak roba dinero ajeno, trabajo ajeno. Los campesinos pobres, los semiproletarios, son aquellos que están sometidos a la explotación; y el campesino medio es aquel que no explota a otros, que vive de su propia economía, a quien el trigo le alcanza aproximadamente, que no practica el kulakismo, pero que no pertenece a los campesinos pobres. Esos campesinos oscilan entre nosotros y los kulaks. Un pequeño número de ellos puede convertirse en kulak si tiene suerte, por eso se sienten atraídos por los kulaks, pero la mayoría no puede convertirse en kulak. Y si los socialistas y los comunistas saben hablar con sensatez al campesino medio, le demostrarán que el poder soviético es más ventajoso que cualquier otro poder, pues los demás poderes oprimen y aplastan al campesino medio. Pero el campesino medio vacila. Hoy está con nosotros, y mañana, con otro poder; una parte con nosotros, y otra, con la burguesía. Y en el programa que aprobaremos dentro de unos días, nos pronunciamos contra toda violencia respecto al campesino medio{7}. Es lo que declara nuestro partido. Si se producen detenciones, las condenamos y las corregiremos. Respecto al kulak, estamos por la violencia; respecto al campesino medio, contra la violencia. A él le decimos: si te pones del lado del poder soviético, no queremos meterte a la fuerza en las comunas, jamás hemos metido a los campesinos a la fuerza en las comunas, y no existe tal decreto. Si esto ocurre en los lugares, es un abuso, por el cual se destituye a los funcionarios y se los entrega a los tribunales. Esta cuestión es importante. El campesino medio se halla entre dos campos. Pero, camaradas, la política aquí es completamente clara: estamos contra la violencia sobre los campesinos medios, estamos por el acuerdo con ellos, por las concesiones. Por un camino lento, el campesino medio puede llegar al comunismo, y llegará. En la república capitalista más libre, al campesino medio lo amenaza el capital, que de una u otra forma lo aplasta y lo oprime.

Luego preguntan mi opinión sobre la Flota del Báltico. No he examinado la cuestión de la Flota del Báltico y no puedo responder ahora; tal vez haya quedado agotada con la intervención del camarada de la flota{8}.

A continuación, la pregunta está dedicada a que en los lugares hay mucho moho, burocratismo y rutina, y que hay que luchar contra eso. Es completamente justo. Cuando la Revolución de Octubre derrocó a los viejos burócratas, lo hizo porque creó los Soviets. Echó a los viejos jueces e hizo el tribunal popular. Pero el tribunal fue más fácil de hacer, para eso no hacía falta conocer las viejas leyes, sino simplemente guiarse por el sentido de justicia. En los tribunales fue fácil suprimir el burocratismo. En otras esferas fue mucho más difícil. Echamos a los viejos burócratas, pero volvieron a colarse, se llaman a sí mismos «camunistas», si no pueden decir comunista, se cuelgan una insignia roja, buscan un buen puesto. ¿Qué hacer aquí? Una y otra vez luchar contra esa inmundicia, una y otra vez, si esa inmundicia se ha infiltrado, limpiar, echar, vigilar y controlar a través de obreros comunistas, a través de campesinos a los que se conoce no de meses, sino de años. Luego hubo aquí otra cuestión: una nota en la que se dice que conceder ventajas a los miembros del partido es un mal, porque entonces se adhieren sinvergüenzas. Contra esto, camaradas, se lucha y se seguirá luchando; ahora hemos decidido no dejar asistir al congreso del partido a delegados que lleven en el partido menos de un año; seguiremos tomando medidas semejantes. Cuando el partido está en el poder, al principio se ve obligado a dar ventajas a los militantes; supongamos que vienen dos personas, una saca el carné del partido y dice que es comunista, la otra no tiene carné, y a ambas se las desconoce por igual; entonces, naturalmente, se da ventaja al que es del partido, al que tiene carné. ¿Cómo distinguir si una persona está realmente en el partido por convicción o si se ha adherido? Hay que escribir en el carné del partido la fecha de ingreso, no dar el carné mientras la persona no haya superado la prueba, no haya pasado por la escuela, etcétera.

Luego hay una nota sobre el impuesto revolucionario{9}, que recae sobre los campesinos medios. Respecto a esto, hubo una sesión especial, muchas quejas, y para verificarlo se hizo lo siguiente: tenemos una Administración Central de Estadística, a la que se ha atraído a los mejores especialistas en estadística de Rusia; la mayoría de estos especialistas son socialrevolucionarios de derecha, mencheviques e incluso kadetes; hay pocos comunistas, bolcheviques, pues se ocupaban más de la lucha contra el zarismo que de las tareas prácticas. Estos especialistas, por lo que he podido observar, trabajan satisfactoriamente; por supuesto, eso no significa que no haya que luchar contra individuos aislados. Les dimos la tarea de realizar una encuesta de prueba en varios volosts sobre cómo habían distribuido los campesinos el impuesto revolucionario. Las quejas son muchísimas; claro, si imaginamos que llegan mil quejas de toda Rusia, para toda Rusia eso es insignificante; si sobre varios millones de hogares hay mil quejas, eso es una nimiedad; si al Comité Ejecutivo Central acuden diariamente tres personas, en un mes serán noventa quejas, y produce la impresión de que estamos abrumados de quejas. Para verificarlo, decidimos realizar una encuesta en varios volosts y obtuvimos una respuesta precisa en el informe de Popov, que se repitió en la sesión del Comité Ejecutivo Central en presencia de obreros. Este informe demostró que, en la mayoría de los casos, los campesinos distribuyen el impuesto de manera justa. El poder soviético exige que los campesinos pobres no paguen nada, los medios, moderadamente, y los ricos, mucho; por supuesto, determinar con exactitud quién es rico y quién es pobre es imposible, se producen errores, pero en la mayoría los campesinos distribuyen el impuesto correctamente. Así es como debe ser. (Aplausos.) Por supuesto, hubo errores. Pero, por ejemplo, un pequeño empleado ferroviario se quejó de que el comité de la casa le había impuesto una cuota injusta. Lo comunicó al poder soviético. Entonces dijeron: registradlo, especula. Le encontraron varios sacos con un millón de kerenki. Mientras no hayamos encontrado la manera de sustituir todo el viejo papel moneda por uno nuevo, esto seguirá ocurriendo. Cuando sustituyamos ese papel moneda por uno nuevo, entonces todo especulador quedará al descubierto. Todos tendrán que canjear los viejos billetes por los nuevos. (Estruendosos aplausos.) Si presentas una pequeña cantidad de dinero, la que necesita un trabajador, te lo cambiaremos rublo por rublo; si presentas mil o dos mil, entonces rublo por rublo. Pero si presentas más, daremos una parte en billetes efectivos y el resto lo anotaremos en una libreta: esperarás. (Aplausos.) Para hacer tal cosa, hay que preparar nuevos billetes{10}. De los viejos tenemos aproximadamente sesenta mil millones. Para canjearlos por otros nuevos no hace falta una cantidad tan grande, pero los especialistas calcularon que se necesitan no menos de veinte mil millones de nuevos. Ya tenemos diecisiete mil millones. (Aplausos.) Y en el Consejo de Comisarios del Pueblo se ha planteado la cuestión de preparar definitivamente en breve esta medida, que será un golpe para los especuladores. Esta medida pondrá al descubierto a quienes esconden kerenki. Su aplicación requiere una gran organización; no es una medida fácil.

Luego, la pregunta está dedicada a cómo marcha la siembra, que es difícil sembrar. Esto, por supuesto, es justo. Se ha creado el Comité de Superficie de Siembra{11}. Aquí, adjunto al Comisariado de Agricultura, se ha creado por un decreto del poder soviético un Comité Obrero{12}, que se organizará de acuerdo con los sindicatos. Su tarea consistirá en velar porque las tierras no queden baldías, y donde haya tierras baldías de terratenientes, que se entreguen a los obreros. Existe un decreto: si el campesino no ocupa la tierra, el Estado procurará acondicionarla. Por supuesto, faltan semillas. Aquí es necesario que los campesinos pobres saquen a la luz a los kulaks que han escondido excedentes de trigo y no los dieron para semillas. Al kulak le importa esconder ese excedente, porque en los meses de hambre cobrará por cada pud mil rublos, y le trae sin cuidado que el trigo no se siembre, que con ello perjudique a miles de obreros. Es un enemigo del pueblo, hay que desenmascararlo.

Luego viene una pregunta sobre los salarios: al especialista le das tres mil, anda de un sitio a otro y es difícil pillarle. Sobre los especialistas, digo que son personas que poseen la ciencia y la técnica burguesas en una medida que la inmensa mayoría de los obreros y campesinos no posee; tales especialistas son necesarios, y nosotros decimos que por ahora no podemos introducir la igualdad completa de salarios y somos partidarios de pagar por encima de tres mil. Aunque paguemos unos cuantos millones al año, no es caro si aprendemos con su ayuda a trabajar bien. No vemos otro medio de organizar la cosa para que ellos trabajen no por la fuerza, y mientras haya pocos especialistas, nos vemos obligados a no renunciar a los salarios altos. Hace poco tuvimos una conversación sobre este tema con el comisario de Trabajo Schmidt, y él está de acuerdo con nuestra política y dice que antes, bajo el capitalismo, el salario de un peón era de veinticinco rublos al mes, mientras que el de un buen especialista no bajaba de quinientos rublos al mes, una diferencia de 1 a 20; ahora, el salario más bajo es de seiscientos rublos, y los especialistas cobran tres mil, una diferencia de 1 a 5. De modo que, para nivelar los salarios bajos y los altos, ya hemos hecho bastante y seguiremos continuando lo empezado. Pero en el momento actual no podemos igualar la retribución; mientras haya pocos especialistas no renunciamos a aumentar su paga. Decimos que mejor es entregar un millón o mil millones de más al año con tal de aprovechar a todos los especialistas que hay; ellos enseñarán a los obreros y campesinos más de lo que cuesta ese millardo.

Luego viene una pregunta sobre las comunas agrícolas: ¿se puede dejar en ellas a antiguos terratenientes? Eso depende de qué terrateniente sea. No ha habido ningún decreto que prohíba la entrada a los terratenientes. Por supuesto, el terrateniente inspira desconfianza, porque durante siglos oprimió a los campesinos, que lo odian; pero si los hay a quienes los campesinos conocen como personas decentes, entonces no solo se puede, sino que se debe dejarlos entrar. Debemos utilizar a esos especialistas; tienen la costumbre de organizar grandes haciendas y pueden enseñar muchas cosas a los campesinos y a los obreros agrícolas.

Luego preguntan: ¿se debe admitir a los campesinos medios en las labranzas colectivas? Por supuesto que sí. Últimamente, uyezds enteros han acordado pasar a las labranzas colectivas; en qué medida se cumplirá, no lo sé; aquí lo importante es atraer precisamente a los campesinos medios, porque los campesinos pobres están de acuerdo con nosotros, mientras que los medios no siempre, y hay que atraerlos. Estamos por la violencia contra los capitalistas, contra los terratenientes, y no solo por la violencia, sino por la expropiación completa de lo que han acumulado; estamos por la violencia contra el kulak, pero no por su expropiación completa, porque lleva su hacienda en la tierra y una parte la ha acumulado con su propio trabajo. Esta diferencia hay que asimilarla firmemente. Al terrateniente y al capitalista, expropiación completa; a los kulaks, no se les puede quitar toda la propiedad, no ha habido tal decreto; al campesino medio queremos convencerlo, atraerlo con el ejemplo, con la persuasión. Este es nuestro programa. Si en los lugares se producen desviaciones, se trata de infractores de las disposiciones del poder soviético, o bien de personas que no quieren aplicar nuestra disposición, o bien no la han comprendido.

Luego, la pregunta sobre dar un empujón a los ferroviarios, y también preguntan sobre la suspensión del tráfico ferroviario{13}. En el Consejo de Comisarios del Pueblo esta cuestión se discutió con particular celo y se tomaron muchas medidas. Es una cuestión fundamental. Millones de puds de trigo están almacenados en el ferrocarril Volga-Bugulmá y pueden perderse, porque el trigo a veces está sobre la nieve; comenzará la crecida y se echará a perder. Ya ahora tiene una humedad elevada (hasta un 20 % de humedad). Este trigo hay que sacarlo, de lo contrario se perderá. Lo principal es que los propios ferroviarios tienen gran necesidad de trigo. Para ello es necesaria la suspensión del tráfico de pasajeros del 18 de marzo al 10 de abril, según calcularon nuestros camaradas del Comisariado de Vías de Comunicación. Esta suspensión del tráfico de pasajeros puede proporcionar tres millones y medio de puds de trigo, que se podrán transportar aunque sea con débiles locomotoras de pasajeros. Si en esos trenes viajaran bolseros, como máximo transportarían medio millón de puds de trigo. Quienes se quejan de la suspensión del tráfico de pasajeros proceden injustamente. Los bolseros, en el mejor de los casos, llevarán medio millón, mientras que nosotros, si llenamos por completo los vagones de trigo, si los ferroviarios nos ayudan, transportaremos tres millones y medio de puds, y con ello mejoraremos el abastecimiento. He aquí por qué hemos dicho y decimos que todos los camaradas más conscientes, más organizados, deben ir al trabajo militar y al de abastecimiento. Dad y dad gente, por muy duro que sea. Sabemos perfectamente que Petrogrado ha dado por Rusia más que ninguna otra ciudad, porque en Petrogrado están los obreros más organizados, más conscientes. Pero este semestre es difícil. En el primer semestre de 1918 se acopiaron veintisiete millones de puds; en el segundo, obtuvimos sesenta y siete millones de puds. Hemos entrado en el semestre del hambre. Marzo, abril, mayo, junio serán meses difíciles. Para evitarlo, hay que tensar todas las fuerzas. En cada fábrica, en cada círculo, hay que plantear la cuestión: ¿no hay algún hombre que se pueda destinar a un taller ferroviario, sustituyéndolo por una mujer, y ponerlo a ese trabajo? En cada círculo, en cada grupo, en cada organización hay que pensar en esto, hay que dar nuevos obreros; entonces superaremos este semestre difícil. (Aplausos.)

Publicado por primera vez en 1950, en la 4.ª edición de las Obras de V. I. Lenin, tomo 29.

Se publica según la transcripción taquigráfica.