Lomov se refirió con gran agudeza a mi discurso, en el que exigía que el Comité Central fuera capaz de mantener una línea homogénea. Esto no significa que todos en el Comité Central tengan la misma convicción. Pensar así significaría ir hacia la escisión, por eso propuse al congreso que no aprobara tal declaración, a fin de dar a los camaradas la posibilidad de consultar con sus organizaciones locales y reflexionar sobre su decisión. Yo también estuve en el Comité Central en una situación similar en el momento en que se adoptó la propuesta de no firmar la paz, y guardé silencio, sin cerrar los ojos en absoluto al hecho de que no asumía la responsabilidad por ello. Todo miembro del Comité Central tiene la posibilidad de declinar la responsabilidad sin abandonar el Comité y sin armar un escándalo. Por supuesto, en determinadas condiciones esto, camaradas, es admisible, a veces inevitable, pero dudo de que sea necesario ahora, bajo esta organización del poder soviético que nos permite comprobar en qué medida no perdemos el contacto con las masas. Creo que, si surge la cuestión de Vinnichenko, los camaradas pueden defender su punto de vista sin salir del Comité Central. Si nos situamos en la perspectiva de la preparación para la guerra revolucionaria y en la perspectiva de la maniobra, para eso hace falta entrar en el Comité Central, se puede declarar que las divergencias han surgido desde abajo, y tenemos absoluto derecho a declararlo. No hay ni sombra de peligro de que la historia cargue la responsabilidad sobre Uritski y Lomov por no renunciar al título de miembros del Comité Central. Hay que intentar encontrar un freno para que salir del Comité Central pase de moda. Hay que decir que el congreso expresa la esperanza de que los camaradas formulen su desacuerdo mediante protestas, pero no mediante abandonos del Comité Central y que, teniendo en cuenta su propia declaración, rechazarán la retirada de las candidaturas del grupo de camaradas y procederán a las elecciones, instándoles a retirar sus declaraciones.