Camaradas, estoy de acuerdo con el camarada Larin en que, efectivamente, se hará un uso malintencionado del cambio de nombre y de la supresión de las palabras Partido Obrero, pero no podemos tenerlo en cuenta. Caeríamos demasiado en minucias si nos paráramos a considerar cada maldad. Volvemos, en efecto, al buen y viejo modelo mundialmente conocido. Todos conocemos el «Manifiesto del Partido Comunista»; lo conoce el mundo entero. Su corrección no consiste en otra cosa que en señalar que el proletariado es la única clase revolucionaria hasta el fin, y que todas las demás clases, incluido el campesinado trabajador, sólo pueden ser revolucionarias en la medida en que adopten el punto de vista del proletariado. Es éste un fundamento, una tesis del Manifiesto Comunista{40} tan mundialmente conocida, que no puede dar lugar a ningún malentendido medianamente honrado; y, en cuanto a los malintencionados y a las tergiversaciones, de todos modos no se les puede seguir el paso. He ahí por qué hay que volver al viejo, buen e indiscutiblemente acertado modelo, que ha desempeñado su papel histórico recorriendo el mundo entero, todos los países; me parece que no hay motivo para apartarse de este modelo ejemplar.