Camaradas, permitidme dar lectura al proyecto de resolución, que formula una propuesta algo distinta, aunque en esencia un tanto similar a lo que dijo el orador anterior{37}. Propongo a la atención del congreso la siguiente resolución. (Lee.)[10]

Camaradas, esta propuesta se diferencia en que yo quisiera primero defender mi idea de acelerar la edición del programa y encargar directamente al Comité Central que lo publique o encomendarle la creación de una comisión especial.

El ritmo del desarrollo es tan vertiginoso que no debemos aplazar el asunto. Con las dificultades del momento actual, obtendremos un programa que contendrá muchos errores, pero eso no es un mal: el próximo congreso lo corregirá. Aunque esta corrección del programa resulte demasiado rápida, la vida avanza con tal velocidad que, si es necesario hacer una serie de enmiendas al programa, las haremos. Ahora nuestro programa se construirá no tanto a partir de libros, sino de la práctica, de la experiencia del poder soviético. Por eso creo que conviene a nuestros intereses dirigirnos al proletariado internacional no con ardientes llamamientos, con exhortaciones propias de mítines, con gritos, sino con un programa concreto y preciso de nuestro partido. Que el programa sea menos satisfactorio que aquel que resultaría de una elaboración en varias comisiones, de la aprobación por el congreso.

Quisiera albergar la esperanza de que podamos aprobar esta resolución por unanimidad, porque he soslayado la divergencia que señala el camarada Bujarin; la he formulado de manera que he dejado la cuestión abierta. Podemos confiar en que, si no se producen cambios demasiado sustanciales, estaremos en condiciones de obtener un nuevo programa, que será un documento preciso para el partido de toda Rusia, y no se dará esa situación repugnante en la que me sentí cuando, en el congreso anterior, un sueco de izquierda me preguntaba: «¿Cuál es el programa de su partido, acaso el mismo que el de los mencheviques?»{38}. Había que ver los ojos como platos que puso aquel sueco, que comprendía claramente cuán gigantescamente nos habíamos alejado de los mencheviques. Semejante contradicción monstruosa no podemos mantenerla. Creo que esto reportará una utilidad práctica para el movimiento obrero internacional, y lo que ganemos será, sin duda, superior al hecho de que el programa esté plagado de errores.

He aquí por qué propongo acelerar esto, sin temer en absoluto que el congreso tenga que corregirlo.