(La aparición del camarada Lenin fue recibida con una ovación atronadora que no cesó durante largo tiempo.) Camaradas, saludo en vuestra persona a los representantes de la cooperación obrera, que debe desempeñar un papel enorme en el correcto establecimiento de todo el asunto del abastecimiento. En no pocas ocasiones, y especialmente en los últimos tiempos, en el Consejo de Comisarios del Pueblo hemos tenido que someter a discusión cuestiones referentes a la cooperación y a la actitud del poder obrero-campesino hacia ella.

En esta dirección es necesario recordar cuán importante fue antes, durante el poder del capitalismo, el papel de la cooperación, que se construía sobre el principio de la lucha económica contra la clase de los capitalistas.

Ciertamente, los cooperativas, al abordar a su manera el trabajo práctico de distribución, muy a menudo convertían los intereses populares en interés de un grupo particular de personas, guiándose con frecuencia por el afán de compartir con los capitalistas la ganancia comercial. Guiándose por intereses puramente mercantiles, los cooperativistas olvidaban a menudo ese régimen socialista que, según les parecía, estaba aún demasiado lejano e inalcanzable.

Las cooperativas unían principalmente a elementos pequeño-burgueses, al campesinado medio, que en sus aspiraciones dentro del movimiento cooperativo se guiaba por sus intereses pequeño-burgueses. Sin embargo, estas cooperativas realizaban aquella labor que, indudablemente, desarrollaba la iniciativa propia de las masas, y en esto reside su gran mérito. Las cooperativas, efectivamente, sobre la base de la iniciativa propia de las masas, construyeron grandes organizaciones económicas – y en esto, no lo negaremos, desempeñaron un gran papel.

Estas organizaciones económicas se convirtieron en algunos casos en organizaciones capaces de sustituir y complementar el aparato capitalista – y esto debemos reconocerlo –, mientras tanto, el proletariado urbano estaba tan involucrado en la organización de la gran industria capitalista que se volvió lo suficientemente fuerte para derrocar a la clase de los terratenientes y capitalistas, y supo utilizar todo el aparato capitalista.

El proletariado urbano comprendía bastante bien que en la ruina creada por la guerra imperialista era necesario organizar el aparato de abastecimiento y para ello utilizó en primer lugar el gran aparato capitalista.

Y esto debemos recordarlo. La cooperación es un enorme legado cultural que hay que apreciar y utilizar.

Por eso, cuando en el Consejo de Comisarios del Pueblo teníamos que abordar la cuestión del papel de la cooperación, la abordábamos con mucha cautela, comprendiendo perfectamente lo importante que es utilizar plenamente todo este bien organizado aparato económico.

Al mismo tiempo, no podíamos olvidar que los principales trabajadores en el ámbito de la construcción cooperativa eran los mencheviques, los eseristas de derecha y otros partidos conciliadores y pequeño-burgueses. No podíamos olvidar esto mientras estos grupos políticos, encontrándose entre las dos clases en lucha, utilizaban las cooperativas en parte para encubrir a contrarrevolucionarios, incluso para apoyar a los checoslovacos con los fondos acumulados por las cooperativas. Sí, tuvimos información al respecto. Sin embargo, esto no ocurrió en todas partes, y a menudo atraíamos a las cooperativas para trabajar con nosotros, si ellas querían trabajar con nosotros.

En los últimos tiempos, la situación internacional de la Rusia Soviética se ha vuelto tal que para muchos grupos pequeño-burgueses se ha hecho evidente la importancia que tiene el poder obrero-campesino.

En el momento en que la Rusia Soviética se enfrentó al Tratado de Brest, cuando nos vimos obligados a firmar la paz más gravosa con los imperialistas alemanes, los mencheviques y los eseristas de derecha alzaron especialmente sus voces contra nosotros. Cuando la Rusia Soviética se vio forzada a firmar esa paz, los mencheviques y eseristas gritaban por doquier que los bolcheviques estaban arruinando a Rusia.

Unos de estos representantes consideraban que los bolcheviques eran utópicos que fantaseaban con que era posible una revolución mundial. Otros consideraban que los bolcheviques eran agentes del imperialismo alemán.

Finalmente, muchos de ellos suponían entonces que los bolcheviques habían hecho concesiones al imperialismo alemán y se regodeaban, pensando que eso era un acuerdo con la burguesía gobernante alemana.

No citaré aquí expresiones menos halagüeñas, por no decir algo más, que entonces estos grupos prodigaban contra el poder soviético.

Sin embargo, los acontecimientos que se desarrollan en los últimos tiempos en todo el mundo han enseñado mucho a los mencheviques y a los eseristas de derecha. El manifiesto del Comité Central menchevique a todos los trabajadores, publicado recientemente en nuestra prensa, dice que, aunque discrepan ideológicamente con los comunistas, consideran necesario luchar contra el imperialismo mundial, encabezado ahora por los capitalistas angloamericanos.

Efectivamente, han ocurrido acontecimientos de enorme importancia. Se han formado Sóviets de diputados obreros en Rumanía y Austria-Hungría. Y en Alemania, los Sóviets se pronuncian contra la Asamblea Constituyente, y dentro de unas semanas, quizás, caerá el gobierno de Haase-Scheidemann y será sustituido por el gobierno de Liebknecht. Simultáneamente, el capitalismo anglo-francés hace todos los esfuerzos para aplastar la revolución rusa y detener así la revolución mundial. Ahora a todos les ha quedado claro que las apetencias del imperialismo aliado van aún más lejos que las del alemán: las condiciones que han planteado respecto a Alemania son aún peores que la Paz de Brest, y además quieren, en general, estrangular la revolución y desempeñar el papel de gendarmes mundiales. Los mencheviques, con su resolución, han demostrado que han comprendido hacia dónde soplan los vientos ingleses. Y ahora no debemos rechazarlos, sino, por el contrario, aceptarlos, darles la oportunidad de trabajar conjuntamente con nosotros.

Los comunistas ya en abril de este año demostraron que no desdeñan trabajar con los cooperativistas. La tarea de los comunistas consiste, apoyándose en el proletariado urbano, en saber utilizar a todos los que puedan ser atraídos al trabajo, a todos los que antes marchaban con consignas socialistas pero no encontraron en sí el valor para luchar por ellas hasta la victoria o la derrota. Marx dijo que el proletariado debe expropiar a los capitalistas, y a los grupos pequeño-burgueses saber utilizarlos. Y nosotros decíamos que a los capitalistas hay que quitarles todo, y a los kuláks solo apretarlos y ponerlos bajo el control del monopolio del grano. Debemos llegar a un acuerdo con el campesinado medio, ponerlo bajo nuestro control, realizando de hecho, no obstante, los ideales del socialismo.

Debemos decir claramente que los obreros y los campesinos más pobres dirigirán todos sus esfuerzos a realizar de hecho los ideales del socialismo, y si alguien no está en el camino hacia esos ideales, nosotros seguiremos adelante sin ellos. Pero debemos utilizar a todos los que puedan ayudarnos realmente en esta lucha dificilísima.

Y he aquí que el Consejo de Comisarios del Pueblo, al discutir estas cuestiones, ya en abril llegó a un acuerdo con los cooperativistas. Fue la única sesión en la que, además de los comisarios del pueblo comunistas, estuvieron presentes representantes de la cooperación civil.

Acordamos con ellos. Fue la única sesión en la que se adoptó una resolución no por mayoría de comunistas, sino por minoría de cooperativistas.

Y el Consejo de Comisarios del Pueblo aceptó esto, considerando necesario utilizar la experiencia y el conocimiento de los cooperativistas y su aparato.

Sabéis también que hace unos días se aprobó un decreto, publicado el domingo en "Izvestia", sobre la organización del abastecimiento, y en ese decreto se asigna precisamente un papel importante a la cooperación y a las cooperativas. Pues sin una red de organizaciones cooperativas es imposible la organización de la economía socialista, y hasta ahora se ha hecho mucho incorrectamente a este respecto. Se cerraban cooperativas particulares, se nacionalizaban, mientras tanto los Sóviets no se daban abasto con la distribución, no se daban abasto con la organización de las tiendas soviéticas.

Y he aquí que, según este decreto, a todas las cooperativas debe devolverse todo lo que se les haya quitado.

Las cooperativas deben ser desnacionalizadas, deben ser restablecidas.

Ciertamente, el decreto aborda con mucha cautela a aquellas cooperativas que fueron cerradas por haberse infiltrado en ellas contrarrevolucionarios. Decíamos claramente que a este respecto la actividad de las cooperativas debe estar bajo control, sin embargo, decimos que las cooperativas deben ser utilizadas plenamente.

Para todos vosotros está claro que una de las tareas fundamentales del proletariado es organizar correctamente de inmediato el asunto del abastecimiento y la distribución de los productos.

Y una vez que tenemos un aparato que posee tal experiencia y que, sobre todo, se basa en la iniciativa propia de las masas, debemos dirigirlo a la realización de estas tareas. Es importante precisamente en este sentido utilizar la iniciativa propia de las masas que crearon estas organizaciones. Es necesario que al trabajo de abastecimiento sean atraídas las capas más profundas, y debemos plantear esto como la tarea principal de la cooperación y, concretamente, de la cooperación obrera.

El asunto del abastecimiento, de la distribución de productos, es tal que cualquiera entiende de él. También lo entiende la persona que no se ha atormentado con el libro. Y en Rusia una enorme parte de la población es aún oscura e ignorante, porque se hizo todo para no dar educación a los obreros y a las masas oprimidas.

Pero en las masas existen muchas y muchas fuerzas vivas, capaces de manifestar capacidades grandiosas en mayor medida de lo que se puede imaginar. Y por eso la tarea de la cooperación obrera es atraer esas fuerzas, encontrarlas y darles un trabajo directo en el abastecimiento y en la distribución de productos. La sociedad socialista es una única cooperativa.

Y no dudo de que la iniciativa propia de las masas en la cooperación obrera servirá para que la cooperación obrera cree realmente una única comuna de consumo urbana de Moscú.

Impreso en diciembre de 1918 en una hoja suelta y en la revista «El Mundo Obrero» n.º 19

Se publica según el texto de la hoja suelta, cotejado con el texto de la revista.