(Aplausos atronadores, canto de «La Internacional».) Os saludo en nombre de los comisarios del pueblo –dice Lenin–. Cuando pienso en las tareas de nuestro ejército y de los oficiales rojos, recuerdo un caso del que fui testigo no hace mucho, en un vagón del Ferrocarril de Finlandia.

Vi que el público sonreía por algo, escuchando a una anciana, y pedí que me tradujeran sus palabras. La finlandesa, comparando a los viejos soldados con los revolucionarios, decía que los primeros defendían los intereses de la burguesía y los terratenientes, mientras que los segundos defendían a los pobres. «Antes, el pobre pagaba caro cada leño cogido sin permiso; en cambio, ahora, si encuentras un soldado en el bosque –decía la anciana–, hasta te ayuda a llevar el haz de leña». «Ahora ya no hay que tener miedo –decía ella– del hombre con fusil».

Creo –prosigue Lenin– que difícilmente se puede imaginar una recompensa mejor para el Ejército Rojo.

A continuación, Lenin dice que el antiguo estado mayor de mando estaba compuesto principalmente por hijos mimados y pervertidos de los capitalistas, que no tenían nada en común con el soldado raso. Por eso ahora, al construir el nuevo ejército, debemos tomar a los comandantes solo del pueblo. Solo los oficiales rojos tendrán autoridad entre los soldados y sabrán afianzar el socialismo en nuestro ejército. Semejante ejército será invencible.

«Izvestia del VTsIK» n.º 258, 26 de noviembre de 1918

Se publica según el texto del diario «Izvestia del VTsIK»