Inauguramos el monumento a los jefes de la revolución obrera mundial, Marx y Engels.

Durante siglos y siglos la humanidad sufrió y gimió bajo el yugo de un puñado insignificante de explotadores, que vejaban a millones de trabajadores. Pero si los explotadores de la época anterior –los terratenientes– saqueaban y oprimían a los campesinos siervos, dispersos, atomizados e ignorantes, los explotadores de los nuevos tiempos, los capitalistas, encontraron ante sí, entre las masas oprimidas, el destacamento de vanguardia de esas masas: los obreros urbanos, fabriles e industriales. La fábrica los unió, la vida urbana los ilustró, la lucha común de huelgas y las acciones revolucionarias los templaron.

El gran mérito histórico-mundial de Marx y Engels consiste en que, mediante el análisis científico, demostraron la inevitabilidad del hundimiento del capitalismo y su transición al comunismo, en el que ya no habrá más explotación del hombre por el hombre.

El gran mérito histórico-mundial de Marx y Engels consiste en que señalaron a los proletarios de todos los países su papel, su tarea, su vocación: alzarse los primeros en la lucha revolucionaria contra el capital, unir en torno a sí en esta lucha a todos los trabajadores y explotados.

Vivimos una época feliz, en que esta predicción de los grandes socialistas comienza a cumplirse. Todos vemos cómo en toda una serie de países alborea el amanecer de la revolución socialista internacional del proletariado. Los indescriptibles horrores de la matanza imperialista de los pueblos provocan en todas partes un heroico auge de las masas oprimidas, decuplican sus fuerzas en la lucha por la liberación. ¡Que los monumentos a Marx y Engels recuerden una y otra vez a millones de obreros y campesinos que no estamos solos en nuestra lucha. Junto a nosotros se levantan los obreros de los países más avanzados. A ellos y a nosotros nos esperan aún duras batallas. ¡En la lucha común será quebrantado el yugo del capital, será conquistado definitivamente el socialismo!

Breve informe publicado el 9 de noviembre de 1918 en el periódico «Pravda» n.º 242

Publicado por primera vez íntegramente el 3 de abril de 1924 en el periódico «Pravda» n.º 76

Se imprime según el manuscrito