(Los presentes se ponen en pie y saludan al camarada Lenin con atronadores y prolongados aplausos.)

Hoy nos reunimos –comenzó el camarada Lenin– en decenas y centenares de mítines para celebrar el aniversario de la Revolución de Octubre. Para quienes participaron desde hace tiempo en el movimiento obrero, para quienes antes estuvieron vinculados a las bases obreras, para quienes estuvieron en contacto directo con la fábrica y el taller – para esos está claro que el año transcurrido ha sido un año de auténtica dictadura proletaria. Este concepto constituía antes una desconocida latinidad libresca, una combinación de palabras difíciles de entender. Los intelectuales buscaban explicación a este concepto en los libros eruditos, los cuales, sin embargo, les daban una idea muy vaga de lo que era la dictadura proletaria. Y nuestro principal mérito durante el año transcurrido consiste en que hemos traducido estas palabras de un latín incomprensible a un ruso inteligible. La clase obrera, durante el año transcurrido, no se ocupó de especulaciones, sino que en la práctica creó la dictadura proletaria y la llevó a cabo, a pesar de las mentes alborotadas de los intelectuales.

En Occidente seguía reinando el capitalismo. Ahora también allí llega la época de las grandes revoluciones. Ahora también el obrero de Europa occidental se acerca a la difícil época de transición del capitalismo al socialismo. Él, como nosotros, tendrá que destruir todo el viejo aparato y construir uno nuevo.

No nos fue posible aprovechar toda la reserva de experiencia, conocimientos y cultura técnica que poseía la intelectualidad burguesa. La burguesía se reía con sarcasmo de los bolcheviques, diciendo que el poder soviético apenas duraría dos semanas, y por eso no solo se abstuvo de seguir trabajando, sino que en todos los lugares donde pudo, y por todos los medios a su alcance, se resistió al nuevo movimiento, a la nueva construcción que rompía el viejo orden.

La resistencia de la burguesía está lejos de haber desaparecido. Su encarnizamiento crece cada día, y tanto más rápido cuanto más nos acercamos al fin del viejo mundo capitalista.

La situación internacional, en relación con el bolchevismo que se intensifica y adquiere dimensión mundial, es ahora tal que contra la República Soviética puede tomar las armas la coalición de los imperialistas de todos los matices, y la resistencia de la burguesía, de nacional, se convertirá en internacional.

Alemania, como saben, ha expulsado a nuestro embajador de Berlín, alegando la propaganda revolucionaria de nuestra representación en Alemania. El gobierno alemán parecía no saber antes que nuestra embajada traía el contagio revolucionario. Pero si antes Alemania callaba al respecto, era porque todavía era fuerte, porque no nos temía. Ahora, después del colapso militar, nos hemos vuelto temibles para ella. Los generales y capitalistas alemanes se dirigen a los aliados y les dicen: aunque nos habéis vencido, no os dejéis llevar demasiado en vuestros experimentos con nosotros, porque tanto a vosotros como a nosotros nos amenaza el bolchevismo mundial, que en la lucha contra él podemos seros de utilidad.

Y es muy posible que los imperialistas aliados se unan con el imperialismo alemán, si, por supuesto, este último sobrevive hasta ese momento, para una campaña conjunta contra Rusia. He aquí por qué el peligro que nos ha rodeado durante todo el año transcurrido se vuelve ahora especialmente grande. Pero ahora no estamos solos. Ahora tenemos amigos en la persona de pueblos ya sublevados en unos lugares y que se sublevan en otros, que convencen con suficiente claridad a sus gobiernos de su negativa a seguir guerreando por conquistas depredadoras. Pero, a pesar de que nos espera una nueva etapa de períodos muy peligrosos, continuaremos adelante con nuestra construcción socialista. La experiencia del pasado nos ayudará a evitar errores y nos dará nuevas fuerzas para el trabajo futuro.

El papel de los sindicatos en la construcción del nuevo aparato resultó ser enorme. La clase obrera demostró que sabe organizar la industria sin intelectuales y sin capitalistas. Mucho se ha hecho, pero mucho queda aún por hacer. ¡Adelante, camaradas, con más audacia por el camino que habéis seguido hasta ahora, atrayendo al trabajo a nuevas y nuevas masas! Dad la posibilidad a todos esos obreros, aunque sean analfabetos, sin experiencia, ignorantes, pero vinculados a las masas, que sinceramente desean que se consolide el nuevo régimen, dadles a todos, tanto a los del partido como a los no partidistas, la posibilidad de trabajar y aprender en el nuevo Estado proletario, de administrar y crear riquezas.

¡El proletariado internacional se levantará, derrocará en todas partes el capitalismo y terminará nuestra obra, que conducirá a la victoria completa del socialismo! (Atronadores aplausos.)

«Izvestia del VTsIK» n.º 244, 9 de noviembre de 1918

Se publica según el texto del periódico «Izvestia del VTsIK»