El movimiento revolucionario de las masas proletarias y del campesinado contra la guerra imperialista ha obtenido en los últimos tiempos enormes éxitos en todos los países, especialmente en los Balcanes, en Austria y en Alemania. Pero precisamente estos éxitos han provocado en la burguesía internacional, a cuya cabeza se han puesto ahora la angloamericana y la francesa, un especial encarnizamiento y el afán de organizarse apresuradamente como fuerza contrarrevolucionaria para aplastar la revolución, y en primerísimo lugar su principal foco en el momento actual, el Poder soviético en Rusia.

La burguesía alemana y el gobierno alemán, derrotados en la guerra y amenazados por un poderoso movimiento revolucionario desde dentro, se debaten en busca de salvación. Una corriente en los círculos dirigentes de Alemania espera aún ganar tiempo con dilaciones hasta el invierno y preparar la defensa militar del país sobre una nueva línea de fortificaciones. Otra corriente busca convulsivamente un acuerdo con la burguesía anglofrancesa contra el proletariado revolucionario y los bolcheviques. En la medida en que esta corriente tropieza con la extrema intransigencia de los vencedores, los imperialistas anglofranceses, trata de asustarlos con el peligro bolchevique y sobornarlos, prestándoles servicios contra los bolcheviques, contra la revolución proletaria.

La burguesía de los países sometidos a Alemania u ocupados por ella busca aún más afanosamente un acuerdo con la Entente, especialmente en aquellos casos en que, como por ejemplo en Finlandia, Ucrania, etc., es consciente de la total imposibilidad de mantener su poder sobre las masas trabajadoras explotadas sin ayuda de bayonetas extranjeras.

Como resultado de estas condiciones se crea una situación peculiar para el Poder soviético: por un lado, nunca hemos estado tan cerca de la revolución proletaria internacional como ahora; por otro lado, nunca hemos estado en una situación tan peligrosa como ahora. Ya no existen dos grupos de depredadores imperialistas, aproximadamente iguales en fuerza, que se devoran y se debilitan mutuamente. Solo queda un grupo de vencedores, los imperialistas anglofranceses; se disponen a repartirse el mundo entero entre los capitalistas; se proponen como tarea derrocar a toda costa el Poder soviético en Rusia y sustituir este poder por uno burgués; se preparan ahora para atacar a Rusia desde el sur, por ejemplo, a través de los Dardanelos y el Mar Negro o a través de Bulgaria y Rumania, y al menos una parte de los imperialistas anglofranceses espera, al parecer, que el gobierno alemán, de acuerdo directo o tácito con ellos, comience a retirar sus tropas de Ucrania solo en la medida en que las tropas anglofrancesas ocupen Ucrania, para impedir la inevitable victoria, de otro modo, de los obreros y campesinos ucranianos y la creación por ellos de un gobierno obrero y campesino ucraniano.

No en todas partes ni hasta las capas más profundas de las amplias masas obreras y campesinas ha penetrado la conciencia de que detrás de los contrarrevolucionarios de Krasnov y los guardias blancos se prepara contra nosotros un embate de una fuerza incomparablemente más peligrosa, la fuerza de la burguesía contrarrevolucionaria internacional, angloamericana y francesa en primer lugar. Esta conciencia debemos llevarla incansablemente a las masas. Al fortalecimiento del Frente Sur, a la creación y armamento de un Ejército Rojo incomparablemente más poderoso que el actual, es necesario prestar la más intensa atención. Cada organización obrera, cada unión del campesinado pobre, cada institución soviética deben poner una y otra vez en el primer lugar del orden del día la cuestión del reforzamiento del ejército, revisar una y otra vez si hemos hecho lo suficiente, qué nuevas medidas podemos y debemos emprender.

En el estado de ánimo de nuestras masas obreras y campesinas ha sobrevenido un claro viraje. El cansancio extremo de la guerra ha sido superado por las masas. El ejército se está creando y se ha creado. Ha crecido una nueva disciplina comunista, una disciplina consciente, la disciplina de los trabajadores. Y este hecho nos da plena base para esperar con seguridad que podemos defender y defenderemos la patria socialista y la victoria de la revolución proletaria internacional.

«Izvestia del VTsIK» n.º 231, 23 de octubre de 1918

Se imprime según el manuscrito

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «Esbozo de tesis de la resolución sobre la observancia exacta de las leyes». – 2 de noviembre de 1918