La burguesía se convirtió temporalmente en dueña de la Rusia revolucionaria, dominando en ella con el apoyo de los social-conciliadores desde febrero hasta octubre.

Desde los primeros pasos del gobierno de Miliukov – Guchkov, las masas populares comprendían adónde las llevaba la burguesía. Pero la vil obra de los capitalistas y terratenientes rusos, que en esencia continuaban la política del zar derrocado por el pueblo, la encubrían los mencheviques y eseristas, que se presentaban como socialistas pero en realidad traicionaban el socialismo en beneficio de la bolsa anglo-francesa.

Arrojados a un lado por el Levantamiento de Octubre, apartados de la revolución, los conciliadores se dedicaron a su trabajo habitual en Ucrania, el Cáucaso, Siberia, el Volga. Finalmente, lograron que los Soviets en esos lugares fueran derrocados y los dirigentes bolcheviques fueran entregados para que los despedazaran los mercenarios checoslovacos y los guardias blancos rusos.

¿Y qué vemos en esos lugares, sobre las ruinas de los Soviets? El triunfo completo de los capitalistas y terratenientes, gemidos y maldiciones entre los obreros y campesinos. La tierra ha sido devuelta a los nobles, las fábricas y plantas a sus antiguos dueños. La jornada laboral de ocho horas ha sido abolida, las organizaciones obreras y campesinas han sido disueltas, y en su lugar se han restablecido los zemstvos zaristas y el antiguo poder policiaco.

Que cada obrero y campesino que aún vacila sobre la cuestión del poder mire al Volga, a Siberia, a Ucrania, y entonces la respuesta vendrá por sí sola – clara y definida. (Aplausos tormentosos, prolongados e ininterrumpidos.)

«Pravda» n.º 185, 31 de agosto de 1918

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»