(La aparición del camarada Lenin fue recibida con atronadores e incesantes aplausos.) Camaradas, hoy nuestro partido organiza mítines sobre el tema de por qué luchamos nosotros, los comunistas.

A esta pregunta se puede responder del modo más breve así: por el fin de la guerra imperialista y por el socialismo.

Ya al comienzo de la guerra, en la época de la reacción y el zarismo, declaramos que era criminal, que la única salida de ella era la transformación de la guerra imperialista en guerra civil.

Entonces a muchos les parecía incomprensible la relación entre la guerra imperialista y el socialismo; incluso muchos socialistas pensaban que esta guerra debía terminar, como las demás, mediante la conclusión de la paz.

Pero cuatro años de guerra han enseñado mucho. Ahora resulta cada vez más evidente que no hay otra salida. A la revolución rusa le sigue la revolución en todos los países beligerantes. ¿Por qué ocurrió esto? Para responder a esta pregunta, es necesario esclarecer la actitud de los comunistas ante la guerra y su valoración desde nuestro punto de vista. Todas las guerras que son resultado de las aspiraciones rapaces de los zares y los capitalistas las consideramos criminales, porque son funestas para las clases trabajadoras y aportan pingües frutos a la burguesía dominante.

Pero hay guerras que la clase obrera debe llamar las únicas guerras justas: la lucha por la liberación de la esclavitud, de la opresión de los capitalistas; y tales guerras deben existir, porque si no es en la lucha, no alcanzaremos la liberación.

Cuando en 1914 comenzó la guerra entre alemanes y anglo-franceses por cómo repartirse la tierra, quién debía obtener el derecho a estrangular el mundo entero, los capitalistas de ambos bandos trataron de encubrir sus aspiraciones rapaces con las consignas de «defensa de la patria» y con estos cuentos alimentaban a las masas populares.

Millones de personas perecieron en esta matanza, millones de personas quedaron lisiadas. La guerra se hizo mundial, y cada vez más comenzaron a surgir preguntas: ¿para qué, en nombre de qué estos sacrificios innecesarios?

Inglaterra y Alemania están bañadas en sangre, pero no hay salida de la guerra: si unos países imperialistas cesan la guerra, la continuarán otros.

Los capitalistas se han extralimitado, han saqueado demasiado. Entretanto, se produce la descomposición del ejército, aparecen desertores por todas partes; las montañas de Italia están llenas de ellos, en Francia los soldados se niegan a ir al combate, y hasta en Alemania ha caído la antigua disciplina.

Los soldados franceses y alemanes comienzan a comprender que deben volver su frente y dirigir sus armas contra sus propios gobiernos, pues es imposible terminar la guerra cruenta bajo el sistema capitalista; de ahí surge también la conciencia de la necesidad de iniciar la lucha de los obreros de todos los países contra los capitalistas de todos los países.

Crear el orden socialista es difícil. La guerra civil debe durar aún muchos meses y, quizás, años, y esto debe ser comprensible para el hombre ruso, pues él sabe con qué dificultad se derroca a la clase dominante y con qué desesperación luchan los terratenientes y capitalistas rusos.

No hay un solo país en Europa donde los obreros no simpaticen con los bolcheviques y no estén seguros de que llegará el momento en que derrocarán a su gobierno, como lo hicieron los obreros rusos.

Nosotros, los comunistas rusos, nos encontramos por ahora solos porque nuestro destacamento resultó estar delante de los otros destacamentos; nos han separado de los demás camaradas, pero debíamos salir los primeros, pues nuestro país era el más atrasado. Nuestra revolución se presentó como una revolución universal, y resolveremos nuestras tareas con la ayuda de los obreros y campesinos de todos los países.

Nuestras tareas son pesadas y difíciles; se nos une mucho elemento superfluo y nocivo, pero el trabajo ha comenzado, y si cometemos errores, no hay que olvidar que cada error ilustra y enseña.

El capitalismo es una fuerza internacional, y por eso solo se puede destruirlo definitivamente venciéndolo en todos los países, no en uno solo. La guerra contra los checoslovacos es una guerra contra los capitalistas de todo el mundo.

Los obreros se levantan, se alzan a esta lucha; los obreros de Petrogrado y Moscú se incorporan a las filas del ejército y, al mismo tiempo, el ejército se impregna de la idea de la lucha por la victoria del socialismo.

Las masas proletarias asegurarán a la República Soviética la victoria sobre los checoslovacos y la posibilidad de mantenerse hasta que estalle la revolución socialista mundial. (El camarada Lenin terminó su discurso en medio de atronadores aplausos y ovaciones de la asamblea.)

«Izvestia del VTsIK» n.º 182, 24 de agosto de 1918.

Se imprime según el texto del periódico «Izvestia del VTsIK».