Me ha llegado un recorte de un periódico de Yélets con el relato de una reunión extraordinaria de la organización local del Partido Socialrevolucionario de Izquierda, celebrada el 27 de julio. En dicho relato leo que Móchenov informó sobre la conferencia de Sarátov de los eseristas, donde 8 organizaciones se pronunciaron a favor de aprobar la táctica de su Comité Central, que defendía el señor Kolegáyev, mientras que 13 (trece) organizaciones se pronunciaron por la reorganización del partido y un cambio de táctica.

Entre otras cosas, el camarada Rudákov insistió en la reunión de Yélets en «reorganizar nuestro (el de los socialrevolucionarios de izquierda) partido», cambiar su nombre, depurarlo y no permitir bajo ningún concepto su descomposición y ruina. Luego, un tal Kriukov contaba que en Moscú había conversado con representantes del poder central, que los camaradas Avanésov, Sverdlov y Bonch-Bruyévich le habían manifestado la conveniencia para el Poder Soviético de la existencia del Partido Socialrevolucionario de Izquierda, y que yo mismo, en una conversación con Kriukov, había dicho lo mismo, señalando que incluso los comunistas se habían alejado tanto de su antigua teoría, de los libros, que en la actualidad carecían por completo de programa, y que en sus plataformas había muchísimos préstamos indirectos de la teoría «naródnik» [populista], etc., etc.

Considero mi deber declarar que todo eso son patrañas y que no he conversado con ningún Kriukov. Ruego encarecidamente a los camaradas obreros y campesinos del distrito de Yélets que se tomen con extremada cautela ante esos socialrevolucionarios de izquierda que tan a menudo dicen mentiras.

De paso, unas palabras sobre mi opinión acerca de ellos. Sujetos como los Kolegáyev y compañía son, evidentemente, meros peones en manos de los guardias blancos, de los monárquicos, de los Savinkov, que demostraron en Yaroslavl quiénes «se aprovecharon» de la sublevación socialrevolucionaria de izquierda. La insensatez y la falta de carácter han llevado a los señores Kolegáyev a esta caída; ese es su destino. «Servidores de los Savinkov»: así los llamará la historia. Pero los hechos indican que entre los socialrevolucionarios de izquierda hay personas (y en Sarátov esas personas son mayoría) que se han avergonzado de esa insensatez, de esa falta de carácter, de ese papel de servidores del monarquismo y de los intereses de los terratenientes. Si esas personas quieren cambiar incluso el nombre de su partido (como he oído, llamarse «comuneros-comunistas» o «naródniks-comunistas», etc.), eso no puede sino ser bienvenido.

En primer lugar, su disconformidad con el marxismo y su plena adhesión a la teoría del «uso igualitario de la tierra» (y a la ley sobre el mismo), en segundo lugar, he ahí la base puramente ideológica de ese populismo, de cuya alianza los comunistas-bolcheviques nunca han renegado.

Estamos a favor de esa alianza, de un acuerdo con el campesinado medio, porque con él, a nosotros, los obreros-comunistas, no debe separarnos nada, y estamos dispuestos a hacerle una serie de concesiones. Lo hemos demostrado y lo demostramos no con palabras, sino con hechos, pues hemos llevado a la práctica y seguimos llevando a la vida, con estricta lealtad, la ley sobre la socialización de la tierra, a pesar de que no estamos del todo de acuerdo con ella{20}. En general, hemos estado y estamos por una lucha implacable contra los kulaks, pero por un acuerdo con el campesinado medio y por la fusión con el campesinado pobre. No debe entenderse que el acuerdo con el campesinado medio signifique un acuerdo obligatorio con el socialrevolucionario de izquierda. Nada de eso.

Aprobamos la ley sobre la socialización cuando no teníamos ningún acuerdo con los socialrevolucionarios de izquierda; y esa ley significa precisamente nuestro acuerdo con los campesinos medios, con la masa campesina, y no con esos intelectualillos socialrevolucionarios de izquierda.

Camaradas obreros y campesinos, no os afanéis por un acuerdo con los socialrevolucionarios de izquierda, pues hemos visto y padecido su falta de fiabilidad; difundid el comunismo entre el campesinado pobre, la mayoría estará de nuestro lado. Procurad hacer concesiones al campesinado medio, tratarle con la máxima cautela y justicia; a él podemos y debemos hacerle concesiones. Sed implacables con el puñado insignificante de explotadores, entre ellos los kulaks, los especuladores de grano, que se enriquecen con las necesidades del pueblo, con el hambre de la masa obrera; con ese puñado de kulaks que chupan la sangre de los trabajadores.

Moscú, 6 de agosto de 1918.

«Periódico Soviético» (Yélets), n.º 73, 11 de agosto de 1918.

Se publica según el texto del «Periódico Soviético».